María Inmaculada Pastor, especialista en análisis clínicos: «En población general, no es necesario medir la vitamina D»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

María Inmaculada Pastor es experta en análisis clínicos.
María Inmaculada Pastor es experta en análisis clínicos.

La experta en hormonas explica la controversia que existe sobre los niveles óptimos que la población debería de tener de esta sustancia y asegura que existe «mucha presión» por parte de los pacientes para conocer si se padece una deficiencia

26 feb 2026 . Actualizado a las 14:02 h.

Definir qué es la deficiencia de vitamina D suscita no poco controversia entre la comunidad científica. María Inmaculada Pastor, miembro de la Sociedad Española de Medicina de Laboratorio (Semedlab) y responsable del área de hormonas del Hospital Son Espases de Palma de Mallorca, explica las razones que han llevado a esta problemática, quién debería medirse de forma periódica la vitamina D y cómo las redes sociales están provocando que la demanda, tanto de suplementos como de peticiones de analítica en los laboratorios, «esté aumentando muchísimo en los últimos años, generando un gasto brutal».

—¿La vitamina D es vitamina o hormona?

—En principio, la respuesta sería que es las dos cosas a la vez. Es vitamina al necesitar obtenerla de la dieta, consumiendo pescados grasos, yema de huevo y lácteos, por ejemplo, pero también la obtenemos con la exposición al sol de forma moderada, en el momento del día de menos insolación, evitándolo desde las 12.00 a las 16.00 horas. Por este lado sería una vitamina, porque no podemos sintetizarla solos. Por el otro, también sería una hormona, porque una vez la hemos obtenido de la dieta y la exposición solar, la transformamos en la vitamina activa, que también tiene actividad hormonal: el calcitriol (forma activa de la vitamina D), que tiene la capacidad de regular los niveles de calcio y fósforo, controla la absorción intestinal del calcio, y va a actuar sobre el hueso, sobre el riñón y el intestino. Teniendo en cuenta esta vía, también sería una hormona. 

—¿Cuáles son los niveles óptimos de vitamina D que deberíamos tener?

—Es un tema muy controvertido y todavía no hay un consenso generalizado. En el 2011, la Academia Nacional de Medicina de Estados Unidos (en inglés, National Academy of Medicine, antes conocida como Institute of Medicine, IOM), planteaban que el nivel óptimo para cubrir los requerimientos del 95 % de la población sería 20 nanogramos por mililitro (ng/ml), considerando la deficiencia como una concentración menor de 12 ng/ml. Este punto de corte se está expandiendo. Pero la Endocrine Society, la referencia de la endocrinología a nivel internacional, consideraron un nivel óptimo a partir de 30 nanogramos/mililitros. Y aquí, en España, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y muchas otras, respaldaron ese punto de corte de 30. 

—¿Por qué esa diferencia de valores? 

—Es verdad que la Academia Nacional de Medicina de Estados Unidos había propuesto ese punto de corte basándose solo en la salud esquelética, mientras que el punto de corte de 30 ng/ml de la Endocrine Society se basaba también en mecanismos de compensación, por así decirlo, para mantener el calcio. Es decir, eran puntos de vista diferentes. Pero hay que decir que trece años más tarde, la Endocrine Society acabó diciendo que ya no recomendaba esos niveles. Lo dejó un poco en el aire, porque decían que habían hecho una revisión muy exhaustiva de los estudios que habían publicado, pero que no habían encontrado suficiente evidencia para plantear un punto de corte fijo que podamos tener como referencia, en general, para la población sana. Según cada paciente, habría que individualizar ese objetivo de concentración de vitamina D. 

—¿Entonces?

—Efectivamente, en los laboratorios ahora mismo nos preguntamos: ¿y ahora qué hacemos? Creo que lo que se ha hecho es volver a ese punto de corte de 20 ng/ml que, en mi opinión, siempre ha sido el correcto. 

—¿Por qué crees que no se ponen de acuerdo?

—Creo que, a día de hoy, la propia Endocrine Society no se atreve a planear un valor en concreto, porque hay muy pocos estudios que estén bien diseñados, con controles, randomizados, donde la evidencia sea clara. Además, creo que la clave es si se basa en la salud esquelética o en otros parámetros. La mejor evidencia que tenemos ahora es la de la Academia Nacional de Medicina de Estados Unidos y serían esos 20 ng/ml. 

—¿Esta controversia ha sido un impulso para llevar a cabo más investigación?

—Sí, a partir del 2011 se han empezado a hacer un montón de estudios científicos. También porque se encontraron receptores de vitamina D en casi todos los órganos y tejidos. Se publicaron muchos estudios sobre su relación con el cáncer o las enfermedades autoinmunes. Hay mucho ruido de fondo, porque aunque existen estudios que han ido mostrando una asociación, hay muy pocos bien hechos. Nosotros decimos que no significa que haya causalidad, es decir, no significa que la causa de esa patología sea la vitamina D, sino que puede haber una asociación. 

—¿Tiene la población española un déficit generalizado de vitamina D?

—Depende del punto de corte que se escoja. Si cogemos el de 30 ng/ml, que era el que nosotros teníamos aquí antes, en Baleares, solo un 43 % de la población tendría unos niveles mayores a esa cifra. Pero si optamos por el de 20, que es el que utilizamos actualmente, habría un 5 % de personas con deficiencia. 

—¿Quién tiene más riesgo de tener la vitamina D baja? 

—Los que realmente tienen más riesgo serían personas que tienen un déficit de absorción. Los pacientes con una enfermedad de Crohn, una enfermedad inflamatoria intestinal o los que se han sometido a una cirugía bariátrica, estarían en más riesgo. También aquellos con enfermedad renal crónica, insuficiencia hepática, todos los pacientes que tienen una enfermedad en el propio metabolismo óseo, como un raquitismo, una osteomalacia, un hiperparatiroidismo, e hipoparatiroidismo. Y los que padecen enfermedades granulomatosas, como una tuberculosis, la sarcoidosis, o algunos linfomas, también podrían tener más riesgo de deficiencia. Luego, en general, pacientes que toman algún tratamiento que pueda inducir el metabolismo de la vitamina D, o bien retrasarlo, como podrían ser algunos antiepilépticos, fármacos antirretrovirales y los corticoides, por ejemplo.

—¿Y quién debería medirse con frecuencia la vitamina D?

—Estas personas que hemos comentado, que realmente sí que tienen más riesgo de tenerla baja y en estos casos estaría indicado una monitorización periódica de las concentraciones de vitamina D aproximadamente cada cuatro meses. Después, en la población general, en principio según la última guía de la Endocrine Society, del 2024, no sería necesario medir las concentraciones de vitamina D. Sin embargo, lo que vemos en el laboratorio, por ejemplo, es todo lo contrario. 

—¿A qué se refiere?

—Ante todos estos estudios que se fueron publicado relacionados con la vitamina D y un montón de patologías que, como digo, no todos están bien hechos, también hay muchísima presión, sobre todo desde las redes sociales, promoviendo la suplementación, basándose en evidencia científica de baja calidad. Esto provoca que la demanda, tanto de suplementos como de determinaciones de vitamina D en los laboratorios, esté aumentando muchísimo en los últimos años, generando un gasto brutal. En Baleares hemos calculado, considerando todos los hospitales, que estamos gastando aproximadamente un millón de euros solo en reactivo. O sea, sin tener en cuenta lo que vale el resto del proceso analítico, como sería la extracción de sangre, el trabajo de los técnicos y los facultativos de laboratorio. Solo considerando el gasto en reactivo, estamos en un millón de euros debido a la afluencia y avalancha de determinaciones de vitamina D.

 —¿Se podría decir que es el propio paciente el que insiste a su médico para que se mida su vitamina D?

—Sí, el año pasado estuvimos haciendo una campaña por parte del laboratorio del servicio de análisis clínicos de Son Espases en atención primaria, que en principio estaba dirigida como a hacer formaciones con los médicos, un poco para revisar todas estas nuevas recomendaciones. Y nos sorprendió muchísimo que ellos mismos nos decían: «Nosotros somos conscientes, pero es que tenemos una presión brutal por parte del paciente de que necesita conocer sus niveles de vitamina D». Al final, creo que todo esto se traduce en un problema sanitario, porque todo esto genera un gasto y, la mayoría de veces, el paciente no se va a beneficiar de nada, ni por suplementarse ni por saber sus niveles. 

—¿Qué opinas de la suplementación generalizada de vitamina D?

 —Salvo la recomendación que daban en la última guía de la Endocrine Society, que serían personas mayores de 75 años, gestantes y prediabéticos; la población general, en principio, no debería suplementarse. De hecho, el año pasado seguimos algunos casos aquí en Baleares, de personas jóvenes que venían a urgencias con una hipercalcemia. Tirando del hilo, porque eran el mismo perfil de persona joven y deportista, que llegaban incluso con insuficiencia renal, constatábamos que tenían niveles de vitamina D muy altos. Llegamos a constatar que había un producto, un suplemento deportivo, que en uno de los lotes habían puesto, sin saberlo, un exceso de vitamina D que estaba causando intoxicaciones a todas estas personas, algunos con cuadros graves. La suplementación siempre debe estar bajo la supervisión de algún médico que prescriba ese tratamiento y la dosis, porque puede llegar a ser peligroso si se hace sin control.

—El hecho de sentirse fatigado, sobre todo en esta época, ¿puede relacionarse con tener la vitamina D baja?

—Creo que esto también es controvertido. Es verdad que sí que se ha demostrado que hay un factor de estacionalidad, normalmente por la menor exposición al sol en los meses de invierno o según la zona geográfica. De ahí a que sea la fuente del cansancio, yo creo que es controvertido. Por ejemplo, sí que parece que hay algún estudio que dice que sí, que podría estar debido a que las personas que tienen niveles bajos de vitamina D presentan mayor fatiga. Pero si tienes una alimentación adecuada y tienes una exposición al sol moderada, en principio pues tampoco deberías tener un nivel tan bajo como para que eso se tradujera en que el origen del cansancio. 

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.