Raúl de Simón, médico de familia y experto en tabaquismo: «La nicotina es más adictiva que la cocaína o la heroína»

VIDA SALUDABLE

Raúl de Simón, coordinador del grupo de trabajo de Tabaquismo de la Semergen.
Raúl de Simón, coordinador del grupo de trabajo de Tabaquismo de la Semergen.

El doctor recomienda siempre «contar a la gente que hemos decidido dejar de fumar» para aumentar las probabilidades de éxito en el camino a dejar el hábito

21 ene 2026 . Actualizado a las 12:04 h.

El doctor Raúl de Simón (1971, Madrid) es coordinador del grupo de trabajo de Tabaquismo, de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). Consciente del potencial que tiene dejar de fumar en la salud de aquellos que lo hacen, decidió orientar su trabajo hacia la rama de hacerlo posible. «Hay pocas actividades preventivas de intervención en la sanidad con mayor rendimiento que la de conseguir cesar el consumo de tabaco», explica. Es más, se atreve a comparar el impacto de esta medida con otros grandes avances de la medicina, como la inteligencia artificial. «Nunca encontraremos una actividad con mayor efecto», precisa, a la par que reivindica la importancia de atención primaria en esta labor.

—¿Por qué resulta tan complicado dejar de fumar?

—Porque el tabaquismo, más allá de un mal hábito, es una enfermedad adictiva. Así está descrito en las clasificaciones internacionales. Estamos hablando de la dependencia a una sustancia como es la nicotina, que tiene además una capacidad adictiva mucho más elevada que la cocaína o la heroína. Se considera una enfermedad adictiva y crónica que va a tener muchos períodos de remisión y de recaídas y que, consecuentemente, va a condicionar muchas actuaciones repetidas desde los entornos sanitarios y desde nuestra parte, los profesionales. Al final, esta doble adicción física y psicológica necesitará una parte de apoyo farmacológico destinado a tratar la adicción física, así como de terapias cognitivo-conductuales que van a ayudar a modificar la conducta y el comportamiento.

—¿Qué barreras son las más complicadas a la hora de dejarlo?

—Hay muchas. La mayoría van a ir ligadas a la dependencia y al miedo que tienen los fumadores al síndrome de abstinencia tras un cese de consumo. De hecho, la principal causa de recaídas sigue siendo el síndrome de abstinencia nicotínico. Probablemente, una de las importantes también es el aumento de peso y que, además, tiene una fuerte vinculación con las recaídas, específicamente, en las mujeres. Después, hay otros factores que limitan el abandono, como los psicológicos, con el miedo al estrés o la ansiedad. A veces el tabaco puede percibirse erróneamente como una ayuda a la relajación y, en suma, hay una barrera de la que hablamos poco que es el entorno social del fumador. Es decir, la convivencia con fumadores, la normalización del consumo que a veces tenemos cuando convivimos con fumadores, lo que puede actuar como un obstáculo para iniciar y consolidar la abstinencia. Es decir, puede haber una baja percepción del riesgo. Es más, es un aspecto fundamental en fumadores jóvenes y en los que no han desarrollado enfermedades vinculadas al tabaquismo. Y, finalmente, hay una barrera en el hecho de que muchos presentan unos niveles bajos de optimismo y confianza en el cambio. Esto también es limitante en el proceso de abandono.

—Habla de la baja percepción del riesgo. Entiendo que ha tenido que escuchar más de una vez eso de que alguien conoce a una persona que fumó hasta los noventa y nunca enfermó.

—Sí. Eso es porque, a veces, nos quedamos con lo extraordinario. Lanzar un mensaje atractivo sobre abandono de tabaco a fumadores jóvenes es difícil. En ocasiones, no pasa por un tema de salud, sino por otros aspectos. Es decir, hablar sobre patologías a un fumador joven es complejo porque le queda toda la vida por delante. Por eso hay que ligar el abandono a otros beneficios, a veces al tema del rendimiento físico, aspectos estéticos, no tener una dependencia o el ahorro económico. Probablemente, con esto, es probable que surtas más efecto.

—¿Hay una forma correcta de dejarlo?

—Nosotros solemos decir que gran parte del éxito o del abandono depende mucho del nivel de motivación existente que tenga el fumador, y también del tipo de intervención profesional ofertada. En este caso, por ejemplo, el uso de fármacos en cesación tabáquica llega a multiplicar por tres las posibilidades de éxito frente a no utilizarlos.

—¿Es mejor hacerlo de golpe o reducir el consumo de manera progresiva hasta llegar a cero?

—Aquí hay que contar con la opinión y preferencias del propio fumador para saber qué opción puede tener más posibilidades de éxito en cada caso. No obstante, si tú, por ejemplo, te decides por una elección del abandono gradual, progresivo, siempre debe estar condicionado a que la meta final sea el abandono completo en un plazo fijado y no, simplemente, la reducción del consumo. A veces, hay gente que se conforma con fumar menos. Pero no, si tú optas por fumar menos de manera progresiva debes tener el objetivo de dejarlo por completo.

—Precisa que los tratamientos aumentan la posibilidad de éxito. Sin embargo, es fácil encontrarse con gente que prefiere no utilizarlos y tirar de fuerza de voluntad. ¿Se rechazan por desconocimiento?

—Sí. Nosotros siempre explicamos que el tratamiento que tiene más posibilidades de éxito es aquel que combina unas terapias cognitivo-conductuales, esa estrategia de cambio de comportamiento, con el uso de fármacos. Se sabe que estos multiplican entre dos y tres veces las posibilidades de éxito frente a no utilizarlos. Hay estudios prospectivos que nos vienen a decir que de aquellos fumadores que consiguen dejar de fumar sin ningún tipo de apoyo profesional, simplemente por iniciativa propia y fuerza de voluntad, solo un 5 % se mantiene en abstinencia tras un año. Y luego las posibilidades de recaída son altas si no se hace un intento con apoyo profesional. En otras palabras, los fármacos ayudan y aumentan el éxito. Hay que desmitificar ese miedo. El tabaquismo es una adicción física y las adicciones físicas se tratan con fármacos para ayudar, en cierta medida, a combatir el síndrome de abstinencia.

—Si en una pareja fuman los dos, ¿es recomendable que ambos dejen de hacerlo juntos?

—En este caso, una de las recomendaciones que damos siempre en un proceso de abandono es hacer pública la decisión, hay que buscar ayuda, comprensión, solidaridad en nuestro entorno más cercano. Una pareja que desea dejar de fumar simultáneamente puede ser una buena idea desde el punto de vista de refuerzo mutuo, pero siempre respetando que las motivaciones y los planes terapéuticos no tienen por qué ser los mismos para las dos personas. Es posible que necesiten diferentes velocidades en el proceso. No obstante, si por el contrario uno de los dos desea seguir fumando, lo que es recomendable es que no lo haga delante de su pareja para evitar todos los estímulos incitadores.

—¿Qué fármacos puede recibir un fumador?

—En el momento actual, en un sistema público de salud, se reconoce como fármacos de primera línea en el tratamiento de tabaquismo lo que sería la terapia sustitutiva con nicotina, que tiene múltiples presentaciones, como los parches, los chicles, comprimidos para chupar y un inhalador bucal. Luego tenemos un antidepresivo que también tiene indicación en deshabituación tabáquica y, luego, tenemos dos fármacos que son citisiniclina y vareniclina, hablando de moléculas. Todos estos fármacos tienen el máximo nivel de evidencia para poder ser recomendados, ofrecen óptimos resultados tanto de eficacia y seguridad y, salvo la terapia sustitutiva con nicotina, están actualmente financiados por el Sistema Nacional de Salud. Si bien es cierto que es una financiación selectiva, en base a unas características de consumo que deben cumplir los fumadores. Muchas veces la decisión de elegir un fármaco, al final, depende de muchas cosas, de características propias de la persona, de sus enfermedades, de la experiencia del profesional, de razones de coste o de preferencias. Aquí la personalización de tratamiento resulta clave para el éxito de este tipo de terapias.

—¿El cuerpo se recupera al cien por cien después de dejar de fumar?

—Depende de la enfermedad de la que estemos hablando. Los beneficios sobre la salud cuando se abandona el tabaco son en ocasiones perceptibles, incluso, desde los primeros días de cese. Es verdad, por ejemplo, que la concentración de monóxido de carbono se suele normalizar en 24-48 horas, los síntomas respiratorios mejoran en las primeras semanas, y respecto al riesgo cardiovascular de tener una enfermedad coronaria, tras un año de cese se suele reducir en un 50 % y llega a igualarse de una persona que nunca ha fumado entre los diez y quince años tras el abandono. Con esto quiero decir que, cuando uno logra revertir los daños ocasionados por el tabaco, depende en parte de la cantidad y de tiempo de consumo, pero también de qué riesgo en concreto estemos tratando. Por ejemplo, el riesgo oncológico, el tan temido cáncer de pulmón, es probablemente el de más difícil desaparición para un fumador. Puede permanecer con períodos largos de tiempo tras el abandono. Esto tiene mucho que ver con los daños que tiene el tabaco sobre el ADN celular, sobre los mecanismos reparadores, porque son los factores responsables de la aparición de tumores malignos, generalmente los que más perduran en el tiempo. Se necesitan diez años desde cese para que el riesgo de cáncer de pulmón sea un entre un 30 y un 50 % menor respecto a las personas que siguen fumando. Pero también es verdad que es posible que este riesgo nunca llegue a igualarse a el de una persona que nunca ha fumado. Esto no quita el hecho de que hay beneficios muy inmediatos, pero es verdad que hay algunos riesgos que permanecen en los ex fumadores.

—Hablamos del cáncer de pulmón y, sin ánimo de quitarle importancia, hay muchas variables después de fumar. No solo es la enfermedad en sí.

—Desde luego. Hay muchos síntomas que desde las primeras semanas se empiezan a mejorar, la congestión en los senos nasales o la tos. De una manera u otra los beneficios son múltiples, hay que pensar que el tabaco está ligado a 25 enfermedades, todas ellas muy diferentes y todas pueden tener beneficio en el momento que se abandone el tabaco.

—Si tuviese que dar una sola razón para dejar de fumar, ¿cuál sería?

—Las razones para abandonar el consumo son múltiples, pero también son muy personales y dependerán de las circunstancias de cada fumador. Hoy en día, es verdad que las razones de salud son las que más pesan en la toma de decisiones y esto es especialmente importante en fumadores que sí que tienen una patología vinculada al tabaquismo. Pero también es cierto que en fumadores jóvenes, pueden ser más determinantes otros aspectos, los ligados a la estética, al aspecto físico, al rendimiento deportivo, a veces factores de ahorro económico. Aquí lo importante es que ayuda al fumador a que encuentre, a que fortalezca sus propias razones para el abandono.

—¿Con qué otros hábitos se debería acompañar el cese del consumo?

—Fíjate, dejar de fumar es más eficaz cuando se acompaña de cambios conductuales, de estilo de vida, que actúen sobre la dependencia física, psicológica y social. Aquí es fundamental tener una actividad física regular que pueda reducir los síntomas de abstinencia, tanto la ansiedad como la irritabilidad, y también a mejorar el control de peso. Sería conveniente una correcta higiene del sueño, porque la privación del sueño a veces asocia a un menor autocontrol y a un mayor consumo de nicotina. Es igualmente necesario una alimentación equilibrada, adecuada, que pueda reducir el uso de tabaco cuando se utiliza como supresor del apetito. Y luego, es verdad que hay cambios que se deben acompañar de técnicas de manejo del estrés, de la identificación de situaciones de riesgo y del control de estímulos incitadores al consumo. Aquí debe primar que dejar de fumar no solo es quitar el cigarrillo, sino que se debe considerar una reorganización de hábitos que ayuden a modular la dopamina, el estrés y las rutinas. En este sentido, cuanto más cambios saludables se incorporan al proceso de abandono, mayores serán las posibilidades de éxito.

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.