Las claves para mejorar la digestión tras las cenas navideñas: «Un paseo de 15 minutos ayuda a eliminar los gases»
VIDA SALUDABLE
Servirse raciones moderadas, masticar despacio, alternar el alcohol con agua y finalizar con una menta poleo son algunos de los consejos de los expertos en la materia
25 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Mariscos, jamón, aperitivos, empanada, carnes o pescados y patatas. Todo acompañado con vino y seguido, por supuesto, del postre: turrón, panettone, polvorones varios, bombones y un chupito de licor, supuestamente, «digestivo». Las comidas navideñas, con sus sobremesas eternas y sus sucesivos platos que no dejan un centímetro de espacio libre en la mesa, son una excusa para compartir momentos con la gente que queremos, pero también, por esa misma relajación que induce la buena compañía, son un momento que propicia los excesos.
Las consecuencias son conocidas por todos: ardores, hinchazón, gases o una sensación de estómago tan lleno que uno siente que no podrá volver a comer hasta el día siguiente. Hasta que alguien abre un paquete de garrapiñadas y volvemos a empezar. Pero todo esto, señalan los expertos, puede evitarse. Y si nos sobrepasamos sin darnos cuenta, hay maneras de aliviar el malestar.
Errores frecuentes
«El problema en estas fechas, sobre todo, es la cantidad de comida», observa el doctor Daniel Carpio, del Servicio de Aparato Digestivo del Complexo Hospitalario Universitario de Pontevedra. «Lo segundo es el tipo de comida. No son las habituales, consumimos más grasa y azúcar», describe.
El mecanismo perjudicial es, por tanto, múltiple. «Las comidas muy abundantes distienden el estómago y ralentizan la digestión, lo que favorece la sensación de pesadez y somnolencia. A esto se suma un mayor consumo de alimentos grasos, como fritos, salsas, embutidos o quesos curados, que requieren más tiempo y esfuerzo para ser digeridos», explica la dietista-nutricionista Carolina Mosquera.
Las bebidas y los postres también juegan un papel importante. «El alcohol puede irritar la mucosa del estómago y favorecer el reflujo, mientras que los azúcares en exceso facilitan la fermentación intestinal y la aparición de gases. Además, durante las fiestas solemos comer más tarde de lo habitual, enlazando comidas copiosas varios días seguidos, lo que dificulta que el aparato digestivo se recupere», señala la experta. Un cóctel explosivo para la salud digestiva.
El especialista del CHUP señala asimismo una conducta a la que tendemos más en esta época del año: el picoteo. «No solo hacemos comidas mucho más copiosas y muy seguidas. Estas se alargan mucho, con diferentes alimentos que van trayendo a la mesa, y este picoteo no deja que el estómago haga su ciclo de digestión de manera normal», explica. La moderación es, en este contexto, difícil.
Pero aunque el exceso pueda ser, hasta cierto punto, complicado de evitar, sí se pueden prevenir otros problemas. «Muchas veces, después de estas cenas copiosas, nos vamos a dormir de inmediato. Otro gran error. Para las personas que tienen reflujo, esto puede intensificar los síntomas», señala Carpio. En cambio, proponen los expertos, dar un paseo de 15 minutos tras acabar la comida o la cena puede ser una manera mucho más saludable de iniciar la digestión. «Este ejercicio suave favorecerá la motilidad digestiva y ayudará a eliminar los gases», detalla el doctor.
Remedios tradicionales
Tras las comidas abundantes, es habitual recurrir a infusiones o preparados clásicos como la manzanilla, el anís o la menta. Lejos de ser un simple mito popular, muchos de estos remedios tienen una base real, aunque su efecto es moderado. «La menta tiene estudios científicos que han demostrado su eficacia. Se sabe desde hace muchos años que tiene un efecto antiespasmódico para el dolor de estómago y también tiene efecto para ayudar a la eliminación de gases, de hecho, hay fármacos comercializados que contienen extracto de menta. En una infusión normal, quizás la cantidad de menta no es suficiente para que tenga un efecto muy potente, pero puede ayudar», indica Carpio.
Por su parte, la manzanilla «tiene propiedades calmantes y antiinflamatorias que pueden aliviar molestias leves. El anís y el hinojo son especialmente útiles para reducir gases y distensión abdominal», puntualiza Mosquera.
Si hemos bebido alcohol en exceso, reponer la hidratación será clave. «Algo que nos puede ayudar es utilizar infusiones o caldos. Tirar de alimentos que hidraten y que recarguen minerales», propone Fani García, bioquímica y terapeuta especializada en problemas de digestión.
En la farmacia
Cuando pensamos en medicamentos que ayuden a aliviar las molestias estomacales, aún hoy, persiste la imagen del omeprazol. Sin embargo, los expertos aclaran que esta no es la función para la que ha sido diseñado ese fármaco. «En aquellas personas que tienen reflujo diagnosticado, con síntomas establecidos de ardor, sobre todo de noche, a esta gente sí que les recomendamos que tomen omeprazol antes de cenar, para evitar el efecto posterior. Pero no es algo que sea útil para evitar el empacho en la población general», explica Carpio.
«Si la persona tiene acidez, si es puntual, es más eficaz un antiácido que el omeprazol. El antiácido tiene la ventaja de que en la mayor parte de los casos no tiene otras repercusiones en el organismo. También funcionan bien los procinéticos, que son medicamentos que aceleran el tránsito intestinal para acelerar un poco la digestión. Los clásicos son la domperidona o la cinitaprida y los utilizamos con bastante asiduidad para estos problemas», señala el doctor Jesús Sueiro, de la Asociación Galega de Medicina Familiar e Comunitaria (Agamfec).
Para un alivio instantáneo, «la sal de frutas neutraliza el ácido rápidamente y puede aliviar la acidez puntual, aunque no se recomienda su uso frecuente por su contenido en sodio», apunta Mosquera.
Moderación y flexibilidad
En estas fechas, muchas personas que suelen cuidarse durante el resto del año relajan su alimentación. Frente a esto, García propone flexibilizar sin lanzar por la borda todo el esfuerzo hecho a lo largo de los meses previos. «Yo diría que no utilicemos las Navidades como forma de tratar de saltarnos todo lo que hacemos durante el año, sino que seamos flexibles», recomienda.
Por supuesto, son fechas en las que los alimentos que forman parte de lo social. En este contexto, «es importante escuchar un poco las señales de hambre y saciedad», señala la experta. Esto implica prepararse con un desayuno adecuado antes de las grandes comidas en familia, de modo tal que podamos reducir la caída de la glucosa que nos produce esa sensación de hambre feroz. «Desayunar unos huevos con aguacate y tomate nos van a saciar mucho más que un cruasán con un café con leche», propone García en este sentido.
A la hora de comer, «empezar la comida con algo ligero, como una ensalada, verduras o un caldo, activa el aparato digestivo y reduce la probabilidad de comer en exceso después», indica Mosquera. La nutricionista también coincide en destacar la importancia de no llegar a la mesa con hambre extrema, «ya que eso suele llevar a comer más rápido y en mayor cantidad».
«La clave no está en prohibirse alimentos, sino en no acumular todos los excesos a la vez. Servirse raciones moderadas, masticar despacio, quien beba alcohol, alternar el alcohol con agua y priorizar alimentos sencillos como verduras y proteínas magras puede ayudar mucho. Compartir los postres, dar un pequeño paseo tras la comida y mantener rutinas más ligeras entre los días festivos permiten disfrutar de la Navidad sin que el aparato digestivo pase factura», conlcuye Mosquera.