Cristóbal Belda, director del Instituto de Salud Carlos III: «El principal determinante de la esperanza de vida es la renta»

Lucía Cancela / Uxía Rodríguez LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

Cristóbal Belda , Director del Instituto de Salud Carlos III
Cristóbal Belda , Director del Instituto de Salud Carlos III

El oncólogo al frente de la organización de investigación biomédica más importante de España analiza el presente y el futuro de la ciencia española y asegura que «la pandemia ha puesto a la ciencia en prime time y quizás no es su sitio, pero tampoco puede estar escondida en un rincón»

09 sep 2023 . Actualizado a las 09:33 h.

Desde hace dos años Cristóbal Belda (Murcia, 1971) dirige el Instituto de Salud Carlos III, que tiene como misión «contribuir a mejorar la salud de todos los ciudadanos», ahí es nada. Belda es especialista en Oncología Médica, en concreto, en cánceres de cerebro y pulmón. Reconoce que extraña el trato y el contacto con los pacientes en su día a día. A la consulta volverá, pero antes todavía tiene mucho trabajo por delante porque en sus manos está, nada más y nada menos, que el presente y futuro de la ciencia española. 

—Dirige el Instituto de Salud Carlos III, la organización de investigación biomédica más importante de España. Aún así para muchos ciudadanos es una entidad desconocida, si tuviera que resumir qué hacen y por qué es tan importante, ¿cómo lo haría?

—El Instituto es una organización que se dedica a proteger la salud de las personas a través de la ciencia. ¿De qué forma? Por un lado, hacemos ciencia y, en ese sentido, somos la Organización que mayor producción científica tiene en salud de toda España, cuarta de Europa y número 18 del mundo. En segundo lugar, financiamos ciencia, es decir, ayudamos a que los demás la hagan y somos la principal agencia de financiación que se hace a los hospitales. En tercer lugar, ayudamos a que la ciencia sea capaz de diagnosticar cosas, nuevos virus o infecciones.

—La mayoría de la población seguro que comenzó a escuchar hablar del Carlos III durante la pandemia. ¿La principal preocupación sigue estando centrada en el covid-19? O, ¿ya hemos pasado página?

—El covid-19, de momento, sigue estando con nosotros. Ya hemos visto los repuntes de este verano, aunque es cierto que la vacunación nos protege de las situaciones que vivimos hace tres años. El covid-19 sigue siendo una preocupación de primer orden dentro del Instituto de Salud Carlos III. No podemos decir que hemos pasado página, no estamos al principio ni a mitad, pero todavía tiene un impacto en nuestra actividad diaria que es bastante relevante. Sin embargo, además del covid, hay muchas otras cosas frente a las cuales el Carlos III tiene que prestar esa ciencia para poder ayudar a proteger a la salud. 

—Realizan la vigilancia genética del virus, vigilan las nuevas variantes. También la duración de la inmunidad. ¿En qué punto nos encontramos en la actualidad respeto al covid-19?

—Lo que sabemos es que las vacunas protegen. No me cansaré nunca de repetirlo, porque a pesar de las enormes evidencias científicas que hay a partir de múltiples datos, todavía tenemos un porcentaje de personas a las que tenemos que seguir convenciendo. Esta es la primera de las conclusiones. La segunda es que estamos ante un enemigo al que conocemos muy bien, pero frente al cual nos quedan muchas cosas que aprender y este es el camino que nosotros tenemos que continuar. Y, en tercer lugar, una de las amargas consecuencias que ha tenido la pandemia es que las capacidades de nuestro sistema de salud en general y, del Instituto de Salud Carlos III, para protegernos de futuras pandemias han mejorado muchísimo.

—¿Qué lección destacaría que les dejó la pandemia a la comunidad científica?

—La primera de las lecciones es que la ciencia, adecuadamente financiada y con objetivos muy claros, es capaz de sacarnos de situaciones horrorosas. Esto es algo que ha ocurrido a lo largo de toda la historia de la humanidad, que ha sido la ciencia quien nos ha ido sacando una y otra vez de cada uno de “los distintos líos biológicos en los que hemos estado”, si se me permite la expresión. Nos hemos dado cuenta de que se necesita reforzar nuestra autonomía estratégica en salud, que está vinculada a nuestra capacidad de producir, me refiero a nivel europeo, salud. Y se puede hacer a través de la industria, de las empresas, de los investigadores o de los distintos sistemas nacionales de salud que hay dentro de la unión. 

—Hasta la pandemia parece o parecía que las enfermedades infecciosas eran como de otra década, pero cada vez están más presentes. ¿Cuál debería ser nuestro nivel de preocupación respecto a estas enfermedades infecciosas y su auge?

—Hay un aspecto muy importante y es que las enfermedades infecciosas han estado con nosotros siempre. Lo que pasa es que el tratamiento mediático ha sido diferente y Occidente ha tenido cierto nivel de capacidad de respuesta. La pandemia por el virus Sars-Cov-2 nos ha venido a demostrar nuestra enorme fragilidad ante este tipo de eventos. Después, lo que estaba ocurriendo era que existían una y otra vez llegadas de nuevos virus o de bacterias modificadas por el uso masivo de antibióticos. Para los médicos, para los científicos, siempre han estado presentes. Quizá desde el punto de vista poblacional y mediático han tenido un interés menor. 

—"Somos Capaces de producir ciencia, pero tenemos que ser capaces de dar el siguiente paso, que es ser capaces de transformarlo en un producto”, es una frase suya. ¿Cuál es el camino?

—El camino es mantener una financiación estable y creciente a la actividad científica. Soy un firme defensor de que es muy difícil generar producto de la ciencia si uno no tiene una financiación estable y creciente de su actividad científica. Una vez que esto sucede, es cuando surge la brillantez de la innovación, de transferencia y de transformación en un producto. También hay un aspecto cultural, que quizás es algo que las generaciones más jóvenes tienen resuelto. Es un aspecto vinculado a intentar resolver los problemas que te cuentan las personas, no los que uno cree que tienen. Pienso que la incorporación de distintos colectivos sociales a la hora de decirnos cuáles son sus problemas y qué es lo que nos piden como científicos nos ayuda a enfocar hacia dónde debemos dirigir nuestros esfuerzos.

Hay algo que hasta ahora no se había hecho y, que hemos realizado nosotros por primera vez, que es mezclar el derecho administrativo con el mercantil. Esta combinación, del que han surgido convocatorias mixtas, entre el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) y el Instituto de Salud Carlos III, es desde donde puede realmente intentarse una colaboración muy sólida entre empresas y centros de investigación. Si nuestras empresas necesitan I+D para poder ser capaces de ser muy competitivas en un mercado internacional y, nuestros centros académicos la tienen, lo que tenemos que hacer es sentarlos en la misma mesa y darles las herramientas financieras.

—Lo que falta, a lo mejor, es tiempo para que todo vaya convergiendo.

—Tiempo, estabilidad y foco. Esto es muy importante. La propia financiación de la ciencia, por el mero hecho de generar conocimiento, generará riqueza. Tenemos que producir todas las herramientas necesarias para que finalmente se transforme en riqueza de muchos tipos. Pero, la ciencia por sí misma es riqueza. Que las administraciones seamos capaces de combinar el derecho administrativo y el derecho mercantil a la hora poner en la misma mesa a empresas y a centros académicos, no te puedes ni imaginar las puertas que ha llegado a abrir.

—Piensa que como población, ¿ya somos conscientes de la importancia que tiene la ciencia para la sociedad?

—La población es, y ha sido, muy consciente de ello. Otra cosa es que la ciencia haya ocupado portadas. Hay cierto tipo de hallazgos o descubrimientos que probablemente pueden ser más sexis a la hora de ser incorporados en medios de comunicación masiva, pero la realidad es que el 99 % de la ciencia es trabajo, esfuerzo, dedicación, tesón. La pandemia lo que ha hecho es poner la ciencia en prime time y a lo mejor tampoco es el sitio en el que tiene que estar, pero tampoco en ningún rincón escondida.

—¿Cuáles son nuestros mayores puntos fuertes de la ciencia española?

—La ciencia española en producción absoluta ocupa, depende del año, entre el noveno y el décimo puesto a nivel mundial. Lo digo en valores absolutos porque muchas veces nos comparamos con EE.UU. o China, pero en términos poblacionales, son continentes. El que seamos capaces de ocupar esas posiciones frente a países que son mucho más grandes que nosotros, es la principal de las fortalezas. El talento que tenemos es tremendo. Pero en otros países también hay talento que es superlativo. 

—¿En qué punto se encuentra la ciencia española para convertirse en un motor económico?

—Se encuentra en el mejor momento de su historia. Las inversiones de los últimos años, el apoyo social a la actividad investigadora y la creatividad de una generación que está creando startup de enorme éxito, hace que en estos momentos estemos en una situación en la que sí somos capaces de impulsar un motor de riqueza tremendamente intenso. El 25 % de los puestos de trabajo nuevos que se generan en España están vinculados a la actividad científica, están vinculados a la ciencia.

—¿Cuáles son las líneas de trabajo actuales del ISCIII?

—Estamos centrados en tres grandes áreas. Por un lado, tenemos un área que está muy vinculada a los retos a los que nos enfrentamos, es decir, el cambio climático y en cómo va a impactar en las personas. Esto obliga a unas características formativas diferentes de nuestros profesionales. En segundo lugar, las terapias avanzadas que son un paradigma nuevo en la forma en la que podemos tratar a las personas enfermas que, además, exigen un desarrollo académico en sus fases iniciales. Estamos esperando que esto nos permita diseñar una estructura que ayude a su desarrollo en los entornos académicos. Por último, sería la medicina personalizada de precisión, es decir, el ser capaces de mejorar la precisión con la que diagnosticamos, con las que tratamos, con las que rehabilitamos.  

Otra área está muy vinculada a las estrategias de financiación de la ciencia en España. En ese sentido, la reforma de la Ley de la Ciencia, que se aprobó en el Parlamento en septiembre del 2022, nos dio una serie de herramientas para avanzar en unos mecanismos diferentes de financiación. Y por último, es trasladarlo a la sociedad, principalmente a industrias y empresas.

Me va a permitir que le pregunte o que le pida un ejemplo de esta medicina predictiva. No sé si hay enfermedades concretas en las que ya se baraje la posibilidad de predecir algo.

—En oncología siempre hemos intentado buscar el tratamiento adecuado para cada uno de nuestros pacientes y hemos visto, en cierto tipo de patologías, como cada vez los tratamientos a la carta son una norma y una regla habitual. Yo creo que el reto de poder incorporar biomarcadores, que nos permitan identificar las enfermedades antes, o utilizar tratamientos que a lo mejor no se nos hubieran ocurrido.

—Estábamos hablando de las áreas brutas de peso del Instituto y, ahora, en cuanto a proyectos, no sé si hay algunos que sean los más importantes en la cartera.

—Hay muchos proyectos importantes, pero nosotros tenemos un especial interés en dos de ellos. Uno, que es el proyecto Impact, que además tiene un representante muy destacado en Galicia. Lo que pretende es generar las bases científicas de la implementación de la medicina personalizada de precisión en España. Lo que necesitamos es que todos esos científicos que han desarrollado distintos mecanismos, distintas herramientas de medicina de precisión, sean capaces de transportarlo a los sistemas autonómicos de salud. Es decir, tiene que ser del papel al ordenador del profesional sanitario que tiene que hacer uso de esa herramienta de precisión en un paciente concreto. Este es el proyecto de Impact, con una inversión cercana a los 200 millones de euros.

Y, el segundo de los proyectos, es uno que está vinculado a la creación de un consorcio de terapias avanzadas, que no deja de ser una infraestructura. Para que seamos capaces de ayudar a los distintos grupos de investigación que hay en España a que, desde el momento que tengan el prototipo de esa terapia avanzada, sean capaces de llegar hasta los ensayos clínicos en fases precoces. Queremos ayudarles a que sean capaces de recorrer el entramado regulatorio, que lo que persigue es proteger a las personas. Este consorcio lo que pretende es ayudar a los científicos a recorrer ese camino. 

—Y de cara al futuro, ¿cuál es el mayor reto?

—El mayor reto es ser capaces de mantener una financiación estable y creciente a los distintos grupos de investigación de élite de nuestro país. Porque manteniendo y creciendo nuestra financiación es la que termina llegando a los grupos de investigación de Galicia, de Asturias, de Cataluña, de Andalucía, etcétera.

Voy a cambiar de tema radicalmente, porque me gustaría hablar de salud y renta. Muchas veces hablamos de una dieta saludable o hablamos de dormir bien, pero ¿qué papel juega la renta en esta prevención de la salud?

—El principal determinante de la esperanza de vida es la renta. Entonces, los determinantes sociales de la salud tienen un impacto tremendo y esos determinantes sociales están marcados por la renta y la renta a su vez marcada por el nivel educativo. Por ejemplo, los porcentajes de obesidad, en el norte, son distintos a los porcentajes de obesidad que hay en el sur y cuando eso lo aplicamos a la población infantil, las diferencias son realmente sorprendentes. Los factores socio-ambientales y los determinantes sociales terminan por acelerar la aparición de cierto tipo de problemas.

—De hecho, la obesidad es más prevalente en población vulnerable, pero ¿qué se puede hacer para revertir y cambiar esto?

—A lo largo de los últimos años, incluso durante el propio devenir de la pandemia, el Alto Comisionado del Gobierno contra la Pobreza Infantil impulsó el desarrollo de un plan frente a la obesidad infantil. Lo primero que teníamos que hacer era medirla. Y ahí hubo entidades como la Fundación Gasol, que jugó un papel de visibilización tremendamente importante. En aquel momento lo que hicimos fue intentar identificar una nueva forma de pobreza y esa nueva forma de pobreza es la obesidad infantil. Entonces, con las distintas medidas que se han puesto en marcha se debería ser capaz de, por lo menos, frenar esa “pandemia” del desarrollo de la obesidad infantil. Esto se puede evitar, aunque se sabe que es difícil, sobre todo, cuando comprar fruta y verdura es mucho más caro que comprar, por ejemplo, bollería ultraprocesada. 

—El impacto de la comida ultraprocesada ya se está viendo, ¿cómo repercutirá este consumo en el futuro de los niños que ya nacen con ese tipo de alimentación? 

—En esto creo que podemos ver los estudios que se han realizado alrededor de la dieta mediterránea y sus efectos protectores. Ahora, recientemente, la dieta atlántica, que también es liderada por investigadores gallegos, poco a poco va teniendo también un importante poso científico de solidez, acerca de cómo ese tipo de dietas equilibradas son capaces de proteger nuestra salud. Por tanto, siendo capaces de promover hábitos alimenticios saludables y sabiendo, esto implica educación, cuáles son las consecuencias de no hacerlo. 

—Antes me comentaba que cada vez se escucha más hablar sobre las terapias avanzadas y que están llegando a un mayor número de pacientes. ¿Piensa que se puede decir que cambiarán el futuro?

—Están cambiando el presente. Y esto es algo que lo que hace es anticiparnos que debemos estar preparados para el futuro. La realidad es que las terapias avanzadas, en estos momentos, ya están cambiando la vida de las personas. No solamente en cáncer, también en cierto tipo de patologías menos conocidas. En consecuencia, lo importante de las terapias avanzadas es que seamos capaces de generar los mecanismos para su incorporación dentro del Sistema Nacional de Salud para aquellas personas que lo necesiten. Entonces, si las terapias avanzadas surgen de los hospitales, probablemente, lo que necesitamos es modificar una parte de nuestra estructura para que podamos facilitar su llegada. Tenemos que ayudar a que de todas esas, seamos capaces de encontrar la que es el unicornio que va a ayudar a una persona con nombre y apellidos. A lo mejor, todavía no ha enfermado o igual lo hace dentro de unos años, pero nuestra obligación es que seamos capaces de ayudar.

—Supongo que en esos medios que me comenta, también entra la parte económica. Muchas veces es una traba.

—Sin duda. Por eso el primer planteamiento, nuestra primera aproximación para ese consorcio de terapias avanzadas, es una inversión de 45 millones de euros. Empezamos por ahí y continuaremos. Son herramientas financieras, unas a través de consorcios orientados al desarrollo de prototipos y otras a través de empresas de capital mixto, que lo que tienen que hacer es que eso termine en la “estantería de una farmacia”.

—Con toda esa carrera que tiene como profesional, ¿extraña el contacto con los pacientes?

—Con toda mi alma. Es un período excepcional que me ha tocado vivir en estos años. Excepcional en muchos sentidos, por las capacidades de la forma en la que uno puede ayudar, pero yo soy médico, soy oncólogo y, cuando termine, me tocará volver a lo que es mi alma.

—Es oncólogo, he leído que su mujer es cardióloga y tiene tres hijos. ¿Cómo crían dos médicos a sus hijos? En términos de salud, un consejo que le daría a los padres que nos leen.

—Que pacten entre ellos cuáles son los momentos de desarrollo profesional de cada uno. Aquí hay una cosa que es la planificación y esto, los directivos lo tenemos muy claro, con tres niños no es nada fácil organizarse la vida. Mi mujer en esto tiene menos maniobrabilidad porque si está en el quirófano no puede parar y, al que me toca, es a mí. Pero, mi consejo es que planifiquen en qué momento se van a desarrollar más intensamente de manera profesional cada una de las dos personas que forma la pareja y organizarse.




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