Alexandra Johnstone, experta en apetito: «Tenemos que ingerir menos calorías de las que gastamos, es lo único que funciona en una dieta»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

Alexandra Johnstone, investigadora del Rowett Institute.
Alexandra Johnstone, investigadora del Rowett Institute.

Es investigadora y coordinadora de equipo en el Instituto Rowett, de la Universidad de Aberdeen (Escocia), y ha dedicado parte de su trabajo a analizar el papel de las proteínas en la salud

04 jul 2022 . Actualizado a las 11:06 h.

Especializarse en apetito humano no es nada fácil. Al menos, no lo parece. Alexandra Johnstone lo consiguió. Es una de las investigadoras líderes en el Reino Unido en el campo del control y manejo del hambre, y específicamente, de la proteínas. Ese macronutriente que encontramos en la carne, o en el pescado. Desde que se doctoró en el 2002, ha aparecido citada en distintos artículos casi 4.000 veces. Ha trabajado para la Unión Europea, es titular de una beca del Consejo de Investigación Médica del Reino Unido sobre crononutrición, y por si eso parecía poco, es coordinadora de equipos en el Instituto Rowett, de la Universidad de Aberdeen (Escocia), el cual ha tenido un impacto significativo en la nutrición humana del país anglosajón. 

—Como experta en el asunto, la pregunta casi me sale sola. ¿Qué es el apetito?

—El apetito es una sensación subjetiva. Es la expresión que nos hace querer encontrar algo para comer

—¿Y por qué lo sentimos?

—Primero es algo que tenemos que aprender, y cuando lo aprendemos, empezamos a sentirlo. Sabemos que estamos hambrientos porque nos duele la barriga, nos sentimos mareados o tenemos náuseas, lo que significa que la glucosa en sangre está baja, y además, sentimos la sensación de vacío en el estómago. Con el tiempo, aprendemos que todos esos síntomas, signos o señales se irán una vez comamos. Por eso, el apetito es un comportamiento aprendido que nos permite saber qué necesitamos comer, y cuándo debemos hacerlo. 

—¿Cómo podemos alterarlo? Pienso, por ejemplo, cuando comemos por emociones. 

—Claro. Hay muchísimas cosas que influyen en el apetito. Pueden ser nutricionales o no. En el primer grupo, por ejemplo, estarían las dietas altas en proteína, uno de los temas en los que más interés tengo. Estas permiten reducir nuestro apetito, son muy buenas para ello, y nos hacen sentir más llenos durante más tiempo. Después están los factores no nutricionales. Me refiero a las emociones, que nos suelen hacer comer cuando no estamos hambrientos, o el estrés, que puede quitarnos el hambre, o hacernos querer productos altos en azúcar, como las galletas o un pastel. El tiempo también influye, y es importante para nuestros ritmos circadianos y nuestro estilo de vida. Es decir, a veces no podemos comer cuando tenemos hambre y eso también altera el apetito. 

—Precisamente, usted los ha mencionado, ¿comer altera los ritmos circadianos?

—Sí. Los ritmos circadianos es un término que se usa para describir la función y patrón natural del cuerpo. Incluye todos los metabolitos y hormonas, los cuales de por sí tienen un ritmo circadiano natural de subir y bajar, y responder ante diferentes estímulos físicos de la vida, o ante estímulos mentales, como puede ser el hecho de comer.