Desde orgasmos hasta el control de la micción: la importancia de cuidar el suelo pélvico

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

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El periné es tratado por varias especialidades médicas por su importancia ginecológica y urológica, pues no solo es un asunto de mujeres. Así se puede prevenir su deterioro

04 jun 2022 . Actualizado a las 19:25 h.

Pese a que todavía sigue ignorándose, el suelo pélvico existe y, como parte de la anatomía, tiene una razón de ser. Cada vez son más los profesionales que le prestan atención, y el número de personas (todavía menos hombres que mujeres) que les hacen caso. Ginecología, fisioterapia, ciencias de la actividad física y urología reclaman su existencia. No cuidarlo sería lo equivalente a no entrenar una pierna derecha en el turno del gimnasio. 

El suelo pélvico, mejor llamado periné, está formado por un conjunto de músculos situados en la parte baja de la pelvis. Tal y como su propio nombre hace deducir, esta musculatura compone el suelo sobre el que descansa la pelvis. Esta última debe imaginarse como una cesta hecha a base de huesos que alberga distintos órganos como la vejiga, el recto y en el caso de las mujeres, el útero. «El suelo pélvico cierra por debajo de la pelvis, que es la cara inferior del tronco. Lo que es importante es pensar que no solo lo cierra por debajo, sino que a través de fascias se comunica con los abdominales por delante, y con toda la musculatura de la espalda por detrás», apunta Raquel Leirós, profesora ayudante Doctor en el área de Fisioterapia en la Universidad de León, y especializada en Fisioterapia Obstétrica, Uro-Ginecológica y Pelvi-Perineal Integral. De ahí, que todo lo que ocurra en el tronco pueda repercutir en el suelo pélvico, y viceversa. 

La primera de sus funciones es estructural: «Tiene que dar cierre para que las vísceras que penden sobre la pelvis, la vejiga, la uretra, el útero, el colon o el recto, no se caigan», explica Leirós. Al mismo tiempo, si es femenino tiene tres orificios de salida: la vagina, el recto y la uretra. Si es masculino, cuenta con los dos últimos. Esto le otorga una función urológica: «Esa musculatura tiene una función miccional, de continencia de la orina. Hace que la vejiga se vaya llenando, y solo se extraiga la orina cuando quiere el individuo», añade la profesora de Fisioterapia. Lo mismo en el caso de las heces: «Permite que el bolo defecatorio se vaya acumulando en el recto, y que cuando se quiera, lo expulse», cuenta. 

También tiene una tarea en el área sexual y reproductiva. Hace que durante las relaciones sexuales se sienta placer (o todo lo contrario, si hablamos de disfunciones). «Cuando algunos de estos músculos se contraen, atraen sangre a su interior y permiten la erección del pene en el hombre, y del clítoris en la mujer», explica Raquel Leirós. 

Y ya por último, aparece la función obstétrica. El suelo pélvico, o periné, se dilata hasta el punto de que un bebé sale de su interior. «Son estos músculos los que dilatan y traccionan la vagina para que se abra, pero no es la vagina la que se dilata de por sí», apunta la profesora.