Los sobres de comida para bebés con boquilla tienen demasiada azúcar y pocos nutrientes, según un estudio
LA TRIBU
Una investigación realizada en el Reino Unido halló que estos productos suelen carecer de una textura que permita a los más pequeños aprender a comer alimentos sólidos
26 ago 2026 . Actualizado a las 10:10 h.Los alimentos infantiles envasados en bolsitas con boquilla se han convertido en un producto cada vez más popular. Su practicidad y conveniencia hace de ellos una opción elegida por muchos padres y cuidadores a la hora de complementar la ingesta nutricional de los más pequeños a partir de los seis meses. Sin embargo, a nivel nutricional, su contenido podría ser menos inocuo de lo que pensamos en algunas partes del mundo.
Aunque el márketing los anuncia como productos aptos para este grupo de edad, un nuevo análisis de productos realizado en el Reino Unido y publicado en la revista Archives of Disease in Childhood, del grupo BMJ, halló que, a menudo, estas bolsitas tienen un mayor contenido de azúcar y una menor densidad nutricional que la leche materna o la fórmula, además de carecer, con frecuencia, de la textura necesaria para ayudar a los bebés a aprender a comer alimentos sólidos. Los expertos que han analizado este tipo de productos señalan que forman parte de un panorama en el que se invita desde las más tempranas edades al consumo de ultraprocesados, con opciones híper palatables que desplazan la ingesta de alimentos frescos e integrales.
La investigación
Este estudio mide por primera vez la textura y la composición de unos 300 potitos y pouches infantiles —las bolsitas con boquilla de los supermercados— vendidos en el Reino Unido y aporta, por primera vez, una medición objetiva de la textura, más allá de las descripciones en el envase de estos productos. «Han observado que, dependiendo del producto, puede encontrarse una calidad nutricional diferente, algo ya señalado por nutricionistas y pediatras que desde hace tiempo alertan de que muchos alimentos infantiles comerciales contienen demasiada azúcar y poca densidad nutricional», observa Jesús Francisco García-Gavilán, investigador en el grupo de Alimentación, Nutrición, Desarrollo y Salud Mental, del departamento de Bioquímica y Biotecnología de la Universitat Rovira i Virgili, en declaraciones a Science Media Centre (SMC).
Los autores sugieren que muchos de estos productos se parecen más, en textura y composición, a un batido de fruta que a un alimento complementario y plantean que la regulación y el etiquetado deberían diferenciar claramente los alimentos de las bebidas. Con todo, se trata de «un estudio transversal y descriptivo con sus limitaciones: los productos se escogieron en grandes supermercados del Reino Unido, por lo que no se puede extrapolar a otros países, y los datos nutricionales son escasos, apenas incluyen lo que indica la etiqueta comercial. Otro punto importante es que no han demostrado que los pouches causen caries, sobrepeso ni rechazo de los sólidos», señala García-Gavilán.
La geografía importa
Si bien este trabajo es pionero en el estudio de este nuevo grupo de alimentos orientados al consumidor infantil, la limitación geográfica tiene relevancia a la hora de examinar la muestra. «El titular del estudio debería, sí o sí, incluir el país donde se ha realizado, más en este trabajo donde se pide una regulación legislativa para los productos analizados. En el caso de la Unión Europea, se tiene legislación en lo que respecta a los requisitos específicos de composición e información aplicables a los preparados para lactantes y preparados de continuación, así como a los requisitos de información sobre los alimentos destinados a los lactantes y niños de corta edad», apunta Rafael Urrialde de Andrés, académico numerario y vicepresidente de la Real Academia Europea de Doctores (RAED), y académico de honor de la Academia Española de Nutrición y Dietética (AEND), también en declaraciones a SMC.
En el caso español, explica Urrialde de Andrés, «tenemos un Real Decreto por el que se aprueba la Reglamentación técnico-sanitaria específica de los alimentos elaborados a base de cereales y alimentos infantiles para lactantes y niños de corta edad». Este contempla aspectos que no están incluidos en la el Reglamento de la UE, como la edad a partir de la cual podrá consumirse el producto, teniendo en cuenta su composición, textura y otras propiedades particulares. «La edad indicada será, como mínimo, de cuatro meses para cualquier producto. En los productos recomendados a partir de los cuatro meses, se podrá señalar que son adecuados a partir de dicha edad, salvo indicación en contra de una persona independiente y competente en medicina, nutrición o farmacia u otro profesional de la asistencia a madres y niños», detalla el texto legislativo.
Según esta normativa, están indicados, dependiendo de su composición de frutas y cereales, para mayores de cuatro meses, seis meses, ocho meses o un año. «Para evitar problemas de atragantamiento, al igual que si se preparan en el hogar, la textura debe ser la más fina posible para alimentos que se consuman antes de los doce meses de edad. Además, no contienen azúcares, declaración que debería ser obligatoria en el etiquetado en la UE y que todavía no está contemplada para todos los productos alimenticios», apunta Urrialde de Andrés.
En España, explica el experto de la AEND, el contenido en azúcares de este tipo de productos «proviene de las frutas, cereales o lácteos que los componen y que al estar triturados, ya no son azúcares intrínsecos y son libres, al igual que si se hace o se prepara en el hogar». «Tampoco es comprensible, en los límites de contenido en azúcares, que comparen los de las frutas o cereales con los presentes en la leche. No tienen nada que ver ni por proceso de digestibilidad ni por componentes la lactosa con la fructosa, glucosa y/o sacarosa».
El especialista recuerda, asimismo, que cualquier producto alimenticio que se incorpore a partir de los cuatro meses, lo que se denomina alimentación complementaria, «se debe introducir paulatinamente para poder detectar posibles alergias o intolerancias en el lactante, siendo el profesional de la pediatría el que debe supervisar la misma».