¿Está la sobreprotección parental frenando el desarrollo de los niños?: «Cuando un niño consigue algo de forma independiente, crea una mejor imagen de sí mismo»
LA TRIBU
Expertos en psicología y pediatría informan sobre las consecuencias del exceso de protección parental en el desarrollo motor y emocional de los niños
24 jul 2026 . Actualizado a las 16:09 h.Según destacan los expertos durante las últimas décadas hay un escenario que se repite a diario en muchos hogares: el exceso de protección de los hijos por parte de los padres. En las consultas de psicología y pediatría, las alarmas llevan un tiempo encendidas. Lo que empieza como un acto de amor e instinto protector, está derivando en un fenómeno social con consecuencias directas en la salud física y mental de los niños.
Los especialistas coinciden en un mismo análisis: se está confundiendo la protección ante un peligro real, con la protección ante la dificultad. La infancia necesita amparo ante riesgos reales, riesgos que comprometan la integridad de los menores. Pero hacerlo en exceso es un gran error. Al evitarles cualquier tipo de malestar, los padres están, sin pretenderlo, reduciendo las oportunidades de sus hijos para descubrir realmente cuales son sus capacidades.
La frontera entre proteger y sobreproteger
Proteger es un acto normal, natural y necesario. El problema surge cuando la actitud de protección se repite excesivamente ante cualquier actividad realizada por el niño.
Ricardo Fandiño Pascual, psicólogo especialista en psicología clínica de la Asociación para a Saúde emocional na Infancia e a Adolescencia (ASEIA) y vocal de la Junta de Gobierno del Colexio de Psicoloxía de Galicia (COPG), asegura que, «la infancia necesita de protección para adaptarse a un mundo que, a veces, plantea retos que son difíciles para ellos. La cuestión es ¿qué protegemos?, una cosa es proteger del peligro y otra la dificultad, de la frustración o del error. Porque la dificultad, la frustración y el error son materiales necesarios para el desarrollo. Si los protegemos de esto, entonces estaríamos cayendo en un exceso de protección».
¿A qué se debe que los padres sean excesivamente protectores con sus hijos?
El estilo de crianza sobreprotector suele deberse, generalmente, a una elevada preocupación por el bienestar de los niños y a miedos sobre la capacidad del menor para desenvolverse en el entorno y afrontar las dificultades.
En este contexto, los padres tienden a eliminar los obstáculos con los que pueden encontrarse sus hijos con el objetivo de mantenerlos seguros. Aunque las intenciones son buenas, los niveles de protección suelen superar el riesgo real.
Los padres sobreprotectores desean evitarles dolor, emociones negativas y malas experiencias a sus hijos. Intentan preservar su bienestar ayudándoles a eliminar todos los obstáculos de la vida cotidiana.
Sabrina Andara, pediatra explica que «el límite está en identificar bien si la situación que queremos evitar es realmente peligrosa, si pone en riesgo su vida, su integridad o su físico. Y a partir de ahí, intentar cambiar el chip, observar, ofrecerles una base segura, preguntarles si necesitan ayuda y permitirles participar activamente en lo que esté haciendo el niño en ese momento».
La hiperprotección analógica frente a la falta de protección digital
Los expertos que analizan el fenómeno de la sobreprotección, describen una gran contradicción. En el plano analógico se observa una gran obsesión por limitar la autonomía de los niños, controlando cada movimiento y facilitándoles en exceso las cosas que podrían hacer por ellos mismos.
Sin embargo, la situación cambia en lo relacionado con las tecnologías. En las pantallas, en las redes sociales y en internet, los menores se encuentran en una situación de gran desprotección parental.
Ricardo Fandiño insiste en este punto, «estamos en un contexto de sobreprotección analógica y, sin embargo, nos encontramos ante una gran desprotección digital. Por un lado, hay una tendencia a limitar mucho la autonomía de los niños a estar muy pendientes de ellos. Sin embargo, en el ámbito digital los niños tienden a estar muy desprotegidos, muy solos, afrontando realmente peligros a los que quizá no deberían estar expuestos».
Por otro lado, la pediatra Andara, aporta un matiz optimista. Aunque reconoce que el impacto de las redes sociales sobre los menores es peligroso, detecta un cambio positivo en las nuevas generaciones de padres, gracias a la divulgación sobre la crianza en positivo y a las mayores habilidades de gestión emocional.
Las consecuencias de pasarse de la raya
El impacto de una infancia sobreprotegida presenta efectos negativos tanto físicos como emocionales muy frecuentes en las consultas de los especialistas.
En el aspecto físico, la falta de juego autónomo y el miedo obsesivo de los adultos a que los niños se lastimen interfiere directamente en la adquisición de habilidades motoras. Sabrina Andara explica que «el juego libre y el movimiento son esenciales para que los niños aprendan. Primero sobre su cuerpo y posteriormente que aprendan las habilidades a nivel motor. Esto permite afrontar desafíos relacionados con su edad para adquirir habilidades motoras, autonomía, tomar decisiones e incluso competencias emocionales».
El impacto psicológico es también muy alarmante. Es cada vez más habitual ver a niños de entre 5 y 6 años con ansiedad. Ante la incapacidad de tolerar la frustración y el miedo de no saber cómo afrontar situaciones cotidianas, los menores desarrollan síntomas ansiosos, como dolores de cabeza, de barriga o incapacidad para ir a la escuela.
La autoestima infantil está ligada de forma directa a la autonomía. El psicólogo Fandiño apunta que «cuando un niño consigue hacer algo de forma independiente, crea una mejor imagen de sí mismo, se siente bien. Por el contrario, cuando los padres se convierten en mediadores, favorecen la creación de una sensación de dependencia. Los niños quieren y necesitan madurar, y para ello necesitan tomar distancia de sus padres».
Cuando un adulto está constantemente resolviendo problemas de su hijo, se genera una gran sensación de dependencia e inferioridad, que, si no consigue cambiar, puede llegar a afectar a su posterior desarrollo y puede dificultar sus relaciones sociales.
Proteger sin pasarse, ¿cómo hacerlo?
Sabrina Andara asegura que la sobreprotección suele nacer del amor y del deseo de las familias de evitar el sufrimiento de sus hijos. Los padres no tienen una mala intención, pero tienen que aprender a diferenciar qué situaciones requieren intervención y cuáles pueden convertirse en una oportunidad de aprendizaje.
Por su lado, Fandiño explica que los padres tienen que darse cuenta de que la maduración requiere de tiempo. Es necesario que los padres les enseñen a sus hijos a enfrentarse a los problemas, hacerles entender que los niños van a hacer las cosas mal y que esto es parte del proceso de aprendizaje. Esto lo tienen que entender los niños, pero sobre todo lo tienen que asumir los padres, ya que a veces les cuesta mucho ver que sus hijos hacen las cosas mal.
El papel del colegio
El colegio es el entorno donde el problema se hace más evidente. Como explica Ricardo Fandiño: «Los profesores son los que tienen el mejor radar para la sobreprotección, cuando a los profes les llega un alumno que está sobreprotegido se dan cuenta. Porque el colegio implica autonomía».
Por ello, la escuela se consolida como un espacio de liberación para el menor y una forma esencial de comunicación con las familias. Es habitual que en las tutorías los profesores tengan que demostrar a los padres que sus hijos son capaces de realizar actividades diarias de forma autónoma, acabando de esta manera con la oposición a dejarles crecer.