Laura López Romero, investigadora: «Un factor de peso detrás de muchos problemas es la sobreprotección parental»

LA TRIBU

Laura López Romero, investigadora en Psicología.
Laura López Romero, investigadora en Psicología. SANDRA ALONSO

La experta gallega lidera estudio pionero que busca evaluar dificultades emocionales en niños usando realidad virtual

29 jun 2026 . Actualizado a las 17:07 h.

Antes de que aparezcan los problemas de conducta, existen señales tempranas que pueden ayudar a comprender cómo se desarrolla el comportamiento infantil y a intervenir de forma preventiva. Ese es el objetivo del proyecto A-TRaVIeSA. Liderada por Laura López Romero, investigadora del Instituto de Psicología de la Universidade de Santiago de Compostela, la iniciativa explora el potencial de la realidad virtual como herramienta para evaluar el temperamento y las competencias socioemocionales de niños y niñas, con el propósito de avanzar hacia la detección precoz de dificultades emocionales y de conducta. La investigación acaba de recibir el impulso de la Agencia Estatal de Investigación, que seleccionó el proyecto y aportará financiación para llevarlo a cabo. López Romero explica todo sobre este estudio pionero.

—Su investigación busca identificar indicadores relacionados con distintos problemas de conducta en niños. ¿Cómo se podrían detectar estas señales a edades tan tempranas?

—Este proyecto tiene como objetivo identificar de forma temprana indicadores temperamentales y socioemocionales que podemos vincular a los problemas de conducta. Esto es algo que llevamos trabajando años a través de investigaciones longitudinales. Estudiamos el desarrollo de los problemas de conducta y cómo distintas variables de los niños, de las familias o del entorno pueden influir en esto. Para llevar a cabo una evaluación mucho más precisa vamos a incorporar la realidad virtual. El objetivo del proyecto es desarrollar un protocolo de evaluación basado en realidad virtual que nos permita obtener una medida mucho más fiable de estos indicadores temperamentales tempranos.

—¿Cuáles son algunos de estos indicadores?

—Por ejemplo, hay una variable temperamental que se relaciona muy estrechamente con los problemas de conducta, que es el bajo nivel de miedo, el atrevimiento, el no temer a las consecuencias. Pero nos gustaría evaluar otros aspectos, como pueden ser la empatía, la capacidad de filiación, la ira. Al incorporar la realidad virtual, podemos lograr que los niños formen parte ya desde el principio del proceso de evaluación, incorporaremos también medidas fisiológicas, como una medición de la tasa cardíaca, para ver cómo responden ante diferentes escenarios y cómo eso se relaciona con la información que también vamos a obtener a través de cuestionarios que formulen las familias. El objetivo que tiene el proyecto fundamentalmente es el desarrollo de este protocolo de evaluación basado en la realidad virtual y poder validarlo.

—¿Qué ventajas tiene el uso de realidad virtual con respecto a métodos tradicionales de evaluación?

—En el mundo de la psicología, la realidad lleva años incorporada. Pero fundamentalmente se está trabajando con ella a nivel de la intervención. Un ámbito en el que se la utiliza mucho es el de las fobias, donde está funcionando muy bien. Pero a nivel de evaluación, que es el paso previo antes de poder intervenir, esta incorporación está siendo más lenta. Es cierto que es algo costoso y que los escenarios, antes de poder utilizarlos propiamente en evaluación, hay que validarlos y probarlos, pero yo sí creo que puede tener ventajas a la hora de evaluar competencias socioemocionales. En estudios anteriores, por ejemplo, les poníamos a los niños trocitos de películas como El rey león o Aladdín, y medíamos su tasa cardíaca y su respuesta electrodérmica —un cambio en las propiedades eléctricas de la piel provocado por la actividad de las glándulas sudoríparas—. Lo que vimos fue que este tipo de estímulos a partir de imágenes o vídeos se quedaban un poquito cortos a la hora de generar esos estados emocionales. Hoy en día, los niños están muy sobreestimulados y se necesita un extra para poder hacer la evaluación lo más próxima posible a su entorno real y a cómo se desarrollarían en escenarios de su cotidianidad. Con la realidad virtual esperamos obtener una medición mucho más próxima y mucho más realista.

—¿Qué tipos de problemas se podrían detectar a través de estas evaluaciones con realidad virtual?

—Podríamos llegar a ver indicadores tempranos, podríamos tener mediciones de distintas variables de personalidad o de temperamento que sabemos que se relacionan con distintas dificultades, como el miedo, la ansiedad, la empatía, la respuesta emocional ante determinadas situaciones, algo que está muy relacionado con la empatía, pero también con la frialdad emocional, que se relaciona mucho con los problemas de conducta. En este punto en el que estamos, este proyecto pretende ayudar a avanzar en el conocimiento, no tanto ofrecer una herramienta diagnóstica como tal, para eso necesitaríamos muchos más años e investigaciones. Sería el siguiente paso después de este proyecto.

—¿Esto permitiría detectar en la infancia el riesgo de que más adelante el adulto pueda sufrir un trastorno?

—También en la infancia y en la adolescencia. Si validamos este protocolo, las aplicaciones serían múltiples en diferentes problemáticas.

—Su área de investigación se enfoca en una problemática que preocupa cada vez más a las familias, como es la salud mental de los niños y de los jóvenes. ¿En su experiencia ha cambiado el perfil de problemas emocionales o de conducta que manifiestan los niños con respecto a generaciones anteriores?

—Las dificultades de comportamiento y la conducta agresiva se manifiestan de una manera muy similar, pero sí que en muchos casos se han movido a un ámbito digital, que es donde ellos se desarrollan, se comunican e interactúan. También hemos visto un cambio longitudinal en un estudio anterior, y es que, tal y como esperábamos, los problemas de conducta se van reduciendo a lo largo del tiempo, porque los niños se van autorregulando a medida que van creciendo y madurando. Luego pueden evolucionar hacia otro tipo de dificultades. Pero los problemas emocionales tuvieron un repunte muy significativo en la pandemia y vemos que se mantiene ese repunte, que no se corrigió. Creemos que cuanto antes se identifiquen estos indicadores tempranos que pueden prevenir problemas, mucho más fácil es la labor de prevención. Y ya sabemos que prevenir es curar, por lo que, cuanto antes nos adelantemos, más podremos reducir el nivel de sufrimiento de los niños, de las familias y los costes que generan después en el ámbito sociosanitario.

—Menciona un repunte de problemas de salud mental a partir del covid-19. ¿Hay algún perfil específico que pueda tener más vulnerabilidad?

—Sí. Un factor de peso detrás de muchos problemas es la sobreprotección parental. A veces son cosas que se hacen con toda la buena intención del mundo. A veces queremos evitarles el sufrimiento a los niños. Pero más que evitar que sientan diferentes emociones, es importante poder identificarlas, regularlas y manejarlas. Estamos viendo que la falta de este desarrollo emocional se relaciona mucho con problemas de regulación.

—¿Cuál es el rol de las familias a la hora de abordar estos problemas?

—El rol de la familia es acompañar. Dar apoyo y establecer límites es fundamental. No evitarles el sufrimiento, porque es muy importante conocer todas las emociones. Los límites deben existir. Siempre pongo el ejemplo de las normas de tráfico. Algunas nos pueden parecer arbitrarias, pero si no existiesen, reinaría el caos. Lo mismo ocurre con los niños. Ellos necesitan saber hasta dónde pueden llegar y hasta dónde no pueden llegar, porque eso les ayuda a regularse.

—¿Qué desafíos enfrenta la comunidad gallega en este abordaje de la salud mental infantojuvenil?

—El principal escollo es la falta de recursos. En los centros educativos se identifican muy bien los problemas, se ve perfectamente qué niño o qué niña puede tener algún tipo de dificultad, pero aquí entran en juego el contacto y la colaboración con la familia, así como la falta de recursos a nivel de salud mental. De ahí que en nuestro grupo, UNDERISK, tengamos siempre una visión aplicada de nuestras investigaciones, estrategias y programas, y buscamos que puedan utilizarse dentro del ámbito educativo y familiar. Cuando ya hay dificultades de comportamiento manifiestas, trabajamos directamente con las familias, en la mejora de las prácticas parentales, intentamos enseñarles a gestionar bien esas dificultades de los niños y a mejorar la calidez y la relación afectiva entre padres e hijos. Porque a veces cuando hay dificultades, las relaciones familiares pueden sufrir.

—Volviendo al estudio A-TRaVIeSA, ¿cuándo se verán los primeros resultados?

—Este proyecto tiene una duración de dos años. El primer año lo vamos a destinar a diseñar la herramienta de realidad virtual. Tenemos que plantear diferentes escenarios para medir diferentes variables. Y después, para la fase de evaluación, que es el segundo año, vamos a llevar a cabo toda la evaluación con las medidas fisiológicas, combinándolo con lo que informan las familias a través de cuestionarios. Esencialmente, se trata de recrear determinados escenarios y así, a través de medidores, evaluar cómo responde cada niño a esos escenarios.

—¿Qué tipo de situaciones se podrían simular en la realidad virtual?

—Por ejemplo, un escenario es un bosque con un precipicio, para evaluar el miedo y las sensaciones fisiológicas en esa situación. Cada niño puede reaccionar de manera muy distinta, todas esas diferencias nos hablan de diferencias individuales en los propios niños a nivel temperamental y a nivel socioemocional. Cuando tengamos los resultados, podremos comprobar si la realidad virtual aporta algo de valor a la evaluación.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.