Rafa Guerrero, psicoterapeuta: «Cuando nos vamos a dormir, nadie, ni siquiera papá y mamá, debe llevarse el móvil a la habitación»
LA TRIBU
El experto está especializado en adicciones a la tecnología, sobre todo en menores, y explica que las consecuencias de su abuso son graves en este grupo de edad
08 jun 2026 . Actualizado a las 16:36 h.En Silicon Valley todo es una carrera por captar y acaparar nuestra atención. Lo que los propios empresarios de la tecnología conocen sobre el detrás de escena acerca de cómo se diseñan los dispositivos y las apps, es lo mismo que los psicólogos y pedagogos llevan años observando. Las pantallas y los algoritmos son, en la era de la economía de la atención, un factor que interfiere con el desarrollo de niños y jóvenes. En su nuevo libro, Adictos a las pantallas (Libros Cúpula, 2026), el psicoterapeuta Rafa Guerrero, especializado en adicciones tecnológicas, explora problemas y soluciones relacionados con el abuso de los llamados «espejos negros»: móviles, tabletas u ordenadores.
—La adicción a las pantallas es un tema que preocupa cada vez más a las familias y a los educadores. ¿Cómo debemos entenderla?
—Es un tema con el que las familias estamos muy sensibilizadas, pero también los educadores y profesionales de la salud. Como cuento en el libro, las adicciones surgen como un mecanismo de afrontamiento, como una defensa ante un conflicto, ante un vacío, ante un duelo no resuelto, ante un abuso o algo que ha pasado. Una persona que tiene una adicción no la vive como algo que hace en un momento puntual, sino que es una manera de vivir, una estrategia para enfrentarse a determinadas situaciones que está viviendo o emociones que siente. Eso implica que el recurso más efectivo que tiene para enfrentarse a ese abuso, a ese silencio, a ese maltrato, a ese duelo no resuelto, o al divorcio de sus padres es, por ejemplo, el alcohol, las redes sociales, el porno o la comida.
—En este sentido, menciona en el libro que en la infancia se empieza a construir nuestra visión sobre la vida y nos empezamos a hacer una idea de si merecemos ser amados, de si el mundo va a ser para nosotros un lugar seguro o si va a estar lleno de amenazas. ¿Qué podemos hacer los adultos para ayudar a un niño a crecer con una visión sana?
—Lo que un niño necesita es tener una estructura familiar, a unos adultos que estén presentes no solo física, sino emocionalmente. Que estén conectados con el menor para interpretar por qué llora o por qué se comporta de determinada manera, yendo a la raíz de la conducta para cubrir sus necesidades. Un niño necesita ser visto, esta es una necesidad básica del ser humano. Precisa que no le ignores, que le atiendas, que le respetes y que se sienta acogido incondicionalmente por ti. Si somos capaces de estar presentes, de conectar con ellos y de acompañarles en los obstáculos que se vayan encontrando, ya vamos por el buen camino.
—¿Dónde está el límite entre estos cuidados y la sobreprotección o el exceso de vigilancia?
—La clave está en entender qué es lo que realmente necesita el niño. La sobreprotección no es una manera de cuidar. Es una manera no sana de vincularte con el menor. Cuando un adulto sobreprotege, se está mirando a sí mismo antes que al menor. Yo sobreprotejo porque tengo miedo. Entonces, la clave está en darle lo que necesita, no lo que te pide. Por eso siempre digo que sobreproteger a nuestros niños es una forma de maltrato, porque no te estoy atendiendo, porque me estoy cuidando, me estoy protegiendo y me estoy cubriendo a mí.
—Volviendo a la dependencia respecto de la tecnología, ¿qué puede hacer un padre que de por sí quizás ya tenga cierta dependencia de su móvil, para evitar que sus hijos lo tengan?
—Es muy difícil. Es como plantear cómo puede hacer un padre fumador para que sus hijos no fumen. Tenemos que empezar en nosotros. Si yo no quiero que mis hijos tengan un contacto habitual con los dispositivos tecnológicos, la pregunta sería qué relación tengo yo con esos dispositivos y con las redes sociales. Porque lo que no podemos hacer es exigirles a nuestros hijos que hagan cosas que nosotros no hacemos. Ya no se trata de si es justo o es injusto que papá pueda ver el móvil y yo como niño no lo pueda ver, sino que se trata de que papá lo que está haciendo es incoherente o no es coherente. Entonces, lo primero que tiene que hacer un papá que tiene una adicción al móvil, a las redes, al porno, a las compras online, o a apostar por internet, es solucionarlo. Ir a la raíz que le empuja a consumir. Ya después nos planteamos qué hacer con los niños.
—En el libro cita un dato preocupante: los adolescentes dedican cuatro meses del año a estar con el móvil. ¿Qué impacto tiene esto en su salud?
—Un adolescente que tiene una adicción tecnológica vive cómo la conexión con las personas reales, con sus amigos, con sus colegas del instituto, con sus compañeros del equipo de fútbol, cada vez se ve más mermada. Cada vez les dedica menos tiempo y la calidad de esas relaciones es menor, porque las adicciones nos llevan a consumir cada vez más para tener el mismo efecto placentero. Esto es igual que lo sabemos de las adicciones con sustancias: del alcohol, de la cocaína, de la heroína. Con lo cual, este adolescente cada vez va a tener menos contacto social con sus amigos, con su familia, con sus primos, y cada vez va a tener más tiempo a las redes sociales. Su nivel de impulsividad y de agresividad va a ir en aumento, sobre todo en aquellos momentos donde se cese el contacto con las redes, cuando mamá, papá o el profesor diga que se acabó. Si les quitamos el dispositivo tecnológico, va a aparecer mucha agresividad, mucha impulsividad y mucha rabia. Los niveles de concentración van a ir bajando, la calidad y el tiempo de sueño también se van a ver afectados. La alimentación también, cuanto más rápido coma, más tiempo va a poder dedicar a los dispositivos. Esto también desemboca en el ámbito escolar, a nivel social, a nivel de actividad física. Unos ámbitos influyen a los otros, con lo cual nos encontramos con que este adolescente está cada vez más metido en un mundo virtual, que es un mundo que no existe.
—¿Qué están buscando los jóvenes cuando se conectan a las redes sociales?
—Lo que vemos en consulta es que muchos adolescentes y, por supuesto, muchos adultos, encuentran en las redes sociales aquello que no encuentran en el mundo real. Un adolescente que es tímido o que no tiene suficientes habilidades sociales siente mucha angustia y mucho miedo por ser rechazado por un amigo o por alguien que le gusta. Ellos encuentran su refugio en las redes sociales, porque están montadas para que esa necesidad de ser visto, de sentirte perteneciente, de sentirte importante, se cubra en ese mundo virtual. Los likes, los comentarios, lo que están haciendo es rellenar de una manera puntual y durante unos segundos, unos minutos, con suerte unas horas, tu necesidad de sentirte perteneciente al grupo o a la manada. Pero claro, el ser humano no necesita móviles, sino personas. Los adolescentes entran en redes porque necesitan sentirse validados. Pero la foto que publican a lo mejor es la vigésima que se hacen antes de dar con la que realmente quieren publicar. Entonces, al final, estamos ante un escaparate. No es real.
—¿Cómo podemos prevenir el uso indiscriminado de los dispositivos en los jóvenes?
—Además de poner el foco en nosotros y ser coherentes, hay que tener en cuenta que la influencia que tiene un dispositivo sobre un cerebro en construcción como es el de un niño o un adolescente es mucho más potente que el que pueda tener sobre un adulto. Es muy importante que en casa se establezcan unas normas con los dispositivos tecnológicos. Poner un horario, qué dispositivos se van a utilizar, dónde, durante cuánto tiempo. Siempre recomiendo que los dispositivos tecnológicos estén en el salón. No debe haber ordenadores, ni televisiones, ni iPads en las habitaciones. Por supuesto, en el momento en que nos vamos a dormir, nadie, ni siquiera papá y mamá, nos llevamos los dispositivos tecnológicos a la habitación. Yo soy cinéfilo, me parece increíble que exista el cine y que podamos disfrutarlo en familia para luego conversar de qué nos ha parecido. Es fantástico, pero intentemos que los dispositivos sirvan para unir a la familia y no para aislarse. Cuando a un niño pequeño le pones un móvil para que te deje tranquilo en un restaurante, le estás dando el mensaje de que molesta, de que no te importa.