María José Mas, neuropediatra: «Lo que más ayuda a un niño es ver que sus padres confían en sus habilidades»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

LA TRIBU

María José Mas Salguero también es autora de los libros «El Cerebro en su laberinto: los trastornos del neurodesarrollo» y «La aventura de tu cerebro».
María José Mas Salguero también es autora de los libros «El Cerebro en su laberinto: los trastornos del neurodesarrollo» y «La aventura de tu cerebro».

La reconocida experta y divulgadora explica que el juego es un aprendizaje porque los fallos no tienen consecuencias en él

06 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La neuropediatra María José Mas ha dedicado su carrera profesional a estudiar cómo se desarrolla el sistema nervioso humano desde la concepción hasta la adolescencia. Pionera en su campo, su divulgación ha sido reconocida por una mirada crítica, rigurosa y profundamente humana. Ahora, publica un nuevo libro, Neuronas en crecimiento (Vergara, 2026), en el que cuenta cómo favorecer el neurodesarrollo de los más pequeños de la casa.

—¿Qué es la plasticidad cerebral?

—Es una cualidad que tienen los cerebros de todas las especies porque su función es comprender el entorno, intentar ver qué pasa y dar una respuesta. Es la capacidad del cerebro de cambiar en función de lo que ha aprendido previamente, de experiencias que ya tiene y recuerda, y de usarlas para lo nuevo que sucede. También es un cambio físico, biológico. En el humano es una grandísima ventaja porque probablemente seamos de las especies con mayor capacidad plástica. No soy bióloga, pero creo que no me equivoco.

—¿Cambia con la edad?

—Los seres humanos nacemos con un cerebro muy inconcluso. Cuando un bebé nace, no camina, no habla, no hace nada, solamente reacciona de forma muy estereotipada a lo que sucede a su alrededor y poco más. ¿Por qué? Pues porque su cerebro tiene muy pocas redes completadas. Digamos que mientras se está construyendo, necesita un tipo de plasticidad y después, cuando el cerebro está estable, que es en las edades intermedias de la vida, la plasticidad sigue existiendo, pero es diferente. Al principio es una plasticidad constructiva; después, una plasticidad más adaptativa.

—¿Cómo se construye el cerebro?

—Desde un punto de vista biológico del tejido cerebral tisular, hay un patrón de construcción que se mantiene más o menos igual en todas las personas, con sus distintas variaciones particulares. Sucede que las primeras zonas que completan esa maduración o plasticidad constructiva y después, adaptativas, son las más profundas en el cerebro. Es decir, el tronco del encéfalo, el cerebelo, después las áreas posteriores, seguidas de las áreas más anteriores de los hemisferios. Hay un patrón común a todas las personas, con una variabilidad individual, no en todas las personas esto sucede al mismo ritmo. Hay gente que lo hace más rápido y hay personas que lo hacen más lento, siendo todo ello normal. Los hitos del desarrollo se utilizan para comprender si esa persona está teniendo un avance esperado o si va por detrás o por delante, y en función de ello, ayudarle. Ahora bien, no son algo categórico. A mí no me gusta hablar en esos términos, porque para establecer qué es lo normal se suele valorar a muchas personas de un entorno cultural y lo normal es lo que hace la mayoría. Eso es lo que expresan las tablas de desarrollo, pero no quiere decir que haya un margen, que puede ser un poquito antes o un poquito después. De hecho, el libro está pensado porque hay mucho youtuber que no tiene ni idea, y se basa en estas tablas para hacer afirmaciones categóricas que asustan a las familias.

—¿En consulta observa que las familias se preocupan mucho por estos parámetros?

—Efectivamente. Y, a veces, no pasa nada porque simplemente es una variante de la normalidad y ese niño, por razones múltiples y muchas no patológicas, tarda un poquito más en caminar. Están bien para consultar si hay una preocupación, pero para después quedarse tranquilo.

—Cuenta en su libro que existen ventanas de oportunidad para aprovechar el máximo espacio del cerebro. ¿En qué consisten?

—Nacemos con un cerebro armado con todas las neuronas que vamos a tener a lo largo de nuestra vida, pero las conexiones entre ellas todavía no son fuertes, no están bien establecidas. ¿Cómo se establecen?, ¿en qué orden? Externamente observas una serie de conductas como caminar, hablar o relacionarse con los demás. Lo primero que ves es que el niño va adquiriendo un dominio de la postura y del movimiento de su cuerpo. Después, se espera que a los doce meses —hay quien lo hace a las nueve y es extraordinario, y quien lo hace a los diecisete y sigue siendo normal—, aprenda a caminar. Y esto ocurre porque las neuronas que van a sostener la capacidad de marcha se están uniendo entre sí. Ese es el momento ideal para aprender a caminar, pero si tú atas a un niño a la pata de la mesa y no le dejas hacerlo a esa edad, las neuronas se van a unir igual entre sí pero no va a aprender,  por así decirlo. Se nota mucho en el lenguaje, porque esas neuronas que son las que sostienen las habilidades lingüísticas han seguido creciendo y formados un circuito pero sin nada que meter dentro. La función queda incompleta, y luego es mucho más difícil moverlo. El momento en el que un circuito se acaba de formar, después le da la capa de barniz, que sería la mielina, ya se vuelve más complicado moverlo. La plasticidad que sucede es la plasticidad adaptativa que ya no es formativa.

—De hecho, explica que cuanto más se le hable al niño, más elaboradas son sus vocalizaciones.

—Efectivamente. El sentido común es básico y muy importante, y la gran mayoría de padres y madres lo tienen. Entonces, ¿por qué hay que hablar a los niños? Porque aprenden de lo que hay en el entorno. La plasticidad, el aprendizaje surge porque yo tengo cosas que aprender. Si estoy en una caja negra sin ningún color y sin ninguna forma ni ninguna textura, no aprendo nada. En cambio, si estoy en un entorno rico en palabras, cuando me acerco al niño, lo miro, hablo con claridad, y aquí, la verdad, poco importa si las palabras son infantiles o no, el niño acaba oyendo y reproduciendo más sonidos. De hecho, eso pasa con los idiomas. Hacia los nueve meses se cierra la percepción fina de los fonemas, luego está la adaptativa. Digamos que después aprender el acento de un idioma es más difícil.

—¿Quiere decir que es la mejor edad para aprender?

—No. Pero sabemos que el niño identifica su idioma fácilmente y está abierto a todos los fonemas humanos hasta los nueve meses. Esto se ve mucho cuando viajas por el mundo y te encuentras con gente nacida en Francia, de padres españoles, a la que siempre le han hablado en español. Tienen un español perfecto pero con acento francés. Eso sucede porque su oído está hecho a eso.

—En su libro habla de las distintas etapas madurativas y cómo ayudar al niño en cada una de ellas. Pero, ¿existe un hábito que las familias deban fomentar en casi cualquier momento. 

Hábito como tal, no. Pero sí creo que lo que más ayuda a un niño es ver que sus padres, sus cuidadores principales, confían en sus habilidades. Es decir, le protegen cuando no puede hacer algo, pero cuando puede, le dejan. Creo que es muy importante. Por ejemplo, cuando empieza a caminar, tú vas detrás. Y el niño, si se cae, muchas veces te mira como preguntándote qué hago. Normalmente, como no se ha hecho daño, le decimos: «Venga, arriba». Y eso está perfecto. Pero si cada vez que se cae, tú pones cara de susto, coge miedo. Esto es el vínculo. Tú tienes que dar un entorno que le ayude a desarrollarse, a confiar en sus habilidades, y animarle cuando lo hace bien y corregirle cuando lo hace mal. La segunda parte casi nadie lo hace hoy en día. Hay que corregir a los niños cuando no lo hacen como tienen que hacerlo, porque si no, no aprenden.

—Entre los dos y los cinco años del niño cambia la forma en la que él o ella se enfrenta a los retos. ¿Por qué se da esta variación?

—El tiempo de atención y de ejecución es mucho más corto en un niño de dos años. Un niño de dos años que no consigue una cosa, la deja enseguida. Uno de cinco, a lo mejor se da cuenta de que la va a poder hacer, pero necesita más práctica para conseguirla.

—¿Por qué la socialización tiene importancia para la construcción del cerebro?

—Porque el otro es muy importante para construirte a ti mismo. Los seres humanos vivimos en sociedad y es imposible o muy difícil hacerlo solo. Ver a otro hacer algo o interactuar contigo es una fuente de aprendizaje. De cómo se debe sentir esa persona cuando tiene capacidad de empatizar. La presencia del otro te ayuda a construir tu propio estar en el mundo. Sin ánimo de hacer un alegato de la corrección, pero es que a veces pecamos en dejar que el niño haga lo que quiera. Y no, no puede hacerlo de pequeño porque de mayor tampoco podrá. Yo no puedo saltar un semáforo en rojo cuando voy conduciendo porque quiero. Hay que entender que hay ciertas limitaciones y la limitación es el otro. El respeto al otro, la espera del otro, la colaboración del otro. Inicialmente ese otro se vive como el egoísmo del niño, como una cosa por interés. Se dan cuenta de que tienen que compartir el juguete con otro porque, de lo contrario, se queda sin él.

—Precisamente, ¿qué valor tiene el juego en el aprendizaje?

—Es muy importante. Los niños aprenden jugando, porque en el juego hay una cosa que es el fallo y no pasa nada. En la vida real, si fallas, puedes tener consecuencias importantes. En el juego, no. Puedes cambiar las reglas incluso, es poner en una situación intrascendente habilidades que yo necesito para la vida cotidiana.

Lucía Cancela
Lucía Cancela
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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.