Louise Brown, la primera bebé probeta del mundo: «El papa me dijo que tenía un lugar en el cielo, aunque al principio estaba en contra»
LA TRIBU
La inglesa, cuyo nacimiento en 1978 fue escogido como uno de los momentos científicos más importantes del siglo XX, junto a la llegada del hombre a la Luna, visitó España como ponente en un congreso médico de fertilidad
03 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Cuando Louise Brown nació, lo supo todo el mundo. No es ninguna hipérbole. Su nacimiento fue considerado, en su momento, uno de los mayores logros científicos del siglo XX, a la altura de la llegada del hombre a la Luna. Uno de los que lo hizo posible, el fisiólogo Robert G. Edwards, ganó el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en el 2010 —los otros compañeros de logro, el ginecólogo Patrick Steptoe y la embrióloga y enfermera Jean Purdy fallecieron antes por lo que no se les pudo entregar, ya que no es póstumo—.
La residente de Bristol, aunque nacida en Oldham, Reino Unido, en 1978 llegó al mundo a media luz. En un quirófano en semioscuridad y mediante una cesárea que se le hizo en el Royal Oldham Hospital de Mánchester. Medidas necesarias para proteger a la primera persona del mundo concebida y nacida por fecundación in vitro. Es la primera bebé probeta. La revista Time dijo que había sido «el nacimiento más esperado en, quizá, 2000 años». Su primera foto —ella envuelta en una toalla recién salida del vientre de su madre— fue portada del Daily Mail, que tituló: «And here she is… the lovely Louise». Además de ser sometida a más de sesenta pruebas médicas, ya que debían cerciorarse de que su estado de salud era «normal», la presión mediática obligó a que se quedase unos doce días en el hospital. «Nací a 400 millas de Bristol, donde vivían mis padres, y como no era seguro, no podíamos marcharnos», cuenta Brown a La Voz, que visitó España como ponente en el congreso internacional Ebart 2026 (Evidence-Based Assisted Reproductive Technologies).
La prensa la seguía a ella y a sus padres, quienes deseosos de formar una familia, se atrevieron a someterse a un proceso del que no se sabía mucho. «Mi madre quería tener un hijo propio desesperadamente. Lo intentaron por todas las maneras y vías posibles durante diez años, y no lo consiguieron. Por aquel entonces, mi padre ya había tenido, en una relación previa, dos hijas, así que se dieron cuenta de que el problema lo debía tener ella», recuerda. En una ocasión, cuando Louise ya era adulta y estaba con su familia, una mujer se le acercó a darle las gracias por lo que había hecho. «Me dijo que sabía que yo vivía en Bristol y que quería agradecer tanto a mí, como a mis padres, el haber dado visibilidad a la fecundación in vitro».
El éxito del tratamiento —que cuatro años más repetirían con su segunda hija, la número 40 del mundo— alimentó la historia. Fueron portadas de más periódicos y revistas y salieron en la televisión hasta que los progenitores, para protegerla, decidieron apartarse de la mirada pública.
Brown supo quién era cuando tenía cuatro años. Iba a ser su primer día de colegio y sus padres, anticipándose a comentarios crueles, prefirieron contarle su historia. No le importó demasiado: «Se sentaron conmigo y me enseñaron el vídeo de mi nacimiento, que está grabado. También me dijeron que los doctores que aparecían ahí eran los que me habían hecho que mi nacimiento fuese posible». Ella asegura que nunca se sintió diferente o especial. Su infancia aparece en internet con solo teclear su nombre. No le molesta, solo, a veces, le resulta un poco «embarazoso». Acostumbrada, dice que es como mirar un álbum familiar, solo que el suyo lo puede ver quien quiera.
Lesley y John Brown, sus padres, mantuvieron especial contacto con el fisiólogo Robert G. Edwards. Tanto que Louise llegó a decir de él que «era como un abuelo» para ella. «Vino a mi boda y conoció a mi hijo mayor, Cameron. El segundo, Aiden, nació dos meses después de su fallecimiento en el 2013. «Sin embargo, su hija Jenny Joy sí lo conoció, al igual que el resto de su familia, con la que mantengo contacto». En el 2015, Louise publicó su autobiografía Mi vida como la primera bebé probeta. En la actualidad, se dedica a dar conferencias por el mundo compartiendo su experiencia. Reconoce que son muchas las que se le acercan para darle las gracias: «Me dicen que mi libro les ayuda a darse cuenta de que la fecundación in vitro es como tener un hijo normal».
«Un lugar en el cielo»
Su nacimiento no estuvo exento de polémicas. Al ser el primer caso de éxito de la fecundación in vitro, muchos cuestionaron la seguridad y el planteamiento ético que suponía.
Por aquel entonces, como sucede hoy, también se llegó a hablar del temor a crear hijos a la carta o a plantear el dilema ético que representaba seleccionar a los candidatos en las donaciones o la destrucción de embriones no utilizados. El papa Juan Pablo II se posicionó en su contra, aunque la lógica les hizo caer por su propio peso. «Hubo una conferencia religiosa en la que se hablaba de la masturbación masculina. Allí, se dieron cuenta de que mi padre se había tenido que masturbar para tenerme, y que entonces, no podía ser un pecado, porque no era por placer. Así que dieron un giro de 180 grados a su posición y el papa dijo que yo tenía un lugar en el cielo». Esta inglesa lo acepta.