Nuria Moreno, dietista materno-infantil: «Cuando el bebé nos muestra que no quiere más papilla, no debemos insistir no hacer el avioncito»
LA TRIBU
La experta, que también ejerce como asesora de lactancia, trata de derribar los mitos y expectativas que hay alrededor de la leche materna
25 abr 2026 . Actualizado a las 15:18 h.Nuria Moreno, dietista materno-infantil y asesora de lactancia, explica que la alimentación del bebé empieza mucho antes del primer trozo de fruta o puré. «Comienza, incluso, antes del nacimiento». La importancia de esta primera etapa de vida en la alimentación es desconocida para muchos, por eso la experta publica Nuestros primeros 1000 días (Grou, 2026) en la que profundiza los aspectos más relevantes de la dieta en los primeros mil días.
—¿Qué sucede en este tiempo?
—En primer lugar, hay una cosa que se llama programación metabólica. Nuestros genes se van programando con especial fuerza a lo largo de estos primeros mil días. Muchas veces pensamos que el primer alimento que recibe un bebé es cuando iniciamos la alimentación complementaria, pero va mucho más allá. Empieza siempre desde el mismo momento que vemos ese positivo y que una mamá se queda embarazada. Cuidar estos primeros mil días es tan importante como cuidar lo que se come durante el embarazo, durante la lactancia, porque se ha visto que esa parte de los nutrientes pasan al bebé. Incluso su comportamiento de cara a la alimentación complementaria va a depender muchísimo de la forma en que nosotros nos hemos alimentado, tanto si hacemos una lactancia materna como si estamos embarazadas.
—¿Una dieta más equilibrada de la madre durante su embarazo influirá en el futuro comportamiento del bebé?
—Influye mucho en el tema del paladar. Ellos lo tienen virgen, pero a través de la alimentación de la mamá y también de la lactancia, es decir, con los sabores que pasan a través de la leche, también se educa el paladar. Si yo, por ejemplo, durante el embarazo tomo muchos dulces, ya de por sí ese bebé va a tener una mayor tendencia a sabores dulces, con lo cual, los va a buscar cuando iniciemos la alimentación complementaria.
—¿Qué beneficios aporta la lactancia materna al bebé y a la madre?
—Pensamos que la lactancia materna solo es alimentación. Sí que es verdad que tiene una parte muy importante, porque evidentemente es el principal alimento del bebé durante el primer año de vida. Incluso cuando iniciamos la alimentación a los seis meses, lo sigue siendo. Le aporta un montón de nutrientes y también inmunidad. Ellos, realmente, hasta los 36 meses no tienen un sistema inmune maduro. Además, la lactancia también es apego, es seguridad, confort. No es solo una cobertura a nivel nutricional, sino también emocional. Aunque, como siempre digo, lo más importante es que una mamá sea feliz, independientemente del método de alimentación que elijamos.
—¿La leche de fórmula no es tan buena?
—Hoy en día, son leches que, a nivel nutricional, no les falta ningún tipo de componente. De hecho, ya las hay enriquecidas con ácidos grasos DHA. Son muy completas, ya no es como hace muchísimos años cuando estaban muy alejadas de lo que era la composición de la leche materna. Pero, hay una cosa que no puede hacer ningún tipo de tecnología: la leche materna es una leche viva y se adapta al bebé. Se adapta según va creciendo, o si se ponen enfermos. Es decir, es una leche que está cambiando constantemente. En cualquier caso, aquí es importante repetir que lo más importante es que la alimentación que se elija, se haga bien. Muchas veces, como madres, nos sentimos culpables, porque igual hubiésemos querido dar el pecho y no pudimos. Ese es uno de los obstáculos que tienen muchas madres, que a lo mejor quieren dar lactancia materna, pero se les complica y por no tener un buen acompañamiento o porque ha fallado algo durante ese inicio de la lactancia, al final ha tenido que derivar a una lactancia de fórmula, una lactancia artificial, y esa parte de culpabilidad pesa muchísimo.
—Precisamente, refleja en su libro esta complejidad. ¿Se le ponen muchas expectativas a este tema?
—Yo escribí esta parte basándome en cómo me sentí yo en ese momento. Pude dar cuatro años de lactancia, pero tuve un inicio terrible. Hay tantas mamás que están en ese mismo proceso, yendo a los cursos de preparación al parto, e idealizan la lactancia materna. Realmente, no nos preparan para que pueda haber un problema. Nadie te dice cómo identificar un problema de frenillo, nadie te explica la postura. Está la idea de que la lactancia es bonita y preciosa, que va a haber un agarre espontáneo y que el bebé, cuando tenga hambre, pedirá comer, o llorará o estará más inquieto, y tú solo te lo tienes que poner en el pecho. Pero hay muchas cosas que no te explican, en ese camino yo creo que igual que te preparan para lo bonito y lo precioso, también te tienen que preparar para las posibles dificultades puedas tener.
—¿Cuándo es el momento de empezar con la alimentación complementaria?
—Aquí no hay una fecha en el calendario. Antiguamente, se iniciaba a los cuatro meses, pero madurativamente, el bebé no puede comer ciertos tipos de alimentos. No puede tomar gluten porque el sistema digestivo aún es muy permeable. Pero la suerte que tenemos es que la medicina, o la ciencia, va avanzando. Se va descubriendo que, aunque antes se hiciese así, no quiere decir que fuese lo mejor. Hoy sabemos que es en torno a los seis meses de edad cuando el sistema digestivo del bebé empieza a estar maduro para recibir otro tipo de alimentos diferentes a la leche. Pero que tu bebé cumpla los seis meses un día puntual no quiere decir que justo ahí le toque iniciar la alimentación complementaria. Para eso necesita cumplir cuatro requisitos básicos. En primer lugar, que tenga interés por la comida. Normalmente, entre los cinco o cinco meses y medio, los bebés ya te ven comer y se le van los ojos. Lo quieren probar. Hay que tener en cuenta que ellos aprenden por imitación, y como todos los días te ven comer, es normal que tengan interés. En segundo lugar, que presente una buena coordinación ojo-mano-boca, es decir, que sea capaz de coger un juguete, por ejemplo, y llevárselo a la boca con facilidad. El tercero, que haya desaparecido el reflejo de extrusión —arcada—, que pasa de estar en la punta al medio de la lengua.Otra variante fundamental es que se mantengan estables con mínimo apoyo. A veces, con seis meses es complicado que se mantengan sentados sin caerse, por eso, lo importante es que sean capaces de mantenerse sentados al menos tres segundos. Eso nos dice que ya tiene un buen control cefálico y, con ello, fuerza cervical. Todas estas características no tienen fecha, pero son claves a la hora de indicarnos que su sistema digestivo empieza a estar maduro.
—En esta materia existe el «baby led weaning» y las papillas, el sistema más clásico. ¿Una es mejor que otra?
—Desde una perspectiva nutricional, ambos son completos porque, al final, ofrecen nutrientes. Aquí ya va más de lo que una familia decida. A mí me gusta mucho el baby led weaning, porque permite que el niño aprenda a comer. Venimos de una cultura muy arraigada de triturado, pensamos que a los seis meses ya tienen que empezar a comer, con equis cantidades que nos dicen y retirando tomas de leche. Realmente, no es así. Hay que ir incrementando la cantidad de sólido o de triturado y poco a poco quitársela de la leche. El baby led weaning permite que los bebés aprendan a comer, a reconocer cada alimento por separado por su sabor, olor, color y textura. Todo ello sin hablar de cantidades, porque el alimento principal sigue siendo la leche hasta los doce meses. Por eso se llama alimentación complementaria. Con dos o tres mordisquitos tienen más que suficiente para cubrir las necesidades energéticas y nutricionales. Además, su sistema digestivo empieza a estar maduro, por lo que al principio no necesita grandes cantidades, sino que tiene que empezar a crear esa serie de transportadores que ayuden o faciliten al cuerpo a absorber o a digerir todos los nutrientes que les hacen falta. El método tradicional, por su parte, aporta muchísima tranquilidad a las familias porque ellos tienen el control, con el baby led weaning no es así. Solo que esto tiene un problema.
—¿Cuál?
—No respetar el ritmo del bebé. Es decir, yo puedo ir ofreciéndole cucharaditas con la regla del 90-10. Un 90 % lo hago yo, y el 10 % restante, el niño, pero siempre respetando que, cuando el bebé se aparte, yo paro de darle. La realidad es que terminamos haciendo avioncitos, le distraemos y hacemos todo lo que haga falta para que el bebé acabe comiendo ese triturado. En el momento en el que nos muestra que no quiere más, no debemos insistir. Además, hay que recordar que si decidimos hacer triturado antes de los diez meses hay que hacer la transición a sólidos.
—¿Qué alimentos son potencialmente alérgicos?
—Hoy tenemos estudios que nos demuestran que introducir alimentos potencialmente alérgicos en la ventana de los primeros ocho o nueve meses reduce el riesgo de que el bebé tenga o desarrolle una alergia o una intolerancia. Yo hablo de los nueve principales. Los frutos secos, y ojo, que introducido un fruto seco, no están introducidos todos. Otro de los alimentos es el pescado, también tenemos los lácteos, que se deben ofrecer más adelante, entre los nueve y diez meses. En este momento, se pueden ofrecer pequeñas cantidades, como dos o tres cucharaditas de yogur o queso sin sal. Por otro lado tenemos la soja, que es una legumbre potencialmente alergénica y la podemos introducir en algo tan simple como un yogur; también los cacahuetes, que es otra legumbre. Está el huevo, que es el alimento potencialmente alergénico que más miedo da a las familias a la hora de ofrecerlo; el sésamo y el marisco. En España, también consideramos potencialmente alérgicos los altramuces o el apionabo. Y, luego, aunque no son potencialmente alergénicos, hay frutas que tienen más probabilidad de producir alergia, como es el caso del plátano, el kiwi o la piel del melocotón.
—¿Qué síntomas pueden provocar estas alergias alimentarias?
—Hay reacciones cutáneas o digestivas. Pueden ser sarpullidos, un brote de dermatitis atópica, ronchas. Y luego hay reacciones más severas, que se le inflame donde entre en contacto con el alimento o las más severas que sea una anafilaxia. Ahí hay que ir al hospital sí o sí. Con una reacción cutánea, no hace falta acudir al pediatra en ese momento. Simplemente, anotar el tipo y el tiempo que ha tardado en aparecer la reacción, o cuándo hemos empezado a dar el alimento. De esta forma, detendremos la exposición y, en tres o cuatro semanas, siempre que sean signos cutáneos, volvemos a introducir ese alimento. De menos a más. Si vuelve a aparecer el problema, interrumpimos la exposición y ya acudimos al pediatra. Normalmente, a las tres o cuatro semanas la mayoría de ellas desaparecen. Y, por otro lado, tenemos las reacciones digestivas. La más alarmante es el vómito, con el huevo suele pasar con frecuencia.
—¿Cuál es la manera correcta de introducirlos?
—De menos a más, durante tres días, salvo que alguno de los progenitores sea alérgico o intolerante a algún alimento, que entonces será durante cinco días seguidos. También es importante recordar que solo se debe introducir uno nuevo cada vez.