¿Se puede curar una alergia alimentaria?: «La inmunoterapia evita sustos en niños y adolescentes»
LA TRIBU
La inmunoterapia oral es especialmente eficaz en niños menores de seis años que tienen una reacción a la leche o al huevo, dos de los alérgenos más abundantes en la dieta gallega
20 abr 2026 . Actualizado a las 13:42 h.Cada vez son más los niños que tienen alergia a un alimento o incluso a más de un tipo de ellos. No se sabe por qué está ocurriendo, pero los expertos llevan años observando este aumento de una condición que impacta en la vida diaria de las familias. Controlar lo que comen los más pequeños en el entorno escolar o en los cumpleaños de otros niños se vuelve, para ellas, parte de la cotidianidad.
Dependiendo de la gravedad de la alergia, una reacción puede comprometer la vida en cuestión de minutos, una situación que añade estrés a la dinámica diaria de muchos padres. Por eso, las intervenciones tempranas con terapias de desensibilización son claves. Aunque no se consideran tratamientos curativos, estas terapias permiten a los pequeños aumentar la capacidad de su cuerpo para exponerse a los alérgenos sin sufrir mayores complicaciones.
A medida que el número de pacientes continúa creciendo, el rol de estas terapias de tolerancia será cada vez más relevante. Según la doctora Ángela Meijide Calderón, miembro del Comité de Alergia a los Alimentos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic) y Facultativo Especialista de Área en Alergología en el Hospital Meixoeiro, en Vigo, «se cree que en un futuro hasta un 50% de la población puede llegar a tener alergia alimentaria».
Desensibilización o tolerancia
Las terapias para las alergias alimentarias, conocidas con el término inmunoterapia oral, consisten en ir administrando dosis que se incrementan de los alimentos a los que el paciente es alérgico. «Dependiendo de los protocolos, se aumenta la dosis cada cierto número de semanas. El protocolo busca que el paciente vaya tolerando esas dosis, es decir, que el cuerpo no las reconozca como algo malo», explica la alergóloga e investigadora clínica del Hospital Universitario Infantil Niño Jesús Itziar Eusebio.
«Aunque se las llama desensibilizaciones, el término correcto es inducción de la tolerancia oral», aclara en este sentido Meijide. La experta explica que estos procedimientos se llevan a cabo habitualmente en pacientes menores de seis años que presenten reacciones frente a dos de los alérgenos más frecuentes: la leche y los huevos.
Dado el creciente número de pacientes alérgicos, se está explorando también el uso de estos tratamientos en pacientes alérgicos como la LTP, una proteína presente en el mundo vegetal cuyo máximo representante es el melocotón. Meijide señala que esta alergia también es candidata a la inducción de tolerancia oral.
«El beneficio es amplio para todo aquel paciente que quiera volver a tomar el alimento o que simplemente necesite evitar reacciones por contaminación. Por ejemplo, tengo un paciente al que no le gusta mucho el huevo pero sigue tomándolo para evitar tener reacciones con simples trazas. Es un gran avance para los pacientes, van con menos miedo y les da libertad para comer. Y sobre todo, evita sustos en niños y en adolescentes», apunta la doctora Meijide. Aunque en adultos también son eficaces, estas terapias se suelen realizar en la infancia, para evitar precisamente estos riesgos.
La dosis hace a la alergia
Las alergias alimentarias se producen cuando el sistema inmunitario identifica erróneamente ciertos alimentos —como la leche, los huevos o los frutos secos— como una amenaza para el organismo. En estos casos, el cuerpo reacciona liberando sustancias como la histamina, lo que provoca síntomas que pueden ir desde molestias leves, como picor o urticaria, hasta manifestaciones graves, como una dificultad respiratoria o reacciones anafilácticas.
En los niños, cuyo sistema inmunitario aún está en desarrollo, este tipo de respuesta es más frecuente y puede aparecer desde los primeros años de vida. Además de los efectos físicos, estas alergias condicionan su día a día, ya que requieren un control constante de la alimentación, pueden generar ansiedad en el entorno familiar y limitar su participación en actividades sociales como comedores escolares o celebraciones.
Dado el riesgo de provocar una reacción, estas terapias se inician con exposiciones ínfimas, en ocasiones menores a un gramo, hasta alcanzar la dosis total que se busca que la persona llegue a tolerar: «Habitualmente, un huevo o un vaso de leche. Así se evita que el paciente tenga reacciones con su ingesta», explica Meijide.
Los protocolos no son de acción rápida. Se va incrementando la dosis a lo largo de semanas, meses o incluso años. «En el Servicio de Alergia del Chuvi, donde trabajo, los pacientes acaban siendo prácticamente familia, porque van todas las semanas para subir las dosis. Algunos pueden conseguir la tolerancia en tres meses, pero con otros tardamos casi un año», cuenta la experta.
Una vez concluido el tratamiento, se debe continuar con una «dosis de mantenimiento» de consumo del alimento, para evitar que el cuerpo pierda esta tolerancia. Esto implica, respectivamente, el consumo de un huevo o un vaso de leche cada 24 a 48 horas. «No es una curación. Si se vuelve a retirar el alimento, la reacción y la clínica de la alergia se volverán a desarrollar», advierte la experta del Meixoeiro. Aunque no es una cura, un alto porcentaje de los niños consiguen gracias a esta terapia la desensibilización completa. «Esto significa que pueden hacer vida normal, con su tratamiento de mantenimiento de por vida, como quien tiene hipertensión», señala Eusebio.
Además, el tratamiento no está exento de riesgos. El alimento puede llegar a provocar una reacción, incluso siguiendo los protocolos correctamente. «Incluso, las inmunoterapias pueden ser fallidas por estas reacciones adversas. En estos casos, desde hace un tiempo se esta utilizando medicamentos que les ayudan a subir ese umbral de seguridad la alergia, para que puedan comer alimentos que contengan trazas o contaminación cruzada si algún día van a un restaurante», explica la doctora Eusebio.
El valor del diagnóstico
Uno de los problemas a la hora de iniciar una terapia de inducción de la tolerancia a un alimento es que hace falta un diagnóstico diferenciado de la alergia. Pero este tipo de reacciones alimentarias a menudo se pueden confundir con intolerancias, problemas digestivos o de otro tipo, como la celiaquía. «Habitualmente, el proceso alérgico en estos casos está mediado por IgE, es decir, por la inmunoglobulina E, que es lo que está relacionado con los mastocitos y la histamina, que producen las típicas reacciones de urticaria o anafilaxia», detalla Eusebio. También existen otras reacciones alérgicas con mecanismos diferentes, en los que estos tratamientos no están indicados.
«Una vez hecho el diagnóstico, con clínica, prueba positiva y sabiendo qué proteínas alimentarias están implicadas, hay que valorar opciones. En alimentos fácilmente evitables o sin posibilidad de desensibilización, el único tratamiento eficaz es la evitación y que el paciente tenga su botiquín de emergencia por si sufre de reacciones por contaminación cruzada, con antihistamínicos, corticoides y adrenalina autoinyectable en caso de casos de anafilaxia», explica Meijide. Este es el caso de la alergia al marisco.
Prevención
Los últimos estudios apuntan a que la introducción temprana de los alimentos principales causantes de alergias contribuye a evitar que los niños las desarrollen. «Anteriormente se decía que no, pero con el tiempo sí que se ha visto que hay niños que se han sensibilizado a más alimentos con la introducción tardía de ellos. Por lo tanto, ahora mismo lo que se recomienda es la introducción temprana para evitar estos casos», señala Eusebio.