La peligrosa moda de parir en casa: «Lo que marca la diferencia no es si la complicación ocurre, sino dónde estás cuando ocurre»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

LA TRIBU

El parto en domicilio solo se consideda seguro cuando se cumplen ciertos requisitos, como la presencia de comadronas especializadas o un plan de traslado al hospital cercano, y únicamente cuando sea un embarazo de bajo riesgo.
El parto en domicilio solo se consideda seguro cuando se cumplen ciertos requisitos, como la presencia de comadronas especializadas o un plan de traslado al hospital cercano, y únicamente cuando sea un embarazo de bajo riesgo. iStock

Los dos bebés que fallecieron recientemente tras nacer en domicilios en Madrid y los más de 30 casos a nivel internacional vinculados a la secta del «parto libre» han reavivado la polémica en torno a una práctica que el país había dejado atrás en los años noventa

31 dic 2025 . Actualizado a las 16:38 h.

Dar a luz es una de las experiencias más transformadoras por las que puede pasar una persona. A pesar de los enormes avances en la humanización del parto a lo largo de las últimas décadas, con la introducción de elementos como el plan de parto o la posibilidad, garantizada en cada vez más centros, de contar con la presencia del padre o acompañante incluso durante las cesáreas, en una situación de vulnerabilidad como lo es el momento de traer a un hijo al mundo, el entorno hospitalario puede resultar invasivo para muchas madres.

Esta vulnerabilidad ha contribuido a popularizar una corriente que ganó terreno planteando una forma diferente de atender al parto. Algunas personas habían tenido experiencias negativas con embarazos previos. Otras, simplemente, buscan una manera más «natural» de dar a luz. Así fue como un número alarmante de mujeres acabaron por caer, desde el 2017, en la secta FBS, siglas en inglés de su nombre completo, que se traduce como Sociedad del Parto Libre. Un movimiento que rechaza los nacimientos en el hospital y que favorece el parto en casa, sin asistencia de matronas, comadronas ni ningún tipo de profesional sanitario.

El FBS se ha vinculado, hasta la fecha, con más de 30 casos de muerte perinatal, según una investigación publicada por el periódico británico The Guardian. Si bien opera principalmente en Estados Unidos y Canadá, la ya considerada secta ha traspasado fronteras y se ha relacionado con complicaciones en partos de mujeres en países como Suiza, Francia, Sudáfrica, Tailandia, India, Australia, Reino Unido e Israel. Pero su peligroso mensaje ha calado más allá de estos casos. En España, aunque aparentemente no están directamente asociados con la FBS, la Guardia Civil investiga dos fallecimientos de recién nacidos tras partos domiciliarios que se produjeron recientemente en la comunidad de Madrid.

Detrás de estos casos internacionales hay una ideología según la cual un bebé no necesita ayuda para nacer, sino que, incluso si sale del vientre materno sin respirar, reanimarlo sería un error, puesto que hacerlo le restaría autonomía al recién nacido. La reciente investigación del medio británico ha encendido las alarmas acerca de cómo la difusión de estas ideas radicales sobre el parto derivó en muertes y lesiones graves en bebés, así como complicaciones en madres que se dejaron llevar por las enseñanzas de esta secta y decidieron dar a luz sin ningún profesional sanitario presente.

Una moda peligrosa

El parto en casa es una práctica que se ha ido dejando atrás en las últimas décadas gracias a los avances del sistema sanitario en España. Así lo manifiestan los datos de movimientos poblacionales recopilados por el Instituto Nacional de Estadística (INE): entre 1975 y este año, los nacimientos fuera del hospital han pasado de ser aproximadamente el 18 % del total a representar menos del 0,5 %.

Pero esta transformación no ha ocurrido de la misma manera en todos los países. En Estados Unidos, donde la sanidad es mayormente privada y los seguros médicos dependen de los empleadores en muchos casos, un parto puede suponer un gasto de miles de dólares para una familia —el precio sin seguro puede estar en torno a los 15.000 dólares para un nacimiento vaginal o 25.000 para una cesárea, según el informe FAIR Health—. El coste es solo una de las variables que han contribuido a que las personas se cuestionaran el modelo del parto hospitalario en Norteamérica. La Sociedad del Parto Libre nació como una entidad creada por influencers que, a través de las redes sociales, se dedicaban a promover el parto sin asistencia médica como una forma de empoderamiento y libertad reproductiva. Un mensaje que caló profundo en una sociedad en la que las mujeres quieren estar cada vez más informadas acerca de su parto y mantenerse autónomas en la toma de decisiones sobre el nacimiento de sus hijos.

Pero lo que comenzó como un discurso de rechazo a algunas prácticas consideradas invasivas se consolidó en una red robusta y bien financiada de falsas comadronas. Detrás de este modelo de negocio están la estadounidense Emilee Saldaya y su socia canadiense, la influencer Yolande Norris-Clark, fundadoras de la Sociedad del Parto Libre. El negocio ha generado más de 11 millones de euros desde el 2018 hasta la fecha a través de su pódcast, que acumula cinco millones de descargas, su perfil de Instagram, con 133.000 seguidores, su canal de YouTube, que roza los 25 millones de visualizaciones, y su Guía completa del parto libre, un curso en vídeo desarrollado por ambas socias, así como también a través de retiros y del curso de «guardiana radical del parto» (una terminología que busca distanciarse, por motivos legales, de roles como el de la matrona, la comadrona o la doula), un título sin acreditación oficial, de tres meses y con un coste de 5.000 euros, impartido en sus escuelas.

El pilar fundamental del movimiento es la llamada «responsabilidad radical», una doctrina según la cual la madre es la única que puede y debe asumir todas las consecuencias posibles de su parto, incluidas su propia muerte o la del bebé. Así, la secta desalienta la búsqueda de atención médica relacionada con la gestación, desde consultas médicas hasta pruebas analíticas, ecografías o cualquier otra intervención destinada a detectar y atajar posibles problemas. A través de los vídeos, los pódcasts y las clases, se instala una visión de desconfianza frente al sector sanitario que lleva a muchas mujeres a sentir miedo de tener que acudir al médico.

En lugar de la asistencia sanitaria, promueven el llamado «parto libre», que consiste en dar a luz sin médicos, personal de enfermería ni matronas profesionales, en base en la creencia de que el cuerpo de la mujer siempre sabe lo que hace y que cualquier intervención médica interrumpe un proceso natural que en todos los casos es virtuoso. En sus discursos, minimizan o ponen en duda las probabilidades de sufrir complicaciones obstétricas graves, sosteniendo que muchas de ellas no requieren asistencia. Algunas de las líderes del movimiento han llegado incluso a afirmar que permitir que un bebé muera si así lo «deciden los padres» puede ser un desenlace aceptable.

Saldaya y Norris-Clark han afirmado, entre otras cosas, que la reanimación es una maniobra innecesaria y perjudicial para los bebés. En su libro, Norris-Clark la calificó de «intromisión» y «sabotaje». Los recién nacidos, afirmó Saldaya en un pódcast del 2024, «necesitan aprender a respirar por sí mismos». Y añadió: «Es profundamente conmovedor detenerse en esta idea de que tu bebé camina por la vida con esa historia a sus espaldas: que sabía cómo nacer. Y que reclamó su primer aliento». «Cuando asisto a un parto, nunca reanimaría a un bebé. Para mí, hacerlo es una locura», dijo Saldaya en su pódcast.

Los riesgos

El problema del parto en casa está en la imprevisibilidad intrínseca de este proceso vital. «Obviamente, hay que entender el deseo de una mujer que quiere un parto respetado, íntimo y fisiológico, porque es legítimo. Pero el respeto al parto no puede ir en contra de la seguridad del bebé y de la madre. Es ahí cuando entra en juego la variabilidad de los casos que podemos ver cuando hay un nacimiento», explica en este sentido la ginecóloga Isabel Castaño. Según detalla la experta, incluso una paciente de bajo riesgo, sin hipertensión y que no ha sufrido ninguna complicación durante el embarazo, puede tenerla durante el parto. 

En un entorno médico, estas complicaciones pueden atenderse de inmediato, algo que no es posible cuando el nacimiento se produce fuera del hospital. Y cabe destacar que aquí el tiempo es clave. «Cuando pasa algo necesitamos correr. En nuestra profesión, lo que marca la diferencia no es si la complicación ocurre, sino dónde estás cuando ocurre. En el hospital, tenemos UCI neonatal y tenemos medios para ayudar a la madre si hay una hemorragia. Hablamos de complicaciones que pueden poner en riesgo la vida en cuestión de segundos», subraya Castaño.

Lo más frecuente en este sentido puede ser una hemorragia materna o fetal, un sufrimiento fetal agudo, una falta de oxígeno o una distocia de hombros. «Cada segundo le baja el pH al bebé y eso es perder una probabilidad de que haya un bebé sano y con un desarrollo neurológico normal en el futuro», explica la experta.

En particular, Castaño remarca que dar a luz fuera del hospital es una práctica desaconsejada en pacientes de riesgo: «Las contraindicaciones claras son pacientes con hipertensión, con diabetes, con un bebé con bajo peso, con poquito líquido amniótico, madres con una infección relevante o con anemia. Y también pacientes que hayan tenido problemas previos: cesáreas, hemorragias, distocia de hombros, partos pretérmino o muerte fetal previa. En estos casos, existe el riesgo de que la situación se repita».

Casos documentados

La investigación de The Guardian vincula la secta FBS con una serie de casos de negligencia que tuvieron consecuencias letales. A las muertes neonatales se suman casos de partos prolongados sin intervención, madres con hemorragias que les hicieron perder el conocimiento y requerir hospitalización urgente, bebés con lesiones cerebrales por falta de oxígeno al nacer e incluso casos como el de una madre que perdió la visión debido a una preeclampsia grave, una complicación relativamente frecuente del embarazo para la que actualmente se realiza un cribado durante el embarazo en la sanidad pública en Galicia.

Uno de los ejemplos más impactantes es el de Esau López, un bebé que, durante el parto en casa sin asistencia, sufrió una distocia de hombros. Esta complicación, que se produce en el 1 % de los nacimientos, ocurre cuando la cabeza consigue salir, pero el cuerpo del bebé no, algo que es fácil de resolver en un entorno hospitalario, con profesionales sanitarios acostumbrados a detectar estos problemas.

Sin esta asistencia, Esau sufrió una falta de oxígeno durante más de quince minutos, lo que derivó en un daño cerebral irreversible. Las personas que acompañaban a la madre no solo carecían de formación para identificar señales de alarma o intervenir de forma adecuada, sino que habían aprendido, a través de FBS, a desestimar estos síntomas, ya que los temores de los profesionales médicos a la distocia de hombros eran, en palabras de Norris-Clark, «muy exagerados». Hoy, a sus tres años, Esau tiene una discapacidad grave y se alimenta a través de una sonda.

El rechazo sistemático de la medicina, la idealización de un proceso completamente autodirigido y la desconfianza hacia cualquier forma de control sanitario que promueven desde FBS son mensajes persuasivos para aquellas madres que temen a una intervención médica excesiva durante el parto. Pero la doctrina de esta secta no solo contradice las recomendaciones de las sociedades científicas, sino que aumenta de forma significativa el riesgo de desenlaces fatales o de bebés secuelas permanentes.

En España

A nivel nacional, la polémica sobre el parto en casa ha adquirido especial relevancia tras la muerte de dos bebés en partos domiciliarios ocurridas recientemente en la comunidad de Madrid, si bien estos casos no están vinculados a la organización FBS. En los dos casos, los recién nacidos sufrieron paradas cardiorrespiratorias durante el parto o inmediatamente después, según confirmaron los servicios de emergencia.

En el primero de ellos, el parto se produjo en la semana 34 de gestación, un momento que todavía se considera prematuro para el nacimiento. La familia había planificado el dar a luz en casa al bebé, pero las circunstancias obligaron a llamar a los servicios sanitarios. Cuando los equipos de emergencia llegaron al domicilio, el bebé ya se encontraba en parada cardiorrespiratoria y no consiguieron reanimarlo.

El segundo caso se produjo en un parto con presentación de nalgas, una situación de riesgo que habitualmente se maneja en el entorno hospitalario con un una maniobra para voltear al feto, o bien, cuando esto no es posible, a través de una cesárea. Las complicaciones aparecieron durante el alumbramiento y, de nuevo, los sanitarios llegaron cuando el recién nacido ya no presentaba signos vitales.

Según fuentes sanitarias, ambos partos se realizaron al margen de un marco asistencial reconocido por el sistema sanitario público. En España, el parto en domicilio no forma parte de la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud y carece de regulación específica. Por esta razón, los expertos insisten en que el parto en casa conlleva riesgos importantes, especialmente cuando se realiza en ausencia de profesionales sanitarios o sin un plan de traslado inmediato al hospital. En los centros hospitalarios se dispone de equipos de reanimación neonatal y especialistas que pueden intervenir en cuestión de segundos, algo imposible de replicar en un domicilio.

En este sentido, Montserrat Angulo, vocal matrona del Pleno del Consejo General de Enfermería de España (CGE) subraya que «la evidencia científica ha demostrado en repetidas ocasiones la seguridad del parto en casa en mujeres con embarazo de bajo riesgo asistido por comadronas expertas y con un plan de traslado planificado previamente desde un domicilio situado como máximo a una distancia de 30 minutos del hospital más cercano».

Las matronas y obstetras recuerdan que la evidencia científica solo considera seguro el parto en casa en embarazos de bajo riesgo, con profesionales titulados presentes y con acceso rápido a un hospital en caso de complicaciones. Cualquier desviación de estos criterios incrementa de manera significativa el peligro para la madre y el recién nacido.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.