Virginia Frutos, psicóloga: «No sirve para nada recomendarle a alguien ir a terapia; que te lo digan, irrita»
SALUD MENTAL
La experta ofrece claves para detectar cuándo hemos entrado en un modo automático de vivir y dejamos de estar preentes en el día a día
01 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.¿Cuándo fue la última vez que te paraste a responder con sinceridad a un «cómo estás»? La psicóloga y divulgadora Virginia Frutos explica que, muchas veces, entramos en un modo de piloto automático en nuestra vida que ella caracteriza como un estado «zombi». La experta conoce esta sensación de primera mano: tras sufrir una meningitis, tuvo que parar para escuchar mensajes que su cuerpo llevaba tiempo enviándole, y que ella insistía en ingnorar. «Lo paradójico es que esa infección me devolvió a la vida», escribe en el prólogo de su libro, Psicología zombi, editado este año por Vergara. En diálogo con La Voz de la Salud, Frutos propone algunos pasos para dejar de ser zombis y atrevernos a habitar nuestra vida en toda su magnitud.
—¿Qué significa vivir en modo zombi? ¿Cómo podemos darnos cuenta tempranamente de que nos está pasando eso?
—Para mí, todo empezó cuando de repente mi cuerpo me avisó. Fue de repente, llegué a un extremo en el que me puse mala. Ese era mi cuerpo gritando. Pero en ese momento, cuando alguien me preguntaba cómo estaba, automáticamente respondía que bien. Y no es que yo vaya en contra de ese bien, lo que intento es poner el foco en la definición de ese estar bien, y analizar hasta qué punto es honesto. Tampoco creo que tengamos que ir contándole nuestra vida a cualquier persona, pero podemos hablar de cómo nos encontramos y hacer ese ejercicio de reflexión sin tener que dar demasiada información. A lo mejor, si me lo preguntas ahora, te diría de manera automática que estoy bien, para salir del paso. Pero podría decirte que estoy muy contenta porque es el día del lanzamiento de mi libro y que tengo muchas emociones. Eso es suficiente. La realidad es que cuando les decimos a los demás cómo estamos de verdad, con esa vulnerabilidad controlada, podemos conectar mejor con el otro.
—En este ejemplo, la respuesta es positiva, pero quizás no es tan fácil contar por qué uno está mal.
—Sí, pero por ejemplo, el otro día me hacían una entrevista mientras yo estaba en el hospital donde estaba mi hijo ingresado y lo compartí con la persona que me estaba entrevistando. Es una manera también de darle contexto a esa comunicación. No se trata de contar todas nuestras desgracias.
—¿Cuáles son algunas señales que nos indican que estamos funcionando en piloto automático?
—Puede aparecer una irritabilidad que no sabemos bien de dónde viene. El enojo es una emoción muy interesante y te está diciendo que algo no es justo. Pero cuando no sabes por qué te sientes así, puede que haya una injusticia vieja que no has podido identificar en su momento. También puede haber un agotamiento que se disfraza de mal humor y se traslada a objetos o a otras personas. Hablamos de ese cansancio que no se va durmiendo ni descansando. Esa sensación lánguida que permanece cuando has dormido. Luego, hay otra señal que es la dificultad para estar donde tienes que estar, en el momento presente, en conexión con los otros. Puede haber una sensación de que nada termina de importarte, una actitud más pasiva ante la vida. Luego, también, nuestro cuerpo nos avisa.
—¿Qué debemos hacer ante esos avisos?
—Quiero que quede claro que yo no vengo a matar el zombi. Ese modo automático a veces es necesario: nos salva de situaciones y nos ayuda a adaptarnos a contextos, a momentos. El problema es cuando se instala en nosotros y ya creemos que esa es nuestra forma de vida y ya somos así y no es real, hay que saber hacer esa diferencia. Pero el zombi no es nuestro enemigo, viene como una carta a decirnos algo y está en nosotros escucharlo o no.
—Con la vida moderna llena de estímulos que llevamos, ¿cree que la sociedad favorece que aparezca más ese lado zombi?
—Es cierto que ahora tenemos más estímulos, pero tampoco somos seres inertes frente a ellos. Las redes sociales y el teléfono nos intentan abducir, pero no tenemos por qué hacer lo que ellos quieran. El control lo tenemos nosotros y si hay una falta de control, hay que ver qué es lo que estás tratando de rellenar en ese espacio en el que no puedes ni tomarte un café con leche contigo mismo. Tenemos que tener nosotros el control sobre lo que está ocurriendo. Si no lo tenemos, hay algo que está fallando en nosotros y tenemos que cuestionarnos qué es.
—Explica que el modo zombi trata de alertarnos. Creo que a veces es fácil saber lo que nos ocurre, pero no dar el paso para el cambio. ¿Cómo podemos activar esa capacidad para el cambio?
—En un primer momento, se trata de detectar al zombi. Si no lo detectamos, no podemos elegir y nos dejamos llevar por esa inercia. Tenemos que abrir un ojo y mirarnos con curiosidad, no con juicio. El juicio es crítico, la curiosidad no. Luego, escuchar ese mensaje que nos trae el zombi. El cuerpo ya está reaccionando a la situación y luego aparece la emoción. Tenemos que saber leer lo que las emociones nos dicen. Pero cuando lo escuchamos, aparecen estrategias defensivas o de evitación del conflicto. En lugar de revisar mi enfado con mi pareja, me pongo a recoger. Esto no genera el espacio de comunicación que necesitamos para enfrentar la situación que genera esa incomodidad. Y finalmente, a la hora de intervenir, las acciones concretas dependerán de la situación en la que cada persona esté. Habitar la vida es un entrenamiento, es un trabajo que lleva tiempo. El zombi va a volver a venir, pero cuando lo haga sabremos reconocerlo y no darle la espalda.
—¿Cómo trabaja sobre estos temas en su consulta?
—Hay un primer encuentro para ver qué es lo que te está ocurriendo y en él vas a encontrar un montón de respuestas. Yo empiezo regulando el cuerpo, escuchando las emociones, luego también viendo las estrategias y viendo cuáles son los recursos que tú tienes. Todos tenemos unos recursos internos. Los buscamos a través de tu historia: tú has sabido salir adelante en momentos de tristeza, ¿qué es lo que hiciste en ese momento? Con estos pasos le vamos dando salida al bucle zombi para no volver a la sintomatología y al cuerpo.
—¿Cómo podemos ayudar a una persona cercana que se ha vuelto «zombi»?
—Esto es algo súper personal, y no sirve para nada recomendarle a alguien que vaya al psicólogo. ¿Cómo sabemos cuándo tenemos que hacer dieta? ¿Cuándo sabemos cuándo tenemos que hacer deporte? Porque alguien te lo diga, no; eso te irrita incluso. Le puedes decir: oye, me acuerdo de lo bien que estabas antes. A través de ese proceso la persona puede identificar lo que le pasa. Pero el proceso terapéutico es un espacio de tanta vulnerabilidad que debe ser un lugar donde la persona se sienta segura y tenga una motivación clara. Por eso es importante encontrar un buen profesional. Si llegas a la primera sesión y no te gusta, vete. Vete, porque ahí no va a ocurrir nada, no vas a encontrar la perla. Porque es un sitio donde vas a abrir tu historia emocional, tus dolores. Cuando encuentras a alguien que te va a acompañar en tu dolor, que lo va a hacer de una manera conectada y real, es tan bonito.