Sam Akbar, psicóloga: «Un ego sano no consiste en carecer de autoestima»

SALUD MENTAL

Sam Akbar es psicóloga clínica experta en trauma.
Sam Akbar es psicóloga clínica experta en trauma.

Especializada en estrés, truma y resiliencia, proporciona sus consejos a traves de «La Odisea», la epopeya griega de Homero, actualmente en cines de la mano de Christopher Nolan

01 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Sam Akbar es psicóloga clínica, especialmente interesada en el estrés, el trauma y la resiliencia. Ejerce en el Sistema Nacional de Salud británico (NHS, por sus siglas en inglés), donde trata a refugiados de guerra, personas que han padecido torturas y violencia sexual. También se ocupa de la formación y la enseñanza a nivel internacional a médicos de todo el mundo, desde Irlanda hasta Irak, a desarrollar las habilidades necesarias para trabajar con traumas graves.

Acaba de publicar la edición en español de Mentalidad Odisea (Kitaeru), donde recopila lecciones sobre resiliencia y fortaleza ante adversidades. «El objetivo principal es recuperar una de las historias más antiguas de la literatura occidental y demostrar que sigue teniendo mucho que enseñarnos sobre cómo afrontar la vida hoy en día. No pretende reivindicar modelos de heroísmo propios de otra época ni idealizar un pasado mítico. Más bien al contrario: invita al lector a aceptar la incertidumbre, la vulnerabilidad y el cambio como elementos inevitables de cualquier trayectoria vital que merezca la pena», explica. 

—¿Qué es eso que usted llama «flexibilidad psicológica»?

—La flexibilidad psicológica es la capacidad de seguir avanzando incluso cuando convivimos con el dolor, la incertidumbre o las dificultades. No consiste en eliminar el sufrimiento, sino en aprender a relacionarnos con él sin perder de vista aquello que da sentido a nuestra vida. Es una cualidad fundamental porque, en muchos sentidos, marca la diferencia entre quienes consiguen adaptarse a los cambios y quienes quedan atrapados en ellos. En el libro describo seis etapas, que reflejan tanto el viaje de Odiseo como muchos procesos de transformación personal: la ruptura, la desorientación, la resistencia, la aceptación, la adaptación y, finalmente, la integración. La experiencia demuestra que el verdadero crecimiento suele comenzar cuando dejamos de luchar contra una realidad que ya no podemos cambiar y empezamos a preguntarnos cómo convivir con ella. La flexibilidad psicológica no evita el sufrimiento, pero sí nos ayuda a atravesarlo. Y esa capacidad para afrontar las dificultades, más que la ausencia de problemas, es la base de una resiliencia sólida y duradera.

—¿Los cuatro pilares de la inteligencia emocional antigua se parecen en algo al término moderno «inteligencia emocional»?

—Sí, existe una clara conexión, aunque la visión clásica va un paso más allá. La inteligencia emocional, tal como la popularizó Daniel Goleman, se centra en reconocer y gestionar las emociones propias y ajenas para relacionarnos mejor con los demás. Los cuatro pilares que describo en el libro incluyen esa dimensión: la valentía para sentir sin quedar desbordados, la capacidad de identificar con precisión lo que sentimos, la sabiduría para interpretar las emociones difíciles como señales útiles y la determinación para actuar de acuerdo con nuestros valores. Sin embargo, la tradición antigua añade una pregunta más profunda: ¿quién queremos llegar a ser? No se trata solo de gestionar emociones para funcionar mejor socialmente, sino de permanecer fieles a aquello que consideramos importante.

Odiseo —en La Odisea— lo demuestra cuando rechaza una vida más cómoda y elige seguir persiguiendo su regreso a Ítaca. Penélope hace algo parecido al mantenerse firme frente a los pretendientes a pesar de la presión que soporta. En ambos casos, la inteligencia emocional está al servicio de la coherencia personal y de la fidelidad a unos valores, no simplemente de la adaptación social.

—¿Podemos fomentar nuestro sentido de iniciativa de alguna forma?

—Sí, y el libro sugiere que el camino más fiable hacia la proactividad rara vez comienza con la confianza o la motivación, porque ambas suelen ser consecuencia de la acción, no su punto de partida. Telémaco ofrece aquí el mejor ejemplo. Al comienzo del poema está paralizado por la impotencia y espera que alguien rescate Ítaca de los pretendientes que han ocupado su hogar. Lo que lo transforma no es una repentina explosión de valentía, sino la aparición de una mentora, Atenea, que ve en él un potencial que él mismo todavía no es capaz de reconocer y que le pide dar un único paso pequeño en lugar de exigirle que derrote inmediatamente a los pretendientes. Ese pequeño paso —convocar una asamblea— es lo que comienza a fortalecer su sensación de capacidad y control.

—¿Cuál es la lección práctica que podemos sacar de ese caso, de Telémaco?

—La lección práctica es que no necesitamos sentirnos preparados o seguros antes de actuar. La verdadera confianza en uno mismo suele construirse retrospectivamente, a través de la acumulación de pequeñas acciones, y no mediante un acto previo de fuerza de voluntad. Identificar una acción concreta y sencilla que podamos realizar hoy, así como encontrar o imaginar una figura mentora que crea sinceramente en nuestras capacidades, son dos formas prácticas de iniciar ese proceso.

—¿Qué consejos daría para cuando vienen mal dadas?

—El primer consejo es reconocer que no siempre podemos controlar lo que nos ocurre, pero sí podemos elegir cómo responder a ello. Esa diferencia es, en realidad, lo único que está verdaderamente bajo nuestro control. El segundo, resistir la tentación de precipitar una resolución inmediata. A menudo es precisamente la dificultad, por indeseable que resulte, la que nos enseña algo esencial sobre nuestra propia capacidad de resistencia, algo que no podríamos aprender de ninguna otra manera. Y el tercero es recordar que no estamos hechos para afrontar las dificultades completamente solos. En La Odisea, toda recuperación significativa, incluida la de Odiseo, depende del apoyo de otras personas, ya sean viejos amigos, nuevos aliados o completos desconocidos que deciden tender una mano.

—¿Qué importancia tienen las relaciones sanadoras?

—Las relaciones sanadoras son importantes porque la resiliencia y la recuperación, como comprendían perfectamente los antiguos griegos, no son logros individuales, sino procesos profundamente compartidos. El antiguo concepto de «xenia», la obligación sagrada de hospitalidad hacia el extranjero, propone construir este tipo de vínculos cuestionando nuestros prejuicios sobre las personas que aún no conocemos, preguntarnos qué pueden necesitar de nosotros y qué podemos aprender de ellas, y practicar pequeños gestos de acogida. Estas relaciones importan porque ninguno de nosotros, por muy autosuficientes que seamos, podemos afrontar las dificultades de la vida solos. 

—¿Es posible tener un ego «sano»?

—Sí, y La Odisea nos lo muestra con un ejemplo muy claro. Durante su encuentro con el cíclope Polifemo, después de cegarlo y escapar, Odiseo no puede resistir la tentación de revelar su verdadero nombre mientras se aleja en el barco. Es un momento de puro ego que el libro interpreta como un profundo error psicológico más que táctico, ya que su necesidad de reconocimiento prevalece sobre su buen juicio y desencadena años adicionales de sufrimiento para él y su tripulación. Sin embargo, anteriormente en ese mismo episodio, cuando se presenta ante Polifemo como «Nadie», muestra la cualidad opuesta: una seguridad que no necesita validación constante desde el exterior, una disposición a renunciar al prestigio y al reconocimiento en favor de algo más importante, en este caso la supervivencia.

Los psicólogos describen esta actitud como un «ego tranquilo». Las personas capaces de dejar a un lado la obsesión por sí mismas suelen mostrar una mayor resiliencia, relaciones más sólidas y mayor éxito que aquellas cuya autoestima depende de ser vistas y reconocidas. En otras palabras, un ego sano no consiste en carecer de autoestima, sino en tener una opinión de uno mismo lo suficientemente flexible como para no necesitar pruebas constantes de nuestro propio valor.

—¿Qué importancia tiene visualizar desde la perspectiva de la neurociencia?

—La visualización es mucho más que un simple ejercicio de motivación. Las imágenes mentales vívidas activan muchas de las vías neuronales que impulsan las experiencias reales, de modo que el cerebro responde a un acontecimiento imaginado influyendo en nuestros estados emocionales y fisiológicos. Recomiendo una práctica concreta: comenzar con una respiración profunda y pausada para llevar al organismo a un estado más calmado, visualizar después un objetivo ya alcanzado con todo lujo de detalles —qué veríamos, qué oiríamos y qué sentiríamos físicamente— y completar el ejercicio con una reflexión escrita a mano, ya que la escritura manual maximiza los beneficios de conectividad cerebral.

Además, existe una importante línea de investigación sobre la reconsolidación de la memoria que demuestra que, cuando un recuerdo es recuperado y llevado a la consciencia, se vuelve temporalmente maleable y puede modificarse antes de almacenarse de nuevo. Esto tiene implicaciones relevantes para el trabajo con el duelo, ya que permite incorporar sensaciones de alivio o resolución a recuerdos que antes solo generaban dolor. Nada de esto sustituye la necesidad de actuar en el mundo real para perseguir nuestros objetivos, pero como herramienta para clarificar aquello hacia lo que nos dirigimos y reducir la carga emocional de recuerdos no resueltos, la base neurocientífica de la visualización es mucho más sólida de lo que imaginamos.

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.