Tomás Navarro, psicólogo: «Un niño está interesado en aprender y un adulto en confirmar»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

Tomás Navarro es psicólogo.
Tomás Navarro es psicólogo. Carlos Ruiz B.K

El experto propone estrategias para recuperar la capacidad de atención en tiempos de estímulos digitales constantes

03 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En la era de la sobreestimulación, rodeados de miles de elementos que compiten por nuestra atención, Tomás Navarro nos propone entrar en «la zona», un estado mental en el que la mente y el cuerpo trabajan en armonía. Precisamente ese es el título de su nuevo libro, editado este año por Zenith, después de otros como Tus líneas rojas, Piensa bonito, Wabi sabi, Kintsukuroi y Fortaleza emocional. El psicólogo, que reparte su tiempo entre la escritura, la divulgación y procesos de asesoramiento, propone conectar con este estado en el que «todo fluye».

—¿Qué es exactamente La Zona?

—Un estado mental es cómo se encuentra tu mente en un momento dado y el de «la zona» es el de máxima concentración. Es decir, estás focalizado en lo que tienes que hacer y todo lo que es irrelevante desaparece de tu campo de visión. El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi popularizó en la década de los setenta el estado de flujo o «flow». Es parecida al estado de flujo, solo que para él este requerría que hubiese un reto, había que tener un feedback constante y estar preparado en consonancia con la dificultad. En cambio, para «la zona», no. 

—¿Cómo se puede entrar en «la zona»? 

—Puedes entrar en «la zona» cortando perejil, bailando o trabajando. No hay tantos requerimientos para entrar en ella. Es un espacio mental donde habitamos mucho de niños y luego de mayores ya no tanto. Porque dejamos de disfrutar de lo que hacemos y nos preocupamos más de cumplir algunos estándares o nos comparamos, nos criticamos y salimos de «la zona». ¿Cuál es la gracia de esta? Que es tu máximo rendimiento, estás focalizado y toda tu energía mental y recursos están focalizados en lo que estás haciendo. 

—¿Es posible saber si estás entrando en «la zona» o si estás en ella?

—Normalmente lo sabes cuando sales. Y dices: «¿Qué ha pasado? He estado lavando a gusto y me ha pasado el tiempo». Normalmente hay una falta de conciencia de que entras en «la zona». Cuando te lo preguntas ya pasas a un nivel meta-analítico que te expulsa de «la zona» porque ya no estás en la tarea. Por ejemplo, cuando un bebé empieza a andar, está en ella. Y fíjate que no tiene recursos cognitivos, simplemente prueba a andar. Ellos entran mucho en «la zona», nosotros deberíamos de hacerlo más. 

—¿Qué hay detrás de nuestra falta de atención?

—La falta de atención es una epidemia. Han cambiado los hábitos de consumo digital y también a nivel educativo. Ya no tenemos tareas largas y tediosas como pintar mapas a mano, como hacíamos en la EGB. No entrenamos la atención en el colegio y todo son documentales rápidos. Me acuerdo que le puse a mi hija un documental de Jacques Cousteau y otro Félix Rodríguez de la Fuente, y me dijo: «Papá, pero si no pasa nada». No, siempre pasa, pasan muchas cosas, pero a lo largo de una hora, no en diez segundos. A nivel educativo ya no tenemos ese entrenamiento en «la zona» y los hábitos de consumo de cada día es estar sentados e ir en patinete a los sitios. O ver vídeos muy cortos y repetitivos, sin contenido de calidad. Nuestro músculo atencional se atrofia. Tenemos un problema porque la vida sí que requiere de nuestra atención. 

—¿Para mejorar nuestra atención deberíamos de ser más niños?

—Sí. Un niño está interesado en aprender y crecer, un adulto, en confirmar y justificar. Cuando aparece la conciencia y la metacognición, el metaanálisis, nos equivocamos, porque pasamos a enjuiciar y a criticar todo lo que estamos haciendo. De tal manera que ya no disfrutamos lo que hacemos. Hay muchas cosas que aplazamos para dedicar tiempo a lo que tiene que hacer una persona adulta. Y nos pasamos de frenada. Siempre, o generalmente, tenemos momentos en «la zona», en los que dices: «Me lo he pasado bomba cocinando hoy», por ejemplo. No es complicado, pero sí que es cierto que no nos los permitimos. Sería interesante que dejemos de ser expertos para ser exploradores. Porque cuando eres experto te cuesta aprender cosas, pero cuando eres explorador estás receptivo a aprender siempre. 

—¿Qué consejos darías para gestionar el ruido digital?

—Yo tengo el móvil en silencio, por lo tanto, soy yo quien elige cuándo distraerme, no el móvil. Debemos eliminar todas las notificaciones. Hay que favorecer un entorno que permita centrarte en lo importante. Pero en el día a día, hay millones de estímulos compitiendo por nuestra atención: para vendernos algo, influirnos, marcar una tendencia, provocar una emoción. O los filtras tú, o estás a merced de los estímulos. Son como un océano, si no coges el timón del barco, es imposible saber a dónde vas a parar. 

—¿Deberíamos disfrutar del aburrimiento?

—Esto hay que matizarlo. El aburrimiento por sí solo no genera nada. Si tú le das una flauta a un niño de 10 años, el que tiene un interés por la música la tocará, el que es agresivo empezará a dar palos con la flauta y el que es más curioso la desmontará a ver cómo está hecha. Habrá quien la mirará y ya, sin más. Tenemos que dar tiempo a los niños para que hagan tareas largas, para que aprendan a mantener su atención. No podemos estar estimulados siempre, porque satura y la atención, como buen músculo, se cansa y necesita restablecerse. De hecho, cuando estamos haciendo «scroll» infinito en el teléfono, crees que te desconecta pero a veces te satura y necesitas descansar de hacerlo. También es cierto que muchos niños confunden el «me aburro» con el «me canso»: «Es que llevo tres días tocando la flauta y no suena nada, me aburro». Claro, es que los logros tardan en llegar, hay que perseverar. 

—¿Existe un mayor déficit de atención?

—Existe un sobrediagnóstico de trastorno de déficit de atención (TDAH). De hecho, los psicólogos sabemos que hay una cosa que se llama diagnóstico diferencial. Tú puedes sufrir los síntomas de TDAH y no tenerlo. Por ejemplo, si te tomas tres bebidas energéticas, dos cafés y no duermes dos noches, vas a creer que tienes TDAH, pero no lo es. En realidad se trataría de una dificultad para gestionar la atención secundaria o un consumo de estimulantes. Mucha gente se atreve a diagnosticar TDAH muy equivocadamente y este es una enfermedad muy complicada. Esto es como decir, me olvido de las cosas, ergo, tengo alzhéimer; me cuesta concentrarme, tengo TDAH. Pues no. 

—¿Tiene algo que ver entrar en «la zona» con ser más o menos creativo?

—No, son cosas independientes. No tienen nada que ver. Insisto, los niños cuando más aprenden es cuando están en «la zona». Imagínate lo poco que hace falta para entrar en ella. La atención es algo tan básico como andar. Es simplemente ponerte a leer, aunque sean diez páginas. Luego apuntar qué es lo que has leído para asegurarte que has leído con profundidad. Ya está. No es nada místico. Es mantener tu atención en algo, a pesar de que estés aburrido, no te guste o creas que no te motive. Si no tienes un problema de gestión de la atención; esto es otro tema. Pero para la gente que no tiene, simplemente es entrenarla.

—¿Cómo hacer frente a esa procrastinación?

—Yo tengo varias máximas. Una es: primero empieza y luego ya te vendrán las ganas, porque algunas cosas hay que hacerlas así, es lo que hay. Tengo tres millones de actividades que me interesan más que planchar pero tengo que hacerlo. Algunas cosas son buenas para ti y no te motivan, pero no pasa nada. La vida es así. Tenemos que hacer cosas que no nos motivan y en algún momento nos hemos olvidado de lo que es la fuerza de voluntad, que es una lección consciente para preservar en una serie de cosas que te van a ir bien, te gusten o no. En algún momento hemos comprado la idea de que si no te motiva y no te gusta, no lo hago porque es pesado. No, la vida no es así. Para hacer frente a la procrastinación hay que tirar de responsabilidad, compromiso y fuerza de voluntad; sabiendo que va a ser mejor, porque ese informe que estás aplazando, lo tienes que hacer sí o sí. 

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.