Gabriel Martín, psicólogo: «Estar dentro de armario puede protegerte, pero te aísla muchísimo»
SALUD MENTAL
Martín está especializado en psicología afirmativa gay, un enfoque que busca potenciar el bienestar de este colectivo marcado por la homofobia interiorizada
15 abr 2026 . Actualizado a las 15:41 h.Gabriel Martín es psicólogo especializado en hombres homosexuales, un sector de la población al que atiende de manera exclusiva. Para Martín, que es también mismo miembro del colectivo gay, este recorrido comenzó en el 2008, cuando empezó a trabajar en la línea de la psicología afirmativa gay, una disciplina consolidada en el mundo anglosajón, pero poco conocida en ese entonces en España. El experto acaba de publicar Quiérete mejor, maricón (Roca editorial, 2026), un manual sobre la autoestima de los hombres homosexuales que aborda las problemáticas específicas del colectivo, con información relevante para todo el mundo.
—¿Cómo se construye la autoestima de un hombre homosexual?
—La autoestima siempre se construye a partir de las interacciones que uno va teniendo con los demás y de las verbalizaciones que ellos emiten acerca de ti. Lo que ocurre es que cuando perteneces a una minoría discriminada o estigmatizada, vas incorporando esos mensajes que recibes a través de los insultos o los menosprecios. Te van diciendo que tú vales menos que los demás, o tienes una serie de características que son visibles y que otros encuentran que pueden ser objeto de burla o de discriminación, por ejemplo, eliminando derechos. Nosotros estamos en un país donde la igualdad de derechos a nivel legal es una realidad, pero otra cosa es la práctica. Luego, las agresiones que sufrimos, el bullying, el acoso escolar, barrial o familiar, también te lleva a pensar que tu característica es mala, equivocada, errónea o enfermiza. Son agresiones tanto directas como estructurales, por todo el estigma que existe y los estereotipos que hay sobre nosotros. Desarrollamos una imagen de nosotros mismos deteriorada, porque es difícil darte valor en una sociedad que te dice que vales menos. La razón de que tengamos peores autoestimas es que interiorizamos el estigma.
—¿Esto es lo que se conoce como homofobia interiorizada?
—Exactamente. Nosotros la incorporamos sin darnos cuenta, desde que éramos muy pequeños y no teníamos capacidad para contrarrestar ese efecto negativo de la sociedad.
—En el libro habla de la herida del rechazo. ¿Tiene que ver con esa homofobia interiorizada?
—Cuando hablamos de la sexualidad, no nos referimos solo a prácticas sexuales. Ser homosexual puede intervenir en otras facetas, como la familiar, la romántica o incluso la legal. Evidentemente, cuando tú creces sintiéndote rechazado por tu entorno, por el colegio, por el barrio, a veces, por la familia, quedas preconfigurado para esperar que los demás también te rechacen. Si todas tus experiencias son de rechazo, tu mente termina esperando que se produzca y esto dificulta la relación con los demás. Y los seres humanos somos una especie fundamentalmente social, necesitamos muchísimo a los demás. Así que crecer aislado de esa manera dificulta muchísimo el bienestar emocional, porque estamos hechos para gestionar las emociones en compañía, necesitamos sentirnos apoyados, acompañados y entendidos.
—¿El hecho de permanecer en el armario contribuye a esta barrera en las relaciones con los demás? ¿Existe una sensación de que no te conocen realmente?
—Cuando nos planteamos la salida del armario, siempre hay que hacerlo poniendo en el centro el bienestar de la persona. Lo que ponemos sobre la mesa es que, para poder tener unas buenas relaciones con los demás, que sean auténticas, con un vínculo realmente profundo, es necesario poder compartir nuestras intimidades con ellos. Y si no puedes hacerlo, al final, estás rodeado de simples conocidos. Una persona en esa situación se siente muy sola y eso va a afectar a su salud mental más tarde o más temprano. Por eso, salir del armario puede permitir a esa persona reconfigurar sus relaciones para que sean más auténticas, profundas y beneficiosas. Pero a partir de este objetivo, hay que valorar el contexto en el que se encuentra la persona. Si está en un país donde está prohibido ser homosexual, igual no es buena idea salir del armario. Si tiene una familia homófoba, esto va a suponer un conflicto. La visibilidad supone autenticidad, pero también riesgo. Lo principal es que la persona entienda claramente que el problema no es su homosexualidad, sino la homofobia de su entorno y que es este entorno el que tiene que cambiar. Por ser homosexual no eres responsable del malestar, de la vergüenza ni del enfado de tu familia. Estar dentro del armario puede protegerte en algunos contextos, pero te aísla muchísimo y el derecho a la libertad de expresión se ve mermado.
—¿Los ideales estéticos ejercen más presión sobre el colectivo gay?
—En el caso de los hombres homosexuales, el problema que nos encontramos es que la autoestima deteriorada busca mecanismos para intentar compensarse. Uno en el que se cae con frecuencia es la sobrecompensación. Nos enfocamos mucho en una característica concreta y nos esforzamos para desarrollarla. Especialmente los más jóvenes dedican unos esfuerzos ingentes a desarrollar una imagen que se ajuste a unos cánones estéticos para encontrar una validación que, en el fondo, en realidad se trata de sentir que los demás te quieren y te respetan. Pero estas conductas al final generan problemas, porque la autoestima tiene que provenir de sentirte validado no desde una característica superficial, como el aspecto físico, sino tú como persona.
—¿Cómo impactan conductas como el consumo de drogas en el colectivo?
—Estamos en un momento de cambio en este sentido. Hace muy poquito que la Organización Mundial de la Salud decidió que va a haber una modificación en la política de abordaje de las drogas. Hemos pasado de la lucha contra las drogas que empezó en los setenta a una visión más enfocada en la reducción de daños y riesgos con programas educativos para que aquellas personas que deciden usarlas tengan información. En nuestro colectivo, el consumo no es muy diferente del heterosexual en cuanto a cantidades, pero sí hay diferentes sustancias. Nosotros utilizamos sustancias que tienen más relación con la sexualidad. Por ejemplo, el MDMA o el cannabis. Pero en el libro me he centrado en el consumo recreativo y en ofrecer información para que no nos hagamos daño. A veces la gente piensa que esto normaliza el consumo de drogas, pero en el 2026 la droga no necesita que nadie la normalice. Lo que hace falta es que demos información para reducir daños.
—En el contexto de las relaciones entre hombres, ¿qué problemas observa frecuentemente en consulta?
—Hay un sesgo, porque la gente que viene al psicólogo es la que tiene algún problema. Cuando una pareja va bien y está feliz, no viene a terapia porque no lo necesita. De hecho, hay estudios que indican que los matrimonios gays son más duraderos comparados con los heterosexuales. Pero algunos problemas que nos encontramos vienen de que, sobre todo aquellas personas que han crecido recibiendo poco amor o ninguno, tropiezan una y otra vez con el mismo tipo de hombre. Cuando has crecido en el maltrato, te conformas con una relación que incluso puede ser tóxica. Es muy importante comprender que todos merecemos cariño, un trato amable, afecto y cuidado. Es un cambio de chip importante que hay que hacer para no conformarse con menos. En todo caso, es mejor adoptar un gato y no conformarse con lo que nos han enseñado que merecemos. Vale la pena buscar una relación saludable.
—En el libro aborda la idea de que quizás está volviendo cierto rechazo social hacia el colectivo LGBT. ¿Cómo ve el futuro en este sentido?
—Yo intento ser optimista, pero la verdad es que es complicado viendo lo que está pasando en el mundo. Estamos viendo un apoyo a una derecha que nos está avisando que quiere revisar los derechos de las personas LGBTIQ+ y también se están viendo agresiones a la gente en la calle, por no tener una expresión de género normativa. Son cosas terribles, esto está ahí. Y me preocupa que precisamente el colectivo de hombres homosexuales se sienta menos interpelado por estas situaciones, porque se sienten más seguros. Muchas veces actuamos desde el privilegio de que a nosotros no nos agreden tanto en comparación con personas trans o no binarias, por ejemplo. Y me da miedo que nos desmovilicemos porque mucha gente sienta que la cosa no va con ellos. Así que estoy expectante a ver cómo van las cosas. En el fondo, creo que estamos reaccionando y que el colectivo se está movilizando. Hemos revertido situaciones peores en pasado y seguramente lo podemos hacer en el futuro.
—¿Cómo ve el panorama del VIH, que históricamente ha afectado especialmente al colectivo, en este contexto?
—En España hemos ido reduciendo las infecciones gracias a estrategias como la PrEP, una medicación que reduce el riesgo de contraer el virus. Ahora mismo, el VIH está aumentando en el colectivo de personas heterosexuales y está disminuyendo en homosexuales, justamente porque en su día hubo una política valiente y unos colectivos que nos movilizamos para exigir esa prevención que ha demostrado ser eficaz en la mayoría de los casos. De hecho, la encuesta de salud reproductiva de todos los años marca que nosotros somos el colectivo que más utiliza el preservativo, con diferencia, desde hace mucho tiempo. Estamos muy mentalizados en hacer las pruebas del VIH y de otras ITS porque llevamos años de campañas dirigidas específicamente a nuestro colectivo. Las personas heterosexuales nunca han sentido estas campañas como suyas y ahora están viendo que el virus es una realidad que está ahí.