Miguel Toribio-Mateas, neurocientífico con TDAH: «No lo veo como una enfermedad, simplemente, el cerebro es diferente»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

Miguel Toribio-Mateas es experto en TDAH.
Miguel Toribio-Mateas es experto en TDAH.

Recibió el diagnóstico a los 47 años y asegura que haber vivido con el trastorno le ha hecho más resiliente, aunque el resto de las personas no siempre lo comprendan

29 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Miguel Toribio-Mateas, neurocientífico y nutricionista con más de dos décadas de trayectoria en investigación y docencia, recibió en la edad adulta dos diagnósticos que suelen realizarse durante la infancia: autismo y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). «Solo entonces pude empezar a comprender las dificultades con las que había convivido durante décadas», describe, mirando atrás. Su experiencia vital, unida a su experiencia profesional, lo llevaron por el camino de intentar descubrir estrategias para facilitar la vida de aquellas personas que, como él asegura, simplemente, tienen un cerebro diferente. Su nuevo libro, Cuerpo y mente TDAH, publicado este año por Alienta, es una recopilación de estas estrategias, un manual de pautas que, lejos de convertirse en otro protocolo de obligaciones con las que es imposible cumplir, pretenden adaptar ciertos aspectos del mundo neurotípico a las necesidades de las personas diversas.

—En el libro propone pasar de entender el TDAH como un trastorno a verlo más bien como un neurotipo. ¿Qué implica este cambio de perspectiva?

—Para mí, implica dejar de mirar a la persona desde aquello en lo que falla, que es la narrativa que hemos tenido hasta ahora. El problema, el trastorno, el no ser suficiente, el hacerlo mal. En cambio, propongo empezar a entender cómo funciona el sistema nervioso y el cuerpo de las personas, además del cerebro. No se trata de negar las dificultades reales de la persona, más bien es cambiar el marco y dejar de pensar que es un cerebro defectuoso. Simplemente, es distinto.

—¿Cómo son esas diferencias?

—Lo que tiene este cerebro son una serie de necesidades específicas que, cuando la persona las reconoce de esta manera, supone un alivio, y yo lo veo desde mi propia vivencia con TDAH habiendo recibido el diagnóstico a los 47 años. Es un alivio porque permite la autocomprensión y reduce la culpa de sentir que haces las cosas mal, porque llegas tarde a todo. En realidad, es que haces las cosas a tu ritmo. En este sentido, la responsabilidad de la sociedad es crear entornos más flexibles y menos castigadores para con las diferencias que tenemos las personas con TDAH.

—¿Cómo podemos empezar a crearlos?

—Lo más importante es empezar por escuchar. No todos vamos a regular la atención, el descanso o el estrés de la misma manera. En la vida cotidiana, esto significa respetar los ritmos de las personas que tengan un neurotipo diferente. Puede significar reducir la sobreestimulación en entornos laborales, o permitir pausas reales, adaptadas a la persona. A veces, las empresas ponen un horario de descanso rígido para comer y si la persona está justo fluyendo en ese momento y la cortas, esa creatividad no va a reaparecer dentro de dos horas para ajustarse al ritmo de la empresa. Si se puede flexibilizar estos descansos, en lugar de imponer un ritmo único o un modo de rendir, muchas de las dificultades desaparecerían.

—¿Por qué señala en el libro que es importante romper la separación entre cerebro y cuerpo?

—Siempre hablamos del cerebro como una torre de control, pero no lo entendemos muy bien. Lo vemos separado del resto del cuerpo. Sin embargo, el cuerpo está lleno de nervios que nos permiten digerir, movernos o percibir la realidad a través de los sentidos. El TDAH no vive solo en el cerebro, aunque hablemos de la dopamina o de los déficits en la función ejecutiva. Está en la percepción sensorial, en el sueño, en la digestión, en el cansancio y en la regulación emocional. Si integramos esta visión, podemos entender que el estrés empeora los síntomas del TDAH, que el descanso cambia cómo enfocamos la atención para que fluya mejor. La neurociencia actual ya entiende que el cerebro no es un órgano aislado, sino una parte del sistema nervioso.

—¿Qué importancia tiene en este sentido el eje intestino-cerebro?

—El intestino, más que ser parte del sistema digestivo, es una parte esencial del sistema nervioso. Las células gliales son parte del sistema nervioso pero también del sistema inmune, y tenemos más en los nervios que rodean el intestino. Hay muchísima inervación en este eje y esto influye en la inflamación, en cómo procesamos los neurotransmisores, en cómo respondemos al estrés. Pero en el libro no hablo de una dieta para el TDAH porque no la hay. La constancia es lo importante: el favorecer una regularidad en el consumo de fruta, verdura y legumbres, porque estas alimentan a la microbiota del intestino. La diversidad de vegetales es muy importante, así como la hidratación. Ya con un 2 % de deshidratación que tengas en el cuerpo, el intestino va a sufrir porque necesita el agua para que fluyan los alimentos que está digiriendo y para extraer los nutrientes al torrentes sanguíneo. Esto ayuda a reducir el impacto del estrés crónico en personas con TDAH, que tenemos evidencia muy robusta de que lo sufrimos más. El mensaje no es «come bien o vas a fracasar», porque quienes tenemos TDAH ya vivimos con una sensación de culpa y autoestigma que no hay que perpetuar. El mensaje es que hay que darle apoyo al cuerpo para que la mente y el sistema nervioso tengan mejores condiciones para trabajar.

—¿Qué hábitos contribuyen a esas condiciones?

—Comer proteína por la mañana es muy importante para regular la dopamina. Priorizar los alimentos ricos en fibra puede ser útil y también los fermentados, pero no a todo el mundo le van a ir bien. Hay que ir probando poro a poco lo que a cada uno le ayude, no hacerlo con una mentalidad de todo o nada. También recomiendo el descanso. Quienes tenemos TDAH tendemos a no sentirnos suficientemente buenos, porque siempre llegamos tarde o las notas no son tan buenas y siempre sentimos que tenemos que mejorar. Acabamos trabajando más horas de las que nos corresponde y esto promueve un estrés crónico si no nos permitimos el descanso. Quedarse leyendo con un poquito de música o darse un baño, permitirse estar sin hacer nada, también ayuda a cultivar una sensación de seguridad.

—¿Cuál es, para usted, el rol de la medicación dentro del tratamiento?

—En el TDAH existen varias opciones farmacológicas y ninguna debería vivirse como un estigma. De forma general, hay medicación estimulante, que actúa principalmente sobre la dopamina y la noradrenalina, y medicación no estimulante, que puede ser útil cuando hay ansiedad, problemas de sueño u otros factores coexistentes. En algunos casos también se utilizan combinaciones o ajustes a lo largo del tiempo. La medicación no es una solución mágica, pero para muchas personas puede ser una herramienta valiosa que reduce el ruido interno y facilita la regulación emocional. No es todo o nada. Puede usarse en determinados momentos de la vida, ajustarse, pausarse o retomarse según las necesidades, como yo lo he hecho, así como otras personas como Paula Vázquez ha compartido recientemente con el público. Lo importante es entenderla como una pieza más del cuidado, que puede combinarse con otras estrategias terapéuticas como el trabajo con el estrés, el descanso, la alimentación, el acompañamiento psicológico o los cambios en el entorno. El objetivo no es medicar identidades, sino el aliviar sufrimiento y mejorar la calidad de vida.

—Cómo ha influido su experiencia personal con el TDAH en su trabajo?

—Ha influido mucho. Cuando leo artículos científicos veo, por ejemplo, que el lenguaje técnico es bastante estigmatizante. Se habla de las personas con este trastorno como si estuvieran enfermas, mientras que yo no lo veo así, simplemente, el cerebro funciona de manera diferente. Obviamente, tenemos necesidades diferentes, pero no lo veo como una enfermedad que tengamos que curar, como si fuera una infección. Como investigador, esto me ha hecho ver que necesitamos un lenguaje más inclusivo, que no sea estigmatizante. Se sigue usando el lenguaje de hace treinta o cuarenta años, cuando no se sabía mucho de lo que hoy se sabe, y así vamos a ir mal.

—¿Qué mensaje le gustaría dar a quienes han crecido con esa estigmatización?

—Que no estamos rotos, que funcionamos de manera diferente. Aunque haya sido traumático y difícil, como ha sido para muchos de nosotros, muchas de las cosas por las que nos culpamos son respuestas adaptativas a este entorno que a lo mejor no ha sido muy comprensivo con nuestras necesidades. Entonces, tampoco se trata de crecer con un resentimiento hacia la sociedad porque no me siento comprendido. Tenemos que aceptar que las personas que a lo mejor no nos han entendido no lo han hecho con maldad. Entender a nuestro cuerpo y lo que necesita también es importante. Por ejemplo, de pequeño a mí me llamaba la atención que movía la pierna todo el tiempo. Ese es el sistema nervioso, que necesita regularse a través de ese movimiento. Si lo entendemos de esa manera, sabiendo por la evidencia científica que es una necesidad que tenemos el regularnos a través de esa actividad física, podemos verlo como una oportunidad. Si la respetamos podemos aprovecharla para hacer ejercicio e incorporar también los beneficios que eso trae a nivel de salud mental y física. Hoy, el deporte para mí es muy importante.

—¿Qué recomendaciones daría al círculo cercano de una persona que tiene TDAH? ¿Cómose le puede apoyar?

—Lo más básico es escuchar más y corregir menos, porque tenemos mucha sensibilidad a nuestro entorno. Cuando mueves la pierna para regularte y te corrigen, eso contribuye a tu inhabilidad de gestionar las emociones. No lo estamos haciendo para cabrear a nadie, lo estamos haciendo porque estamos autorregulándonos y a lo mejor no tenemos la conciencia de que haya alguien al que le pueda molestar el ruido o el movimiento de la pierna. En vez de asumir esa mala intención, hay que comprenderla y acompañar. En vez de pedirle que deje de mover la pierna a alguien, puedes preguntarle cómo está o si necesita algo.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.