Cuando en la familia hay dos hijos con trastorno límite de la personalidad (TLP): «Me duele preguntarme qué será de ellos cuando no esté»
SALUD MENTAL
Esta situación ha provocado que ella también sufra una depresión crónica desde hace más de veinte años
30 nov 2025 . Actualizado a las 19:28 h.Beatriz (nombre ficticio) no quiere revelar su identidad para preservar la de sus dos hijos, diagnosticados con trastorno límite de la personalidad (TLP). Relata que el mayor, que es un varón, siempre fue muy inquieto desde pequeño, «pero para nada pensaba que tuviera esta enfermedad»; en cambio, la pequeña, «fue una niña normal y podía llevármela a todos lados». Esta madre de 57 años cuenta su historia para dar visibilidad a una realidad difícil y llena de obstáculos, que la ha llevado a padecer una depresión crónica desde hace dos décadas. «He luchado mucho por ellos y solo quiero que sean felices».
El hijo mayor de Beatriz —a partir de ahora, Daniel— era inquieto, tal como relata su madre. «No paraba». Ella tenía formación en Educación Infantil y pronto detectó las señales. «Lo llevé a un gabinete de psicólogos y nos confirmaron que tenía trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)».
Daniel, según el relato de su madre, sufrió bullying en el colegio. «Una vez, vi cómo intentaba autolesionarse. La psiquiatra me dijo que había que ingresarlo». Estuvo en un centro privado durante días, «pero no llegaron a descubrir qué le llevó a querer hacer eso». Fue una psicóloga del hospital la que empezó a despejar las incertidumbres de Beatriz. «Sus palabras fueron: ‘‘Esto es solo el principio''. Ya veía signos de TLP».
El número 024 es una línea telefónica que ayuda a las personas con pensamientos, ideaciones o riesgo de conducta suicida, así como a sus familiares y allegados. Está disponible 24 horas, los 365 días del año, es gratuito y confidencial.
Beatriz reconoce que «no tenía ni idea» sobre este trastorno, pero conforme empezó a leer cosas sobre él, las piezas encajaban. «Daniel tenía muchas manías. Cuando lo mandaba a un recado, en vez de ir directo, daba vueltas porque pensaba que le estaba siguiendo la gente. También obsesiones: le comprabas algo, le encantaba y al poco tiempo ya no le hacía ni caso. Ahí dije: ‘‘Esto es un TLP como una catedral''». Además, después de ese primer intento cuando era adolescente, Daniel ha intentado autolesionarse en varias ocasiones a lo largo de su vida. Asegura que el diagnóstico tardó mucho en llegar. Daniel ya tenía 26 años.
Su hija menor también tiene TLP
«Mi hija —a partir de ahora, Ana— era una niña como cualquier otra, a la que podía llevar a todos lados de pequeña y, además, estudiaba», narra Beatriz. Pero durante su adolescencia, vivió un suceso que marcó su vida porque «acabó desarrollando estrés postraumático». Con 17 años también recibió un diagnóstico de TLP. «Los doctores me dijeron que era genético y que se manifestó por ese trauma que ella vivió. Al parecer, es un gen que tenemos en la familia. Y sí que es verdad que en ese momento me acordé de una hermana mía de la que no sabemos nada. Se escapaba de casa, pero en aquellos años, nunca llegaron a darle un diagnóstico», amplía esta madre.
Le costó asimilar la noticia. «Al principio pensaba que con Ana habían recurrido a la vía fácil —se refiere a los especialistas que la diagnosticaron— y que, como su hermano lo tenía, ella también. Pero después empecé a fijarme más y a ver signos similares a los de Daniel». También relata varios episodios en los que Ana intentó quitarse la vida. «Pero ahora mismo está bastante ilusionada aprendiendo a hacer manicuras. Lleva un mes practicando y me coge a mí de conejillo de indias (ríe)».
Veinte años con depresión
La salud mental de Beatriz empezó a resentirse cuando Daniel era pequeño. «Un día sufrí una crisis de ansiedad, después de varios días en los que sentía que me faltaba el aire y que me iba a morir. Me desmayé en el médico. Desde ese momento, tomo mediación a diario». Calcula que fue hace más de veinte años. «Me dicen que no me la pueden retirar, o por lo menos por ahora».
Ella también intentó quitarse la vida en una ocasión. «No sé decir exactamente lo que pasó, solo que la cabeza me dio una vuelta. Es horroroso, pero es cierto. Llega un momento en el que, con toda esta situación, la mente te dice: ‘‘Hasta aquí''. Eso fue lo que me pasó». Sí verbaliza la razón por la que quiere seguir adelante: «Mi marido, que es un sol. Llevamos más de treinta años casados y aunque nos vemos solos, él y yo, hemos decidido luchar juntos». De hecho, confiesa: «Me duele muchísimo preguntarme que será de mis hijos cuando yo no esté, cuando los dos ya no estemos aquí».