Finlandia es el país más feliz del mundo: ¿qué tienen ellos que no tenga Galicia?

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

Gente pescando durante el fin de semana sobre el mar Báltico congelado. Para ello, necesitan hacer un agujero sobre la superficie.
Gente pescando durante el fin de semana sobre el mar Báltico congelado. Para ello, necesitan hacer un agujero sobre la superficie. Tino Álvarez.

La Voz de la Salud contacta con varios ciudadanos del país nórdico para conocer su opinión respecto a esta primera posición

14 ago 2023 . Actualizado a las 21:06 h.

Finlandia fue elegido, por sexto año consecutivo, como el país más feliz del mundo. El reconocimiento se lo otorgó el Informe mundial de la Felicidad, elaborado por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, que desde el 2012 cuantifica y compara el bienestar de 156 países. España, por cierto, ocupó el puesto número 32.º. 

«En su conjunto, evalúe su vida actual del 1 al 10». Las notas siguen el orden escolar. Por debajo, su satisfacción está suspensa y el número máximo indica un sobresaliente. ¿Qué resultado obtendría? Esta pregunta es la que el estudio lanza, mediante encuestas, a mil participantes por país. En suma, la escala de la felicidad establece sus conclusiones en base a seis factores clave, también medidos: apoyo social, el PIB per cápita (y si cabe, más importante, la diferencia entre los mejores y peores pagados), la esperanza de vida, la libertad para tomar decisiones, la generosidad y la ausencia y percepción acerca de la corrupción. ¿Es suficiente este baremo para encontrar la felicidad? Parece que depende. 

La RAE la define como el «estado de grata satisfacción espiritual y física». Lo que influye o deja de influir puede depender del contexto, aunque el propio informe también lo relacione con lo que Aristóteles acuñó como eudaimonia. Para Jeffrey Sachs, presidente de SDSN y director del Earth Institute’s Center for Sustainable Development, este movimiento demuestra que el bienestar no es «una idea suave y vaga», sino que se centra en materias tangibles de la vida de las personas: «Condiciones materiales, riqueza mental y física, virtudes personales y buena ciudadanía». 

Con los datos en la mano, Finlandia cumple con varios requisitos que hacen las delicias del informe. La educación y la sanidad son públicas, el transporte es de calidad, tiene altos niveles de seguridad, su sistema de pensiones cuenta con un segundo pilar que busca la igualdad entre los pensionistas, su aire es el más limpio del mundo y, en el 2023, se sitúo como el tercer país con menor brecha de género entre hombres y mujeres. Si cabe, además, el refranero finlandés invita a la sencillez y satisfacción: «La felicidad es un lugar entre muy poco y demasiado», reza un proverbio. 

¿Es esto suficiente o intervienen más factores? La Voz de la Salud ha levantado el teléfono y, conexión Galicia-países nórdicos mediante, ha buscado, en primera persona, la fórmula secreta de la felicidad que deben poseer los que viven por aquellos lares. 

La sauna, un lugar para nacer y morir

Hannu Makela es un finlandés de 72 años que vive en Peräseinäjoki con su familia, un pequeño municipio ubicado en la parte occidental del país. Precisamos traductora para hablar con él. Pese a no ser lo más habitual, Makela no entiende el inglés, aunque la mayoría sí lo haga. En su caso no es de extrañar pues en la zona en la que reside impera el finés. Ahora disfruta de la jubilación, pero dedicó su vida laboral a ser electricista. Rebobina en la memoria y saca pecho respecto al resultado del informe mundial. «Creo que es un buen reflejo de la realidad». 

En plena ola de calor, incluso en Galicia, y a mediados del mes de agosto, Helsinki conserva los 20 grados como máxima, mientras que en invierno, el termómetro baja a niveles bajo cero. El municipio de Makela es algo más frío que la capital, aunque este no sea motivo de queja de la mayoría de sus habitantes. De hecho, ven el vaso medio lleno. Su clima no favorece, ni nunca lo ha hecho, el cultivo de alimentos «ya que el período es muy corto», indica el finlandés. Dificultades en mente, «todos hemos aprendido a ayudarnos para sobrevivir». Una filosofía basada en ayudar al prójimo, que les ha enseñado a convivir y construir un país en el que todos van en la misma dirección, «lo que pienso que nos hace el país más feliz del mundo». 

Hannu Makela, con los lagos de Peräseinäjoki de fondo.
Hannu Makela, con los lagos de Peräseinäjoki de fondo.

Para Makela, la igualdad de oportunidades es otro de los factores claves. Señala que no ha habido una época con grandes contrastes entre unos y otros, y que, incluso, «al mismo tiempo que se comenzaban a construir grandes fábricas, se construían también colegios y hospitales». En su tiempo libre, realiza programas de voluntariado, algo que en este caso, contribuye a su propio bienestar mental. Le preguntamos acerca del frío. A ellos parece no importarles. De nuevo, el vaso medio lleno: «Por suerte, no tenemos un clima aburrido y las bajas temperaturas se combaten fácilmente con buena ropa». Si nieva, pues que nieve. 

Capas y capas de prenda, a las que se suma el uso de la sauna, un semiescudo nacional. Se trata de una parte sustancial de su cultura e historia. «Las hemos construido para sobrevivir porque era el lugar en el que las mujeres daban a luz y en el que, cuando las personas fallecían, se limpiaban», precisa Makala, que añade: «Siempre ha sido un lugar muy importante, desde el nacimiento hasta la muerte». En la actualidad, reconoce, han quedado para el ocio y la relajación, y no por ello, han perdido fama. 

Satisfechos con su vida, parte de la cultura

Claudia Paz es la nuera de Hannu Makala, una gallega de 26 años, finlandesa adoptada desde los 17. Es guía de turismo activo y ha formado una familia en la Laponia finlandesa. Al igual que el resto de extranjeros con los que La Voz ha contactado, destaca un rasgo esencial en el carácter local: la satisfacción con su propia vida. «Tienen un equilibrio socio-económico que les permite vivir bien en términos generales, y aunque no son las personas más expresivas del mundo, sí son felices», explica.

Más allá de tener una sonrisa permanente en la cara, la felicidad finlandesa puede describirse con la autocomplacencia: «Su forma de ser, su cultura y la manera en la que han sido educados les ayuda a estar satisfechos con su vida. No necesitan mucho para sentirse bien y pienso, que si se mira la historia del país, han aprendido a vivir así», precisa. 

Claudia Paz, esta gallega de Miño vive en Laponia. Es guía de turismo activo.
Claudia Paz, esta gallega de Miño vive en Laponia. Es guía de turismo activo.

La exposición a la luz solar es un factor de suma importancia para la salud. En Finlandia, una vez llega noviembre, se disparan las ventas de los suplementos de vitamina D.  Aunque existen grandes diferencias entre el norte y el sur, está claro que el sol no sale demasiado. Por ejemplo, en el penúltimo mes del año, un ciudadano de Helsinki verá el amanecer a eso de las 9:25, y la puesta del sol, sobre las 15:15. En cambio, las posibilidades de luz natural en Oulu solo abarcarán de 10:30 de la mañana a las dos de la tarde. No parece ser algo que importe demasiado. Quien llega, ya sabe a lo que se enfrenta. Así que es cuestión de asumir la realidad y continuar con el día a día. «En los meses de invierno tengo más carga de trabajo y lo llevo bastante bien. Lo importante es mantenerse activo, haciendo cosas y entreteniendo a la mente», detalla Paz. Y a seguir. 

Alguna vez le han dicho que las decisiones importantes se toman en la sauna o que lo primero en construir de una casa es este espacio. «Va en su sangre», comenta ella, quien también destaca la naturaleza como parte de la felicidad final: «Más del 76 % del país es bosque y tienen un enorme respeto por ella. De hecho, muchas familias dedican su tiempo libre de fin de semana a pasear por diferentes parques nacionales», detalla. Un lugar para despejarse y huir del ruido. 

Conciliación y flexibilidad laboral, ante todo

Maria Sipila vive en Espoo, una ciudad en la costa sur del país. Ha sido consultora de firmas internacionales y ahora dirige su propia consultoría especializada en el crecimiento de empresas. Además, es vicepresidenta y miembro de la junta de dirección de la asociación European Women On Boards, que defiende la igualdad de género en los puestos directivos. Como finlandesa, su currículo de voluntariado tiene varias entradas. Recurre a una frase histórica para explicar la felicidad del país: «Finlandia es un buen país para los finlandeses». Si bien para el crecimiento económico sostenible, reconoce que los extranjeros son necesarios, «no siempre es fácil serlo». Además, apunta a otros desafíos que afronta la nación, como son para ella «los impuestos o los costes laborales altos».

Maria Sipila con su perro durante uno de sus paseos.
Maria Sipila con su perro durante uno de sus paseos.

Con todo, señala que si esto no preocupa a quién lo vive, «Finlandia es un buen país para ser feliz». Destaca la posibiilidad de encontrar «paz interior en la naturaleza muy bien conservada, una educación menos estresante, un buen equilibrio entre el trabajo y la vida, así como la libertad personal». Además, para los que huyen del bullicio y de las grandes masas de gente, «tiene lugares perfectos de silencio y relajación». 

Lejos de mantener un estilo de vida frenético, la sociedad finlandesa prioriza el bienestar propio. Todas las mañanas, Sipila sale a pasear con su perro junto al mar. Veranea en una cabaña, donde recoge bayas y disfruta de la sauna. Además, recuerda que cuando sus hijos eran pequeños, «lo típico era salir a las cuatro». Un horario que comparten la mayoría de familias, que dedican el resto del día a pasar tiempo juntos. «La conciliación está bastante bien entendida por las empresas. Pienso que por el alto nivel de confianza en la sociedad, los jefes tampoco controlan demasiado los lugares de trabajo», precisa. De hacerlo, podría ser estresante para unos cuantos: «La libertad personal se muestra en muchas áreas», apunta esta finlandesa. 

Un estado de bienestar «admirable»

El refrán dice que hay un gallego hasta en la Luna, en Finlandia no iba a ser menos. Constantino Álvarez vive en Oulu, su piso está al lado del río y tiene «una mujer finesa encantadora». Llegó hace ya 7 años como investigador y estudiante de doctorado. Le preguntamos si, con ojo gallego, observa la felicidad de la que se habla en el informe de la ONU: «El término felicidad es un concepto muy subjetivo y personal. Sin embargo, pienso que hay una serie de factores en la vida de una persona que son esenciales para empezar a disfrutarla, y en materia de tener las necesidades básicas cubiertas como ser humano, sí puedo confirmar que en Finlandia se vive bien», apunta. 

Destaca el acceso a la educación del país: «Aquí los estudiantes no pagan absolutamente nada por estudiar el grado, máster o doctorado. Personalmente, hice el máster pagando solo un seguro de estudiante que costaba 50 euros anuales (100 euros en total por los dos cursos)», explica. Ventajas que se traducen a todos los niveles.

El menú de las facultades para estudiantes, cuenta, cuesta 3.50 euros con todo incluido. Los libros, cuando son necesarios, son gratuitos durante toda la enseñanza obligatoria y «apenas existen universidades o instituciones educativas privadas», indica. El dentista tampoco se paga hasta la mayoría de edad. 

Constantino Álvarez durante uno de sus paseos por los rápidos situados cerca de Oulu.
Constantino Álvarez durante uno de sus paseos por los rápidos situados cerca de Oulu. Hanne Heikkila.

Para Álvarez, el estado de bienestar es «admirable». El papeleo burocrático también le sorprendió. Los trámites con la administración son ágiles y en la mayoría de los casos se realizan por internet. Es más, la digitalización llega incluso a la medicina: «Puedo tener videoconferencias con mi médico de cabecera o abrir un chat a través de la aplicación de salud», precisa. 

La mujer de Constantino Álvarez, Hanne, paseando en bici por encima del mar Báltico congelado.
La mujer de Constantino Álvarez, Hanne, paseando en bici por encima del mar Báltico congelado. Hanne Heikkila

La sociedad suele confiar en las instituciones y en las relaciones interpersonales, «lo que crea un ambiente armonioso y propicio para el bienestar emocional». Precisamente, la salud mental es prioridad para el Estado. «Se reconoce su importancia y se han implementado políticas y servicios para prevenir y tratar posibles problemas», cuenta. En la universidad, por ejemplo, pueden participar en cursos y tienen acceso a psicólogos que les apoyan en «momentos difíciles o de estrés». Un dato revelador: en España hay seis psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes, Finlandia cuenta con 109,49 en la misma proporción. 

Precisamente, tal y como mide el informe, Álvarez destaca que la política es «transparente y honesta, en general, con un nivel de corrupción escaso», además describe los servicios públicos como «eficientes» y una baja tasa de criminalidad. La naturaleza se mezcla en las ciudades, «lo que influye positivamente en el bienestar general de las personas», a la vez que los carriles bicis se potencian: «Oulu es una de las ciudades del mundo que más tiene y es una auténtica maravilla», indica.

La madre de Constantino durante su visita en Semana Santa. El gallego destaca que la fauna de Finlandia es una de las cosas que más le sorprendió al llegar. No solo se ven renos o alces, sino todo tipo de aves migratorias.
La madre de Constantino durante su visita en Semana Santa. El gallego destaca que la fauna de Finlandia es una de las cosas que más le sorprendió al llegar. No solo se ven renos o alces, sino todo tipo de aves migratorias. Tino Álvarez

Confianza en el trabajador por parte de las empresas

No todo es de color rosa. Helena Vizcaíno (32 años, Albacete), una diseñadora gráfica y directora de arte, que llegó al país en el 2013, señala que el clima invernal puede resultar «hostil» para muchas personas: «Es difícil hacer nuevas amistades o encontrar motivación para hacer planes ya que los días son muy cortos». Después de vivir en medio mundo, no se atreve a decir que Finlandia es el país más feliz «necesariamente», sino que es un lugar que ofrece «muchas comodidades como salud y educación pública, seguridad o actividades al aire libre».

Helena Vizcaíno tiene 32 años y es de Albacete.
Helena Vizcaíno tiene 32 años y es de Albacete.

En su caso, destaca lo referente a la cultura del trabajo, sobre todo, la flexibilidad que ofrecen las empresas lo que permite construir un equilibrio entre la vida profesional y personal: «El poder auto-gestionarte, la confianza en la experiencia de los trabajadores y el hacerte responsable de tu desempeño en el trabajo te ayuda a poder tener hobbies, dedicar tiempo a tu familia o amigos y tener más tiempo para uno mismo», precisa. Eso también forma parte de la fórmula de la felicidad. 

«El contribuyente feliz», una filosofía para participar en la vida pública a través de los impuestos

Mika Raunio es investigador principal en el Instituto de Migración de Finlandia. ¿Por qué piensa que su país es el más feliz del mundo? «En parte, somos bastante modestos y hasta cierto punto, existe la idea de que debemos contentarnos con lo que tenemos. En general, la gente está contenta con su vida, más que extremadamente feliz o alegre», reflexiona. La vida social nórdica no tiene demasiado que ver con la mediterránea y su cultura del trabajo se aleja de pensar que cuanto más, mejor. De hecho, Finlandia es pionera en la promoción de la flexibilidad laboral. «La tendencia general es no trabajar demasiadas horas y no dedicar demasiado tiempo libre a nuestro empleo», detalla Raunio. 

La economía es parte esencial de la felicidad y «dado que en Finlandia la proporción de personas muy pobres es bastante pequeña, puede ser una de las razones por las que la gente en promedio se sienta mejor», apunta el investigador, que a su vez, destaca el carácter ético de la gente. 

¿Pagar impuestos puede hacer felices a los finlandeses? Aunque hay personas que se quejan, Raunio señala que existe la idea de que «unos impuestos elevados hacen que todo el mundo participe en la prestación de servicios públicos y por lo tanto, actúen de manera ética con el resto». Esta ética se traduce en la figura del «contribuyente feliz», una filosofía, presente en el país nórdico, «que considera que cuidar de los más vulnerables es nuestra responsabilidad como sociedad», añade el investigador. Para lo que se considera un salario normal, en España el tipo medio de IRPF es del 21,4 %, mientras que en Finlandia es del 31,1 %. 

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¿Son muy felices o viven muy bien?

Hablar de felicidad es difícil sin alguien que lo explique. ¿Cómo se puede definir este término en materia de bienestar y salud mental? «Desde un punto de vista profesional, la felicidad es una expresión emocional que siempre es pasajera», responde Ruth Franco, psicóloga en Finlandia desde el 2004. La experta reconoce el contraste entre la imagen que el resto del mundo tiene sobre Finlandia y el resultado del informe: «Suele chocar porque tenemos esa idea, basada en realidad y prejuicios, de que es un país con una población muy pequeña, con un carácter más cerrado y con poca luz, y la gente no entiende cómo es posible ese primer puesto». Para ella, hay una clara confusión de términos. El informe habla sobre felicidad, cuando en realidad deberían hablar de calidad de vida y satisfacción: «Ambos servirían para indicar algo más estable y a largo plazo», precisa. 

Calidad de vida que, según cuenta la psicóloga, se traduce en un mejor acceso a los servicios o instituciones y en niveles más altos de confianza respecto al Estado. Sin embargo, y en el otro lado de la balanza, la paradoja de la felicidad choca de bruces con la alta tasa de suicidio que tiene y ha tenido el país, la cual se sitúa por encima de la mundial. En cifras, en el 2021, hubo 13,48 suicidios por cada 100.000 habitantes; en 1990, fue de 30,30. «Es un tema que en Finlandia ha estado muy presente y se ha hecho mucho trabajo en los últimos años para conseguir reducirlo. Lo han hecho exitosamente a más de la mitad, aunque sigue siendo elevada», detalla.

El problema es multifactorial aunque la experta apunta a varios factores: «Un consumo de alcohol elevado, las relaciones sociales más distantes que pueden facilitar la soledad o las horas de luz», indica la especialista en salud mental. 

Ahora bien, el acceso a consultas de psicología está mejor garantizado que en otros territorios: «Te pongo mi caso. Mi consulta es privada, pero mis pacientes pueden recibir ayuda a través de la seguridad social para venir. Eso marca la diferencia, porque no cubre todo el precio, pero a lo mejor sí lo hace en un 60 %», precisa. Este no es el único apoyo. Las ayudas se producen a distintos niveles y son progresivas según la renta. Incluso, algunas se otorgan independientemente del poder adquisitivo: «Esto crea igualdad entre los finlandeses aunque sean de distintos extractos sociales», explica. De esta forma, el país crea el caldo de cultivo perfecto para que la satisfacción sea elevada. 

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Común a los países nórdicos

Frank Martela, un conocido filósofo e investigador de psicología en el país, coincide en la necesidad de definir, realmente, qué es lo que mide el informe: «Se tiene en cuenta la satisfacción general con la vida, y en esta evaluación, la población finlandesa tiene un promedio más alto», indica el experto, que en numerosa ocasiones ha estudiado este informe. «Esto no se debe a que haya más personas extremadamente felices, sino a que dadas las instituciones y el funcionamiento del extenso sistema de bienestar, hay menos personas extremadamente infelices en Finlandia», expone. Para Martela, la clave no solo reside en Finlandia, sino que es el baremo común en todos los países nórdicos: «Cuando se analizan las clasificaciones sobre ausencia de corrupción, libertad de prensa o calidad de la democracia, estos países obtienen los mejores resultados», precisa. Todo ello promueve un conjunto de ciudadanos «que sienten que su voz es escuchada y las instituciones hacen lo que deben hacer». 

Lucía Cancela
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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.