El Arfid, un trastorno alimentario que ha pasado desapercibido durante años: «Se les forzaba a comer, pero eran incapaces»

Lois Balado Tomé
Lois Balado LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

El Arfid ya no es un trastorno de la alimentación que se diagnostique únicamente en niños.
El Arfid ya no es un trastorno de la alimentación que se diagnostique únicamente en niños. La Voz de la Salud

El manual de patologías mentales DSM-5 ya incluye este trastorno alimentario como una patología que no es exclusivamente de la población pediátrica

14 mar 2023 . Actualizado a las 09:42 h.

¿Cuál es tu secreto?, le preguntan en un vídeo viral a una persona de unos treinta años en TikTok. La persona responde: «Mi secreto es que tengo algo, supongo que un desorden alimentario, llamado Arfid. Es un acrónimo, no recuerdo qué significa. Se suele llamar Trastorno Selectivo de Alimentación. Tengo una lista de entre, aproximadamente, 20 a 25 alimentos que no puedo comer, me producen una respuesta de mordaza automática. Me lleva pasando desde que era un niño pequeño y descubrí que era algo que existía realmente hace unos cuantos años». Su interlocutora le pregunta: ¿cómo te afecta esto?. Él responde: «Evito las comidas con otra gente. He arrastrado mucha culpa y mucha vergüenza a consecuencia de esto durante mucho tiempo pensando que era un tipo raro. Recuerdo sentirme realmente ansioso cuando era un niño pensando en que algún día tendría una novia y que tendría que ir a su casa a cenar, que sufriría un ataque de pánico». De nuevo es preguntado sobre si este trastorno se debe a un problema que genera su mente o es su cuerpo el responsable. «Mi cuerpo», responde de manera automática, aunque casi de inmediato matiza: «O sea, está todo en mi cabeza. No es que sea alérgico a nada. No es algo 'serio' en el sentido de que mi vida esté en riesgo, pero me hace arrastrar vergüenza y es difícil de explicar». Así finaliza el vídeo dejando varias cuestiones en el aire: ¿qué es el Arfid?, ¿existe realmente el Arfid?, ¿es cierto que no es algo 'serio'? Este vídeo, con más de un millón de visualizaciones, finaliza con ese lamento de «es difícil de explicar». En este artículo trataremos de resolver todas las dudas que puedan existir. 

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¿Qué es el Arfid o Teria?

El Arfid (por sus siglas en inglés) o el Teria (acrónimo de trastorno de evitación y restricción de ingestión de alimentos) es un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) incluido en el manual de trastornos mentales DSM-5 que afecta a niños y adultos. Se trata de una conducta alimentaria restrictiva que, a diferencia de otras más conocidas como la anorexia nerviosa o la bulimia, no está motivada por ninguna alteración de la imagen corporal ni por el deseo de adelgazar. «Es un comportamiento selectivo y restrictivo. Esta selección o restricción de determinados alimentos puede producirse en función de las texturas, de los olores o de las consecuencias negativas que uno de ellos haya podido tener en el individuo. Finalmente dejan de consumirlos, pudiendo dar lugar a problemas de índice nutricional y, en concreto en los niños, a problemas en el desarrollo pondoestatural», adelanta Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid y jefa de la Unidad de los Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Clínico San Carlos. La profesional aclara que este trastorno reemplaza a lo que antes se conocía como «trastorno de la alimentación en la infancia y la niñez temprana», ya que se ha observado que también puede aparecer en algunos adultos y en adolescentes.

Tipos de TCA: restrictivos y de sobreingesta

A la hora de entender los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), resulta útil distinguir entre los restrictivos y los de sobreingesta. Dentro de los restrictivos está la anorexia nerviosa, tanto la que padecen las personas que se inducen el vómito como las que son totalmente restrictivas. El Arfid, al tratarse también de un trastorno restrictivo, puede generar más confusión. Ambos son restrictivos, ambos tienen selección de alimentos muchas veces, pero en la anorexia nerviosa sí que hay una distinción de la imagen corporal. La persona no se ve como el espejo refleja que está. Esto no pasa en el Arfid para nada, el afectado no selecciona alimentos para eso, sino que no puede comer porque cuando selecciona un alimento, es incapaz de ingerirlo por sus características (olor, textura, etcétera). Es otro tipo de trastorno restrictivo totalmente diferente.

¿A qué personas se les diagnostica el Arfid o Teria?

Como se ha dicho, este TCA nada tiene que ver con la intención de la persona de querer adelgazar o 'mejorar' su apariencia física. Esa es, sin duda, una de las grandes diferencias del Arfid con respecto a otros trastornos alimentarios. Sin embargo, ha habido que transitar un camino de años y muchas confusiones hasta lograr identificarlo con claridad. Así lo asegura Natalia Seijo, psicóloga especialista en Trastornos Alimentarios y codirectora del Máster en Trastornos de la Conducta Alimentaria de la Universidad Complutense de Madrid: «Con el paso del tiempo se empezó a ver que todas aquellas personas adultas a las que antiguamente se les consideraban restrictivos con la comida, coincidían con cuadros restrictivos de anorexia. Muchas veces acababan en las unidades ingresados por creerse que estábamos ante una anorexia nerviosa, donde se les forzaba a comer, pero eran incapaces porque tenían Arfid. Ha llevado tiempo llegar hasta aquí».

Hoy, sin embargo, sabemos mucho más. Por ejemplo, que en numerosas ocasiones este trastorno se diagnostica en pacientes con altas capacidades sensoriales. Esto quiere decir que es más común en personas pertenecientes al espectro autista, pero no exclusivamente. Debe puntualizarse. «Se trata de personas a las que, por ejemplo, las texturas viscosas les provocan náuseas; o que discriminan los hilos en el atún, entonces se mezclan con la salivas y no pueden más porque les da mucho asco; o la textura de la lechuga, que les resulta muy rígida y produce ese crac en la boca. El olor de un alimento o el ruido que hace la comida al ser masticada, a una persona con Arfid, le puede llevar a no querer comer un alimento en toda su vida. A veces estas personas comen cuatro cosas y viven así durante mucho tiempo. Hay personas que han vivido tomando leche, pan, carne y patatas. Y digo carne, pero es posible que un trozo concreto de una parte muy concreta del pollo, por ejemplo», comenta Seijo.

Ahora bien, sería un error pensar que este TCA es exclusivo de las personas que están en el espectro autista. «Si decimos esto, parece que son las personas con más autismo las que desarrollan Arfid y no es así, también aparece en personas que puedan tener ciertos rasgos. Una gran mayoría también tienen personalidades altamente sensibles. En este tipo de perfiles se dan todas estas sensibilidades a nivel sensorial, individuos con los sentidos muy desarrollados. Comúnmente, también aparece en personas con perfiles obsesivos asociados», desarrolla la psicóloga.

Una línea por la que también desfila Díaz Marsá: «El Arfid puede aparecer por una mala experiencia previa, imaginemos un alimento que a la persona le ha sentado mal o con el que se haya podido atragantar. Y es frecuente en niños del espectro autista, que tienen sus peculiaridades o comportamientos más restrictivos. También es común en niños con TDAH o con trastornos de ansiedad. En estos contextos, se da esta conducta. Pero habrá que etiquetar cuál es el origen de esta conducta: una situación traumática, un problema de maduración de la infancia, el contexto del espectro autista o del TDAH o si la persona tiene algún problema de ansiedad que puede precipitar o condicionarla».

El tratamiento del Teria o Arfid

Según explica la psiquiatra Marina Díaz Marsá, no existe un tratamiento específico ni un consenso sobre cómo abordar el Arfid «debido a que el tratamiento es relativamente reciente». Se recomienda un abordaje multidisciplinar. En el caso de los niños, participarán pediatras, endocrinos, psicólogos y psiquiatras; si hablamos de adultos, participará el medico internista. Además de la terapia (ya sea cognitivo-conductual, familiar, o una terapia de desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares), hay que poner un manejo específico farmacológico. 

¿Mi hijo tiene Arfid?, ¿yo tuve Arfid y no lo supe? Un problema infradiagnosticado en el pasado

Todos hemos visto o conocido a niños que comen 'cuatro cosas'. Si mi hijo o hija es uno de ellos, ¿significa que tiene un trastorno de la conducta alimentaria? La pregunta es evidente, dado que el Arfid o Teria es un trastorno relativamente reciente, ¿muchos niños pequeños han sido tildado de quisquillosos con la comida cuando lo que en realidad tenían era un TCA? Díaz Marsá guarda reticencias con respecto a esta teoría. «A los niños, en su evolución normal, siempre les gusta más un alimento que otro, suelen ser más selectivos. Hay que tener en cuenta algo muy importante para identificar el trastorno, que es que tiene que tener consecuencias nutricionales. Cuando esta restricción conlleva un retraso pondoestructural y una desnutrición significativa es cuando constituye un trastorno», indica la psiquiatra, que añade: «En la maduración normal, los niños evitan algunos alimentos que, según van creciendo, van incorporando. Esto puede ser una cosa normal. Pero cuando es muy significativo, cuando el niño sufre especial angustia y conlleva déficits nutricionales que repercutan en el crecimiento, sí que estamos hablando de un trastorno. El típico niño que no quiere comer verduras no tiene porqué tener Arfid, es algo que tiene que tener una repercusión en sus carencias nutricionales y una ansiedad muy significativa que crea en el entorno familiar una situación muy compleja», explica.

Evidentemente, cuando exista un déficit nutricional, existirá un problema clínico. Desde un punto de vista médico, ahí está la frontera entre lo que es un TCA y no lo es. Ahora bien, ¿es la anorexia solo un problema cuando empieza a haber cambios en la analítica? Evidentemente no. Así explica Natalia Seijo su punto de vista. «Desde la parte más física y nutricional, se puede entender el Arfid cuando se pone en riesgo la vida de una persona. Pero la vida no se valora únicamente desde el riesgo nutricional; una persona vive mucho más allá de eso. Si alguien se desarrolla en una situación de aislamiento social porque no puede salir con sus amigos cuando es joven porque no come nada y los amigos le preguntan por qué no come, pero el no cuenta nada porque le da vergüenza y nadie lo entiende… ¿es un problema?. No hace falta que ese chico se ponga en riesgo para ver que va a tener un problema. ¿Por qué? Porque es jovencito. ¿Por qué? Porque se está aislando. ¿Por qué? Porque su madre le está increpando. ¿Por qué? Porque su familia le obliga a comer. ¿Por qué? Porque se siente rarísimo y eso va generando que este chicho o chica se vaya desarrollando con una personalidad que no es la que le corresponde. ¿Por qué? Porque tiene que ir adaptándose a todo lo que le va pasando sin saber qué le está pasando y sin que nadie le entienda», desarrolla la psicóloga en una batería de preguntas y respuestas perfectamente hiladas.

«Tú imagínate, empieza a sentir que no pertenece, que es raro, que se aísla, es un problema que va a limitar muchísimo la vida. Ahora y más adelante. Una persona se llega a deprimir ¿No es la anorexia un problema a no ser que tengas que ir al hospital a ponerte una sonda nasogástrica? No hace falta llegar ahí, tiene un problema social, emocional, un conflicto interno, psicopatológico y eso limita la vida de cualquiera. Es un problema en toda regla», dice con contundencia Seijo.

Por tanto, una vez diagnosticado por profesionales, el Arfid es un TCA y hay que tratarlo. «Genera problemas y limitaciones en la vida de una persona. En este mundo, que algo no tenga un déficit a nivel físico no implica que no lo vaya a tener en un futuro. Si ese niño o esa niña se tiene que quedar a comer en el colegio no puede, en casa va a tener problemas, sus padres se van a enfadar todo el rato», advierte Seijo, por lo que cada caso deberá ser valorado. También es cierto que es posible lograr haber llegado a una edad adulta con este trastorno y tener una vida 'funcional'. Es decir, que no exista un problema nutricional y que se hayan podido solventar posibles situaciones de aislamiento, logrando que, pese a los hábitos alimentarios de la persona, no se haya aislado. «Las personas con Arfid que llegan de una manera funcional a una edad adulta habitualmente no se ponen a tratamiento porque han encontrado un equilibrio», comenta la psicóloga que pone un ejemplo que nos puede sonar de lo más familiar: «Es como quien tiene en casa a Manolo y todo el mundo sabe que ''Manolo no come esto ni aquello''. Entonces preguntas, ''¿qué comes Manolo?''. Pues una tortilla, y a Manolo hay que ponerle tortilla. Si encuentra un ambiente social que sea adaptativo, la persona con Arfid no tiene por qué tener un problema. Donde no hay un problema no lo vamos a buscar. Si una persona en su entorno social y familiar no es aceptado, va a ser un problema a nivel de relaciones y de comportamiento, será rara, porque sus creencias internas le han llevado a sentirse raro. Esas personas son las que tienen que venir a trabajarse multidisciplinarmente», argumenta Seijo.

Durante el ayuno se consume la glucosa y el cuerpo pasa a extraer la energía del tejido adiposo.

¿Qué le pasa al cuerpo durante el ayuno?: «Lo que ocurre en tu organismo se parece mucho al efecto del ejercicio prolongado»

Lois Balado

Nuestro cuerpo se parece mucho más de lo que creen a uno de esos coches híbridos que circulan desde hace unos años por las ciudades. Si el vehículo va a una velocidad baja, su fuente de energía es eléctrica; a partir de determinada velocidad, cambia y el motor pasa a alimentarse de gasolina. Nuestro organismo  funciona de una manera sorprendentemente parecida; al fin y al cabo, el diseño copia muchas veces a la naturaleza. Después de comer, los picos de glucosa proporcionan a nuestro organismo la fuente de energía que necesitamos; cuando esas reservas de glucosa se agotan, nuestro cuerpo comienza a quemar grasas. Se trata de un sistema híbrido perfectamente diseñado. Pero hay un problema. Ese mecanismo necesita mantenimiento, necesita ponerse a funcionar para no atrofiarse, y ahí es donde fallamos. Somos uno de esos coches híbridos, pero estamos circulando siempre a velocidades muy bajas. Y corremos el riesgo de estropearnos; de ser menos longevos.

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Lois Balado Tomé
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Lois Balado Tomé

A Coruña (1988). Redactor multimedia que lleva más de una década haciendo periodismo. Un viaje que empezó en televisión, continuó en la redacción de un periódico y que ahora navega en las aguas abiertas de Internet. Creo en las nuevas narrativas, en que cambian las formas de informarse pero que la necesidad por saber sigue ahí. Conté historias políticas, conté historias deportivas y ahora cuento historias de salud.

A Coruña (1988). Redactor multimedia que lleva más de una década haciendo periodismo. Un viaje que empezó en televisión, continuó en la redacción de un periódico y que ahora navega en las aguas abiertas de Internet. Creo en las nuevas narrativas, en que cambian las formas de informarse pero que la necesidad por saber sigue ahí. Conté historias políticas, conté historias deportivas y ahora cuento historias de salud.