¿Cómo ayudar a tu hijo adolescente a superar una ruptura?

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

¿Sabes cómo ayudar a tu hijo adolescente a superar una ruptura?
¿Sabes cómo ayudar a tu hijo adolescente a superar una ruptura? iStock

Los expertos recuerdan la necesidad de empatía e insisten en la idea de que los jóvenes no tienen las mismas herramientas para gestionarlo

26 ene 2023 . Actualizado a las 22:58 h.

La adolescencia es una etapa de aprendizajes. Un momento en el que los jóvenes van explorando sus facetas y forjando una personalidad. Su vida es sinónimo de intensidad. No tanto porque ellos quieran, sino porque las conexiones neuronales todavía se están formando. Son años caracterizados por el vaivén de las emociones, buscan la aceptación de sus iguales y aparecen nuevas figuras de referencia en su vida. Entre ellas, el primer amor (o segundo, o tercero). Muchos experimentan lo que es tener una relación de pareja, la sensación de que alguien les importe más que el resto y de que todo vale. En contraposición, cuando esto termina, piensan que la vida se les va en ello. Las expectativas de presente y futuro que tenían con esa persona se desvanecen, porque si hay un momento ideal para creer en las medias naranjas, ese es la adolescencia.

«Para los jóvenes, los lazos con sus iguales son muy importantes. No solo cuando hablamos de pareja, sino también de su círculo de amistades», comienza explicando Iratxe López, psicóloga experta en terapia infantil, de adolescentes y pareja, que añade: «Por eso es natural que si alguno de estos vínculos se rompe, lo vivan intensamente y que afloren una gran cantidad de emociones. Y si bien he visto a adultos que carecen de la capacidad para afrontarlo, es cierto que los jóvenes todavía no tienen la habilidad para ver las cosas con perspectiva y relativizar», explica. No solo esto, sino que además, al estar forjando su identidad, «un rechazo es más difícil de digerir». 

Mientras que unos sabrán pasar página con mayor rapidez, a otros les invadirá la tristeza o la apatía. Ambas situaciones son válidas y posibles. Para quienes lo pasan mal, este se considera un punto de no retorno. A partir de aquí, y con la perspectiva que permite el tiempo, aprenderán a desarrollar herramientas y a gestionar las emociones de una forma mucho más sensata. Un proceso que no ocurre, desde luego, en las primeras veces. 

La familia puede tener que apechugar y, en función de los límites que el joven ponga, podrá actuar de una manera u otra. ¿Qué hacer cuando le rompen el corazón a tu pequeño? El rol de los padres tiene más importancia de la que se piensa. Hay varias claves para que se les tenga en cuenta. Lo primero es no ver la ruptura como una tontería de adolescentes: «Es importante que los adultos apoyen y entiendan el dolor que está atravesando su hijo, que recuerden que ellos también tuvieron su edad y se enamoraron igual. De hecho, está demostrado que los menores sienten el amor igual que los adultos», explica Elisabeth Clapés, psicóloga especializada en el ámbito de la sexología clínica y las relaciones de pareja.

A mayores, los jóvenes le añaden una nota de intensidad, lo que empeora el proceso de duelo. Además, dice la experta, «tienen menos herramientas y recursos para saber gestionarlo». Por ello, recomienda a los progenitores que no consideren esta situación como una nimiedad, «sino como un momento para empatizar desde el conocimiento de que sus hijos no tienen la misma experiencia que los adultos para llevarlo mejor», destaca Clapés. Menos «ya se te pasará», y más comprensión, cariño y validación absoluta del proceso. 

No solo es el primer amor, sino también la primera ruptura

Al joven se le hace un mundo. «No solo estamos hablando del primer amor, sino también de la primera vez que le rompen el corazón. Por eso es probable que consideren que nunca van a encontrar a nadie igual y que es el fin de muchas cosas para ellos», explica la psicóloga y sexóloga. No son sentimientos inventados. Por su parte, los padres son vistos como una de sus figuras de referencia por mucho que a estas edades no tiendan a expresarlo: «Hay que recordar, que por muy pequeños que los veamos, sus sentimientos no valen menos. De hecho, su forma de afrontarlo, tanto en el presente como en el futuro, dependerá de nuestra reacción y actuación. Al final, si nosotros no validamos sus emociones, ellos tampoco lo harán con las suyas propias», detalla la terapeuta. 

Las herramientas para gestionar una ruptura no se apuntan con boli y papel, sino que se adquieren con la experiencia. Por ello, sugerirles una historia en primera persona puede resultar útil: «No hay que soltarles el rollo de nuestra vida y hablar de algo que, incluso, pueda incomodarles. Pero si la conversación surge en algún momento, sí es beneficioso decirles que tuviste una experiencia parecida, contarle cómo te sentiste o cómo pensabas que nunca lo ibas a superar, para terminar recordándoles que les entiendes y sabes lo doloroso que es», detalla Clapés. 

Tampoco es bueno caer en dar ánimos vacíos de argumentos con expresiones como «yo lo he vivido y no fue para tanto» o «si yo he podido, tú también». Precisamente, la actitud que muestran los progenitores ayudará a crear un espacio más o menos seguro para que se abran y cuenten sus sentimientos. «A veces no es fácil comunicarse con ellos, por eso, aconsejo respetar sus límites al mismo tiempo que se les hace saber que sus padres están ahí para él o ella», explica Elisabeth Clapés. Además, la experta sugiere pequeños acercamientos, «sin ser demasiado invasivos y siempre respetando lo que el joven quiera contar». Nada de incidir, una y otra vez en el mismo tema. Esta relación de confianza no se construye de un día para otro, «es algo que se logra a lo largo del tiempo», apunta Iratxe López. 

Si el juicio y la imposición de ideas han estado presentes desde que el adolescente era un niño, «es complicado que el espacio se vaya a crear en un momento», añade. Con todo, existen pautas para ir levantándolo de forma progresiva: «No se pueden tratar sus problemas como algo poco importante. Hay que evitar los gritos y las comparaciones, así como no convertir el diálogo en un monólogo. Por eso es importante dejarlo hablar sin interrupciones. Además, hay que procurar no caer en interrogatorios ni en promesas rotas», aconseja la experta en terapia infantil. 

Uno de los errores más típicos (que salen de la buena intención) es hablar del futuro. No hace falta recordar al menor que tendrá otras parejas, «porque es algo que él o ella ya sabe», ni hacer demasiado hincapié en que este duelo se pasará con lecciones o moralismos. Iratxe López coincide en esta opinión: «Sé que para los adultos, este amor no es importante, sino una relación que no iba a llegar a nada, pero desde el prisma de un menor, ese novio o novia sí lo es. Por eso, una vez los hayamos escuchado, podríamos tratar de ampliar su perspectiva y explicarle que vendrán otras etapas. Pero lo primero, como digo, es darle importancia a lo que les está pasando», detalla la experta. Al final, los jóvenes quieren, al igual que sucede con los adultos, sentirse escuchados. 

¿Qué decir?

  • «Estoy aquí si lo necesitas».
  • «Esto no se acaba aquí aunque creas que sí y lo pueda parecer».
  • «Volverás a enamorarte».
  • «He vivido una experiencia como la tuya y sé que es muy doloroso».
  • «Tómate tu tiempo para procesar lo que has vivido».

¿Qué no decir?

  • «Yo lo he vivido y no fue para tanto».
  • «Hay más peces en el agua».
  • «Si yo lo he pasado, tú también vas a poder».
  • «No te preocupes que en dos días estás bien».

¿Cómo eligen pareja los adolescentes?

«Actualmente, sabemos que el amor es un sentimiento promovido por sustancias químicas cerebrales, que va evolucionando en función de la edad y las vivencias de cada persona», apunta el documento Revisión teórica de los factores externos de influencia en la formación de parejas de la adolescencia, elaborado por investigadores de la Universidad de Murcia. El análisis destaca que esta etapa vital se caracteriza por experimentar los sentimientos de una manera muy intensa, a la vez que «una gran vulnerabilidad debido al proceso de formación en el que se encuentran los jóvenes». 

Así, los menores son personas muy influenciables a los estímulos de los modelos sociales y el contexto que les rodea. En materia de relaciones, no iba a ser menos. La revisión analiza el impacto que tienen tres figuras en la elección amorosa de cada joven. El primer puesto se lo otorga a la familia. La decisión «está influida por sus familiares, sin llegar a ser impuesta», precisa. En otras palabras, que se dejan llevar por patrones transmitidos. 

En segundo lugar se encuentra la influencia de sus iguales, con los cuales mantienen un vínculo fundamental. «Los amigos llegan a convertirse en el contexto social más influyente en la toma de dediciones, proporcionando apoyo emocional que puede ayudar al adolescente a superar ciertos problemas como situaciones estresantes y fracasos amorosos o académicos», detalla el documento. 

En el último nivel de influencia se sitúan los medios de comunicación y la cultura, «pues prolongan la existencia de estereotipos y roles de género inculcados por la familia», explica la revisión. Así, desde la infancia se interiorizan los papeles propios de cada sexo, «llegándolos a integrar en sus comportamientos como algo natural», apuntan los investigadores. 

La adolescencia abarca desde los 10 hasta los 21 años.

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La expresión la edad del pavo viene, como bien indica su nombre, de la similitud que alguien encontró en su momento (no hemos podido aclarar quién) entre un adolescente y el ave en cuestión. Esta etapa abarca, sobre todo, a los niños que acaban de entrar en la pubertad y que, en el momento del que hablamos «sienten vergüenza con enorme facilidad, poniéndose más colorados que la cresta y la membrana que cubre el pico del pavo que nos comemos por Navidad». No nos inventamos la historia detrás del dicho, la explicación pertenece al Instituto Cervantes

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Lucía Cancela
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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre una de mis pasiones, la nutrición.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre una de mis pasiones, la nutrición.