Los beneficios para la salud de un abrazo: «El contacto físico cambia la forma en la que sentimos el dolor»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

Un abrazo puede modificar nuestra salud.
Un abrazo puede modificar nuestra salud. La Voz de la Salud | iStock

Desde dormir mejor hasta bajar la tensión arterial y regular nuestras hormonas, las demostraciones físicas de afecto tienen un papel importante que se construye desde la infancia

13 ene 2023 . Actualizado a las 18:12 h.

Que los humanos somos seres sociales es un hecho que se ha repetido hasta volverse un lugar común. La pandemia nos ha demostrado hasta qué punto vivir en aislamiento resulta perjudicial, no solo para la salud mental, sino en términos biológicos. Y así como necesitamos formar parte de un grupo y pertenecer a él, hay una necesidad biológica y psicológica de contacto físico que nos hace desear una compañía o un abrazo. «En el primer cambio que tenemos en la vida, que es cuando nacemos, ya aparece el contacto físico. Alguien nos tiene que coger», observa en este sentido la psicóloga Carmen González, del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia (COP). Pero ¿qué ocurre cuando esta necesidad no se ve satisfecha?

Son varios los estudios que demuestran que la tendencia de nuestra sociedad a minimizar cada vez más el contacto físico representa un peligro. Una investigación del 2014 coordinada por la Universidad de Arizona halló que la privación de afecto se asocia no solo a los sentimientos de soledad y angustia que podríamos suponer que vienen de esa carencia, sino a síntomas de estrés, depresión, ansiedad y trastornos de la personalidad, así como a trastornos del sistema inmunitario. Los hombres son, en este aspecto, el grupo que más afectado se ve por esta privación de cariño y de contacto, con consecuencias negativas tanto para la salud general como para los niveles globales de felicidad, seguridad y satisfacción. «Estos hallazgos apoyan la teoría del intercambio de afecto, que sostiene que dar y recibir afecto contribuye a la salud y el bienestar tanto mental como físico», concluye el estudio.

¿Cuál es la importancia del contacto físico para nuestra salud?

«A nivel fisiológico y biológico, nos ayuda a liberar oxitocina, a regular los neurotransmisores y las hormonas, y a bajar la tensión arterial. Facilita también que cojamos el sueño, que nos calmemos, que las pulsaciones se reduzcan. También tiene efecto sobre el dolor, lo suaviza. Pero a nivel emocional, el contacto físico también cambia la forma en la que experimentamos el dolor psicológico y nos ayuda a adaptarnos a situaciones confusas o nuevas, nos ayuda a colocar todos nuestros sentidos en su sitio. El tacto de otra persona, tomarle la mano, nos ayuda a poder centrarnos en esas circunstancias», explica Carmen González.

El contacto físico ayuda a regular los niveles de cortisol, lo que explica por qué tiene efectos tan importantes y claros sobre el estrés. Esto sucede, en parte, gracias a las señales que el tacto envía al cerebro a través del nervio vago. Al estimular los receptores de presión del organismo, el tacto ayuda a enviar una señal al sistema nervioso que disminuye su estado de activación.

Esto es fundamental a lo largo de los años pero, sobre todo, es clave en los primeros momentos de vida. En esa etapa, el contacto piel con piel es crucial para construir relaciones saludables al regular los patrones cerebrales relacionados con la oxitocina, la serotonina y la dopamina.

En momentos de crisis emocionales, un abrazo o una caricia pueden ser muy útiles. «El tacto nos ayuda a calmarnos durante las crisis de ansiedad. En una crisis de estas características, el oído y la vista, que son los sentidos más utilizados, se bloquean. No eres capaz de filtrar bien los estímulos. El tacto nos ayuda a que entre la información real, que está presente, a través de otro sentido que no está sufriendo el estrés. Tocar algo rugoso, identificar la diferencia de temperatura entre un mueble y una pared, todo esto puede ayudar. Sentir los pies en el suelo, ser conscientes de la postura. Todo nos va a dar información en una situación en la que los otros sentidos están colapsados», explica González.

¿Cómo saber si estamos «privados de afecto»?

Además de sentir soledad, puede que experimentemos alguno o varios de los siguientes síntomas:

  • depresión
  • ansiedad
  • estrés
  • insatisfacción en nuestras relaciones
  • problemas para dormir
  • tendencia a evadir los vínculos o aislarnos
  • deseos de realizar actividades que simulan el tacto: taparse con mantas, abrazar almohadas o acariciar a animales

Cabe aclarar que, para que el contacto físico nos reporte efectivamente todos sus beneficios, debe ser siempre un contacto deseado. «El contacto físico es necesario, pero esto no quiere decir que el tacto sea siempre bueno y que, aunque a ti no te guste, yo te vaya a tocar. Porque todos los sentidos nos sirven para recibir información del entorno y relacionarnos con él. Así como la vista nos sirve para percibir cosas que están distantes, o el oído para cosas que no vemos y que pueden estar lejos, el tacto nos sirve para avisarnos de las cosas inminentes, que ya están sobre nosotros. Entonces, cuando no procede, cuando tú no lo esperas, cuando viene de una persona que no quieres, puede que ese contacto nos ponga en alerta y nos agite. Porque el cuerpo recibe un estímulo del que ya no va a poder defenderse en caso de que sea peligroso», explica González.

Hay que tener en cuenta que las necesidades de contacto varían de persona a persona e incluso hay quienes no desean ser tocados por nadie, a no ser que se trate de una persona de mucha confianza. Debemos entender que la relación que tenemos con el tacto se empieza a establecer desde la infancia y algunas personas pueden haber tenido experiencias a lo largo de su vida que hagan que el contacto físico no les resulte cómodo. Por el contrario, como señala un estudio del año 2012, aquellas personas que recibieron muchos abrazos de parte de sus padres a lo largo de los primeros años de vida tienen más probabilidades de iniciar el contacto físico con otros cuando crecen y se convierten en adultos. En cualquier caso, es importante evitar forzar un contacto indeseado. «Para todo hay su momento, su lugar y su forma», señala en este sentido González.

«Los abrazos a un montón de personas no les gustan, porque un abrazo es un lugar en el que estás amarrado y tú no sabes cuánto va a durar. Dura lo que el otro quiera. Puede ser eso, o puede ser un lugar de reposo donde estás seguro, donde no eres juzgado y donde te están sosteniendo. Por eso, cuando ofrecemos contacto y tacto, tenemos que estar presentes con el corazón y la empatía plena para ver hasta dónde se puede», ilustra la psicóloga. Para esto es importante ejercitar la comunicación no verbal, algo que a veces se pasa por alto, pero que puede darnos pistas de lo que la otra persona puede necesitar o desear.

Cómo propiciar el contacto en el día a día

Si sientes esa necesidad de contacto pero no sabes por dónde empezar, una buena idea puede ser empezar a saludar a tus personas de confianza con un abrazo cuando las veas. A veces, las personas de nuestro entorno están más disponibles de lo que creemos. «Tiene que ver con un estilo de vida que tenemos, en el que vamos con mucha prisa y continuamente tenemos que conseguir objetivos, y vemos muchas cosas en las redes, que duran pocos segundos y dan mensajes muy claritos y rápidos. Puede que estemos perdiendo algo de nuestro lenguaje corporal por culpa de esto», dice González.

La terapeuta recomienda también acercarse a los niños de la familia. «Es muy bueno jugar con niños, no entretenerlos sino jugar. Sacar nuestra parte divertida nos ayuda a responder al otro y adaptarnos a lo que surge, los niños son muy impredecibles», dice.

A veces, las circunstancias de la vida hacen que no tengamos a nadie cerca con quien sintamos suficiente confianza como para darnos un abrazo. Esto no quiere decir que no podamos hacer nada para suplir ese contacto físico que nos pueda hacer falta. Estas son algunas actividades que puedes probar para tener ese contacto:

  • Reserva una sesión de masaje, manicura o pedicura profesional
  • Pide cita en la peluquería para un lavado
  • Apúntate como voluntario en una protectora de animales. El contacto físico con ellos es tan valioso como el que podemos recibir y dar entre humanos

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Una ruptura amorosa, la pérdida de un ser querido, la jubilación tras décadas de trabajo, una mudanza a una nueva ciudad. Diversas circunstancias de la vida pueden llevarnos a sentir eso que Borges describe con la frase «El mundo es ancho y ajeno», en otras palabras, la soledad. Una experiencia que casi todos hemos atravesado en un momento u otro, y que tiene repercusiones más allá del estado anímico. Son numerosos los estudios que demuestran una relación estrecha entre la soledad y la salud no solo emocional y mental, sino física.

Pero este problema es más complejo de lo que pueda parecer a simple vista. Para empezar, porque la sensación de soledad es en gran medida independiente del grado de aislamiento que tenga una persona. Tal y como precisa el doctor Vicente Gasull, Coordinador del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), «estar solo no es lo mismo que sentirse solo. El que se siente solo, tiene soledad; el que está solo, puede tenerla o no».

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Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.