¿Te pone triste la Navidad? Estos consejos te ayudarán a sobrellevarla

SALUD MENTAL

Para muchas personas, la Navidad es un momento de melancolía y sentimientos negativos.
Para muchas personas, la Navidad es un momento de melancolía y sentimientos negativos. La Voz de la Salud | iStock

Analizamos las causas más frecuentes de la tristeza navideña y cuándo es momento de consultar con un psicólogo

26 dic 2022 . Actualizado a las 16:42 h.

En su célebre poema Defensa de la alegría, el uruguayo Mario Benedetti insiste en que, para proteger nuestra alegría, hay que defenderla «de la obligación de estar alegres». Algo que no siempre resulta tan fácil durante las fiestas, una época del año en la que la presión social por mostrarse feliz y participar del «espíritu navideño» puede ser agobiante para muchas personas, especialmente aquellas que no se encuentran en una situación en la que esta felicidad sea sincera. Aunque las Navidades se consideran como una oportunidad para reunirse con familia y amigos, juntarse en torno al árbol, cantar, hacer y recibir regalos, y disfrutar de la cena, para muchos, son momentos teñidos de tristeza y melancolía. El deseo de una feliz Navidad pasa a ser un lugar común y, al no participar de la alegría colectiva, pueden surgir incluso sentimientos de culpa. ¿Por qué ocurre esto?

«Hay múltiples razones por las que una persona puede experimentar tristeza u otras emociones desagradables en estas fechas navideñas. Por nuestra experiencia en la consulta de psicología, las más frecuentes son la añoranza de seres queridos que la persona ha perdido, ver que no ha cumplido sus objetivos en el año que está a punto de terminar, verse obligado a compartir tiempo con personas de la familia o familia política con las que no guarda una relación especialmente buena, o sentir la obligación de estar feliz cuando uno mismo no ve un incremento de razones para estarlo», resume el psicólogo Fernando Pena, presidente de la Asociación Española de Psicología Sanitaria (Aepsis).

De por sí, la Navidad es una época en la que las personas suelen sentirse abrumadas por todo lo que conlleva en términos de organización y planificación. «A nivel social, es la época más feliz del año y se nos exige un poquito más de relaciones sociales cercanas con personas que a lo mejor no hemos visto en todo el año. A esto se pueden sumar también problemas ya sea por las comidas, las compras, los regalos para nuestros hijos. Todo esto supone un gasto que no todas las familias pueden asumir», apunta la psicóloga sanitaria Anushik Harutyunyan, del centro Onelife.

El mito de los suicidios en Navidad

En los últimos años, se ha extendido la creencia a nivel popular de que esta es una época del año en la que las tasas de depresión y suicidio aumentan. Pero poco hay de cierto en esto. Se trata de un mito que ha sido desmentido por varios estudios. En realidad, no existe un vínculo significativo entre las fiestas y estas conductas autolesivas. «Las Navidades no son una época en la que se observe un aumento significativo de los suicidios si lo comparamos con otras épocas del año. Es cierto que nos puede dar la sensación de que la melancolía de estas fechas puede llevar más al suicidio, pero los datos recogidos no indican un incremento propio de estas fechas», explica en este sentido Fernando Pena.

El psicólogo aclara que «de todos modos, estamos hablando de cifras anuales elevadísimas. En España se suicidaron en el 2021 más de 4.000 personas. Eso lo hace el primer año en la historia que se supera esta cifra de los cuatro millares y, además, consolida la tendencia al alza que venimos observando año tras año. Se observa un crecimiento en el número de suicidios, no solo de adultos, sino también de niños y adolescentes. Estamos en una media de 11 suicidios cada día, todos los días del año». Es decir que, aunque la Navidad no es la culpable, sí se evidencia una situación alarmante en cuanto a la salud mental de la población, que debe ser atendida a lo largo de todo el año, y no solo en estas fechas.

También se ha registrado lo que algunos expertos llaman un «efecto rebote», es decir: muchos pacientes con problemas de salud mental tienden a descompensarse durante estas fechas y sufren crisis tras las de fin de año. «Las Navidades son una época de excesos, tanto a nivel económico como a nivel de nutrición y emocional, sean agradables o desagradables. Tenemos que ser conscientes de que son tres semanas y después empezamos un nuevo año y no podemos arrastrar los excesos de las Navidades al resto del año», señala en este sentido Anushik Harutyunyan.

En cualquier caso, si los sentimientos de tristeza y pérdida de interés o entusiasmo por las cosas que solíamos disfrutar se extienden durante más de dos semanas, podríamos estar sufriendo un trastorno depresivo que, sin estar relacionado de forma causal con la Navidad, se puede hacer más evidente por el contraste durante esta época en la que la alegría colectiva es protagonista.

Consejos para sobrellevar los sentimientos de tristeza

Ante todo, tenemos que tener claro el motivo que hace que estemos tristes. La melancolía puede ser parte de un cuadro depresivo clínico, o puede deberse a circunstancias puntuales. Comprender la causa de la tristeza nos va a guiar al decidir cómo actuar frente a ella para que podamos pasar esta época del año de la mejor manera posible.

  1. «Si hemos perdido a alguien, en Navidad esos recuerdos están mucho más presentes. Hay que darle un lugar en nuestra mesa, ya sea brindando por esa persona, hablando de ella, contando anécdotas, pero siempre en un tono positivo. No podemos olvidarnos de nuestro abuelo que ha estado en todas las Navidades y que este año no está. No podemos dejar de hablar de él, porque todo el mundo va a pensar en él y sentir esa tristeza», propone Harutyunyan.
  2. Si los sentimientos de angustia surgen por las presiones económicas de estas fechas, podemos planificar los gastos de cara al futuro para que los festejos no desborden el presupuesto familiar. «A nivel económico, podemos ajustar nuestros gastos y priorizar aquellas actividades que son agradables y aquellos regalos que sean realmente útiles y se disfruten. No hace falta que los niños elijan cuatro o cinco, hacer una actividad que vayan a disfrutar puede ser un buen regalo para toda la familia», aconseja la psicóloga. En este sentido, se recomienda hacer regalos que inviten a pasar tiempo al aire libre, realizando actividades deportivas o lúdicas, como patines, pelotas, u otros elementos. Utilizarlos también ayudará a mantener una buena salud mental, ya que el ejercicio físico es clave en este aspecto.
  3. Otra posibilidad es que el problema surja por una fricción en las relaciones con ciertos miembros de la familia. «Si nos pone nerviosos reunirnos con ciertos familiares y tenemos una personalidad más introvertida, hay que ser sinceros con nosotros mismos y priorizar aquellas reuniones que realmente nos apetezcan. Si no queremos participar de la maquinaria de la Navidad y queremos tener un mes de diciembre tranquilo, podemos avisar a las personas que nos vayan a esperar que no vamos a estar y buscarnos una actividad que podamos hacer en este tiempo y que sea complementaria con nuestros gustos. Irnos a esquiar o a un Spa, hacer cosas que no impliquen festejar las Navidades», propone Harutyunyan.
  4. Si lo que nos preocupa es la comida, porque tenemos un trastorno de la conducta alimentaria o simplemente nos cuesta relacionarnos con ella, es buena idea mantenernos alejados de la preparación de los alimentos. Desde la elección del menú hasta la cocción, todo ello podemos delegarlo en otros miembros de la familia o el grupo. También puede ser útil tener un plan de apoyo con la familia o amistades en caso de que detectemos un riesgo de atracón. Pedirle a la familia que se abstenga de hacer comentarios acerca del cuerpo de los demás y de cuánto y cómo están comiendo las personas presentes, ayudará a evitar la ansiedad.
  5. Si la tristeza no viene a cuento de nada, tampoco debemos preocuparnos o intentar taparla. No hay que olvidar que las Navidades son un período del año como cualquier otro y que, al igual que los meses anteriores, va a pasar. Sentir emociones que podamos asociar a distintos eventos relacionados con estas fechas no tiene por qué ser, en ese sentido, necesariamente malo. Hay que recordar siempre que todas las emociones son pasajeras y que, aunque nos encontremos con los ánimos caídos unos días, esto no necesariamente es un signo de alarma. «La experimentación de las emociones no es algo de lo que sea necesario huir si esas emociones no se quedan de forma crónica o no interfieren negativamente en la vida de la persona. Es apropiado darse la libertad y la oportunidad de sentir tristeza. Darse el derecho de estar triste o incluso de llorar debería ser algo por lo que nadie se sintiese culpable», sostiene Pena, y aclara que «el problema puede venir solo en los casos en que esas emociones se queden en el tiempo e interfieran negativamente en la vida de esa persona. Si es el caso, lo razonable sería acudir a un profesional de la psicología que pueda hacer una evaluación y un tratamiento de ese problema».

Apoyar a alguien que está triste en Navidad

Si sabemos que hay alguien en nuestro entorno que en estas fechas lo está pasando mal, o no le gustan, o se siente muy presionado, podemos escucharle y ofrecernos para estar con él y apoyarle en lo que necesite. «Lo que no debemos hacer es obligarle a participar de ciertas reuniones o tradiciones para las que esa persona no está preparada, sino darles su espacio y escucharle en los momentos en que lo necesite. Hay personas que tienen algún cuadro depresivo o ansioso que haga que no les apetezca participar de las fiestas. No pasa nada por no participar una noche, tenemos que ser un apoyo y saber cómo está la persona», recomienda Harutyunyan.

Así, las Navidades pueden ser una oportunidad para rescatar esos valores que queremos que realmente sean el núcleo de nuestra vida. «Podemos pararnos un ratito cada día a reflexionar sobre cuál es la escala de valores que tenemos. He visto a muchos pacientes que priorizaban quedarse unas cuantas horas más en el trabajo para llegar a objetivos y con eso conseguir o bien una felicitación de su jefe, o bien algún incentivo económico. Esas horas de más las quitaban de otros lugares: familia, ocio, amigos, tiempo para uno, y unos años más tarde se arrepentían de no haber tenido siempre presente su escala de valores», dice Pena. En este sentido, si alguien en nuestro círculo cercano está pasando por un mal momento, vale la pena hacer el esfuerzo de intentar estar más presentes, aunque procurando no agobiar a la persona, que ya de por sí se encuentra abrumada.

Cuándo acudir a un profesional

Estar tristes en un momento puntual, aun cuando se trate de una ocasión para celebrar en la que el estado de ánimo general es alegre, no es, como vemos, motivo necesario de preocupación. Pero sí debemos estar atentos, explica Harutyunyan, «cuando vemos que nosotros mismos o las personas que nos rodean están demasiado cambiadas, tienen tristeza, no tienen ganas de hacer las cosas que generalmente le gusta hacer. Si una persona el año pasado celebró las Navidades por todo lo alto y lo disfrutó mucho y este año, por el motivo que sea, decide que no va a participar de nada, hay que ver si hay un trastorno detrás».

En este sentido, cabe recordar que estos síntomas no siempre tienen que ser drásticos o extremos para que les prestemos atención. «Más de la mitad de las personas que atendemos, tanto mis colegas psicólogos como yo, son personas que no tienen un trastorno mental como los recogidos habitualmente en los libros de psicopatología, sino que un porcentaje muy amplio de pacientes tiene situaciones de conflictos de familia o pareja, o bien inseguridades personales, o dudas, dificultades en la gestión de emociones, u otros temas intra o interpersonales en los que necesitan alguna pauta, alguna ayuda, alguna orientación específica», explica Pena. Es decir, que cualquier circunstancia en la que sintamos que nos hace falta ayuda externa puede ser valorada por un psicólogo.

En cualquier caso, insiste Harutyunyan, «si estamos muy decaídos y no tenemos ganas de nada, ni siquiera de ir a tomar un café, tenemos que ver si necesitamos ayuda psicológica o psiquiátrica. Y el primer paso es hablar con las personas de nuestro entorno, a ver cómo nos ven, y pedir que nos acompañen en este proceso. Escuchándonos, viendo qué cosas necesitamos en nuestra vida y qué cosas no, y siendo coherentes con nosotros mismos, nuestras actividades, nuestra dieta, nuestro ejercicio y nuestras relaciones habituales, podemos sobrellevarlo».

Incorporar hábitos saludables puede ayudar a prevenir distintas enfermedades.

No esperes a enero: cinco cambios que puedes hacer para mejorar tu salud en lo que queda del 2022

Laura Miyara

Queda apenas un mes del 2022 y el calendario no espera. Tampoco nuestra salud. Así como se sabe que dejar de fumar disminuye, en el largo plazo, el riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer, lo mismo ocurre con otros hábitos de los que depende nuestro bienestar y nuestra calidad de vida. Por eso, este es nuestro consejo desde La Voz de la Salud: no esperes a enero para empezar. Porque nunca va a ser el momento perfecto. Porque hacer efectivamente un cambio pequeño es mejor que proponerte transformar radicalmente tu estilo de vida y no cumplirlo. Y, lo más importante, porque un pequeño cambio para mejorar tu salud es solo un primer paso. Lo que consigas va a motivarte a seguir adelante y cuidarte un poco más. Si te apetece emprender ese camino, estos son algunos puntos por donde puedes empezar.

Seguir leyendo

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.