Íñigo Miranda, el gallego que normaliza su depresión en TikTok: «Las mañanas me cuestan, no me apetece levantarme de cama y no soy capaz de salir»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

Íñigo Miranda, de 32 años, nació en A Coruña pero reside en Madrid.
Íñigo Miranda, de 32 años, nació en A Coruña pero reside en Madrid. La Voz de la Salud

En los últimos días sus vídeos contando cómo convive con este problema de salud mental se han viralizado

23 dic 2022 . Actualizado a las 17:25 h.

Más allá de bailes, trends y modas, TikTok también alberga muchas historias y, sobre todo, personas. Íñigo Miranda, un gallego de 32 años que reside en Madrid, empieza a popularizarse estos días en la red social. Sus vídeos simulando una especie de diario acumulan cientos de miles de visualizaciones y la razón no es otra, que la particularidad de su contenido: el joven cuenta su día a día conviviendo con la depresión. 

«Creé el perfil porque estoy de baja. No llevo mucho, pero no puedo trabajar porque esta depresión es como una recaída de otra. Y con el fin de sentirme útil, he abierto este perfil de TikTok para no estar en casa sin hacer nada», confiesa. Añade que en esta decisión también influye, de cierta forma, su profesión; esa que ha tenido que dejar de lado durante un tiempo. Porque Íñigo es trabajador social: «Repercute mucho, porque desde nuestro ámbito lo que hacemos es visibilizar colectivos. Intentar normalizar su situación, que se les incluya en la sociedad. En cierto modo se parece también a lo que yo hago en redes. Hablar y normalizar estos pensamientos acerca de la depresión para poder visibilizarlos». 

La primera vez que la depresión apareció en la vida de Íñigo fue cuando era mucho más joven, en la adolescencia. Pero por desgracia, no fue la única. «A raíz de ahí he tenido otra por el fallecimiento de mi abuela, otra mientras estudiaba en la universidad y la de ahora. He pasado por esto cuatro veces», cuenta. De esta forma, precisa que «lo que tengo es una depresión cronificada en el tiempo, es decir, recurrente». 

Al igual que en TikTok, Íñigo se sincera y comenta que lo peor que lleva ahora mismo, es el comienzo del día: «Las mañanas es la parte que más me cuesta, no me apetece levantarme de cama, hacer las actividades del día a día como ir a la ducha... Normalmente no soy capaz de salir a la calle». Así como van pasando las horas, Íñigo se va encontrando mejor. «Va empezando el día mal y acaba bastante bien. Es muy incapacitante porque al final tener tanto tiempo libre tampoco ayuda», lamenta. 

Lo cierto es que no es la primera vez que Íñigo se abre una cuenta en la plataforma. Hace unos meses sus vídeos también llegaron a mucha gente, pero optó por abandonar las redes. «Me había abrumado mucho y decidí cerrarla. Había muchos haters», aclara el joven. Considera que uno de los grandes problemas es que no existe filtro por parte de la plataforma a la hora de realizar comentarios de odio hacia otros usuarios.

Ante la pregunta de qué es lo que ha cambiado de aquella vez a ahora, recalca: «Mi estado es diferente. En la época que yo tenía la otra cuenta estaba bastante mal. En el pico más alto de mi depresión, lo peor de lo peor. No estaba para nada al cien por cien como para tener una cuenta, reconozco que fue demasiado». Además, asegura que los comentarios ofensivos han disminuido y su capacidad para gestionarlos, es mucho mejor. Con todo, recalca el lado bueno de las redes sociales. Está encontrando muchos apoyos y se siente muy agradecido: «La amplia mayoría me escribe comentarios para darme ánimos o las gracias, porque incluso se sienten identificados». 

«Siempre nos han enseñado que llorar es malo, que los hombres no lloran»

Íñigo es consciente de que su perfil no es habitual en Tik Tok. «Siempre nos han enseñado que llorar es malo, que los hombres no lloran. Partiendo de esa base, si al final un hombre cuenta cómo se siente siempre se le tiende a decir: "No es lo suficientemente fuerte, es débil". Es así. Es lo que está pasando. Yo la verdad como siempre me ha sido fácil expresar mis sentimientos, quizás me cueste menos hablar de ellos, exteriorizar», opina. 

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En este vídeo incrustado de su perfil, el joven expone lo que considera un tema tabú con el único fin de que la gente se conciencie de que si también los tiene como él, pida ayuda. «No todo el mundo es capaz de decir que está sufriendo esos pensamientos y ese es el mayor error. Precisamente si tú los ocultas, los estás alimentando y van a más», reflexiona. Con mucha entereza, Íñigo explica que «yo lo que hago cuando los tengo es pedir ayuda. Parece fácil decirlo, pero entiendo que es algo difícil para muchas personas. Yo me repito: "Estos sentimientos se pueden frenar pidiendo ayuda, siempre". Y tener autoconocimiento es muy importante, trabajarlo». 

Otro papel fundamental en todo este proceso es el de su entorno, que «no me puedo imaginar cómo puede sentirse al ver a otra persona, a un ser querido, con depresión. Seguro que lo están pasando muy mal. Pero es verdad que la incomprensión siempre está. Además que lo ha compartido más gente conmigo. A pesar de que intentan ser lo más empáticos posibles, les cuesta. No vivirlo, no estar sintiéndolo, les limita mucho a la hora de saber cómo se siente una persona». 

Cuando se le pregunta cuál es su objetivo, dice que aunque pueda resultar muy difícil, quiere aportar su granito de arena: «Intento que se le empiece a da más importancia a la salud mental en España. Sobre todo teniendo en cuenta que no tenemos un plan de suicidio estatal y que la cifra de psiquiatras o psicólogos por cada 100.000 habitantes es ridícula. Esto tiene que mejorar y ese es mi objetivo. A base de visibilizar la situación, que se le vaya dando más importancia a la salud mental. Es lo que pretendo y aunque parezca una utopía, lo tengo más interiorizado». 

Íñigo se considera afortunado porque hasta ahora ha podido permitirse poder pagar un psiquiatra privado, porque a diario recibe mensajes de muchas personas que esperan dos, cuatro o incluso seis meses para poder ver a un profesional de la salud mental a través de la Seguridad Social. De hecho, pretende acceder a terapia psicológica a través de la vía pública «ya que pagar un psiquiatra y un psicólogo ya no me lo puedo permitir», y confiesa que está siendo una odisea. «Parece que solo se puede curar la gente que tiene facilidades económicas y los que no, están totalmente abandonados. La realidad de la salud mental en España, hoy en día, es esa. Es triste, pero es así».

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Cinthya Martínez

Cuando un ser querido sufre depresión, se le suelen decir frases como «no tienes motivos para estar así», «pero si todo te va bien», «lo que tienes que hacer es salir más», «debes conocer gente», «podría ser peor», «ya se te pasará». Se hace de manera inconsciente, y seguramente, con la mejor de las intenciones. Pero son un error y no ayudan a la persona que lo está pasando mal. Cuando alguien está sufriendo esta enfermedad, no solo está triste o abatido, ni padece un bajón puntual en el estado de ánimo. El síndrome depresivo implica unas complicaciones psicológicas más complejas, y no debe trivializarse ni culpabilizar a quien la esté sufriendo. Comprender lo que le está pasando a esa persona ayudará a que esta se sienta apoyada en su proceso de recuperación.

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Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.