Breixo Santa, con síndrome de Asperger: «La gente lo relaciona con ser un genio, cuando no es así»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

Breixo Santa tiene síndrome de Asperger.
Breixo Santa tiene síndrome de Asperger. CLAUDIA DOCABO

El coruñés cuenta cómo fue el cambio al pasar de vivir en Estados Unidos a España

08 ago 2022 . Actualizado a las 12:20 h.

Los datos sobre el síndrome de Asperger, y en concreto, el número de personas que lo tienen, todavía son difusos. Tan amplio es el espectro, como las características que pueden definirlo, de ahí, que no son pocos los que tardan en ser diagnosticados. Algo que todavía se vuelve más complicado en mujeres, lo que dificulta hablar claramente de números, tanto que se dice que muchas, y muchos, pueden vivir sin poner un nombre a esta condición. 

La historia que viene a continuación da forma a este trastorno neurológico, pero, como casi siempre, cada caso es diferente. El diagnóstico de Asperger de Breixo Santa llegó después de otras condiciones. Vivía en Estados Unidos, y recuerda «a la perfección» como se lo dijeron. Todavía era pequeño, aunque entre un síndrome y otro pasaron años: «Estuve en el colegio sin diagnóstico, hasta que me cambiaron a uno en el que tenían un sistema de ayuda para niños con necesidades específicas», recuerda. Primero, y a los seis años, llegó el Tourette. Después, con 7 y en pleno curso académico, autismo. «En la escuela nos prestaban ayuda, porque los psicólogos también eran profesores. Nos acompañaban», señala. Una rutina que no solo apoyaba a personas con este tipo de síndromes, «sino a todos los alumnos en general». 

Con ocho velas en la tarta de cumpleaños, «una profesional del colegio profundizó en mi caso e hizo una evaluación más exhaustiva. Fue ahí cuando me diagnosticaron Asperger», precisa. En su caso, los rasgos propios de este síndrome eran variados: «Dificultades al hablar, problemas de interacción, espasmos esporádicos, aleteos, o una manera concreta de comunicarse», describe. 

Diagnóstico en mano, su vida siguió el transcurso que había comenzado dos años atrás. Clases con apoyo específico, y pasando de curso en curso. A los once, su situación personal cambió radicalmente. Precisamente, ocurrió cuando el sistema educativo estadounidense obliga, en esta franja de edad, a pasar de una educación a otra. Es decir, de elementary (primaria) a middle school (la primera etapa del instituto). Sus padres se divorciaron, y Breixo decidió mudarse con su madre a España. «Como llegué a mediados de curso, me hicieron repetir sexto de primaria. Estuve en un colegio de A Coruña durante un año y lo pasé bastante mal. Tuve muchas dificultades porque no había ningún tipo de ayuda», explica. 

Era Breixo frente al resto de su clase. «Recibía mucha discriminación, mucho acoso por parte de los alumnos, porque no tenía ni idea de cómo era la jerga en España, ni cómo tratar con la gente de aquí», indica. Un cambio que si para un cerebro neurotípico es difícil, para una persona con necesidades especiales se acerca a un reto. «En un principio, tampoco me dejaban hacer los exámenes», recuerda el joven coruñés.

CLAUDIA DOCABO

Momento para el cambio de etapa en el sistema de educación español. «Pasé a la ESO, y al estar en un entorno nuevo, me volví a distanciar de la gente por las malas experiencias que había tenido hasta ese momento. Tenía miedo, me apartaba y eso ya causó una mala impresión en el resto», señala. 

Algo en lo que asume parte de responsabilidad: «He de decir que ellos intentaron integrarme, y eso me ayudó. Lo que pasaba es que no sabía cómo hacerlo, por lo que acabó saliendo mal. Empeoró». En segundo empezó a acudir a Asperga, «la cual todavía estaba en sus años jóvenes». La terapia en consulta se enfocó, sobre todo, en la mejora de concentración y en la integración social de Breixo. 

Tanto, que a partir de ese momento, la situación mejoró. Eso sí, a pasos pequeños. Por ejemplo, tercero fue la etapa en la que más cómodo se sintió, aún con dificultades de relación. 

«No logré aprobar cuarto, por lo que empecé a estudiar lo que más me gustaba con un FP básico de informática», continúa. Más cambios. Disfrutaba las asignaturas, y llevaba mejor el contacto con la gente. Durante los dos años que duró la formación, Breixo continuó aprendiendo la jerga española, las bromas, la forma de relacionarse, lo que facilitó su integración. 

«Tuve un altercado con una profesora que no tenía ni idea de lo que era el Asperger. Le decía a mis compañeros que yo tenía una enfermedad, y que se alejasen de mí porque no era de fiar»

Tanto, que le cogió el gusto y se inscribió en otra FP. En esta ocasión de programación. De nuevo, obstáculos: «Tuve un altercado con una profesora que no tenía ni idea de lo que era el Asperger. Le decía a mis compañeros que yo tenía una enfermedad, y que se alejasen de mí porque no era de fiar», recuerda. Algo injusto, para él, que solo pudo solucionar abandonando: «El centro defendía a la docente pese a que yo tenía a alumnos de mi parte», precisa.

Desde los ojos del presente, Breixo no tiene duda de que su mayor limitante lo encontró en la vida académica. De hecho, en el apartado laboral, ha pasado por diferentes compañías: desde Microsoft a Inditex. «La terapia ayuda mucho. He mejorado con ella», sostiene. 

En el contexto de su situación, él tuvo relativamente suerte, porque el diagnóstico fue precoz. «Hay personas en Asperga que lo descubren con 60 o 70 años. Tienen curiosidad, deciden probar y resulta que sí tienen Asperger», cuenta. Un período complicado, «porque ves que eres diferente al resto, pero sin una razón». 

Estereotipos o no, Santa reconoce que «existen comportamientos en la ficción, como ocurre con el personaje de The Big Bang Theory, que sí pueden reflejarse en la realidad», comenta, y añade: «pero hay que entender que es muy variado, y no siempre se tienen que ajustar». ¿Un ejemplo? La altas capacidades: «Yo no soy más inteligente que los demás. La gente suele relacionar Asperger con ser un genio, cuando no es así», concluye. 

En la actualidad, Breixo está diagnosticado de Tourette, Asperger, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), y trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

Greta Thunberg en el festival de Glastonbury.

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Lucía Cancela

Greta Thunberg, la activista medioambiental sueca de 19 años, explicó el síndrome de Asperger en un tuit: «Tengo Asperger. Eso significa que a veces soy un poco diferente de la norma. Pero ser diferente es un superpoder». Lo sentenciaba en una frase con menos de 280 caracteres. Un año y medio después se extendía un poco más para describir un síndrome que no es «una enfermedad ni un limitante», sino una causa de orgullo: «En un mundo en el que todos tienden a actuar, pensar y a parecer lo mismo, ser diferente es algo de lo que enorgullecerse», celebraba en sus redes sociales. 

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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre una de mis pasiones, la nutrición.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre una de mis pasiones, la nutrición.