¿Te da miedo subirte al avión? Estos cinco consejos te ayudarán a superarlo

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

La aerofobia es el miedo a volar en avión que afecta a muchas personas.
La aerofobia es el miedo a volar en avión que afecta a muchas personas. La Voz de la Salud | iStock

El temor a volar afecta a casi dos de cada tres personas, llegando a provocar ataques de ansiedad o de pánico

15 jul 2022 . Actualizado a las 11:12 h.

Viajar en avión es, estadísticamente, una de las formas más seguras que existen para trasladarse. El riesgo de sufrir un accidente aéreo es del orden de una probabilidad entre 2,4 millones. Si nos guiamos por estas cifras, evidentemente, no tendríamos nada que temer en el momento de coger un vuelo que, además, nos llevará al destino que hayamos elegido para pasar nuestras vacaciones. Sin embargo, el cerebro humano no funciona de manera tan lineal. De hecho, según algunas estimaciones, el miedo a volar podría afectar a hasta dos de cada tres viajeros. Y, en muchos casos, no se trata de un simple miedo, sino que el problema alcanza dimensiones patológicas y se convierte en una fobia.

La aerofobia es un trastorno de ansiedad que implica sentir un miedo irracional e intenso a viajar en avión. Afecta con frecuencia a aquellos que viajan mucho por trabajo, ya que son personas sometidas a un estrés más constante que otros y, para muchos de ellos, el volar se convierte en un gran ansiógeno. Pero, incluso aunque tu miedo no llegue a ser catalogado como una fobia, es probable que sientas al menos cierta inquietud en el momento del embarque o, sobre todo, en el despegue.

¿Por qué nos da miedo volar en avión?

«Hay que entender que volar o viajar ya es un estrés. Entonces, el cuerpo ya va a estar en situación de alarma y se va a preparar como si hubiera un peligro. Puede que la mente interprete que estás en peligro, porque tu cuerpo tiene que madrugar más, tienes que estar pendiente de todo lo que tienes que llevar, de que no te roben, de llegar a tiempo. Entonces, en sí, el viajar, el coger un billete o un avión, es estrés. Así que es normal que la mente se pregunte: ¿Dónde está el peligro?, ¿por qué el cuerpo va tan acelerado?», explica la psicóloga Carmen González, portavoz del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia.

En este sentido, debemos entender que el cuerpo se está preparando para un peligro porque, justamente, las señales que recibe del exterior indican que no estamos a salvo. «Podemos considerar que volar en avión es una situación nueva que, normalmente, no sabemos tampoco muy bien cómo funciona: por qué vuelan los aviones, cuál es el proceso. También, muchas veces nos encontramos con sensaciones incómodas que están asociadas a subirse a un avión: se taponan los oídos, el ruido de la cabina, tensión en el despegue y el aterrizaje, y todo eso puede provocar un estrés que aumenta el miedo», señala la psicóloga Gloria Bellido, secretaria de la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes (Anpir).

Estos temores, cuando están dentro de los niveles que podríamos considerar normales, no se consideran patológicos. «Cuando empieza a levantarse el avión es como que el estómago se comprime y es una sensación que normalmente no tenemos y que el cuerpo está preparado para, si pasa eso, aferrarse a algo o escapar. Porque por naturaleza, si sientes eso, es porque estás cayéndote de un sitio muy alto. Entonces, el cuerpo está preparado para que nos dé miedo esa sensación. Tener miedo al volar realmente es normal en ese sentido. Lo que no es normal es dejar de volar por el miedo o enfadarnos con otros o, incluso, beber para afrontarlo», insiste González.

Pero el hecho de que este temor sea normal no quiere decir que no pueda ser sumamente disruptivo. «Los síntomas del miedo pueden ser diferentes. Cuando hablamos del miedo, o su versión patológica, que es la ansiedad, normalmente hablamos de síntomas físicos, que son, por ejemplo, que aumenta la frecuencia cardíaca, que cuesta respirar, que la respiración se hace más rápida, sudores, temblores, calor en el cuerpo, algunas personas pueden sentir que se desmayan. Y luego, están los síntomas mentales, que tienen que ver con pensamientos que tenemos con respecto a este temor. Pienso que me voy a morir, que voy a tener un accidente, que no voy a volver a ver a mis seres queridos. Esos síntomas de la ansiedad pueden ser más difusos y constantes, o se pueden producir en picos. Es entonces cuando hablamos de ataques de pánico o ansiedad», detalla Bellido.

Aerofobia

Cuando el miedo es tan intenso y paralizante que nos impide efectivamente planificar viajes en avión o realizar vuelos, hablamos de aerofobia. «En general, todo esto entra dentro de lo que llamamos fobias. Las fobias son un trastorno que supone sentir ansiedad ante un estímulo concreto. Hay un estímulo que nos desencadena la reacción de ansiedad. Y para que sea una fobia, esta ansiedad tiene que ser tan intensa que la persona no la puede controlar y le provoca una alteración en su comportamiento cotidiano. Por ejemplo, tengo tanto miedo de volar, que dejo de coger aviones aunque me encante viajar. Y es un miedo irracional. Le tengo miedo a algo que, en principio, no es peligroso. Si decimos que una persona, por ejemplo, se encuentra con un animal salvaje y eso le asusta, no hablaríamos de una fobia, porque eso, en principio, puede ser peligroso. Sin embargo, la fobia a volar es un miedo a algo que no es peligroso», aclara Bellido.

Si este es nuestro caso, la sugerencia es siempre buscar ayuda profesional, ya que evitar el tema solo hará que sea más y más difícil enfrentar ese temor, y los síntomas podrían ir a más. ¿Cómo se trabaja sobre la aerofobia en la consulta psicológica? «Ante cualquier fobia, el tratamiento recomendado, que es un tratamiento psicológico más que probado, que tiene mucha evidencia científica, es la exposición. Exponernos de forma gradual a eso que nos da miedo para que nuestro cuerpo se vaya acostumbrando y nuestra mente vea que esa situación realmente no es peligrosa», explica Bellido.

«Cosas que nos pueden ayudar a exponernos a esta situación son datos que nos den tranquilidad. Por ejemplo, en la fobia a volar, parte del tratamiento que se incluye es información acerca de cómo vuelan los aviones, para que la persona sepa cómo funciona, cómo es el proceso. Muchas veces se lleva a la persona a visitar la cabina de un avión para que los pilotos puedan explicarle todo. Le explican qué pasa cuando hay turbulencias, qué pasa cuando aterrizamos o despegamos; todo lo que sea tener información, ayuda. También se da información de cuál es la tasa de mortalidad de subirse a un avión frente, por ejemplo, a los accidentes de coche. Pensamos que un avión es peligroso y, sin embargo, sabemos que muere mucha más gente en accidentes de coche que en accidentes de avión», asegura la secretaria de Anpir.

Consejos para afrontar el miedo a volar en avión

Para aquellas personas que sienten miedo al subir al avión, pero no tienen una verdadera fobia, puede no ser necesaria una terapia de exposición. Algunas pautas como realizar técnicas de relajación o meditaciones pueden ayudarnos, en este sentido, a viajar de una manera más tranquila y evitando caer en el consumo de medicamentos o bebidas alcohólicas para lograr coger el vuelo. Se trata, fundamentalmente, de hacer «cosas que ayuden al cuerpo a no andar tan acelerado», propone González. Estas serían algunas claves:

  1. Canta. «Canta canciones ya en cuanto salgas de casa, canciones que te lleven a la tranquilidad. Esto es útil para poner la atención en otro sitio que no sean los ojos cuando estás en una situación en la que ves a todo el mundo acelerado. Es muy difícil que el área del humor esté encendida a la vez que el área del miedo en el cerebro. Entonces, apagar el área del miedo, en una situación que te acelera el cuerpo porque tienes que estar pendiente de muchas cosas, es difícil. Porque el cerebro dice: "No, no me apagues, que te estoy protegiendo". Entonces, lo que hay que hacer es encender el área del humor, cantar canciones, hablar de cosas agradables, llevar juegos y jugar con ellos, estar entretenidos», explica González.
  2. Medita antes de volar. «Son cosas que nos ayudan a bajar el nivel de activación. Todo lo que son técnicas de relajación muscular progresiva, de respiración, todo lo que nos ayude a estar más tranquilos de manera general, nos va a ayudar también a exponernos a la situación que nos da temor», dice Bellido.
  3. Dialoga con tu miedo sin juzgarlo. «Saber que es normal tener miedo o estar ansioso ayuda, en el sentido de que así podemos cuidar mejor del cuerpo. Él está reaccionando bien, me está cuidando, entonces yo puedo decirle con mi mente: "Vale, ya sé que me estás cuidando, pero aquí no hay peligro. Ahora yo tengo el control". Es hablar con mi instinto, darle la razón a mi instinto. Porque el "Estate tranquilo" no vale cuando te está diciendo "Cuidado, peligro". Pero si tú le dices al instinto: "Es solo mientras sube el avión, serán diez minutos y ya acaba", esos diez minutos los puedes soportar», señala González.
  4. Infórmate. «Saber cómo funciona el avión, cómo es ese proceso, qué pasa cuando hay turbulencia, cuando aterrizamos o despegamos, todo lo que sea tener información ayuda», aconseja Bellido.
  5. Si viajas con alguien a quien quieres, dale la mano. «Porque, cuando se enciende el área del amor y la amabilidad en el cerebro, no se enciende la del miedo, la de la rabia. Todas las cosas que sean contrarias al miedo sirven. Y lo contrario al miedo es la confianza, el amor, el humor. No tanto el coraje en una situación así», apunta González.

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Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.