El grito desesperado de una madre: «Tengo miedo de que mi hija se suicide, necesito ayuda»

Uxía Rodríguez Diez
UXÍA RODRÍGUEZ LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

Viorica con su hija Irene, que ahora tiene 13 años
Viorica con su hija Irene, que ahora tiene 13 años

Irene, que acaba de cumplir 13 años, estuvo ingresada en la Unidad de Hospitalización de Salud Mental Infanto-juvenil del Hospital de Santiago durante un mes. Tiene un Trastorno Obsesivo Compulsivo grave

06 jul 2022 . Actualizado a las 00:26 h.

Viorica está desesperada. No sabe qué más hacer, qué más puertas tocar. Este domingo por la noche tras romperse una vez más decidió escribir un correo electrónico a La Voz de la Salud: «Mi nombre es Viorica, madre de una niña de 13 años que sufre un TOC muy agresivo. Lleva dos meses durmiendo en el sofá, con las persianas bajadas. No puedo más, por favor, necesito alzar la voz sobre el caso de Irene, que alguien me ayude». 

Al otro lado del teléfono la voz de Viorica se quiebra varias veces a lo largo de la conversación. Nos cuenta la historia de Irene, «una niña completamente feliz» a la que la pandemia cambió por completo. «El confinamiento le afectó muchísimo, ahora tiene 13 años recién cumplidos. Ella tuvo mucho miedo, ni siquiera sacaba la cabeza por la ventana. Cuando volvió al colegio se apartó de los otros niños, su profesora me llamó para decírmelo, que en el patio se aislaba, cuando antes tenía muchos amigos y era muy sociable. Entonces los médicos me dijeron que serían cosas de la edad, que no me preocupara porque iba bien académicamente. Por eso, no lo tuvimos muy en cuenta», comienza explicando. Todo empeoró con el cambio al instituto y el comienzo del primer curso de la ESO. A mediados del primer trimestre comenzó a no querer ir a clase, decía que le dolía la cabeza o la barriga, no quería subirse al autobús. «Empezó a pasar mucho tiempo en su habitación, limpiaba mucho el pomo de la puerta, no podíamos entrar en su cuarto ni tocarla a ella. Ahora mismo lleva casi dos meses durmiendo en el sofá, encerrada y con las ventanas bajadas. Me amenaza con que si tiene que tomar la medicación se suicida».

Viorica resume su año de lucha. Una lucha que se remonta al pasado noviembre, cuando Irene también comenzó a tener ataques de ira, «hasta tener que llamar al 112. La llevábamos al Hospital Arquitecto Marcide (Ferrol), en Pediatría intentaban calmarla y hablar con ella. Pero después nada, así estuvimos hasta enero. Irene ya no salía de su habitación, dormía mucho, estaba muy descuidada, no me dejaba ni hablarle, en algún momento hasta me agredió», recuerda. «Logré llevarla a la consulta del psiquiatra en el Hospital Naval, él consiguió hablar con ella pero no hubo manera, no aceptaba ni ingreso ni medicación. Irene se marchó gritando de allí. El psiquiatra me quería ayudar y me avisó de que si volvía al hospital, la dejarían ingresada. Mi hija estaba muy mal».

Solo unos días después ocurrió. «Fue una noche horrible. Estuvo dos semanas ingresada en el hospital Arquitecto Marcide de Ferrol, en Pediatría, con medicación. Esperando a que nos mandaran a la Unidad de Hospitalización de Salud Mental Infanto-juvenil del Hospital de Santiago. El día 2 de febrero se la llevaron allí en una ambulancia. Fue horrible, porque ahí como madre no puedes hacer nada, ella se tenía que quedar sola. Hay muy pocas plazas y siempre están a tope porque a veces están mucho tiempo ingresados», recuerda Viorica.

Es una Unidad hospitalaria destinada a niños y adolescentes de hasta 16 años de edad con dificultades o problemas psíquicos. Esta Unidad puede acoger a siete pacientes.

Viorica solo tiene buenas palabras para esa Unidad. «La verdad es que la atendieron muy bien, le tengo que dar las gracias al doctor Mazaira. Él se ganó a Irene, ella le tenía mucho afecto. Fue mejorando poco a poco. Durante su ingreso, la primera semana solo puedes hacer una llamada de 15 minutos al día. Después puedes visitarla en el horario establecido. Cuando la vi la primera vez, estaba llena de heridas porque se había arañado toda la cara. Fue horrible verla así. La medicación le fue ayudando y cada día mejoraba. Iba a terapia de grupo e individual. Ahí me dieron el diagnóstico, tenía Trastorno Obsesivo Compulsivo y Síndrome de Asperger. Salió el 28 de febrero. El doctor la vio dos veces más porque ella lo pedía», dice esta madre desesperada.

Teléfono de atención a la conducta suicida: 024

«Después, en Ferrol, ella tenía que recibir terapia cognitiva, pero me dijeron que solo había una psicóloga y una psiquiatra, que están desbordadas. Por eso, solo la vio la psicóloga una vez al mes durante 15 minutos. La vio el 25 de marzo, el 25 de abril, en mayo mi hija tuvo que volver a ingresar en el hospital de Ferrol en Pediatría. Allí estuvo una semana de nuevo. Le dieron en alta con la indicación de que acudiera todas las mañanas a las 8.15 al Hospital Naval para tomar su medicación delante de ellos, pero es que no hay forma de que vaya. Ella cree realmente que la medicación le contamina el cuerpo. Y me amenaza con suicidarse», explica Viorica que dice que también logró llevarla a la consulta privada de un psicólogo, «pero no hay forma de que aguante ni siquiera una sesión. Estoy desesperada, he llamado a todas las puertas. La única solución que veo es que la ingresen de nuevo. Cuanto más la dejan es peor. Sus rituales van a peor. Se lava todo el rato, en el baño siempre hay quince toallas que no paro de volver a lavar y secar para que ella las tenga, pero no para», Viorica no puede aguantar las lágrimas, realmente no sabe qué más hacer.

Desde el Sergas no pueden dar ninguna información debido a la Ley de Protección de datos, pero aseguran que a todos los pacientes se les hace un seguimiento tras el alta en base a criterios clínicos.

Los problemas de salud mental siguen suponiendo todo un estigma. «Hasta para las madres del colegio, a una le pedí que su hijo viniera a ver a Irene, pero no quiso. Tenía muchísimos amigos, pero a los problemas de salud mental todo el mundo es reacio y todos se han apartado».

Viorica lanza su mensaje: «Pido ayuda desesperada al sistema sanitario. Lleva casi un año de un lado a otro. Lo único que pido es que alguien me ayude. El médico de cabecera vino muchas veces y también fuimos muchas veces, pero dice que tiene que ayudarnos Salud Mental, él no puede. Entiendo que hay muchos casos, pero Irene está mal. Solo es una niña de trece años, por favor. Aún están a tiempo de poder ayudarla y ella pueda mejorar».

 El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) es una condición de la salud mental. Las personas que lo padecen experimentan pensamientos involuntarios, irracionales y repetitivos, llamados obsesiones. Estas generan ansiedad, angustia y miedo en el paciente, quien se ve obligado a realizar acciones compulsivas (compulsiones o rituales), en su intento por neutralizar las sensaciones desagradables asociadas a las obsesiones.  Según la guía de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), el TOC es una enfermedad neuropsiquiátrica que se acompaña de un importante deterioro en la funcionalidad y en la calidad de vida del paciente. Se estima que en España afecta al 3 % de la población. Te lo contamos todo sobre el TOC en este enlace.

 El Trastorno Obsesivo Compulsivo es uno de los trastornos de ansiedad más comunes en nuestra sociedad. La Organización Mundial de la Salud lo incluye entre las 20 primeras enfermedades discapacitantes

Mi vida con TOC o cómo ser esclava del número tres

TESTIMONIO ANÓNIMO

En este relato no voy a usar mi nombre real. Y no se trata de una cuestión de vergüenza. A mí no me da vergüenza tener TOC y menos decirlo. Lo que sucede es que, desde hace unos años, ya no digo que tengo Trastorno Obsesivo Compulsivo a la ligera, y menos en mi ambiente laboral. He dejado de contarlo después de una escena que viví hace tiempo.

Para mí el TOC forma parte de mi vida. Y sí, soy una de esas afortunadas que puede decir que este trastorno condiciona mi día a día en parcelas muy concretas. Si dejé de contarlo, de pronunciar ante cualquier de situación cotidiana ese «ah, es que yo tengo TOC», fue porque me sentí juzgada cuando lo dije delante del que era mi jefe. A pesar de que a ambos nos separaba un abismo laboral en cuanto a cargo y experiencia, manejábamos un alto nivel de confianza. ¿Qué sucedió? Pues que no lo entendió. No entendió qué le estaba diciendo y me juzgó. Su comportamiento me lo confirmó. Que le hubiese dicho con normalidad y a la cara que tenía Trastorno Obsesivo Compulsivo hizo que cambiase su opinión sobre mí. Modificó las tareas que me asignaba e incluso empezó a usarlo como una excusa cuando cometía algún fallo que podría haber protagonizado cualquier otro miembro del equipo. En definitiva, me retiró su confianza porque algo raro me pasaba.

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Uxía Rodríguez Diez
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A Rúa, Ourense (1986). Coordinadora de La Voz de la Salud con una misión, que todos nos cuidemos más y mejor. La pandemia de covid-19 no solo la viví, también la conté en La Voz de Galicia. Mucho antes de todo esto trabajé en Vtelevisión durante casi una década como redactora, reportera y presentadora. Allí dirigí y presenté el programa Sana sana, sobre sanidad, bienestar y nutrición.

A Rúa, Ourense (1986). Coordinadora de La Voz de la Salud con una misión, que todos nos cuidemos más y mejor. La pandemia de covid-19 no solo la viví, también la conté en La Voz de Galicia. Mucho antes de todo esto trabajé en Vtelevisión durante casi una década como redactora, reportera y presentadora. Allí dirigí y presenté el programa Sana sana, sobre sanidad, bienestar y nutrición.