Cuando la consulta es con un filósofo: «Cada vez que evito el miedo o el dolor, este me está esperando a la vuelta de la esquina, pero con intereses»
ESTILO DE VIDA
Aunque el asesoramiento filosófico carece del estatus de terapia, se basa en la evidencia de la filosofía práctica para fomentar la introspección y la comprensión
10 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Decía Cicerón que la filosofía era la verdadera «medicina del alma», considerándola una disciplina esencial para curar enfermedades emocionales y mentales. «Ha llovido mucho desde entonces y, afortunadamente, se han purificado las disciplinas, pero parece que sigue siendo necesario un abordaje filosófico de ciertas cuestiones que nos interpelan y nos causan sufrimiento en nuestra vida». Son palabras de Omar Linares, doctor en Filosofía por la Universidad de Granada. Aunque pueda resultar chocante, él también presta consulta. «Es necesario por la complejidad del pensamiento y de la experiencia humana, porque somos demasiado complejos y la realidad humana ya es bastante difícil de entender como para exigirle a una única disciplina como la medicina, psicología o psiquiatría, que se convierta en una disciplina integral capaz de abordarlo todo». Dice que «pese a la excelencia de las tres que acaba de mencionar», sigue habiendo ámbitos que requieren otras disciplinas.
El asesoramiento filosófico se basa en la filosofía práctica para fomentar la introspección y la comprensión, pero no es una terapia. Linares lo define como un modelo de acompañamiento que busca profundizar en procesos de autoconocimiento. «Es decir, cuando una persona considera que está pasándolo mal frente a ciertos retos de la vida, pero entiende que hay una limitación propia en la que, si su forma de comprender lo que está ocurriendo pudiese ''acoger'' lo que sucede, podría no solo dejar de seguir tropezando con esa limitación, sino superarla». Acaba de publicar La consulta del filósofo. Manual de instrucciones para crisis existenciales (Temas de hoy, 2026).
Platón, Sócrates, Nietzsche o Camus. Aludir a los orígenes a la hora de hablar de filosofía parece inevitable y el propio Linares también lo cree. «Tiene una atracción gravitatoria enorme porque son cientos de años de filosofía considerada a sí misma como un arte de vida». Uno puede pensar qué tiene que ver el mundo de las ideas con el sufrimiento que podemos sentir a diario. «Pero es que justo en la esquinita de Atenas había otras escuelas diferentes que consideraban que lo importante no era si existe Dios o no, sino que el auténtico problema filosófico era cómo debíamos vivir».
Crisis existenciales
El propio título del libro las menciona y Linares también alude a ellas en varias ocasiones durante la entrevista. «Suena muy catastrófico», dice. Sí. «Pero en realidad para mí son el puente entre la cosmovisión anterior y la nueva, entre la forma que teníamos de comprender la vida antes, que claramente se nos ha quedado pequeña, y la forma venidera, que está por llegar aún. Lo que pasa es que como tendemos a patologizar estos estados y pensamos que toda tristeza y miedo es algo que debe ser aniquilado porque no nos trae nada, no hacemos las preguntas adecuadas y nos quedamos anclados en algo que tendría que ser temporal».
Si después de lo expuesto se considera que estamos entrando o atravesamos una de esas «crisis existenciales», ¿cómo podría ayudarme la filosofía? «Te podría dar las preguntas necesarias y las herramientas para sostenerlas, porque en mi opinión, no se trata tanto de dar respuesta a preguntas, sino de tener la valentía de formularlas y ser capaz de sostenerlas, porque cuando no damos respuestas rápidas, empezamos un diálogo».
Acercarse a incomodidades. «Poder frente a qué estoy reaccionando, qué estoy rechazando, a qué me resisto, qué está impactando. Ese posible malestar hablará de una madurez filosófica y existencial en el que si tú te estás sintiendo incómodo en ese sentido, significa que estás preparado para cuestionar eso, porque si no fuese así, eso no saldría».
La evitación
«Evitamos con demasiada premura sufrir. Hemos negado la semántica al sufrimiento emocional y vital. Hemos decidido que no tiene ningún significado, que es algo que merece ser aniquilado», dice Linares, que compara este dolor que no es físico con el que sí lo es. «Si me duele la rodilla, soy consciente de que me está alertando de algo. Vigilo mi caminar, le doy reposo a la pierna, e incluso visito un fisioterapeuta». Se sabe que el cuerpo está mandando un mensaje y hay que estar alerta. Pero según sus palabras, no sucede lo mismo con el dolor emocional. «No tenemos ningún miedo en tomar ansiolíticos para silenciar nuestro dolor emocional. Nuestro país es el primero del mundo en consumo de este tipo de fármacos. Es terrorífico».
«Es el momento de que dejemos de evitar el dolor emocional, solo así podremos apropiarnos de ese mensaje. Pero en la medida que seguimos haciéndolo, perdemos ese entrenamiento, ese músculo vital que nos permite enfrentar. Cada vez nos vemos más incapacitados y por lo tanto, el camino del fortalecimiento resulta mucho más difícil. Cada vez que evito el miedo o el dolor, este me está esperando a la vuelta de la esquina, pero con intereses», finaliza.