Paloma Álvarez de Toledo, neuropsicóloga: «El alzhéimer no empieza cuando aparecen los problemas de memoria»
ENFERMEDADES
La especialista del Instituto Andaluz de Salud Cerebral cuenta los avances que aporta la estimulación transcraneal por impulsos a esta patología
26 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Buenas noticias para el alzhéimer. Un estudio realizado desde el Instituto Andaluz de Salud Cerebral, con una veintena de pacientes tratados con estimulación transcraneal por impulsos, ha encontrado una mejoría significativa del rendimiento cognitivo global, con un tamaño del efecto moderado-alto.
La neuropsicóloga Paloma Álvarez de Toledo, experta de la institución andaluza, ha presentado los resultados en las IV Jornadas de Actualizaciones en Neuromodulación, organizadas por la Sociedad Española de Psiquiatría Clínica (SEPC), que reúnen estos días a más de 300 asistentes en Sevilla. «El resultado que más nos llamó la atención fue que encontramos una mejoría significativa del rendimiento cognitivo global, con un tamaño del efecto moderado-alto, y que aproximadamente el 83 % de los pacientes mostró un cambio cognitivo positivo en relación a la valoración previa», destacó.
—Enfermedad de Alzheimer y estimulación transcraneal por impulsos. ¿Cómo está siendo el trabajo que une esta patología con esta técnica?
—En la actualidad se está trabajando principalmente con pacientes en fases leve o moderada. El sistema Neurolith dispone de marcado CE para su uso en pacientes con síntomas de alzhéimr leve o moderado. Esto permite su utilización como producto sanitario en Europa, pero no implica que su eficacia clínica se haya demostrado todavía de forma robusta. Se hace en tandas agudas, en la que se aplica una primera parte más intensiva, en este caso hacemos tres sesiones a la semana durante dos semanas, para después pasar a sesiones de mantenimiento, normalmente una al mes. De esta forma, los estudios que hay dicen que pueden ayudar al mantenimiento de los beneficios observados.
—¿Cuál es el mecanismo que se emplea?
—Utilizamos un cabezal que aplica pulsos acústicos ultracortos llamados ondas de choque. El estímulo mecánico puede activar mecanismos de mecanotransducción, incluidos canales mecanosensibles y vías de señalización intracelular relacionadas con el calcio y la plasticidad neuronal. Estas vías podrían favorecer cambios en la actividad y la conectividad neuronal. Estudios preclínicos en modelos animales también han descrito efectos sobre vías vasculares, como el VEGF y el óxido nítrico, y sobre factores neurotróficos como el BDNF. Son mecanismos propuestos que aún no se han demostrado directamente en pacientes con alzhéimer tratados con esta técnica, aunque estos hallazgos sustentan la hipótesis de que podría favorecer procesos relacionados con la neuroplasticidad y la supervivencia neuronal en esta enfermedad para promover una progresión más lenta de esta. Me gustaría recalcar que a día de hoy el objetivo o expectativa de esta técnica no es curar la enfermedad ni pararla de forma definitiva, sino mantener las capacidades cognitivas y funcionalidad el mayor tiempo posible.
—¿En qué se traduce esa progresión más lenta de la que habla?
—Los estudios publicados y los resultados que estamos observando en nuestra muestra sugieren una mejoría en algunas funciones cognitivas, al menos de forma temporal. En nuestra experiencia, observamos cambios favorables en la atención y en determinados procesos de aprendizaje y memoria. Esto no significa que el paciente recupere espontáneamente toda la información, pero sí que, en algunas pruebas, muestra una mayor capacidad para aprenderla y retenerla, así como una mejor ejecución visuoespacial. No esperamos un resultado milagroso, sino una mejoría discreta en una enfermedad cuya evolución habitual es progresiva. Para valorar el estadio clínico tenemos muy en cuenta la funcionalidad de la persona, es decir, su capacidad para realizar actividades básicas e instrumentales de la vida diaria, como utilizar el teléfono o el transporte, y si es autónoma, necesita ayuda o presenta una dependencia completa. En los primeros estadios, tras la fase inicial del tratamiento, hemos observado en algunos pacientes una leve mejoría o una estabilización temporal de la funcionalidad, aunque para afirmar de forma robusta que la técnica ralentice la progresión de la enfermedad necesitamos una evidencia científica mayor y más estudios que encuentren los mismos resultados..
—¿Qué nivel de evidencia tiene en la actualidad?
—Actualmente estamos en una etapa muy temprana de evidencia. Tiene la aprobación para su uso en Europa, que no quiere decir que se haya demostrado de forma robusta que sea eficaz. Lo que sí se ha demostrado es que merece la pena probarlo y que se puede hacer. Sin embargo, los niveles de evidencia son bajos porque hay pocos estudios publicados con ensayos controlados. El efecto fisiológico sí se ha demostrado en estudios previos con animales, pero ahora queda almacenar mucha más evidencia a lo largo de los próximos años en muestras clínicas para realmente no solo ver el resultado justo después de la terapia, sino también la evolución a largo plazo. Es precisamente lo que se está haciendo ahora: estudios longitudinales y recopilar los datos. A nivel público, se están realizando cosas en el contexto de la investigación. Con todo, lo que sí está claro es que los estudios que hay, aunque no sean muchos, son bastante prometedores y apuntan a que en los próximos años va a empezar a crecer el número de centros que dispongamos de esta técnica.
—Es algo esperanzador pero, entiendo, también tienden a la cautela. ¿Hasta qué punto se transmite cierta ilusión?
—Sí, es una enfermedad degenerativa que a día de hoy no tiene cura. No podemos tampoco disfrazar esta técnica como una solución infalible que seguro que la va a mejorar. Al final todos sabemos la evolución que va a seguir una persona con alzhéimer, conocemos el curso de la enfermedad, al menos a día de hoy, por desgracia. Por eso, intentamos mejorar la calidad de vida el máximo tiempo posible, pero al final, en algún momento u otro, esa persona va a continuar la degeneración y el deterioro. No podemos decirle a la familia o al paciente que esta es una técnica milagrosa. Somos realistas y honestos y aunque hablamos de estudios prometedores que pueden ralentizar el curso de la enfermedad, va a llegar un momento en el que va a proseguir. A día de hoy, por desgracia, no conseguimos frenar la enfermedad del todo.
—¿Qué mecanismo explica que esta terapia pueda funcionar en un cerebro con alzhéimer?
—En el alzhéimer se produce una acumulación de beta-amiloide, que es una proteína que se acumula fuera de las neuronas, formando placas extracelulares; mientras que la proteína tau hiperfosforilada se acumula en el interior de las neuronas formando ovillos neurofibrilares. Esto acaba perjudicando las conexiones neuronales que acaba llevando a la muerte neuronal.. La enfermedad no empieza cuando aparecen los problemas de memoria, sino que eso lleva ya unos años gestándose. Precisamente, cuando el cerebro ya no es capaz de compensar estos daños es cuando aparecen los primeros síntomas.
—¿La estimulación transcraneal por impulsos actúa sobre estas placas?
—No. A día de hoy no se ha demostrado que reduzca las placas de beta-amiloide en seres humanos, ya que no disponemos de estudios clínicos con biomarcadores de amiloide que hayan evaluado ese hecho, aunque hay hipótesis que apuntan hacia este efecto. Lo que sí hemos visto en modelos animales es esa influencia comentada sobre el factor BDNF y el VEGF en el entorno neuronal que podría facilitar un deterioro más lento de las conexiones neuronales. En esta técnica todavía estamos en los inicios. Lleva unos años, pero para que este tratamiento se apruebe y se amplíe el uso a múltiples clínicas y sistemas de salud, se necesita un nivel de evidencia gigantesco. Pero, desde luego, las expectativas son bastante, para mi gusto, prometedoras.
—¿El nombre de esta terapia, ese apellido de «transcraneal» impone al paciente?
—No, la verdad es que las familia lo suelen aceptar bastante bien. Incluso los propios pacientes, que además suelen ser personas de cierta edad en la mayoría de casos, lo aceptan sin problema. Y si alguien le da un poquito de reparo o rechazo por el propio nombre, se le enseña y ven que no tiene mayor importancia, que es no invasivo.