Si mi padre tuvo un infarto, ¿yo tengo más probabilidades de heredarlo?

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Imagen de archivo. Un hombre participa en el programa de rehabilitación cardíaca del CHUP.
Imagen de archivo. Un hombre participa en el programa de rehabilitación cardíaca del CHUP. ADRIÁN BAÚLDE

La enfermedad cardiovascular más frecuente no destaca por su peso genético, sino por el estilo de vida de sus pacientes

15 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando en la historia familiar, existe algún caso de infarto, es normal que surja la pregunta de si esto puede repetirse de padres o madres a hijos. Aunque es una duda que parece carecer de importancia, es todo lo contrario. Es más, es un aspecto que los cardiólogos suelen tener en cuenta. «Debemos preguntar al respecto en consulta porque sabemos que es un factor de riesgo», responde el doctor Ignacio Fernández, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

Eso sí, siempre en su justa medida. El riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular como el infarto tiene un componente genético complejo: intervienen múltiples genes, pero también factores ambientales y de estilo de vida. Además, que le toque a una persona es cuestión «de porcentaje y estadística».

Al contrario de lo que suele pasar con enfermedades autosómicas dominantes, «en la que si uno de los padres la tiene, la mitad de la descendencia puede tenerla», en la patología del corazón, la herencia es una agregación familiar. En otras palabras, un individuo con antecedentes familiares tiene una mayor probabilidad. «Y entendemos como antecedentes familiares que un familiar de primer grado, un padre o un hermano, haya tenido un infarto o un evento cardiovascular a una edad relativamente temprana: en un hombre, antes de los 55 años, y en una mujer, antes de los 65», explica el especialista, que añade: «Si ocurre a los 100 años, es decir, a una edad avanzada, no cuenta de la misma manera».

Ahora bien, no solo se hereda la predisposición genética, sino los factores que elevan el riesgo. Los padres pasan costumbres a sus hijos. Así, la diabetes es más frecuente en familias donde uno de los miembros la padece, o el colesterol elevado entre familias con dislipemia. «Lo mismo sucede con los hábitos. Una familia que fuma suele tener hijos que también lo hacen. En una en la que se hace poco ejercicio o hay una tendencia a la obesidad, es más frecuente que los familiares compartan esos mismos hábitos o características», ejemplifica el presidente de la entidad nacional de cardiólogos.

Así, aunque la carga genética importe, no lo es todo. «Si uno tiene antecedentes familiares de un infarto —por ejemplo, un padre que tuvo un infarto a los 50 años—, no tiene por qué tocarle a él. Sobre todo, si el padre fumaba y uno se cuida más», detalla el doctor, quien recuerda que este antecedente funciona, en realidad, como una llamada de atención, «a cuidarse mucho más».

Por eso, la enfermedad cardiovascular más habitual, como el infarto, debe entenderse como una tómbola llena de papeletas. «Si fumas, coges dos papeletas. Si tienes el colesterol alto, otras dos. Lo mismo para los que conviven con la diabetes o que presentan antecedentes», indica Fernández.

Prueba de ello son las variables que se introducen en la principal calculadora de riesgo utilizada en España: el SCORE-2. En las tablas de riesgo de la ESC, nuestro país se encuentra dentro de la región europea de bajo riesgo cardiovascular. Otros, como Polonia o los países del norte, tienen un peligro aumentado. «En estas calculadoras, si tú introduces la edad, el sexo, la tensión, el colesterol, si eres diabético o no, si fumas o no, te da un número. Es decir, te da el porcentaje de riesgo de un evento cardiovascular en cinco o diez años», aclara el doctor Fernández, quien explica que esto se debe al peso final que supone sobre el desarrollo de la patología. «La genética matiza después, pero su impacto, en este caso, es menor que el del tabaco, es menor que el de la diabetes, es menor que el de la dislipemia y es menor que el de la hipertensión». Así, el antecedente familiar no forma parte de este modelo de predicción, sin embargo, sí puede matizar la estimación.

Ahora bien, que el infarto común no siga un patrón de herencia definido no significa que no existan enfermedades cardiovasculares claramente hereditarias. Dos de los ejemplos más conocidos son la hipercolesterolemia familiar, «donde existen deficiencias en la cadena de síntesis del colesterol con una herencia fuerte». También la miocardiopatía hipertrófica, presente en uno de cada 500 recién nacidos. En las formas hereditarias más frecuentes, que suelen seguir un patrón autosómico dominante, una persona portadora de la alteración genética puede transmitirla a cada uno de sus hijos con un 50 % de probabilidad, especialmente cuando existen casos de enfermedad cardiovascular a edades tempranas o de muerte súbita. «Hay muchas enfermedades en cardiología que tienen un componente genético potente. En estos casos se hacen estudios familiares», puntualiza el presidente de la SEC.

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.