José Javier Fuster, investigador de enfermedades cardiovasculares: «Hay mucha diferencia entre personas en la respuesta del cuerpo al colesterol»
ENFERMEDADES
El reconocido científico del CNIC acaba de recibir un premio concedido por la Sociedad Europea de Cardiología que reconoce sus aportaciones a la especialidad del corazón
14 sep 2026 . Actualizado a las 18:11 h.José Javier Fuster (Altea, Alicante, 1982), investigador del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC), ha recibido el ESC Outstanding Achievement Award 2026, concedido por el Consejo de Ciencias Cardiovasculares Básicas (CBCS, por sus siglas en inglés) de la Sociedad Europea de Cardiología, en reconocimiento a sus destacadas contribuciones a la investigación cardiovascular básica. Su trabajo aúna sangre, mutaciones, patología del corazón y envejecimiento. Así, hasta haber podido identificar un nuevo factor de riesgo cardiovascular.
Eso sí, al responsable del Grupo de Fisiopatología Hematovascular del CNIC no le gusta hablar en singular. «Nosotros hacemos investigación en laboratorio, con modelos experimentales, mucha investigación en cohortes humanas. Pero no soy cardiólogo, soy bioquímico, y trabajo activamente con cardiólogos y colaboradores en diferentes hospitales de España». Uno de ellos, gallego, el doctor Sergio Raposeiras, De hecho, trabajamos con cardiólogos en Galicia, concretamente, con Sergio Raposeiras, del Hospital Álvaro Cunqueiro, de Vigo.
—Estudió bioquímica, pero se decantó por el corazón. ¿Por qué?
—Inicialmente estaba muy interesado en la biología molecular, en el funcionamiento de las células a nivel molecular, en la investigación básica. Pero progresivamente, a medida que avanzábamos en determinados mecanismos moleculares, vimos que tenían aplicación, más allá del laboratorio, en un contexto de fisiopatología, específicamente en la enfermedad cardiovascular. En realidad, fueron los datos los que nos llevaron a ver la aplicación clínica. Para mí, lo que ha hecho especialmente atractiva a la investigación en enfermedad cardiovascular es que veo una cierta traslación de lo que podemos hacer en el ámbito del laboratorio a la prevención de la enfermedad en personas.
—Es decir, que pueden ver ese impacto.
—Sí, es un impacto potencial, pero tenemos una vía de aplicación. Inicialmente estaba muy interesado en el funcionamiento de las células, en la biología, y a medida que profundizaba fue surgiendo el interés en la fisiopatología, en cómo aplicar esto a la prevención de enfermedades o a la promoción de la salud.
—Siempre se dice que del cerebro se saben muy pocas cosas. ¿Cuánto se conoce del corazón?
—Realmente todavía quedan muchas preguntas por responder sobre el funcionamiento del corazón y, también, sobre el funcionamiento del sistema cardiovascular en general y sobre los pasos y el desarrollo de la aterosclerosis, que es la principal causa de enfermedad cardiovascular.
—¿La aterosclerosis se comporta igual en todas las personas?
—No, en absoluto. Es cierto que hay un factor de riesgo cardiovascular principal, que es el colesterol y, en concreto, las partículas del LDL. Esa es la causa fundamental de la aterosclerosis, que es la base de la mayor parte de enfermedades cardiovasculares. Ahora bien, hay mucha heterogeneidad en la respuesta al colesterol. Ante una exposición similar al colesterol y a las LDL, no todas las personas desarrollan la misma cantidad de aterosclerosis, ni lo hacen a la misma velocidad, ni tienen el mismo riesgo de que esa aterosclerosis lleve a tener un evento cardiovascular, una patología cardiovascular como un ataque al corazón. Esto se debe a muchos factores diferentes y en eso radica nuestra investigación, en ver qué, más allá del colesterol LDL, explica que unas personas lleguen a desarrollar enfermedades cardiovasculares y otras no. Uno de esos factores es la diferencia con la que el sistema inmunitario responde a ese colesterol que se acumula en la pared de las arterias y al daño vascular secundario al colesterol.
—¿El sistema inmunitario responde?
—Sí. Lo que hemos estudiado a lo largo de los años es que en algunas personas hay diferencias en cómo se monta esa respuesta inflamatoria. Y eso puede verse facilitado por diferentes procesos asociados al envejecimiento, a la obesidad o al tabaquismo, entre otros. Precisamente, por lo que se conoce a nuestro grupo de investigación es un proceso novedoso que podría explicar estas diferencias en la respuesta inflamatoria al colesterol LDL que es la hematopoyesis clonal.
—Ustedes determinaron que la hematopoyesis clonal es un factor de riesgo en sí mismo. ¿Cómo se debe entender?
—Sí, es un factor de riesgo cardiovascular que está íntimamente ligado a la interacción entre el sistema hematopoyético y el sistema cardiovascular. Si lo pensamos, cada día nuestra médula ósea, el sistema hematopoyético produce una cantidad ingente de células sanguíneas. Para ello, la médula ósea tiene células madre hematopoyéticas que se dividen durante toda la vida y van dando lugar a los glóbulos rojos, las plaquetas, los glóbulos blancos y las distintas células del sistema inmunitario. ¿Qué pasa? Que esa alta división de células conduce a una cierta probabilidad de que aparezcan pequeños cambios en el ADN, en mutaciones que están íntimamente relacionadas con este fenómeno de hematopoyesis clonal. Es decir, a medida que envejecemos nuestras células madres sanguíneas van adquiriendo mutaciones. Esencialmente, son adquiridas, no son variantes genéticas que heredamos de nuestros padres. La mayoría de estas realmente no tienen ninguna consecuencia. Sin embargo, algunas proporcionan a la célula madre hematopoyética que las ha adquirido una ventaja competitiva. Pueden dividirse más, sobrevivir mejor o responder de forma mejor al estrés. Con el paso del tiempo esa célula madre y sus descendientes, como tienen una ventaja competitiva, se expanden y forman lo que llamamos un clon mutante. Y esto es lo que llamamos hematopoyesis clonal. Inicialmente en hematopoyesis clonal, hay una fracción mínima, muy pequeña de la sangre, quizá una célula entre cada millón de células, que es portadora de la mutación. Pero con el tiempo, debido a la expansión, empieza a haber una una proporción muy importante de las células sanguíneas portando esa mutación en algunas personas. Y lo que estamos viendo es que hay casos en los que hay hasta un 50 % de las células sanguíneas procedentes de esa única célula madre que adquirió la mutación años antes y que, por lo tanto, también la portan.
—Entiendo que sea un concepto relevante en la hematología, ¿cómo se aplica a la enfermedad cardiovascular?
—Exacto. Digamos que la sangre es una especie de mosaico cuando hablamos de hematopoyesis clonal. Una parte de las células tienen el genoma, el material genético original, y otra parte porta la mutación. inicialmente era un concepto relevante en hematología, pero cuando yo estaba empezando mi laboratorio en Boston, en Estados Unidos, lo empezamos a aplicar al ámbito de la enfermedad cardiovascular. Lo que lo hace relevante aquí es que, en un principio, la mutación se encuentra en las células madres hematopoyéticas, pero se propaga entre los descendientes de esas células madres, y entre ellos, se incluye a las células del sistema inmunitario. Es decir, las defensas que juegan un papel central en las respuestas inflamatorias que provoca la acumulación de LDL y colesterol en la pared arterial y que llevan al desarrollo de la aterosclerosis. Lo que hemos hecho nosotros y otros grupos es, por una parte, en humanos, mediante estudios de secuenciación de ADN, hemos demostrado que el portar de estas mutaciones adquiridas se asocia con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, en concreto aterosclerótica, como ictus isquémicos o infartos cardíacos.
—¿Esto cambia la manera de entender la enfermedad del corazón?
—Sí. Creo que, sobre todo, añade una capa adicional a nuestro conocimiento de las enfermedades cardiovasculares. Ya sabemos la relevancia que tiene el LDL y colesterol y los factores de riesgo convencionales. Pero este es un nuevo factor de riesgo que se añade a los anteriores y que tiene un efecto independiente de ellos. Así que, por una parte, abre la oportunidad a nuevas estrategias de prevención de enfermedad cardiovascular diferentes a lo que tenemos ahora mismo. Pero, por otra parte, como se trata de mutaciones que nosotros podemos detectar secuenciando el ADN de la sangre, abre la puerta también a estrategias de prevención personalizada, dirigidas específicamente a aquellas personas que tienen la mutación. Esto es un concepto de medicina personalizada que se ha utilizado mucho en el ámbito del cáncer, pero que ahora estamos abriendo en el ámbito cardiovascular.
—¿Se encuentran diferencias entre hombres y mujeres? Cada vez se dan más a conocer los distintos aspectos de ambos sexos en la enfermedad cardiovascular.
—Sí. Aunque quiero destacar que todo esto todavía está en un nivel de investigación, esto no llega a la clínica. Es un campo que lleva unos diez años, desde que se empezó a estudiar la hematopoyesis clonal como un factor de riesgo. Y aunque se ha avanzado muy rápido, todavía está el campo en un estadio relativamente temprano desde un punto de vista de traslación a la clínica. Pero respondiendo a tu pregunta, hay algunas mutaciones que son más frecuentes en hombres y hay otras mutaciones que lo son más en mujeres. No sabemos bien por qué y no sabemos si eso puede contribuir a las diferencias en el riesgo cardiovascular entre ellos y ellas. Pero es una línea de investigación que está activa aquí en el grupo.
—En estas mutaciones adquiridas, ¿influye el tabaco o la obesidad?
—El efecto de estas mutaciones es independiente y aditivo al que pueden tener la obesidad y el tabaco. Pero es cierto que la expansión de estas mutaciones se ve también afectada, sobre todo por la edad, pero en algunas de ellas también por el tabaquismo o la obesidad. Digamos que existe una sinergia entre factores de riesgo cardiovascular tradicionales y este nuevo factor de riesgo no convencional.