Relacionan el monóxido de carbono exhalado con un menor riesgo de párkinson: «Este trabajo no demuestra que fumar proteja frente a la enfermedad»
ENFERMEDADES
Un nuevo estudio contradice a las investigaciones previas, que planteaban una posible relación entre el hábito tabáquico y una mayor protección frente a esta patología
08 sep 2026 . Actualizado a las 18:32 h.Las personas fumadoras presentan un menor riesgo de sufrir párkinson. «Por llamativo que parezca, sabemos desde hace años que el consumo de tabaco se asocia con un menor riesgo de padecer la enfermedad de Parkinson. Y, aunque seguimos sin conocer los motivos, distintos estudios señalan a la nicotina como posible responsable. Sin embargo, en pacientes tratados con parches de nicotina no se observaron mejorías y algunos empeoraron levemente. Esto sugiere que podrían ser otros los factores responsables del ‘efecto beneficioso' del tabaco en esta enfermedad», avanza Jannette Rodríguez Pallares, profesora titular de la Universidade de Santiago de Compostela y co-investigadora principal del Grupo de Neurobiología Celular y Molecular de la Enfermedad de Parkinson en el Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS), en declaraciones a Science Media Centre España.
Ahora, un estudio publicado en JAMA Neurology analiza por primera vez la posible relación entre el consumo de tabaco, los niveles de monóxido de carbono exhalados y el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas, incluida la enfermedad de Parkinson. El equipo de Clara Bueno López ha hecho un seguimiento de doce años a más de medio millón de adultos de China, que incluía a personas que fumaban y que no. Los resultados muestran que el tabaquismo habitual se asoció con un riesgo elevado de cáncer de pulmón, cardiopatía isquémica, ictus y mortalidad por todas las causas, pero con un menor riesgo de párkinson: concretamente, este se reducía en un 30 %.
Raúl Martín Fernández, neurólogo e investigador clínico de la Universidad de Movimiento el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (Barcelona), subraya que el trabajo no identifica el tabaco como un factor protector, sino que apunta hacia un elemento específico que podría contribuir a explicar la asociación epidemiológica observada: el monóxido de carbono. Ya que históricamente se había planteado otra explicación: «La dopamina desempeña un papel fundamental en los mecanismos de recompensa y adicción y, dado que la enfermedad de Parkinson se caracteriza por una pérdida progresiva de dopamina, se ha sugerido que las personas en fases muy iniciales o prodrómicas de enfermedad podrían presentar una menor predisposición a desarrollar conductas adictivas, entre ellas el tabaquismo». Según esta hipótesis, no sería fumar lo que reduciría el riesgo de párkinson, sino que una enfermedad de Parkinson todavía no diagnosticada podría reducir la probabilidad de convertirse en fumador. «Este estudio aporta nuevos elementos para interpretar esta relación», considera Martín.
Monóxido de carbono exhalado en personas no fumadoras
El monóxido de carbono (CO) es un gas tóxico que se produce durante la combustión del tabaco y el papel del cigarrillo, pasando a la sangre a través de los pulmones. Cuando entra en el torrente sanguíneo se une a la hemoglobina y ocupa el lugar del oxígeno, provocando que los órganos y los tejidos reciban menos cantidad de este último y causando cansancio rápido. Produce fatiga, tos y expectoración. Sin embargo, el cuerpo humano también lo produce de forma natural, principalmente en el bazo, hígado y en la médula ósea. Dado que la cantidad generada es minúscula, no interfiere con el transporte de oxígeno a los órganos, a diferencia de lo que ocurre al inhalar fuentes externas de contaminación o combustión.
La investigación llevada a cabo por Clara Bueno López y su equipo muestra un hallazgo interesante: entre las personas que nunca habían fumado, aquellas con mayores niveles de monóxido de carbono (CO) exhalado también presentaban un menor riesgo de párkinson. «Esto sugiere que el monóxido de carbono podría ser responsable de los efectos beneficiosos observados en la población fumadora, actuando como mecanismo de defensa. Sin embargo, se necesitan más investigaciones para conocer los mecanismos implicados y determinar si los resultados serían extrapolables a otras poblaciones, ya que el estudio se centró en una muestra poblacional en China, con características socioeconómicas, ambientales, culturales y genéticas específicas», considera Rodríguez Pallares.
«Este estudio sugiere que el menor riesgo de párkinson asociado al tabaquismo podría no deberse al tabaquismo en sí, sino que el monóxido de carbono podría contribuir, al menos en parte, a explicar esta relación», indica Ana Isabel Rodríguez Pérez, co-investigadora principal del Grupo de Neurobiología Celular y Molecular de la enfermedad de Parkinson en el Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS-USC) y profesora titular en la Universidad de Santiago, también en declaraciones a Science Media Centre España. En sus palabras, esta posibilidad es muy interesante porque durante años se ha planteado que la nicotina podría ser responsable de este efecto, pero los ensayos clínicos realizados hasta ahora no han demostrado que frene la progresión de la enfermedad. «Los resultados son coherentes con estudios previos realizados en modelos animales en los que se demuestra que, aunque el CO es muy tóxico a concentraciones elevadas, a dosis bajas y cuidadosamente controladas, puede activar mecanismos antioxidantes, antiinflamatorias y neuroprotectores», avanza.
En opinión de Rodríguez-Pallares, estos hallazgos apuntan al monóxido de carbono producido por nuestro propio cuerpo como responsable de los efectos positivos del tabaco en pacientes con enfermedad de Parkinson. «Y, lo más importante, restarían peso a los componentes del tabaco como factores protectores frente a la enfermedad. Por tanto, es importante subrayar que las evidencias sugieren que la menor incidencia de párkinson entre los fumadores no tendría relación directa con los componentes del tabaco». La identificación de este tipo de factores abriría la puerta a posibles nuevos tratamientos no tóxicos y específicos, que podrían retrasar el desarrollo de la enfermedad, «sin las incuestionables consecuencias negativas que el consumo de tabaco tiene sobre la salud humana», añade.
«En cualquier caso, y esto es muy importante, este trabajo no demuestra que fumar proteja frente al párkinson y no ofrece ninguna razón para empezar a fumar ni para no abandonar el tabaco. De hecho, el propio estudio confirma que el tabaquismo aumenta el riesgo de cáncer de pulmón, enfermedades cardiovasculares, ictus y muerte prematura», concluye Rodríguez Pérez.