Cómo evitar el síndrome de piernas cansadas: desde poner las piernas en alto a no utilizar ropa ajustada

La Voz de la Salud

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Una mujer con las piernas en alto, medida recomendada para aliviar las piernas cansadas.
Una mujer con las piernas en alto, medida recomendada para aliviar las piernas cansadas.

Los expertos detallan que, en última instancia, este problema puede provocar varices, lo que requerirá tratamientos más conservadores

03 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El síndrome de piernas cansadas es, en muchas ocasiones, la antesala de las varices. Las venas tienen una función muy clara en el sistema circulatorio: recoger la sangre de todo el cuerpo para conducirla al corazón, donde se oxigena y vuelve a pasar a las arterias que, a su vez, la reparten por todos los tejidos. Este sistema funciona, incluso, en contra de la gravedad. Por ejemplo, los músculos de las piernas se contraen alrededor de las venas para hacer de bomba y que el torrente sanguíneo circule cómo debe, pese a estar en vertical. Además, estos conductos también cuentan con unas válvulas que se abren con el paso de la sangre y se cierran para evitar que retroceda. 

Sin embargo, pese a la perfección del sistema, pueden aparecer algunos fallos. Cuando el retorno venoso no es suficiente debido a que el sistema de bombeo no funciona bien, la sangre se estanca, la vena se dilata y, con ello, se pueden filtrar líquidos a los tejidos. De esta manera aparecen los primeros síntomas del síndrome de piernas cansadas: hinchazón y pesadez. 

A medida que pasa el tiempo, y la tensión excesiva en la pared venosa acaba haciendo que se dilate más, va perdiendo la capacidad de contención de la sangre, con lo que surgen las varices

Se trata de un cuadro bastante frecuente. Se estima que el síndrome de piernas pesadas afecta a entre el 20 y el 30 % de la población, especialmente a partir de los cincuenta años. Es, además, cinco veces más habitual en la población femenina. 

La Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (Sefac), que elaboró una guía para pacientes, destaca que los principales signos de este problema, más allá de la pesadez en las piernas, son el dolor y el prurito, el cansancio, los calambres musculares, las parestesias nocturnas —sensación de adormecimiento en las piernas—, el hormigueo, picor y agujetas y, por último, la aparición de varices. «Se incrementan con la edad y en las mujeres se pueden acentuar con la menstruación, el embarazo, los tratamientos hormonales sustitutivos y los anticonceptivos orales », precisa la Sefac. 

La entidad detalla que existen factores predisponentes, los cuales no se pueden evitar, y agravantes, que sí se pueden prevenir. En el primer grupo se sitúa la edad, ya que el riesgo de aparición aumenta con el envejecimiento; la predisposición genética y los antecedentes familiares. También influyen los personales, es decir, si la persona ha tenido una enfermedad circulatoria previa; el estado hormonal, sobre todo, durante el embarazo y la menopausia, y el pie plano, ya que la forma de la planta disminuye la contracción muscular durante la marcha. 

Evitar las piernas cansadas y, cuando no es posible, tratarlas

Entre las variables que sí se pueden evitar, la Sefac sitúa al sedentarismo en primera posición. «Estar en posición de pie durante un largo tiempo, la exposición prolongada al sol o al calor, las profesiones de riesgo, los viajes que exigen estar en la misma posición de forma continua y prolongada, son factores favorecedores de la dilatación y la circulación lenta de la sangre en las venas», explica. A continuación, aparece el sobrepeso o la obesidad, ya que el aumento del tejido adiposo en las personas anula la eficacia de la bomba muscular. Y, por último, el estreñimiento o la gestación, pues ambos provocan un aumento de la presión abdominal. La sociedad de farmacéuticos también añade a esta lista de agravantes la ropa demasiado ajustada en la cintura y en las piernas, ya que entorpece el retorno sanguíneo al corazón. 

La buena noticia es que existen medidas para prevenir este síndrome, como dormir con las piernas levantadas entre diez y treinta centímetros; evitar ponerlas en fuentes de calor; no utilizar ropa ajustada y calcetines de goma estrecha; comprar calzado ancho y cómodo, y evitar los tacones; prevenir el sobrepeso y el estreñimiento; mantener las piernas en alto siempre que sea posible, «haciendo descansos con las piernas levantadas por encima del corazón durante treinta minutos dos o tres veces al día, y elevarlas por encima de las caderas, sin cruzarlas, al sentarse y apoyarlas sobre un cojín», ejemplifica la entidad. Por último, moverse entre media y una hora al día, con actividades como caminar, nadar o pedalear. 

Por otra parte, se conocen diferentes tratamientos para abordar el problema de circulación en las piernas. Una de las medidas más habituales es la terapia compresiva, que consiste en aplicar una presión externa sobre determinados puntos de las extremidades, de forma decreciente hacia la cintura. Para ello se suelen emplear medias de compresión elástica, aunque también se puede recurrir a las vendas. La elección de la talla, el modelo y el grado de compresión debe adaptarse a cada persona, por lo que se recomienda que estos productos sean indicados por un profesional sanitario.

La sociedad farmacéutica también habla del uso de fitoterapia, mediante plantas que puede ayudar a mejorar la circulación sanguínea. Entre las más utilizadas se encuentran el ginkgo biloba, «por su acción venotónica y su capacidad para favorecer el retorno venoso»; el castaño de Indias, «empleado principalmente por sus propiedades antiedematosas y antiinflamatorias»; y el rusco, al que se atribuye un efecto vasoconstrictor. También destacan «la vid roja, con acción vasoprotectora y capacidad para ayudar a estabilizar las paredes de los vasos sanguíneos; la centella asiática, que favorece la elasticidad de la pared vascular y la síntesis de colágeno; y el Hamamelis virginiana, conocido por su actividad venotónica». Todas ellas pueden encontrarse en formas de administración oral o tópica; además, los geles o cremas tienen una ventaja extra, que ejercen un efecto de frío. 

La hidroterapia puede ayudar. La Sefac recomienda darse duchas y masajes con agua fría o alternando entre agua fría y tibia. Para los casos más graves, el médico podría prescribir fármacos venotónicos vía oral o tópica; o incluso, cirugía vascular.