Emilio Bouza, microbiólogo: «¿Cuál es la cifra de infección nosocomial que nos parece aceptable? Cero»
ENFERMEDADES
El reputado infectólogo habla de un problema que afecta a entre el 5 y e 7 % de las personas ingresadas
01 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Galicia puede presumir de vilalbés: Emilio Bouza (1947) es considerado el introductor de la infectología moderna en España. Fundador de la Sociedad Española de Microbiología Clínica y Enfermedades Infecciosas y académico de número de la Real Academia Nacional de Medicina de España (Ranme), sentado en el sillón 17, se marchó a los Estados Unidos en los años setenta para aprender sobre la infección nosocomial: «En aquel país comenzaban los grandes programas de inmunosupresión, por ejemplo, a raíz del trasplante de médula ósea, y con ello aparecían unas infecciones que previamente no se habían visto y que eran el modelo más extremo de la infección nosocomial», recuerda en conversación con La Voz. A su vuelta, fue jefe de sección del Servicio de Microbiología del Hospital Ramón y Cajal, donde fundó la primera Unidad de Enfermedades Infecciosas multidisciplinar moderna en España. El adjetivo de pionero es inherente a los diferentes cargos que fue asumiendo a lo largo de su carrera. En su discurso de ingreso en la academia nacional habló de la infección nosocomial, un terreno que conoce como la palma de su mano.
—Se convirtió en referente de microbiología e infectología en los años setenta, a las puertas de la pandemia del SIDA.
—El VIH fue una infección no nosocomial, es el prototipo de infección comunitaria, ha sido la gran pandemia del siglo XX, y todavía una causa importantísima de trabajo y de quehacer hospitalario. Evidentemente fue una epidemia para la que sí que había un grado de conocimiento histórico, pero que sorprendió a la humanidad. Ocurre en un momento en el que se creía que la infección estaba vencida, y que por tanto las grandes epidemias ya no eran posibles por agentes conocidos o por agentes nuevos, como fue este caso. La experiencia en pandemias del mundo de la medicina y de la sociedad se remonta a la historia de la humanidad; podíamos empezar en la peste ateniense, cuatro siglos antes de Cristo, y seguir hasta el covid de anteayer.
—La infección nosocomial es la infección que aparece 48 horas después del ingreso hospitalario, tanto en hospitales de agudos como de larga estancia. ¿De dónde sale esta infección?
—El hecho de las 48 horas es un dato muy convencional, tomado por comodidad, pero no expresa bien el concepto de infección nosocomial. En realidad, una infección se define como nosocomial si resulta como consecuencia de los cuidados de otra enfermedad. Yo estoy cuidando a alguien y le he tenido que operar y, por tanto, he tenido que cortar su piel y sus tejidos. Pero, secundariamente a eso, la herida se infecta. Eso es una infección nosocomial. Ahí, el margen de las 24 o las 48 horas está calculado para algunas infecciones bacterianas. Este criterio depende mucho del tiempo de incubación. En resumidas cuentas, son infecciones que son efectos secundarios, de estar cuidando otro problema. La mayor parte de ellas se adquieren dentro del propio hospital, pero uno puede tener una infección nosocomial adquirida en su casa si hay un equipo de gente que va a cuidarle, que le pone un catéter y este se infecta. Sigue siendo una infección nosocomial, aunque no ocurra en un hospital.
—Cuando compartí con la gente de mi alrededor el tema de esta entrevista, muchos me dijeron: «Qué miedo, ¿cómo puede ser posible que ocurra?». Se lo traslado. ¿Debemos tenerle miedo a esta infección?
—Debemos tenerle respeto. Estamos hablando de un problema que afecta, aproximadamente, a entre el 5 % y el 7 % de todos los que ingresan en un hospital. Y este número es enorme. Es algo que uno no tenía antes de que se empezara a cuidar ese proceso, muy a menudo antes de entrar en el hospital, y que adquiere durante su estancia. Es decir, me voy a operar del corazón, esto va a cambiar mi vida, me van a poner una nueva válvula y resulta que se me infecta la herida quirúrgica y mi estancia hospitalaria pasa de siete a cuarenta días y tengo un riesgo aumentado de mortalidad. Por eso hay que tenerle respeto y la única forma de tener respeto a algo es conociéndolo.
—Y, ¿cómo puede suceder en un hospital?
—Nosotros somos seres vivos, los seres vivos están bañados y rodeados de otros seres vivos. Una palabra que hoy utilizamos con frecuencia es microbiota. Tenemos microbios que están en nuestra piel, en nuestro intestino, en la uretra y en las vías genitales. Hay microorganismos en el ambiente, en el aire, en las superficies. Los seres humanos vivimos inmersos aunque no lo veamos, en un mundo microbiano que nos rodea. Si a ese mundo microbiano por determinadas circunstancias se le dan oportunidades, lo que era un comensal, es decir, alguien que vive encima de mi piel y no me molesta, penetra mis tejidos, mi sangre y, por tanto, esa es la infección nosocomial. Es consecuencia de que con motivo de hacer otras cosas le demos a los microorganismos una posibilidad de invadirnos. A veces, ni siquiera con una ruptura clara de barreras. Sencillamente es que las defensas de gente que ingresa a un hospital son muy débiles y los microorganismos, que a cualquier persona no trastornarían en absoluto, infectan a un paciente con muy pocas defensas, con pocos leucocitos. Es el caso por ejemplo de algunas infecciones por hongos.
—¿Considera que hay voluntad para atajar este problema?
—Hay voluntad. Es una lucha de la humanidad, desde antes incluso de conocer la microbiología. Siendo gallegos sabemos lo que han supuesto los hospitales del Camino de Santiago. Antes de conocer que existían los microorganismos, había unas normas de higiene escritas en muchos de esos hospitales del Camino que marcaban una diferencia; si un señor tenía signos de sarna debía dormir en una sala distinta a los que no la tenían. Esas infecciones pueden transmitirse desde el ambiente o de una persona a otra. En las últimas tres décadas, en España hemos pasado de cifras que superaban el 15 % a cifras aproximadamente de la mitad. En todos los hospitales hay un comité de infecciones, existen servicios de medicina preventiva y de microbiología en muchos hospitales, unidades o servicios de enfermedades infecciosas, sociedades dedicadas a esto y planes nacionales y de comunidades autónomas y de cada hospital para el control de la infección. Esta es una tarea de los médicos a lo largo de la historia.
—¿Siempre va a quedar un resquicio que no se puede evitar?
—Yo creo que no debemos de trabajar con esa idea, es otra filosofía que se ha impuesto en los últimos años. Es decir, ¿cuál es la cifra de infección nosocomial que nos parece aceptable? Respuesta, ninguna, cero. Esos programas que se han desarrollado dentro y fuera de España en general se han denominado como tolerancia cero a la infección del catéter, tolerancia cero a la infección de la herida quirúrgica, tolerancia cero a la neumonía adquirida en una uci. Es decir, no debemos aceptar que la infección nosocomial es algo inevitable y por tanto, ninguna cifra es buena, aunque a efectos de referencia, tengamos que compararlas con años anteriores. Sin embargo, la idea para trabajar es que una infección nosocomial es evitable y que, si ha ocurrido, podía haberse evitado. Esta es la filosofía que mantenemos desde hace años.
—¿La resistencia a los antibióticos está complicando su abordaje?
—Por supuesto. Cuanto más difícil de tratar es un microorganismo, tanto médica como quirúrgicamente, pues mayor es el problema. Algunas de estas infecciones nosocomiales están causadas por microorganismos a los que podríamos llamar globalmente difíciles de tratar.
—¿Son microorganismos bien conocidos?
—Sí, todas las infecciones están agrupadas en cuatro grandes grupos de microorganismos. Los virus, las bacterias, los hongos y los parásitos. Cualquiera de estos grupos puede ser una causa de infección nosocomial, pero las más preocupantes en este momento es la infección causada por bacterias y la causada por hongos. Puede haber virus que causen infección nosocomial, es decir, usted entra en un hospital, está en una uvi y resulta que alguien en esa uvi —ya sea un paciente o un familiar— le transmite una infección por un virus de la gripe. Eso ocurre, hay infecciones víricas de transmisión hospitalaria, pero las más frecuentes y las más preocupantes son bacterias y hongos.
—¿Cuál diría que es peor de esas dos? Desde luego, las infecciones por bacterias son más conocidas, al menos a nivel popular.
—Efectivamente, conocemos más las infecciones por bacterias y suelen ocurrir en pacientes que, en general, no tienen un estado de defensas tan deteriorado como los que tienen infecciones por hongos, que normalmente ya han recibido tratamiento de otras infecciones bacterianas, de manera que, en general, la infección por hongos más invasiva es menos frecuente, más grave y de una mayor mortalidad. Y también es cierto que conocemos un poco peor su tratamiento, porque tenemos antibacterianos desde los años 30, pero tenemos antifúngicos desde finales de los cincuenta, principios de los sesenta.