Fani García, bioquímica: «Tenemos una higiene excesiva, tendemos a desinfectarlo todo y no es necesario»

ENFERMEDADES

Fani García es bioquímica especializada en digestión.
Fani García es bioquímica especializada en digestión.

La experta subraya la importancia de una alimentación variada, ya que la diversidad de frutas y verduras resulta beneficiosa para la microbiota intestinal y la digestión

28 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Los meses de verano ponen a prueba nuestro sistema digestivo. Desde un mayor consumo de alcohol hasta posibles intoxicaciones, o la propia dificultad para abrir el apetito durante una ola de calor. Con el paso de las semanas, el impacto se puede empezar a sentir. Ante esto, puede que la primera idea que nos venga a la mente sea la de realizar eso que ha venido a llamarse détox: seguir una dieta estricta durante unos días o semanas a fin de «limpiar el organismo». Pero la bioquímica especializada en digestión, Fani García, advierte de que esto no suele ser lo más adecuado. La experta, que ha publicado recientemente el libro Sé tú mismo con tu organismo a través de la editorial Urano, explica cómo podemos mejorar las digestiones y cuándo es momento de consultar con el médico.

—¿Por qué aumentan las molestias digestivas en verano?

—Hay diferentes motivos. Por un lado, hay más horas de luz y eso nos invita a comer más veces fuera de casa, así como a ingerir alimentos que quizás no forman parte de nuestra alimentación habitual. Lo que tenemos que tener en cuenta es que el 80 % del tiempo deberíamos llevar unos hábitos saludables, con alimentos de temporada y frescos. Puede haber un 20 % del tiempo en el que demos margen a la flexibilidad y a tomar otros productos. Y también es importante darse descansos digestivo. Es decir, si es sábado y me voy a comer con amigos, hago una comida copiosa, me bebo una copa de vino y me tomo un helado, quizás por la noche sea mejor hacer una comida más ligera o incluso un ayuno. Porque en el verano, muchas veces lo que hacemos no es solamente excedernos un sábado al mediodía, sino también el sábado a la noche, el domingo por la mañana con un brunch, luego la comida. Entonces, se trata de no ir acumulando tantas comidas seguidas con ese patrón.

—¿El organismo necesita una dieta «détox» después del verano?

—En realidad, el cuerpo ya tiene sus propios mecanismos de detoxificación. A veces tratamos de buscar cómo compensar y eso viene de la cultura de la dieta, pero el organismo ya tiene sus vías de limpieza. En concreto, tenemos tres muy importantes: orinar, defecar y sudar. Entonces, lo que deberíamos intentar es que esas tres vías estén abiertas. Es decir, si una persona ha llevado un verano con más excesos y sufre estreñimiento, tenemos que tener en cuenta que hay una vía de detoxificación que no está funcionando correctamente, o al menos no de forma óptima. Entonces sí que hay que priorizar que ese estreñimiento se solucione. No se trata de penalizar o compensar lo que se ha hecho en el verano, sino de ayudar al cuerpo a que funcione de la manera más óptima posible.

—¿Qué podríamos hacer para garantizarlo?

—Por ejemplo, tratar de comer en horas más centrales del día, evitar hacerlo en horas nocturnas. No cenar muy tarde, para dar más horas de descanso al cuerpo, dejar esas doce horas nocturnas para reparar, para limpiar y para detoxificar. Todas esas funciones suceden de forma natural y dejar más espacio entre comidas puede ayudarnos a que se lleven a cabo. Después, garantizar una buena hidratación, con agua rica en minerales, va a hidratar el organismo para que todos esos procesos de limpieza a través de los riñones y del hígado sucedan como deben suceder. El ejercicio va a potenciar más las vías de sudoración, entonces, vamos a tratar de eliminar toxinas de esa forma. Y luego, podemos sumar alguna estrategia de suplementación de ser necesario, incluso utilizar plantas como la chlorella, que nos ayuda a limpiar toxinas.

—¿Qué hábitos marcan una diferencia entre una digestión ligera y una pesada?

—Hay tres pilares diferenciadores. El primero de ellos es cómo estamos a nivel de estrés. Si estamos en un momento de calma, de presencia, o si comemos mientras al mismo tiempo estamos trabajando o conduciendo. Dependiendo del contexto, si el sistema nervioso está sobreactivado, va a tener un impacto en nuestra digestión y va a hacer que sea más pesada o incluso que haya mucho más gas. Luego, por supuesto, importa el cuándo. Nuestros ritmos circadianos tienen un impacto enorme en nuestra digestión. Si yo como a la noche, o si hago de repente cinco o seis comidas al día, eso puede estar haciendo que mi sistema digestivo no tenga espacios de descanso para poder digerir el alimento. Comer con la luz del día es muy importante, pero también dar espacio entre comidas. Tratar de priorizar hacer dos o tres comidas al día, mejor que cinco o seis, nos va a ayudar. Y por último, hay que preguntarse qué estamos comiendo. ¿Estoy comiendo alimentos que aportan nutrientes a mi cuerpo, que me van a aportar energía, o estoy comiendo productos ultraprocesados, azúcares refinados que van a causar una desregulación de la microbiota, que haya un daño un poquito a nivel de mucosas y que mi digestión se vea afectada?

—Tenemos normalizados síntomas como la hinchazón, los gases o el estreñimiento. ¿Cuándo dejan de ser algo normal y se convierten en un problema?

—Lo primero que tendríamos que ver es la frecuencia. Es decir, que un día tengas una digestión más pesada, porque has tenido una comida más copiosa, o quizás has tenido un día de más estrés en el trabajo, es algo puntual que puede suceder. Ahora, si esto es una constante, si pasa cuatro veces por semana, entonces ya es algo que tenemos que revisar. Porque al final cuando algo se repite y el cuerpo de algún modo te está avisando a través de ese síntoma de que algo no va bien, eso termina empeorando y es como una bola de nieve. Van apareciendo otros síntomas, que muchas veces son sutiles porque los tenemos muy normalizados en la sociedad de hoy en día, como puede ser el cansancio, la fatiga o la niebla mental. Esos síntomas forman parte de una señal de que hay una inflamación de bajo grado, que se está sosteniendo más de la cuenta.

—Cada vez se habla más de la microbiota. ¿Cuál es su rol en una buena digestión?

—La microbiota, para que tengamos una buena digestión, tiene que ser adaptativa. Eso significa que tiene que haber diversidad de microorganismos. Y esa diversidad no la conseguimos tomándonos un bote de probióticos que es siempre el mismo. Muchas veces, eso es márketing. ¿Dónde vamos a ganar diversidad de microbiota? Acariciando a un perro, tocando la tierra, caminando en la naturaleza, comiendo diferentes tipos de alimentos, especialmente, de verduras. Al final, cuando vemos muchas veces en consultas los platos de comida que toman las personas nos damos cuenta de que siempre comen las mismas comidas, la misma verdura, la misma fruta. Cuanta más diversidad de alimentos nos damos, más diversidad microbiana vamos a tener porque estamos dando de comer a diferentes tipos de bacterias y microorganismos. Y eso es lo que va a hacer que mi microbiota sea mucho más resiliente. Y que ante momentos puntuales de cambio, ya sea de estrés, de peor alimentación, incluso cambios de temperatura, sea capaz de adaptarse al entorno y al ecosistema donde está presente para funcionar de forma correcta. Y sí, a veces podemos utilizar algún probiótico cuando hay déficit en alguna de estas cepas de microorganismos que tenemos, pero tiene que ser un abordaje puntual. La microbiota se construye en el día a día y no a través de un bote de probióticos.

—¿Qué errores perjudican nuestra microbiota?

—A veces, tenemos una higiene excesiva. Tendemos a desinfectarlo todo y no es necesario. Acariciar a nuestros perros, pasar tiempo en la naturaleza, comer variado. Toda esa diversidad es lo que va a generar que nuestra microbiota sea capaz de adaptarse frente al ecosistema en cada momento.

—¿Por qué impacta tanto el estrés a nivel digestivo?

—Cuando tenemos ansiedad lo que liberamos son unas partículas que se llaman las citoquinas proinflamatorias, que generan una respuesta inflamatoria en nuestro cuerpo. Si yo tengo una ansiedad de forma puntual en un momento concreto del día, pues no pasa nada. Pero muchas veces normalizamos el vivir con ansiedad constante todos los días. Esto causa un estado inflamatorio de base. Eso significa que mi sistema inmune está mucho más sensible a todo lo que pueda entrar en el organismo. Y cuando digerimos, lo que estamos haciendo es introducir alimentos dentro del organismo y el sistema inmune juega un papel importante. Si yo estoy con ansiedad constante, puede que empiece a notar que tolero menos alimentos, que cada vez las comidas me sientan peor, que alimentos que antes me sentaban bien ahora ya no. Que de repente tengo digestiones con más pesadez, quizás incluso algo de acidez o ardor o reflujo. Lo que tenemos que tener en cuenta aquí de nuevo es la frecuencia. Lo mismo sucede con el estrés. A veces pensamos en un estrés solo emocional, pero también hay estresores físicos. Si yo, por ejemplo, hago más ejercicio del que mi cuerpo es capaz de sostener a nivel energético, eso es un estresor físico. O si yo hago, por ejemplo, un ayuno muy prolongado. Siempre que haya un estrés también, de forma crónica, activamos el sistema nervioso y la sangre se dirige a las extremidades para que podamos huir de un peligro. Esa sangre se retira de mi sistema digestivo y la digestión empieza a hacerse pesada.

—¿Es frecuente ver problemas digestivos de raíz emocional?

—Lo que vemos muchas veces es que hay personas que comen muy saludable, respetan muy bien sus ritmos circadianos, priorizan mucho el descanso, hacen ejercicios, tienen vidas que aparentemente son saludables, pero tienen tanto estrés, tanta autoexigencia —muchas veces incluso con la salud, con hacerlo todo perfecto—, que eso hace que tengan síntomas digestivos. Y mientras el sistema nervioso esté en ese estado, la digestión no va a terminar de mejorar. Es una pata de las sillas que muchas veces sostiene a las demás. Y en muchos casos vemos que al final el cómo enfocamos incluso el cuidado de la salud, sentir que tengo que ir al gimnasio porque si no voy me siento fatal, que tengo que comer perfecto, incluso esa autoexigencia y esa rigidez excesiva que llevamos al ámbito de la salud y del cuidarnos, es justamente lo que hace que empeoremos. A veces hay que aplicar la flexibilidad.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.