El largo y silencioso camino del riesgo cardiovascular de la mujer: «El tabaco es más nocivo en la población femenina»

ENFERMEDADES

Dos mujeres mantienen una conversación en el río Támesis.
Dos mujeres mantienen una conversación en el río Támesis. Isabel Infantes | REUTERS

Los médicos internistas reconocen que la patología del corazón en la población femenina es menos conocida, aunque igual de peligrosa, especialmente durante el embarazo y la menopausia

18 ago 2026 . Actualizado a las 14:17 h.

Hay dos etapas en la vida de la mujer cuyo riesgo cardiovascular se equipara al del hombre, el perfil de paciente tradicional de las enfermedades del corazón. Son el embarazo y la menopausia. En ambas situaciones, la distribución de la grasa, el peso corporal, la resistencia a la insulina o el metabolismo del estradiol se alteran, y con ello, aparece un mayor peligro. 

Esto puede explicar los datos que rodean a la enfermedad cardiovascular en la mujer: es la primera causa de muerte en España en la población femenina. Ellas presentan un 6 % más de fallecimientos por causas cardiovasculares que los hombres, una diferencia que, además, ha aumentado en los últimos años entre las menores de 55 años. ¿El problema? Según la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), que la salud cardiovascular de las mujeres sigue estando infraestudiada, infrarreconocida e infradiagnosticada y su presencia en los ensayos clínicos continúa siendo insuficiente. «Solo el 29 % de los ensayos clínicos sobre dislipemia incluye a mujeres, mientras que en los estudios sobre tratamientos para enfermedades cardiometabólicas y diabetes su representación se reduce al 26 %», denuncia la entidad. 

De hecho, desde la sociedad médica lamentan que todavía sigan imperando mitos sobre este riesgo, los cuales restan importancia al control del corazón femenino. Es, por ejemplo, la creencia de que, por su fisiopatología, ellas están protegidas de tener cardiovasculares, y que, al tener el colesterol HDL más elevado en general —el conocido popularmente como bueno— están menos expuestos a eventos como infartos o ictus. Nada más lejos de la realidad. 

Los especialistas no solo observan esta diferencia en el papel. También lo ven en su día a día. La doctora María Dolores García de Lucas, miembro del grupo de trabajo de Diabetes, Obesidad y Nutrición de la SEMI, reconoce que, en plan, se encuentran con mujeres que tienen riesgo vascular y lo desconocen. Por eso, destaca que es fundamental «interrogar a cada una sobre los factores de riesgo específicos además de los clásicos para tener suficiente información e investigar con certeza cómo influyen en el desarrollo de eventos vasculares y poder realizar un diagnóstico y terapia personalizados». 

En el embarazo

Existe un perfil de mujeres que presentan un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular asociada al embarazo. Se estima que puede afectar a entre el 5 y el 10 % de las gestaciones, y no solo se relacionan con enfermedades previas de la madre, como la hipertensión arterial, la diabetes o las enfermedades autoinmunes —como se había apuntado clásicamente— sino también con tratamientos hormonales, la fecundación in vitro y la ovodonación.

Es más, se ha visto que que parte del daño arterial puede persistir después del embarazo y que determinadas complicaciones durante la gestación, como la preeclampsia, la diabetes gestacional o el desprendimiento prematuro de la placenta, se consideran actualmente factores de riesgo emergentes para la salud cardiovascular de las mujeres. Complicaciones todas ellas que se relacionan con una mayor probabilidad de desarrollar cardiopatía isquémica, enfermedad renal crónica o demencia vascular entre cinco y diez años después de haberlas sufrido. Su presente pasa factura a su futuro. Y no solo al de ellas. 

La sociedad médica de internistas explica que el desarrollo de estos problemas durante la gestación también afecta, posteriormente, a sus hijos, que tienen más prevalencia de hipertensión en edad joven y de problemas cardiovasculares en comparación con la población general. Todo un continuum cardiovascular maternofetal del que, reconocen, queda todavía mucho por aprender y describir. 

Pero, ¿de dónde viene este peligro aumentado? Durante el embarazo, el organismo de la mujer experimenta, como es lógico, cambios fisiológicos que le permiten adaptarse a las necesidades del feto. Así, el sistema cardiovascular es uno de los que más se transforma: aumenta el gasto cardíaco y las arterias maternas se relajan por efecto de las hormonas, una adaptación necesaria para asumir la sobrecarga que supone proporcionar al feto el oxígeno y los nutrientes que necesita. Sin embargo, este proceso no siempre se da de la mejor manera. Cuando el cuerpo de la madre no logra responder correctamente a las demandas del embarazo, pueden aparecer complicaciones que afectan a la salud cardiovascular de la madre.

Entre las semanas 12 y 16 de gestación se completa una parte fundamental de la formación de la placenta. En determinadas circunstancias, las arterias del útero pueden no aportar suficiente sangre para garantizar una adecuada nutrición fetal. «La placenta percibe esa falta de riego y libera a la sangre materna sustancias de alarma que dañan órganos como el hígado, los riñones o el cerebro, originando HTA, y que también pueden causar complicaciones como la hipertensión gestacional o la preeclampsia», describe la SEMI. Esto explica el control que de por sí debe existir en personas sanas que se quedan embarazadas. 

Por otra parte, en población femenina que tuviese factores de riesgo conocidos, los médicos deben hacer hincapié en que lleguen a la gestación con la patología controlada. Los internistas recomiendan realizar un cribado de preeclampsia y, si denota alto riesgo, iniciar  un tratamiento con aspirina a bajas dosis, que ayuda a prevenir o retrasar estas complicaciones. Además, la mujer debe mantener una alimentación equilibrada basada en la dieta mediterránea y realizar ejercicio físico durante la gestación, siempre y cuando obtenga el permiso de su ginecólogo. 

En la menopausia

El mayor riesgo existente en la menopausia es más conocido. Una vez que la mujer supera su etapa fértil de la vida, se produce una caída de los estrógenos y, con ella, se pierde la protección hormonal que ofrecían hasta ese momento. «Su descenso provoca una pérdida de la elasticidad arterial y la disfunción del endotelio de la composición de la arteria lo que favorece la rigidez arterial y la disminución de la producción de óxido nítrico, esencial para que las arterias se dilaten correctamente», explica la doctora García de Lucas. Además, la falta de estas hormonas también puede hacer que las placas de grasa acumuladas en las arterias, es decir, el colesterol, sean más propensas a romperse, lo que causa infartos repentinos

A su vez, esta situación favorece el cambio en el perfil lipídico, como el aumento del colesterol LDL, de los triglicéridos o reducción del HDL; la redistribución de la grasa corporal, pues pasan a acumular, con más facilidad, grasa abdominal o visceral; y el peor control de la presión arterial, lo que deja a la mujer más vulnerable a sufrir un infarto, un ictus o una enfermedad arterial periférica. 

Así, la mujer termina acumulando, por un lado, los factores de riesgo cardiovascular tradicionales, como el tabaco, «que en ellas es más nocivo» o la diabetes. Y, por otro, una combinación de variables únicas de corte biológico, médica y sociocultural. «Además de los riesgos clásicos (tabaco, diabetes, hipertensión), existen factores únicos de la mujer que a menudo no se interrogan en consulta como son las diferencias hormonales, los factores ligados a la reproducción, factores socioculturales y de género», precisa la internista, que se atreve a decir que estos últimos son «específicos de la mujer». 

Dentro del cajón de específicos, caben muchos tipos. Algunos están relacionados con el embarazo y sus complicaciones, como la hipertensión gestacional, la preeclampsia, la eclampsia, la diabetes gestacional, los partos prematuros o los abortos de repetición. 

Los factores hormonales y reproductivos tienen un papel importante. Es el caso de la menopausia precoz, antes de los 45 años; así como de la menarquia precoz, es decir, tener la primera menstruación antes de los once años. El uso de anticonceptivos orales también debe valorarse en función de las características de cada mujer, especialmente cuando existen otros factores de riesgo, como el tabaquismo o una hipertensión arterial mal controlada. Por otra parte, el síndrome de ovario poliquístico se relaciona con alteraciones cardiometabólicas y con un mayor riesgo de dislipidemia.

Las enfermedades autoinmunes, como el lupus o la artritis reumatoide, constituyen asimismo un factor relevante. Se trata de patologías más frecuentes en mujeres y que pueden incrementar el riesgo de enfermedad vascular.

De igual forma, el riesgo entra en el terreno psicosocial. La depresión y la ansiedad presentan una mayor prevalencia en la población femenina y pueden verse condicionadas, entre otras circunstancias, por el papel de cuidadoras que muchas desempeñan de forma prolongada dentro del entorno familiar. El estrés sostenido y la carga emocional contribuyen también a un peor control de otros factores de riesgo cardiovascular. Por último, determinados tratamientos contra el cáncer, especialmente los empleados en el cáncer de mama, pueden tener efectos sobre el sistema cardiovascular y vascular. Es más, en este sentido, ya se habla de cardiooncología. 

Todos estos elementos no actúan solos, «sino que suelen retroalimentarse, aumentando el riesgo de padecer otras condiciones como enfermedades vasculares», concluye la especialista en medicina interna. 

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.