Los problemas de salud en verano según la edad: «Podemos sentir hinchazón abdominal, pero se suele deber a una retención de líquidos»
ENFERMEDADES
Varios expertos profundizan en los principales motivos de consulta que llegan a sus especialidades en la época estival, todos ellos marcados por el calor
09 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Las estaciones definen su tiempo. Al igual que en invierno, el día a día de la sociedad sigue una rutina, con actividades fijas y una estructura marcada por el trabajo, el colegio y una menor interacción social, en parte, por el frío y la falta de luz; en verano, sucede lo contrario. Una época estival que no solo marca los quehaceres diarios y las costumbres, sino también, la salud. De los virus causantes de resfriados y gripes, que inician su temporada en noviembre, a las quemaduras solares, otitis o picaduras de insectos, que debutan entre junio y septiembre. La salud y sus problemas también acompañan en vacaciones, aunque no a todos por igual.
En edades pediátricas, las consultas estivales están protagonizadas por las otitis, las quemaduras solares y las intoxicaciones alimentarias. La otitis externa se asocia a los frecuentes baños en piscinas y mar, por eso también puede conocerse como la otitis del nadador. Se trata de una infección en el conducto auditivo causada por la acumulación de agua en esa zona. Además, «las altas temperaturas de las aguas también favorecen la proliferación de bacterias y gérmenes», cuenta el doctor Valero Sebastián, miembro de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Prevenirlas es complicado. La medida más efectiva sería que los niños pasasen menos tiempo en el agua. «Sin embargo, les encanta jugar y bucear, así que otra forma de intentar evitarla es secar bien las orejas, no utilizar bastoncillos, y no manipular el conducto auditivo», comenta el especialista, quien recomienda que, ante el mínimo signo de dolor, es conveniente acudir al médico. En este tipo de infección también media la predisposición genética, «como es el caso de los niños que la sufren verano tras verano». Así, cuando el episodio es muy recurrente, se puede utilizar alcohol boricado, «que es un antiséptico muy local para evitar la proliferación de virus o bacterias, y funciona, aunque no tenga un resultado espectacular», puntualiza el pediatra.
Las quemaduras solares en niños siguen ocurriendo. No se deben a la desinformación, sino a los despistes. «Son la base de que, de adulto, desarrolle un cáncer de piel», lamenta el doctor Valero Sebastián. Evitarlas conlleva un recordatorio: aplicar en el pequeño la crema con fotoprotección solar cada dos o tres horas. «Las camisetas con fotoprotección están preparadas para niños con piel muy blanca o a los que la exposición solar les hace daño, como los niños con pieles atópicas». Sin embargo, en el resto no serían estrictamente necesarias.
Las intoxicaciones alimentarias se producen por ingerir comida en mal estado. En verano, las bacterias que crecen en la comida lo tienen más fácil debido a las altas temperaturas. «Con el calor también los alimentos se deterioran y pueden producir infecciones», indica el miembro de la AEP. Por eso, procurar una correcta conservación de los alimentos y respetar el tiempo máximo de vida es el mejor camino para evitar que la molestia aparezca.
Por último, aunque con un mayor carácter de urgencia, los pediatras también ven deshidrataciones, o en el peor de los casos, golpes de calor, motivados por la subida de los termómetros. «Los niños son más sensibles a los cambios de temperatura y su sistema de autorregulación es mucho más inmaduro que el de un adulto», responde Valero Sebastián. Juegan más, se mueven más, y, con ellos, sudan más. ¿El problema? Que tienden a beber menos. Por eso, uno de los consejos para esta época por parte del especialista es que las familias insistan en la hidratación.
Las rutinas siguen siendo importantes. «Los niños funcionan mejor, a nivel de comportamiento o emotivo, cuando hay una rutina, que en verano puede ser más laxa, pero debe seguir existiendo», contempla el pediatra. Por ejemplo, es bueno que tengan tareas todos los días. Estas pueden ser leer, jugar a juegos de mesa o practicar algún tipo de actividad física: «El niño no puede estar toda la mañana con la consola o viendo la televisión, hay que mantener un control respecto al abuso de pantallas», añade.
En el botiquín, Valero Sebastián recomienda sumar tres productos a los analgésicos y antitérmicos: «Un antiséptico como la clorhexidina, que aplicarlo como medida de inicio ante cualquier herida es fundamental; sales de rehidratación oral, por si se inicia un episodio de gastroenteritis; repelente de insectos para evitar la picadura y la posible infección que surge al rascarse», comenta.
En adultos
Muchas de las consultas del paciente adulto no difieren de las pediátricas, es el caso de las infecciones de transmisión alimentaria por la rotura de la cadena del frío de los alimentos y las otitis del nadador o externas. Sin embargo, el doctor Manuel Portela, miembro de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), suma otros motivos: «Las conjuntivitis relacionadas con piscinas; las micosis cutáneas como el pie de atleta; las infecciones urinarias, favorecidas por la deshidratación; las quemaduras solares y las reacciones de fotosensibilidad por fármacos; las picaduras de insectos y de medusas; y los problemas dermatológicos en general», señala el presidente de Semergen Galicia, quien también apunta a un incremento de los cólicos renales y biliares ligados a la deshidratación, cefaleas por calor y accidentes acuáticos. Por eso, considera que siempre es buen momento para repetir, por activa y por pasiva, las medidas que previenen una amplio abanico de los anteriores: «Hidratación, protección solar, higiene alimentaria y prudencia en el agua».
Si hay un hábito que muchos reconocen es un mayor consumo de alcohol. Aunque algunos lleguen a pensar que, por ejemplo, la cerveza pueda hidratar, «para reponer líquidos sigue siendo necesaria el agua», precisa el médico de familia, que añade: «El alcohol es un diurético, favorece la pérdida de líquido y de sales justo cuando más necesitamos hidratarnos, por lo que agrava la deshidratación propia del calor». A ello se suman otros riesgos. El alcohol disminuye la capacidad de reacción y la coordinación, aumentando el riesgo de accidentes y ahogamientos. También altera la capacidad para regular la temperatura corporal, empeora el sueño, puede interactuar con determinados medicamentos y, en personas con diabetes, favorece las hipoglucemias.
Otro de los grandes desafíos del verano llega para quienes aprovechan el buen tiempo para practicar deporte al aire libre. Aunque mantenerse activo es beneficioso, hacerlo bajo temperaturas extremas puede tener consecuencias importantes para la salud. El riesgo no solo se traduce en un mayor cansancio. Tal y como señala el médico de familia, «va desde los calambres musculares y el agotamiento por calor hasta el golpe de calor, que es una urgencia vital». La intensa sudoración provoca una pérdida de agua y electrolitos que, si no se compensa adecuadamente, puede traducirse en mareos, náuseas, debilidad o incluso alteraciones del nivel de conciencia. En los casos más graves, especialmente tras esfuerzos intensos y prolongados, puede aparecer una rabdomiólisis —la destrucción del tejido muscular— con riesgo de daño renal. Además, las altas temperaturas suponen una sobrecarga para el sistema cardiovascular, especialmente en personas con enfermedades cardíacas.
Para reducir estos riesgos, los especialistas recomiendan adaptar la actividad física a las condiciones ambientales: «Evitar las horas centrales del día, entre las doce y las cinco de la tarde, aclimatarse de forma progresiva, hidratarse antes, durante y después del ejercicio y utilizar ropa ligera», apunta el presidente Semergen en Galicia.
Si alguien siente que, en verano, duerme peor, es probable que esté en lo cierto. Aquí no solo importan los termómetros, sino también, el jet lag social que, en época estival se extiende a la semana. Así, para promover una buena higiene del sueño, el doctor Portela recomienda dormir en un ambiente fresco, oscuro y silencioso, con rutinas relajantes y mantener cierta actividad física durante el día para contrarrestarlo. También, «siestas cortas, evitar las cenas copiosas, la cafeína y el alcohol en las horas previas», añade el médico de familia. Las bebidas, al contrario de lo que se suele pensar, no ayudan a conciliarlo; lo fragmentan.
El aire acondicionado también pasa factura a la salud. Su uso prolongado favorece la sequedad de las mucosas de ojos, nariz y garganta, lo que puede traducirse en irritación ocular, faringitis o tos. Además, cuando los filtros de las máquinas no se limpian con regularidad, aumentan las probabilidades de que se desencadenen crisis de asma o de rinitis en personas predispuestas. Incluso, si el chorro de aire frío incide directo sobre una zona, puede provocar contracturas musculares. «Lo ideal es mantenerlo entre los 24 y los 26 grados, no dirigir el flujo hacia las personas, limpiarlo con regularidad y ventilar las estancias a diario», resume el experto. Medidas muy sencillas que no siempre se respetan.
Embarazadas
Si el calor ya resulta incómodo para la población general, las embarazadas tienen un reto añadido. «Las altas temperaturas intensifican la vasodilatación propia de esta etapa, favoreciendo la bajada de tensión, el mareo y los edemas en piernas y tobillos», comenta el médico de familia. La deshidratación también es más frecuente y, con ella, el riesgo de infecciones urinarias. A su vez, el especialista apunta a un aumento de la candidiasis vaginal y de otras infecciones, y anima a prestar especial atención al riesgo de trombosis venosa en viajes largos con períodos prolongados de inmovilidad, así como a la hiperpigmentación en la piel, lo que se acentúa con el sol. Con todo, calma. «Si bien la fiebre alta o la exposición a saunas y baños muy calurosos sí son contextos de riesgo, sobre todo en el primer trimestre, no debe alarmarse a la gestante con el calor ambiental ordinario que esté bien gestionado», contempla el doctor Manuel Portela
Pero a nadie amarga un dulce. Para encontrarse mejor, el médico de familia recomienda hidratación abundante, evitar el sol en las horas centrales, usar protección solar, el uso de ropa fresca y holgada y no estar mucho tiempo de pie o quieta. Además, precisa que, para este grupo de mujeres, es bueno «caminar con frecuencia, elevar las piernas al sentarse o acostarse y, si se lo indica un profesional, usar medias de compresión graduada para mejorar el retorno venoso y los edemas», concluye el especialista gallego. Por su parte, los edemas de aparición brusca o asimétrica en una sola pierna, que es sospecha de trombosis; la cefalea intensa, visión borrosa o luces, el dolor abdominal, sangrado, las contracciones regulares o la disminución de los movimientos fetales son signos de alarma y motivo de urgencia.
Edad avanzada
La peor parte del verano se la llevan los pacientes pluripatológicos y de avanzada edad, que en la mayoría de ocasiones, cumplen ambas características. El doctor José Ángel García, especialista en medicina interna y coordinador del grupo de trabajo de Cronicidad y Pluripatología de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) explica que cada estación del año tiene unos precipitantes de descompensaciones en este grupo de personas: «Con las olas de calor, desde Medicina Interna comprobamos que aumentan las descompensaciones de insuficiencia cardíaca, enfermedad renal crónica y diabetes. Muchos de estos pacientes presentan una menor capacidad para adaptarse al estrés térmico».
Además, es habitual que este grupo de la población tome diferentes medicamentos y que, algunos de ellos favorezcan la deshidratación o dificulten la regulación de la presión arterial y de la temperatura corporal. Es el caso de los diuréticos, antihipertensivos o algunos betabloqueantes, entre otros. «Las personas mayores, especialmente las frágiles, con deterioro cognitivo o dependencia funcional, constituyen el grupo más vulnerable», advierte el médico internista, quien detalla que, en ellas, un episodio aparentemente leve de deshidratación puede desencadenar un ingreso hospitalario o una pérdida importante de autonomía. Se suman otras urgencias, como las alteraciones hidroelectrolíticas, como la hiponatremia o hipopotasemia, la insuficiencia renal aguda por pérdida de líquidos y las descompensaciones de patologías crónicas.
Así, en procesos como la insuficiencia cardíaca, «puede haber retención de líquidos y disnea»; con la insuficiencia renal, «un empeoramiento por deshidratación; en los pacientes con diabetes, alteraciones de la glucemia y de la insulina»; en la epoc, «agudizaciones, a veces por infecciones o por el uso de aire acondicionado», y en la hipertensión, «hipotensión por vasodilatación y por diuréticos», puntualiza Portela. El médico de familia indica que, en estas personas, «el margen de adaptación es menor, por eso pequeños desajustes tienen mayor repercusión».
Para evitarlas, la prevención es la mejor herramienta. Aquí no solo importa mantener una hidratación adecuada, o permanecer en lugares frescos y bien ventilados, sino que «en las las personas mayores también es fundamental mantener una alimentación suficiente, vigilar el peso, controlar la tensión arterial y estar atentos a cualquier cambio en el estado general, como mayor somnolencia, confusión, debilidad o disminución de la cantidad de orina», indica el miembro de la SEMI, quién también recomienda revisar la medicación periódicamente con el médico responsable, por si fuese necesario ajustar temporalmente algunos tratamientos.
Consultas concretas
Si hay un órgano protagonista, por su cuidado y perjuicio en la época estival, es la piel. Los dermatólogos son los grandes especialistas del verano. «En este momento del año, hay muchas enfermedades dermatológicas que suelen mejorar, como la dermatitis atópica, la psoriasis o el acné, solo que, en un grupo reducido, empeoran», reconoce Eduardo Fonseca, dermatólogo. El experto también apunta a las quemaduras solares, como el problema principal de esta época —aunque no siempre requieran una consulta—, las alergias por contacto o irritaciones, los cuadros fototóxicos por plantas, o las infecciones cutáneas, tanto causadas por hongos como bacterias. «Hay muchas infecciones que aumentan porque, al final, hay más exposición y, además, al haber más rozaduras o heridas, también se crean más vías de entrada», señala el especialista.
En el apartado de hongos, se sitúan tres cuadros muy frecuentes. En primer lugar, las candidosis o candidiasis, que se producen, sobre todo, en zonas de pliegues, «cuando hay calor y roce, que en esta época es mucho más frecuente», comenta el doctor Fonseca. Después, se encuentran las tiñas, como el conocido pie de atleta, «que se contagia al andar descalzo y, a veces, se extiende a la ingle también». Solo que, este tipo de problemas, suelen aflorar meses después. Y, por último, la pitiriasis versicolor, una infección superficial y no contagiosa de la piel causada por el crecimiento excesivo de un hongo natural que provoca manchas claras u oscuras con descamación final. «Son hongos que todos tenemos y que, con ciertas circunstancias, crecen de más», señala.
En un capítulo aparte, no todas las reacciones que aparecen tras tomar el sol son simples quemaduras. En algunos casos, la combinación de la radiación ultravioleta con determinados medicamentos, cosméticos o sustancias presentes en plantas puede desencadenar alteraciones cutáneas conocidas como fototoxicidad y fotoalergia. La primera, mucho más frecuente, se produce cuando esas sustancias aumentan la sensibilidad de la piel a la luz y provocan una reacción similar a una quemadura, con enrojecimiento, inflamación e incluso ampollas.
La fotoalergia, en cambio, implica una respuesta del sistema inmunitario: tras el contacto repetido con una sustancia que se modifica por efecto de la luz ultravioleta, el organismo desarrolla una reacción alérgica que puede aparecer incluso con cantidades mínimas de esa sustancia o de exposición solar y manifestarse como un eccema con intenso picor, llegando a extenderse más allá de las zonas expuestas al sol.
Daniel Pérez, miembro del Colegio de Dietistas y Nutricionistas de Galicia, reconoce que septiembre es un mes de mucha actividad. «La gente llega por una pérdida de hábitos, con la intención de perder algo de peso, y de recuperar un poco la rutina», reconoce. Otros también refieren malestar, pesadez e hinchazón abdominal. «En general, se suele deber a una mayor retención de líquidos y no al aumento de peso, que se produce porque, en esta época, comemos más veces fuera de casa, consumimos una mayor cantidad de alcohol y de sal», resume. Para hacer frente a esta situación, el especialista recomienda priorizar la materia prima fresca, con un alto contenido de verduras, y preparaciones a la plancha, o al vapor. «Hay que comer legumbres, cereales integrales, verduras y frutas de temporada, utilizar el aceite de oliva virgen extra para cocinar y el aliño, y aprovechar que estamos en verano para aumentar el consumo de ensaladas, cremas o sopas frías», señala.
Si las molestias van más allá y la sensación de hinchazón persiste, el nutricionista recomienda incluir otras medidas: «Beber mucha agua repartida a lo largo del día, eliminar el alcohol y las bebidas con gas, así como los ultraprocesados y productos ricos en sal, realizar un número de comidas con menor volumen en cada una de ellas, y mantenerse activos». En ocasiones, indica el especialista, incluir kéfir ayuda, así como infusiones de hinojo, o especias, como jengibre, menta o comino. Este último, para las legumbres.