Rodrigo Lastra, oncólogo: «Me gusta plantearme qué haría con un paciente si fuera mi padre, madre o hermano, pero no lo somos»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Rodrigo Lastra, oncólogo.
Rodrigo Lastra, oncólogo.

El especialista, uno de los introductores de la oncología del sentido común en España, precisa que uno de los aspectos más importantes en la comunicación con el paciente es la escucha activa

28 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Rodrigo Lastra (Burgos, 1977) es uno de los oncólogos que se encuentran inmersos en la difusión del movimiento Oncología de sentido común, una corriente que nació en el 2023, en Estados Unidos y Canadá. «Busca la centralidad del paciente, ponerlo en el foco, y a veces, esto no se hace ni con lo más caro, ni lo más nuevo», detalla el especialista, que ejerce en el Hospital Clínico de Zaragoza.

—Participó en una mesa del curso Oncología Integrativa, organizado por la USC y Talaso Atlántico, llamada «Hacia una Oncología del Sentido Común». ¿Cómo se aplica el sentido común en esta enfermedad?

—El Common Sense Oncology hace referencia a una corriente en la que se quiere hacer una reflexión en la especialidad. La oncología ha avanzado muchísimo, afortunadamente. Ha habido grandes hitos tecnológicos, biomédicos y farmacológicos que indudablemente han hecho desarrollarse mucho los tratamientos y prolongar la esperanza de vida. Pero, por otra parte, al mismo nivel, y eso lo dice la comisión de The Lancet de donde partimos, se da la paradoja de que hay un desequilibrio a varios niveles: factores humanos, de comunicación, de reflexión crítica o, incluso, del acceso a tratamientos. En los países de altos ingresos, como es España, se da la situación de que muchos de los beneficios de los grandes avances son a precios altísimos y con ventajas a veces marginales, de pocos meses, y que ponen en riesgo la sostenibilidad. En cambio, en los países de bajos ingresos, está el gran drama de que más del 60 % de la población mundial no tiene acceso la lista de medicación esencial que cualquier persona con cáncer debería tener. No hablo de las últimas inmunoterapias ni de la última terapia dirigida, sino de quimioterapia básica. La oncología del sentido común pretende establecer una reflexión dentro de la especialidad sobre estos aspectos.

—Ha firmado un artículo científico titulado: «¿Qué harías si fuese tu padre?». ¿Se hace esta pregunta?

—Sí, ese es un paper que hemos publicado recientemente. Me ha sucedido muchas veces, pero una de ellas me llevó a la reflexión. En la oncología no todo es blanco o negro, pero esa pregunta a mí me sirve como patrón de medida para ponerte en el lugar del otro; para ayudar a decidir en situaciones en las que las cosas están llenas de matices y no quedan claras, y el paciente nos pregunta por nuestra opinión. A mí me gusta plantearme qué haría si fuera mi padre, madre o hermano. Pero, por otra parte, hay que tener en cuenta que no somos su padre, su madre ni su hermano. Es decir, que esa pregunta no lo es todo y el paciente en ese momento no quiere que seas su ser querido. Quiere que exista una distancia emocional, porque es necesaria; quiere una persona que en un momento de mucho estrés emocional y muchísima carga afectiva sea un puerto seguro para poder avanzar al siguiente paso. Es un equilibrio difícil, pero la pregunta como punto de partida a mí me parece muy válida para saber cómo proceder, sabiendo que no debemos ser ni el padre, ni el mejor amigo, ni el hermano del paciente.

—¿De qué forma pone en práctica una comunicación empática?

—Fíjate, creo que la comunicación es una de las cosas más importantes en la medicina general y en la oncología en concreto. Sin embargo, a veces en la formación de los oncólogos no es de las cosas que esté más reglada, cuando, al final, es el carril por el que va a transcurrir la relación médico-paciente. La empatía o la compasión son cosas fundamentales en la comunicación.

—Muchos pacientes refieren que en esa primera consulta reciben mucha información de golpe. ¿Está de acuerdo?

—Claro, las consultas de primera visita son un vendaval de información. El paciente y las familias suelen salir abrumadas. Además, hay una desigualdad tremenda entre el que tiene el conocimiento y la experiencia, que es el médico, y el paciente. Yo siempre lo digo, en una mañana veo quince, veinte o veinticinco pacientes. Para mí, el paciente que llega de vigésimo es igual que los demás, pero para él puede ser la consulta más importante del año o de la década. Todo esto hay que tenerlo en cuenta para no cometer errores, como utilizar terminología médica o minimizar la situación que está viviendo la persona.

—¿Cuándo cree que la persona hace clic desde que le da el diagnóstico?

La comunicación es un proceso. Mira, lo bonito de mi profesión y una de las razones por las que yo elegí la oncología, es por esa longitudinalidad. En el fondo somos como los médicos de cabecera del paciente con cáncer. Una vez que padeces la enfermedad, la vida ya nos ha puesto en común. El paciente no lo ha elegido ni nosotros tampoco, pero nos ha puesto en común. Y si la cosa fluye, que suele hacerlo, independientemente de que sea una relación más larga o más corta, siempre suele ser muy intensa. Ese asumir las cosas es un proceso, y se pasa por muchas fases. Quizá de las cosas más bonitas de mi profesión es caminar juntos durante un trozo de la vida, en el que el paciente pone ante ti las cosas más importantes. Sus dudas más grandes, sus problemas más existenciales. Hay que estar preparado para eso. Y es, sinceramente, de las cosas que más me gustan de mi trabajo. No sería lo mismo que cada día tuviera un oncólogo, que además tiene impacto en la supervivencia global. Pero ya independientemente de eso, se suele establecer una conexión y una confidencialidad muy bonita con el paciente.

—¿Llega a hablar de cosas que no son de cáncer?

—Claro. Es más, pasa una cosa. La gente que rota con nosotros, por ejemplo, se piensa que las consultas de oncología es todo penas y tristezas y noticias negativas. Y algún estudiante u otros médicos que, a veces, están con nosotros en consultas, se asombran de cómo en la mayor parte de las consultas hay risas, bromas o conversaciones intrascendentes, que son importantísimas. A veces, tan importantes como las trascendentes. Se generan esos espacios de confianza, pequeños oasis para que el paciente pueda respirar, hablar de su trabajo, hablar de su familia o de otras cosas. Pero sí, la consulta está llena de cosas de estas, solo que a veces tienes que pasar por ellas de manera muy rápida, y en otras ocasiones, tienes más tiempo. Pero vamos, la consulta es un espacio en el que se genera una relación plenamente humana.

—¿Con qué barreras se encuentra el médico para ser más empático?

—Para mí la más importante y fundamental es el tiempo. A todos los oncólogos y a todos los médicos nos gustaría tener más tiempo para dedicar a cada paciente y hacer una oncología que integrara muchos más elementos. Es decir, no solo poner el siguiente ciclo con la analítica, sino meter elementos de ejercicio físico, elementos nutricionales, de relaciones o del aspecto laboral. Te diría que en la oncología, especialmente, necesitamos más tiempo por paciente. De hecho, estamos llevando a cabo un proyecto para validar una guía de comunicación oncólogo-paciente, y la gran pega que nos están poniendo, y creo que con razón, es que necesitamos tiempo para poder tener estos diálogos con los pacientes.

—¿En qué se basa esa comunicación con el paciente?

—Te diría que el ingrediente fundamental es la escucha, que no solo es oír lo que te cuenta, sino ver el lenguaje verbal y el no verbal. Ver lo biológico y lo biográfico. Ver lo que me dice con la boca y lo que me dice con las cosas importantes. Yo creo que a veces, y yo soy el primero, los médicos y los oncólogos pecamos de poca escucha y de interrumpir pronto al paciente, a veces por tiempo, pero el ingrediente fundamental de la comunicación, el primero y básico, es la escucha.

—¿Alguna vez ha querido romperse delante de un paciente?

—Bastantes. Esta mañana mismo. Es muy bueno expresar las emociones, pero a veces, la consulta no es el momento, porque quizá no ayude al paciente en ese momento. Precisamente, lo que busca es un momento de zozobra, un puerto seguro. Y yo creo que el médico tiene que ser eso. Otras veces quizá sí, no lo sé. Habrá gente que te contará cosas diferentes, pero indudablemente, yo he querido llorar. Nos afectan las cosas que suceden a nuestros pacientes y creo que todos hemos tenido ganas de llorar. Y no una ni dos veces, muchas más.

Lucía Cancela
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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.