Lo que se puede esconder detrás del «todo me sienta mal» o «una digestión dificil»

ENFERMEDADES

Los síntomas digestivos suelen ser más frecuentes al saltarse la dieta habitual.
Los síntomas digestivos suelen ser más frecuentes al saltarse la dieta habitual. iStock

Aunque estas molestias pueden darse con más frecuencia en verano al comer más fuera de casa, dos expertas indican qué circunstancias pueden estar indicando que, en realidad, es un trastorno

25 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Las molestias persistentes después de las comidas, la sensación de saciedad precoz, las náuseas, la hinchazón y la distensión abdominal son síntomas frecuentes que muchas personas atribuyen a una «mala digestión». Si se dan a posteriori de una ingesta muy copiosa, puede ser algo puntual, pero si se prolongan en el tiempo, habría que consultar. «Depende del tipo de molestias, de la intensidad, del tiempo de evolución y de que suceda con la dieta habitual o con una ingesta extraordinaria», sostiene Raquel Souto, médico digestivo en el Complexo Hospitalario Universitario de Pontevedra (CHUP).

Durante las vacaciones, suele ser más frecuente salir de la rutina y comer fuera o ingerir alimentos que no solemos incluir en nuestro día a día. «Se puede notar plenitud, pesadez o distensión tras una comida copiosa, muy grasa o tomada con rapidez. Pero debemos consultar cuando los síntomas son persistentes, condicionan la alimentación, obligan a restringir muchos productos o afectan de forma clara a la calidad de vida», explica Carolina Malagelada, miembro de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) y especialista en aparato digestivo del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona.

Los síntomas digestivos no siempre se deben normalizar

Malagelada confiesa que es frecuente que la población tenga síntomas digestivos, pero no siempre deben normalizarse. «Muchas personas no se alarman al sentirse mal después de comer porque piensan que ‘tienen digestiones difíciles’, que ‘todo les sienta mal’ o que simplemente deben convivir con ello. Sin embargo, cuando los síntomas son repetidos, intensos o limitan la vida diaria, no deberíamos normalizarlos», sostiene. Por eso, recomienda acudir al médico si aparecen signos de alarma como pérdida de peso no intencionada, dificultad o dolor al tragar, vómitos recurrentes e intensos, sangrado digestivo, anemia, ictericia —exceso de bilirrubina— o una masa abdominal.

La edad juega un papel importante. Los síntomas de inicio reciente en personas de más de 50 a 55 años no deben pasarse por alto. «Si alguien por encima de esa edad que no había tenido ningún problema con su digestión, empieza a sufrir síntomas de este tipo, sobre todo si se asocia a otros datos de alarma como los descritos previamente, sí que puede llegar a ser un criterio para necesitar alguna exploración», sostiene Souto. «Asimismo, a medida que avanza la edad, aumenta el riesgo de tener lesiones y de que aparezcan alteraciones orgánicas», añade.

«Además, algunos pacientes llegan a consulta después de haber hecho dietas muy restrictivas, eliminando múltiples alimentos sin una indicación clara. Esto puede generar ansiedad, empeorar la relación con la comida e incluso favorecer déficits nutricionales», sostiene Malagelada. El objetivo no es medicalizar cualquier molestia puntual, sino identificar cuándo los síntomas son persistentes, cuándo pueden corresponder a un trastorno funcional digestivo y cuándo hay que descartar una enfermedad orgánica. 

Los prazoles sin prescripción médica, un riesgo 

Los prazoles suelen ser considerados de forma errónea como «protectores» de estómago para evitar molestias por comidas. Nada más lejos de la realidad. «Existe un uso excesivo de estos fármacos. Lo que hacen es inhibir la secreción ácida del estómago, que tiene su función en la digestión», indica Souto. Están indicados para el tratamiento de enfermedades relacionadas con la alteración de la secreción ácida del estómago, como puede ser una úlcera. Inhiben la producción de ácido, pero no crean una capa protectora en la mucosa del estómago, como sí hacen otros medicamentos. De ahí que no sean protectores gástricos en el sentido estricto del término.

«Son fármacos muy seguros que llevan muchos años en el mercado. Hay pacientes con una indicación sólida que llevan tiempo con el tratamiento sin complicaciones, pero otra cosa muy diferente es el uso inapropiado y sobre todo crónico de pacientes que no tienen prescripción», detalla Souto. Por eso, antes de recurrir a la automedicación —el único prazol que está disponible sin receta médica es el omeprazol—, recomienda consultar con un profesional médico. 

Dispepsia funcional

La dispepsia es el término médico que se utiliza para la indigestión; describe molestias en la parte superior del abdomen, dolor o ardor y sensación de llenura rápida al comer. Por otro lado, la funcional es un tipo específico de esta: «Existen síntomas como plenitud posprandial, saciedad precoz, dolor o ardor en la parte alta del abdomen, sin que las pruebas identifiquen una lesión orgánica que los explique», confirma Malagelada. Para establecer el diagnóstico, estos signos deben haberse iniciado, como mínimo, seis meses antes, según palabras de la doctora.

En una parte importante de los pacientes con dispepsia funcional se presenta, además, hipersensibilidad visceral. «Esto significa que estímulos fisiológicos normales, como comer una cantidad habitual de alimento o tener una cantidad normal de gas en el estómago, se perciben como molestos o dolorosos», amplía la espeicalista. 

Así, no existe una única causa que explique este trastorno multifactorial. «Puede intervenir una alteración de la motilidad gástrica, por ejemplo, una acomodación deficiente del estómago tras la ingesta o un vaciamiento gástrico más lento. También se han descrito fenómenos de microinflamación en la mucosa gastroduodenal, cambios en la permeabilidad intestinal, infecciones previas como un gastroenteritis aguda, y factores relacionados con el eje intestino-cerebro». 

El estrés, la ansiedad, la hipervigilancia corporal y las experiencias emocionales también pueden modular cómo el sistema nervioso central procesa las señales que llegan desde el aparato digestivo. «Eso no significa que "sea psicológico" ni que el paciente se invente los síntomas. Significa que el estómago, el intestino, el sistema nervioso entérico y el cerebro forman parte de un mismo circuito de regulación, y cuando este se altera pueden aparecer síntomas reales y persistentes», asegura Malagelada. 

Consejos para buenas digestiones

A la hora de prevenir este tipo de molestias digestivas que no tienen que ver con un trastorno en específico, Souto ofrece varios consejos.

El primero, que la digestión empieza con una masticación correcta de los alimentos. «Hay que masticar bien y comer despacio. La saliva tiene enzimas que ya empiezan a trabajar en ese momento y al comer más lento también ingerimos menos aire, con lo cual, tendemos menos sensación de distensión y flatulencia».

Se pueden tomar ciertas precauciones cuando se come fuera de casa. «Puede que tomemos más aceites refinados, fritos y demás. Por lo tanto, se puede intentar hacer lo mejor posible. A su vez, los ultraprocesados y los adictivos influyen en el proceso de digestión y las comidas ricas en grasas también se suelen digerir de forma más lenta o con mayor dificultad», subraya la especialista. Por eso, remarca que «los alimentos que tienen menos ingredientes normalmente son los más saludables».

Además, Souto subraya que el picoteo entre horas tampoco se debe recomendar cuando hay problemas de digestión o si esta es lenta. «En definitiva, dentro de todos los cambios que solemos hacer en las vacaciones, intentar mantener cierto orden en nuestros hábitos alimentarios», concluye.

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.