Pablo M. Alles, psicólogo experto en tabaquismo: «El gran beneficio de dejar de fumar es salir de la cárcel de la adicción»
ENFERMEDADES
El autor explica por qué el tratamiento cognitivo-conductual es el mejor método para abandonar el hábito
21 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Dejar de fumar es uno de los mayores retos para la salud de millones de personas en todo el mundo. Con el objetivo de apoyar a quienes desean abandonar este hábito, Pablo M. Alles, psicólogo y enfermero, ha escrito el libro Fumabook. Un manual de psicología cognitiva donde se explica cómo funciona el cerebro adicto y cómo se utiliza la teoría de la disonancia cognitiva para eliminar la dependencia del tabaco desde la raíz.
—¿Qué le llevó a escribir «Fumabook» y qué necesidad creía que no estaban cubriendo otros métodos para dejar de fumar?
—Me di cuenta de que cuando realmente alguien se planteaba dejar de fumar, había mucha opinión personal, pero no un método establecido que permitiera al adicto conocer a fondo su adicción y saber qué estrategias llevar a cabo para acabar con ella. Considero que no hay un abordaje correcto en el el tema, ya que normalmente se intenta resolver desde la atención primaria, por parte de médicos y enfermeros que no son expertos en adicciones, por eso, el método que propongo en el libro con respecto a otros es más integral, atacando la adicción desde todas sus vertientes. Hay otros métodos que son normalmente más motivacionales, que lo que intentan es animar al fumador a dejarlo basándose en el miedo y la preocupación. Esto es un método basado en la psicología que va dirigido es a tratar directamente la adicción.
—¿Por qué considera que dejar de fumar exclusivamente a través de la fuerza de voluntad es un enfoque que suele fallar?
—La fuerza de voluntad es el último recurso que se utiliza cuando uno ya ha puesto todo lo restante. Normalmente, se da cuando una persona deja de fumar basándose en una preocupación, pero no hay una convicción real. Cuando falta una motivación real se suple con la fuerza de voluntad, pero esta se agota. Una persona, no se puede exponer todos los días a un ambiente de fumadores y aguantar, porque llegará un día en el que va a volver al consumo. Lo importante es, dar herramientas para que la persona sepa abordar la adicción y no tener que emplear tanto la fuerza de voluntad.
—En el libro menciona que dejar el tabaco es fácil, que lo difícil es no recaer. ¿Qué papel cumple la recaída en el proceso de dejar la adicción?
—La caída es parte del proceso, es decir, que nadie debería establecerse como objetivo no recaer durante el proceso de la salida de la adicción. La clave es entender qué significado tiene. Esa caída crea una experiencia y un conocimiento. Nosotros lo que tenemos que hacer es entender que esta situación es posible para aprender, y que si caemos, lo que tenemos que hacer es aplicar el aprendizaje adquirido para que no nos vuelva a ocurrir.
—¿Qué opina de la gente que dice que dejó de fumar pero en ocasiones especiales si que fuma?¿Podría considerarse que dejó de fumar de verdad?
—Una persona que ha sido fumadora crónica durante toda su vida, que lo ha dejado, si fuma en situaciones especiales, sigue teniendo un problema. El consumo esporádico no permite a la persona salir de la adicción. Otra cosa es que haya alguien que no tiene una adicción y que, por acompañar a un amigo, consume un cigarro. Pero el que ha sido adicto, en términos generales, no debe tener un consumo esporádico.
—En el libro habla de que nuestro cerebro tiene como misión principal preservar nuestra vida. Pero entonces, ¿por qué nos permite volvernos adictos tanto al tabaco como a otras sustancias?
Porque, realmente la nicotina es una sustancia adictiva, es una droga, y, como todas las drogas, se apodera del sistema de recompensa. El sistema de recompensa es una parte del sistema nervioso central que es el que nos garantiza que comamos, que durmamos o que mantengamos relaciones sexuales. Entonces, las drogas se apoderan de este mecanismo para perpetuar el consumo. Al final, el fumador se convierte en una marioneta cuyos pasos están movidos por la droga.
—¿A qué se refiere cuando habla de desenganchar al cerebro adicto desde la raíz?
El cerebro adicto controla al sujeto a través de una serie de creencias adictivas, en las que la persona piensa que el tabaco tiene un papel fundamental en su vida. Lo importante es que la raíz de toda la adicción es el sistema de creencias adictivas, cada fumador tiene las suyas. Atacar a la raíz es atacar a las creencias que tiene el fumador y que le sigue manteniendo sujeto al consumo. Todas las creencias que los adictos tienen sobre el tabaco son las realmente sostienen el consumo. Entonces la clave es atacar a este sistema para desmontar las creencias.
—Hoy en día se han popularizado alternativas como los «vapers» o las cachimbas. ¿Considera que son trampas o que alargan la adicción psicológica? ¿O son herramientas de transición?
Realmente los vapeadores y el tabaco calentado no funcionan como métodos para dejar de fumar. Hay gente que sustenta el razonamiento en que no es tan malo como el tabaco, pero que algo sea menos malo que el tabaco no lo convierte en una herramienta. A mí siempre me gusta dejar un mensaje claro, gran parte de los dispositivos electrónicos que se venden están en manos de la propia industria del tabaco, y la industria del tabaco nunca pondría en venta un producto que hiciera daño a su propio negocio. Ellos saben perfectamente que el vapeador ni va a ayudar a la gente a dejar de fumar ni va a ser un producto que se consuma de una forma transitoria en los jóvenes, sino que llega realmente para quedarse, para generar a un cliente fiel y sumiso a largo plazo.
—¿Su método es sustitutivo o complementario con las ayudas físicas como los parches, los chicles de nicotina o los medicamentos?
—Es complementario. La ciencia nos dice que el mejor método para dejar de fumar es el tratamiento cognitivo-conductual con la ayuda de tratamientos farmacológicos siempre que el médico lo estime preciso. Todos los mecanismos para dejar de fumar tienen la evidencia científica de que aumentan la probabilidad de éxito. Pero siempre tenemos que entender que es un complemento al trabajo que haga el fumador. Nadie debería depositar la confianza exclusivamente en un tratamiento farmacológico, sino entender que siempre es un complemento que puede aumentar las posibilidades. Pero si nosotros no ayudamos a la pastilla, la pastilla no nos va a ayudar a nosotros.
—¿Cómo cambia la vida de una persona, más allá de la salud física y del dinero que deja de gastar, cuando logra superar por completo la dependencia del tabaco?
—Realmente el gran beneficio de dejar de fumar es la libertad. Es decir, recuperas esa manera de vivir que tenías antes de empezar a hacerlo. Normalmente, la gente empieza a fumar a los 16 años, desde entonces, la persona va poco a poco perdiendo la libertad, porque al ser adicto tiene que hacer todas las cosas dependiendo del cigarro. Y llega un momento en el que las personas que salen de la adicción, recuperan esa manera de vivir sin estar dependiendo constantemente del tabaco. Por tanto, el gran beneficio de dejar de fumar es el salir de la cárcel de la adicción, alcanzar esa libertad. Además, cuando la persona ya no tiene que consumir, ya no perjudica al cuerpo con las sustancias químicas y cancerígenas y previene otro tipo de enfermedades.