Maximino Abraldes, oftalmólogo: «La diabetes es la causa más frecuente de pérdida de visión»
ENFERMEDADES
El experto del CHUS asegura que los avances terapéuticos han permitido tratar pérdidas visuales que hace quince años eran irreversibles
20 jul 2026 . Actualizado a las 17:31 h.Galicia es una de las comunidades con mayor prevalencia de discapacidad visual, solo por detrás de Extremadura, Castilla-La Mancha y Castilla y León. Una de las enfermedades que más aumentan la carga de ceguera es el edema macular diabético (EMD), una patología que desarrollan el 20 % de las personas con diabetes tipo 1 y el 25% de aquellas que padecen el tipo 2, y se espera que los casos se tripliquen para el año 2030. Se trata de una acumulación progresiva de fluido en la mácula, el área central de la retina y la que se encarga de la visión central. A medida que los casos de EMD van en aumento, la oftalmología va encontrando soluciones para estos pacientes, pero las revisiones periódicas son lo más importante para detectarla a tiempo. El doctor Maximino Abraldes, oftalmólogo en el Complexo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela (CHUS) y en Miranza Instituto Gómez-Ulla, explica cómo se produce esta enfermedad y ofrece consejos para cuidar y preservar la visión a lo largo de la vida.
—Galicia figura entre las comunidades con mayor prevalencia de discapacidad visual y las previsiones apuntan a un fuerte aumento de los casos de edema macular diabético en los próximos años. ¿Qué está ocurriendo? ¿Estamos ante un problema de salud pública suficientemente conocido?
—La mácula es el centro de la retina, es aquella parte del ojo que nos permite tener una visión central, es decir, reconocer caras o poder distinguir las letras. Si la visión central está afectada, perdemos la capacidad de lectura, no podemos reconocer a nuestros seres queridos, conducir o de hacer otras actividades cotidianas. Y esto es lo que ocurre en el edema macular, por la formación de fluido, de líquido, en esa zona tan importante. La diabetes es una enfermedad que cada vez es más prevalente, porque la población también cada vez vive más, y también por los hábitos de vida, que a veces no son tan saludables como quisiéramos. De todas formas, hay que recordar que existen dos tipos principales de diabetes, la tipo 1, que afecta a pacientes jóvenes, y la tipo 2, que generalmente afecta a pacientes de mayor edad y que está relacionada con otros trastornos metabólicos, como puede ser la obesidad. En torno al 27 % de las personas con diabetes tipo 1 va a desarrollar un edema macular diabético a los nueve años del diagnóstico y el 28 % de los pacientes con diabetes tipo 2 presentan enfermedad entre diez y veinte años después de que haya debutado.
—¿Esta se considera una prevalencia elevada?
—Sí, dentro de los diabéticos es prevalente. Y lo que tenemos que tener en cuenta es que el edema macular diabético es la principal causa de pérdida de visión para la población diabética. No solo eso, sino que de por sí, la diabetes es la causa más frecuente de pérdida de visión en los países del mundo occidental. Es un problema importante, porque el resultado de un edema macular es una pérdida progresiva de visión que, si no se controla, puede desembocar en una ceguera irreversible. Pero si lo tratamos, es evitable, por lo tanto, el diagnóstico precoz es clave para que los pacientes puedan preservar la visión.
—¿Cómo se puede detectar tempranamente este problema?
—Lo más importante es un diagnóstico precoz de la diabetes. La población debe hacerse analíticas, sobre todo si hay factores de riesgo, para ver si la glucemia está aumentada. En ese caso, el médico de familia debe descartar una diabetes. Y un paciente diabético lo que tiene que hacer es revisarse el fondo de ojo como mínimo una vez al año, para ver que no haya ningún indicio de retinopatía diabética. Si esto no se hace, esta enfermedad debutará con una pérdida de visión central o con visión torcida de las cosas. Es lo que nosotros llamamos metamorfopsias: cuando el paciente mira un cuadro, lo ve torcido, o ve ondulaciones en las líneas de la carretera que realmente no están ahí. Estos son los síntomas que le hacen consultar al oftalmólogo, pero cuando una persona ya tiene esos síntomas, es que ya tiene un edema macular diabético. En realidad, lo mejor es la prevención.
—¿Qué implica la prevención para una persona diabética?
—Si a la diabetes se diagnostica precozmente y los pacientes hacen un buen control metabólico, es decir, siguen una dieta y llevan una pauta con antidiabéticos orales o con insulina, dependiendo de lo que le diga su médico, se puede evitar. Cuando hay un descontrol metabólico es cuando se produce la retinopatía diabética. Y una de las manifestaciones que puede tener es el edema macular diabético. Pero, lamentablemente, muchos pacientes aunque sean diabéticos, si no manifiestan alteraciones de la visión, no van al oftalmólogo. Es importante hacer una vez al año una exploración del fondo de ojo.
—¿Cómo se trata la EMD?
—Cuando hay fluido intrarretiniano, en la mayoría de los casos se puede revertir con tratamiento. Pero una vez que se cronifica, es irreversible. Si no actuamos de forma temprana, no vamos a poder recuperar la visión. Una vez que aparece el edema, tenemos que tratarlo y para eso actualmente disponemos de una terapia que consiste en inyectar fármacos dentro del ojo para que ese fluido se elimine. La mácula debe estar lo más seca posible, porque el fluido es dañino para la estructura histológica de la retina, hace daño a sus capas. Ahora bien, el tratamiento busca conseguir el fluido cero para que no haya edema. Si la secamos con inyecciones pero el fluido vuelve a aparecer, esas fluctuaciones no son buenas. Para evitar una ceguera irreversible, buscamos que la mácula lo más esté seca posible desde el principio.
—Más allá de la población diabética, ¿qué errores frecuentes cometemos que ponen en riesgo nuestra visión?
—La exposición prolongada al sol no es buena, porque puede producir alteraciones en el ojo y dañarlo. Al igual que protegemos la piel con cremas, si vamos a estar expuestos a la luz solar, debemos utilizar gafas de sol e incluso también viseras que nos eviten el reflejo solar dañino para nuestros ojos. Y después, hay muchas enfermedades que tienen relación también con nuestra alimentación, como la propia diabetes o los trastornos metabólicos. Entonces debemos hacer una vida lo más sana y saludable posible para que no se produzcan enfermedades de otras partes del organismo que vayan a repercutir en los ojos. Lo mejor es hacer revisiones oftalmológicas periódicas para detectar cualquier problema que exista de manera precoz y tratarlo antes de que sea irreversible. No solamente cuidar la salud visual, sino también hacer revisiones regulares con el médico de familia para ver cómo estamos y que no tengamos ninguna enfermedad que pueda repercutir en los ojos.
—Durante años usted ha presidido la Sociedade Galega de Oftalmoloxía y acaba de ser nombrado académico correspondiente de la Real Academia de Medicina de Galicia. ¿Cómo valora la evolución de la oftalmología gallega en los últimos años?
—La oftalmología gallega siempre ha estado en la vanguardia. Contamos con grandes especialistas y siempre se han formado buenos oftalmólogos en Galicia que no solamente se han quedado aquí a trabajar, sino que exportamos oftalmólogos al resto de España. En general, es una especialidad que ha crecido muchísimo en los últimos años gracias a los avances terapéuticos y tecnológicos. Hoy en día disponemos de moléculas que antes no teníamos, son fármacos que actualmente nos permiten tratar enfermedades que hace quince años no podíamos tratar. Por otro lado, la oftalmología ha crecido también en paralelo con la evolución tecnológica, porque hoy en día disponemos de aparatos punteros que permiten diagnosticar mejor. Y el avance de la informática y la inteligencia artificial nos está ayudando a hacer el cribado de ciertas patologías para identificar de manera más rápida cambios patológicos.
—¿Cuáles son los retos de su especialidad a futuro?
—Por un lado, conseguir tratamientos más duraderos. Para la EMD, necesitamos fármacos que nos permitan alargar los intervalos entre dosis y que los pacientes puedan ser tratados sin que tengan que venir tantas veces a la consulta. Y luego hay algunas enfermedades, como son las distrofias retinianas, que son patologías genéticas de tipo hereditario, en las que se están haciendo muchos ensayos clínicos e investigación, pero de momento aún con poca aplicación en la práctica clínica. Este va a ser nuestro gran reto para los próximos años.
—Hay muchos mitos sobre la salud ocular: que leer con poca luz estropea la vista, que mirar pantallas la deteriora de forma irreversible... ¿Cuánto hay de cierto en ellos?
—Los ojos están para ver y los oídos están para oír. Entonces, los ojos tenemos que utilizarlos. Evidentemente, no es dañino leer mucho, ni es dañino estar ante pantallas de visualización. Lo que es dañino es una mala utilización. Es decir, si estamos leyendo todo el día, o si estamos todo el día delante de un ordenador o delante de pantallas de visualización, como las tablets, acabaremos cansados. Pero eso no va a dañarnos la vista. La vista se daña por enfermedades, pero no por este tipo de cosas.