Eduardo Díaz-Rubio, presidente de la Real Academia de Medicina: «En el cáncer de colon tenemos una ventana de oportunidad de 10 años»

Lucía Cancela
Lucia Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Eduardo Díaz-Rubio, en la sede de la Ranme, en Madrid.
Eduardo Díaz-Rubio, en la sede de la Ranme, en Madrid.

El reputado oncólogo y catedrático habla del progreso conseguido desde que creó la primera unidad del país

15 jul 2026 . Actualizado a las 18:00 h.

Eduardo Díaz-Rubio (Cádiz, 1946) reconoce que tuvo la mayor de las fortunas como médico: una casa donde la medicina inundaba el ambiente. «Desde que nací viví la universidad, por eso, cuando yo entré a los 17 años, ya llevaba toda mi vida en ella». Su padre, catedrático de Medicina, permitía que muchos estudiantes consultasen la biblioteca privada que tenía de esta disciplina. «No había información al segundo, ni apenas bibliotecas públicas o de hospitales a las que ir porque, en esos años, la medicina no existía prácticamente», recuerda este gaditano, afincado desde hace décadas en Madrid. Su hogar acogía tertulias de médicos y de estudiantes de medicina: «Yo estaba diseñado para esto».

Con esto parece referirse a su extensa carrera. El actual presidente de la Real Academia Nacional de Medicina de España (Ranme) y académico de número de Oncología logró junto a otros colegas, entre los setenta y los ochenta, que su especialidad se reconociese como tal. Por aquel entonces, los pacientes quedaban relegados al cirujano sin apenas opciones de tratamiento. En las bases de la excelencia oncológica española se encuentra el nombre de Díaz-Rubio.

A sus espaldas, más de 300 publicaciones, más de 30 libros editados, la presidencia de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), de la Federación de Sociedades Oncológicas (Feseo), de la Sociedad Española de Investigación del Cáncer (Aseica) y de la Comisión Nacional de Oncología Médica. También fundó el grupo español del Tratamiento de Tumores Digestivos —en los que está especializado—, y del que actualmente el catedrático emérito de Oncología Médica es Presidente de Honor.

—¿La medicina conoce bien el cáncer colorrectal o todavía hay interrogantes por despejar?

—Realmente, ahora mismo tenemos un sistema sanitario extraordinario que se ha capacitado para atender este tumor en todos los lugares de España. Los hospitales tienen unidades de cirugía, unidades de oncología, incluso en algunos casos cuando se precisa de radioterapia, y además se trabaja en algo que para mí es el gran cambio de la medicina, el trabajo multidisciplinario. Durante años, insistimos en la importancia que tenía la puerta de entrada del paciente, porque eso significaba que caía en manos de un determinado servicio o médico y ahí se aplicaba el protocolo o la ciencia que cada uno creía. En la actualidad, esto no es así. Todos los casos son presentados en comités de tumores y la participación multidisciplinaria con cirujanos, con oncólogos, con anatomopatólogos y con radiólogos garantiza que se aplique el mejor tratamiento posible.

—¿Es un tumor que se conoce bien?

—En general muy bien, porque en primer lugar es un tumor muy frecuente, no es raro. Esto facilita indudablemente las técnicas de aplicación, de aprendizaje y todos los tratamientos más modernos que puedan existir. Hay que pensar que el cáncer de colon es el que tiene una incidencia mayor en España, y el segundo en mortalidad. Esto hace que todos los hospitales vean muchos casos y, con ello, que tengan una curva de aprendizaje, un recorrido enorme para aplicar la mejor solución en cada caso.

—En 1976, creó la unidad de Oncología Médica del Hospital Clínico San Carlos, germen del posterior Servicio de Oncología Médica, y primer servicio de la especialidad en España. Vaya logro.

—Sí. Por aquel entonces, no se sabía nada. De hecho, yo que me interesé por la oncología, tuve que irme fuera de España porque aquí el paciente con cáncer prácticamente estaba desahuciado, era un paciente en el cual no se aplicaba absolutamente ningún tratamiento. Así que mi interés por el tema hizo que tuviese que irme para formarme. La creación de esa primera unidad ocurrió con varias personas que, sin ánimos de echarnos flores, éramos los pioneros. Teníamos que montar esos servicios, esas unidades de oncología, no existían. Así que nos tocó ir planta por planta buscando pacientes. Por ejemplo, los cirujanos eran los que normalmente llevaban los casos de cáncer y teníamos que conseguir que confiasen en nosotros. Esto ha sido una transformación impresionante. Fíjese, en aquel año creamos la especialidad de oncología, que no existía en España, y ahora nuestro país es la niña bonita, en el campo de ensayos clínicos, de investigación, es el número uno en toda Europa. Se ha hecho una labor fantástica y hoy realmente la formación de los residentes, de las estructuras que existen en los hospitales, ha sido impresionante. Costó mucho trabajo porque nuestra llegada fue como cuando en una familia llega el séptimo u octavo hijo. No había sitio, estaba todo ocupado. Por eso tuvimos que hacérnoslo tratando de convencer a la gente, estudiando protocolos, trayendo nuevos fármacos y creando unas nuevas expectativas.

—Si se tuviese que retirar al completo de su actividad profesional, ¿se iría satisfecho con lo logrado?

—Sí, aunque un médico nunca se retira. Siempre se lo digo a mis alumnos. Incluso, cuando estás en una cena con familiares, amigos o conocidos, todo el mundo te pregunta. El médico estudia hasta el último día de su vida, porque es una profesión en la que debes estar muy, muy al día, porque los conocimientos se quedan obsoletos cada dos años en la actualidad. La evolución es impresionante. Pero, indudablemente, creo que sí estoy muy satisfecho porque realmente hemos construido algo muy bonito. Además, luego he tenido discípulos. Hay gente en toda España residentes que se han formado en mi servicio.

—En su discurso de ingreso a la real academia dijo, respecto al cáncer colorrectal, que se había pasado de la nada a la esperanza.

—Sí. Es de mi discurso que di en el 2006, y por aquel entonces, ya se habían hecho progresos. Hoy en día no lo titularía así. En todo caso, pondría desde la nada a la medicina de resultados, a las curaciones, a los pacientes que hoy sobreviven a estas enfermedades y hacen vidas absolutamente normales. A eso iría dirigido mi discurso. Y también, cómo no, a decir también aquello que creemos que todavía tiene campo de mejora; a que se podrían conseguir más cosas simplemente si tuviéramos una administración más ágil que nos permita incorporar innovación y medicamentos a la mayor rapidez posible. Mi discurso se centra más en esta línea. Es decir, intentar conseguir sensibilizar a la administración, también a los oncólogos, a los gerentes, a todas las personas que intervienen en el sistema público de salud para intentar incorporar los avances lo antes posible. Todos tenemos un poquito de responsabilidad en este caso. Unas veces porque se aprueban las cosas tardes, otras veces porque tardan en financiarse, otras veces porque el oncólogo, a lo mejor, no tiene realmente las herramientas necesarias para incorporarlo. Hay muchísimos factores, pero es crucial que aquí progresemos todos juntos para poder incorporar avances que están muy probados hoy en día.

Eduardo Díaz-Rubio, en el salón de plenos de la Real Academia de Medicina de España.
Eduardo Díaz-Rubio, en el salón de plenos de la Real Academia de Medicina de España.

—En una de sus últimas sesiones científicas habló del detective del cáncer en la sangre, de la prueba del ADNtc. ¿Es uno de esos avances?

—Sí. Hablé de esa determinación referida al cáncer colorrectal y fundamentalmente a los casos localizados. Es en donde tenemos más posibilidades de obtener resultados de curación. Más allá de la prevención, que obviamente es la primera medida que tenemos siempre que implementar, cuando se diagnostica hay avances que no estamos aplicando, salvo algunos hospitales que tienen ensayos clínicos en marcha. Una medida fundamental es la huella del ADN; conocer si después de una cirugía queda enfermedad residual o no. Esto se llama ADN tumoral circulante. Lo que se suele hacer es que se somete al paciente a la cirugía y luego se espera a ver qué ocurre, a ver si al cabo del tiempo recae o no. En realidad, hoy tenemos pruebas muy sensibles que nos permiten decir quiénes van a recaer y qué pacientes tienen muy poquitas posibilidades de ello. Esto es la determinación del AND tumoral circulante. Por ejemplo, si yo tengo un paciente que ha sido operado y que el AND tumoral circulante es negativo, ¿para qué le voy a dar tratamiento adyuvante, como la quimioterapia, que le va a generar efectos secundarios y ningún beneficio? Lo hacemos a ciegas. Con la prueba de la que hablo se puede tomar una decisión personalizada. Porque si es positivo, indudablemente indica que el paciente va a recaer y ahí tenemos que poner encima de la mesa todas las medidas posibles. Es absolutamente excepcional. Hay pocos hospitales que recurran a ella, porque tienen proyectos de investigación. Son pruebas que primero necesitan aprobarse, y tener el marcado europeo, lo que puede llevarnos dos años. Y luego, posteriormente, cuando se apruebe en Europa, hay que aprobarlo en España y hay que financiarlo. Y nos va a llevar otros dos años. En el otro lado, hoy tenemos hasta 28.000 pacientes de cáncer de colon que se pueden beneficiar. Imagínese lo que significa la pérdida de oportunidad para ellos. Por eso, creo que es una de las vías en la que indudablemente tenemos que trabajar.

—¿Cuáles son las otras?

—Hemos descubierto que algunos fármacos que conocemos desde hace muchísimo tiempo, como es, por ejemplo, la aspirina, funciona para determinados pacientes de cáncer colorrectal que tienen una alteración de un gen. Lo que tenemos que hacer es determinarlo en los hospitales, porque si está alterado, la administración de la aspirina reduce en un 50 % las posibilidades de recaída. Es una cosa muy sencilla y uno de los grandes avances de los años 2025 y 2026. Y el último, como todos los cánceres no son iguales, si hacemos marcadores de generes reparadores, podemos ver si los tumores tienen una característica u otra. Según la característica que tengan, pueden beneficiarse de la quimioterapia o de la inmunoterapia. Esto es básico, porque hay pacientes con esas alteraciones de genes reparadores que, con inmunoterapia, es posible que no necesiten ni siquiera cirugía.

—Habla del tumor localizado. ¿Qué perspectiva tienen los pacientes con metástasis?

—Hay varias posibilidades que tampoco eran factibles hace años. Una vez que se tiene la enfermedad diseminada con metástasis —generalmente en el hígado, pero también puede haber en el pulmón o en otros lugares— Lo importante es catalogar. Para ello, se han hecho guías. Es fascinante ver cómo hay pacientes que pueden curarse aunque tengan metástasis si conseguimos que pueda ser resecada con cirugía. De entrada, no es posible en muchas de ellas, pero cuando sí lo es, administramos tratamientos de quimioterapia que realmente disminuyen muchísimo esa metástasis y finalmente el consigue cirujano resecarla. Muchos de ellos se pueden curar y, desde luego, llegan a cronificar la enfermedad y a vivir durante muchos años. También están aquellos en los que no es factible poder resecar la metástasis, pero hoy en día, tenemos tratamientos que dependen de las características moleculares. El cáncer de colon es una enfermedad molecular, es decir, hoy sabemos que cada paciente es un mundo, es diferente uno de otro y que tenemos que hacer análisis genómicos para saber cuáles son las alteraciones específicas de cada paciente como ocurre en cáncer de mama o de pulmón. Lo que llamamos medicina de precisión. Hay personas que se benefician de unos tratamientos, otras de otros, pero en general podemos decir que hemos cronificado el cáncer de colon y que cada vez estamos obteniendo mejores resultados y mejor calidad de vida para los pacientes.

—¿Qué peso tienen los hábitos de vida en este tumor?

—Esto es básico y el punto crucial en un tumor como es el cáncer de colon. Hay dos aspectos. La prevención primaria, que es lo que usted habla, qué hacer para no desarrollar un cáncer de colon y la segunda es que, una vez que se desarrolla, diagnosticarlo en etapas muy, muy tempranas para conseguir una curación absoluta y total. Es la prevención secundaria o diagnóstico precoz. En la primaria, las normas de recomendación son las clásicas y en este sentido nos beneficia que sean las mismas, por ejemplo, que se recomiendan para las enfermedades cardiovasculares. Todo aquello que es saludable es bueno para evitar desarrollar cáncer de colon. Nuestra dieta mediterránea, un correcto estilo de vida, evitar la obesidad y el sedentarismo, así como tóxicos, como son el tabaco o el alcohol. Son normas que indudablemente benefician a la disminución de cáncer de colon. La segunda cuestión es que tenemos una ventaja respecto a otros muchos tumores. En el cáncer de colon, al principio, el tumor es benigno. Son los adenomas, que se pueden extirpar y no da ningún problema. Desde que se forma un adenoma hasta que se produce el cáncer de colon, tenemos unos diez años. Si en esa década, usted participa en una prueba de cribado, le encuentran sangre oculta en heces y luego le hacen la colonoscopia, usted ha atajado el problema. Ese adenoma que se ha visto, se ha extirpado, se ha quitado y luego se le hace seguimiento y nada más. Todo eso con una colonoscopia sin pasar por una cirugía. Tenemos una ventana de oportunidad de 10 años que es extraordinaria. La secuencia adenoma y carcinoma no se da prácticamente en ningún otro tumor. Y luego hay que distinguir también una tercera cuestión: aquellas personas que tienen una agregación familiar. Es decir, que hay mucho cáncer de colon en la familia y que, en algunos de ellos, se encuentran genes que produce una predisposición. Para estos casos hemos montado —lo que también ha sido un esfuerzo extraordinario y magnífico en todas las comunidades españolas—, unidades de consejo genético. Estos síndromes hereditarios no son muy frecuentes, son del 3 al 5 %, pero muchas veces no encontramos genes y sí vemos esa agregación familiar que es absolutamente importante para hacer un seguimiento continuado. Así que la prevención primaria, el diagnóstico temprano y realmente identificar estos casos de tumores de tipo hereditario es absolutamente básico en la medicina actual.

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.