El pasado, presente y esperanzador futuro de la estimulación cerebral profunda: «Es la última puerta para estos pacientes»
ENFERMEDADES
La primera cirugía de este tipo se llevó a cabo en Galicia en el 2000, en un paciente con párkinson; hoy, su abanico de aplicaciones es mucho más amplio
14 jun 2026 . Actualizado a las 19:42 h.El 3 de abril del 2000 se realizó la primera cirugía de estimulación cerebral profunda en un paciente con párkinson en el Complexo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela (CHUS). «Fue todo un reto porque el equipamiento diseñado específicamente para seres humanos prácticamente no existía o era excesivamente costoso», recuerda José Luis Relova, jefe del Servicio de Neurofisiología en este centro. La intervención fue un éxito y abrió la puerta a muchos otros pacientes, más allá de esta patología. Hoy, la estimulación cerebral profunda es aplicada en diversas enfermedades y otras muchas se encuentran en fase experimental.
El párkinson y trastornos del movimiento
«Esta cirugía consiste en la colocación de un electrodo en una zona muy concreta del cerebro, que va conectado a un generador de impulsos», explica Relova. En función de la patología que se quiera tratar, el electrodo se sitúa en diferentes localizaciones. La tecnología desde esa primera intervención que se llevó a cabo en el 2000, también ha mejorado. «Las técnicas de imagen y las funcionales, que es lo que empleamos para la identificación de las estructuras, han reducido los tiempos de las más de doce horas de cirugía al principio, a las cuatro de ahora; es una diferencia importante», amplía.
La aplicación más común de la estimulación cerebral profunda es la enfermedad de Parkinson: reduce temblores, rigidez, lentitud de movimientos (bradicinesia) y problemas de equilibrio, permitiendo rebajar la medicación. Así, Relova confiesa que a día de hoy se realiza una cirugía de este tipo en pacientes «prácticamente cada semana» en el CHUS. Existen una serie de requisitos que se deben cumplir para que esta se lleve a cabo. «Se hacen unas evaluaciones previas y si son candidatos al procedimiento, se realiza. En párkinson, suelen ser personas que tienen discinesias, movimientos involuntarios que el paciente no es capaz de controlar y que son bastante incapacitantes, y que no responden a otros tratamientos médicos», confirma Relova.
Sin embargo, la estimulación cerebral profunda tiene otras indicaciones más allá de la enfermedad de Parkinson. «El temblor esencial también es tratado con esta intervención quirúrgica, así como las distonías», menciona el neurofisiólogo. Además, «hay muchas patologías que se están probando, como la depresión y el dolor. Para esta última circunstancia, en nuestro equipo lo hemos hecho, pero son pacientes muy puntuales».
Nuevas aplicaciones: pacientes con trastorno obsesivo compulsivo (TOC)
Una mujer de 51 años se sometió a una cirugía para tratar su trastorno obsesivo compulsivo (TOC) en el Complexo Hospitalario Universitario de Vigo (Chuvi) hace dos años. Ella marcaba el inicio de una nueva vía de esperanza para aquellas personas que se quedaban sin alternativas porque la medicación dejaba de hacer efecto; lo que se conoce como casos refractarios. Detrás de esta intervención pionera se encontraban los neurocirujanos Pablo Sousa y Laura Serrano, que han sumado otros tres casos de éxito a la lista en este período de tiempo.
«Hemos hecho dos estimulaciones cerebrales para pacientes de TOC al año y, excepto uno que quizás no ha mejorado tanto, los otros tres sí lo han hecho mucho», confirma Serrano. «Realmente, dos intervenciones por año parece poco, pero llevamos más ritmo que el resto de hospitales de nuestro entorno. Hay muy pocos casos a nivel mundial reportados sobre cirugía del trastorno obsesivo compulsivo», añade. La intención, dicen, es subir a una por trimestre.
«Hoy en día sabemos que hay bastantes enfermedades en las que existe un desequilibrio en determinados circuitos del cerebro. Dependiendo de cuál sea, así será la patología. Pero mediante el uso de corrientes eléctricas podemos frenar y reequilibrar esos circuitos que están desestabilizados», indica su compañero Sousa.
Tal como mencionaba Relova, el párkinson es la principal patología beneficiada de esta técnica junto con la distonía. «Pero hay otras aplicaciones como el TOC y la depresión mayor. Las cuatro, engloban la mayoría de casos intervenidos a nivel mundial», apunta Sousa. Menciona otras indicaciones «marginales» en las que «hay mucha menos experiencia y, entre comillas, poca base de evidencia científica todavía: el Tourette, la esquizofrenia, trastornos de apetito como la anorexia e incluso en algunas adicción».
La estimulación cerebral profunda se reserva para casos complejos, donde los síntomas ya no responden a las terapias estándar o de primera línea. «En medicina siempre vamos escalando en tratamiento de menos invasivo a más. En el área que tratamos nosotros, en síndromes y enfermedades psiquiátricas, normalmente hay que agotar las psicoterapias o terapias conductuales, las farmacológicas y, por último, en casos muy severos y resistentes a las anteriores terapias, damos el paso a procedimientos quirúrgicos como este», detalla Sousa. Así, se deben cumplir unos requisitos de severidad, duración de la enfermedad y ausencia de respuesta a terapias conservadoras no quirúrgicas.
Una cirugía que no es curativa, sino que alivia síntomas
La estimulación cerebral profunda no cura la enfermedad, sino que alivia los síntomas. «Lo que trabajamos es la neuromodulación del circuito. Por ejemplo, en aplicaciones para el temblor, que es algo muy visible, este se paraliza y es muy fácil identificarlo. En cambio, en los trastornos psiquiátricos, se necesita un tiempo de neuromodulación», comenta Serrano. Es decir, desde que se coloca hasta que se nota una mejoría paulatina de los síntomas pueden pasar meses. Una vez que la neuromodulación surge efecto, el paciente con trastorno obsesivo compulsivo recupera calidad de vida. «Facilitamos que vuelva a una rutina normalizada, que no gaste todo su día en rituales y convulsiones que tanto tiempo le pueden hacer perder», comenta la neurocirujana.
El TOC es un trastorno de la salud mental que afecta a entre el 1 y el 4 % de la población mundial, consolidándose como una de las diez enfermedades más incapacitantes según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aquellos que la padecen experimentan pensamientos involuntarios, irracionales y repetitivos, conocidos como obsesiones. Estas generan ansiedad y la persona se ve obligada a realizar acciones compulsivas —también conocidas como rituales—, en un intento por neutralizar las sensaciones desagradables asociadas a esas obsesiones.
En todo caso, intervenciones como la estimulación cerebral profunda son fruto de sinergias entre distintas especialidades médicas. Las cuatro que se realizaron para pacientes de TOC en el hospital de Vigo nacieron de un interés por parte del área de psiquiatría, «pero también por parte de nosotros», confiesa Serrano. «Por eso acabamos haciendo equipo conjunto, multidisciplinar. Nos reunimos de forma periódica y tratamos y hablamos los casos más refractarios y complejos. Esos son los que valoramos si tienen cabida a optar por este tratamiento quirúrgico que es la última puerta para estos pacientes». Relova considera que existe un futuro esperanzador de la estimulación cerebral profunda. «Gracias a la información obtenida durante todos estos años en relación a cómo funcionan los sistemas neuronales, cómo están alterados, al igual que cómo se pueden corregir, ha permitido un desarrollo muy amplio», concluye el neurofisiólogo.