Ángeles Bruño, perfusionista: «Uno de los momentos de más tensión es cuando la sangre entra en la bomba de circulación»
ENFERMEDADES
La presidenta de la asociación nacional destaca la labor que hacen estos especialistas, cuya labor aún es desconocida
13 jun 2026 . Actualizado a las 10:05 h.M. Ángeles Bruño supo que quería ser perfusionista cuando entró a un quirófano y vio la bomba de corazón-pulmón. «Es un área que requiere especialización de muchos años para aprender y muchísimas cirugías», reconoce la presidenta de la Asociación Española de Perfusionistas, quien cuenta que tienen que mantener el ritmo anual y no ausentarse durante un largo tiempo de su labor: «No puedes hacer hoy una circulación extracorpórea y no repetirla hasta dentro de tres meses». La entidad celebró su congreso anual en Vigo, del 10 al 12 de junio.
—¿Esperan muchas novedades de esta cita?
—Sí. Los dispositivos están avanzando muchísimo, especialmente, a raíz de todos los progresos informáticos de diagnóstico o los softwares. Las máquinas ya son de tercera generación. Esto es como con los coches, que antaño teníamos los antiguos, pero se van modernizando. La innovación en estas máquinas es constante. El congreso lo hacemos en conjunto con la Sociedad Española de Cirugía Cardiovascular y Endovascular, de hecho nacimos con ellos y siempre hemos celebrado juntos este tipo de eventos, aunque sean dos congresos independientes.
—¿Cuántas veces le preguntan quién es el perfusionista?
—[Se ríe]. Muchas. Es el profesional responsable del manejo de la circulación extracorpórea cuando te operan del corazón. Con esto es con lo que comenzamos. La cirugía cardíaca fue uno de los grandes hitos de la cirugía moderna, porque se consiguió operar el corazón para poder repararlo. Sin embargo, para que estuviese parado, tenía que haber una máquina que hiciese las funciones del corazón y del pulmón. Y esa máquina, que es la bomba de corazón-pulmón o la bomba de circulación extracorpórea, es la que maneja el perfusionista. Ese es nuestro papel. Es muy desconocido, pero muy crítico. Es cierto que dentro de nuestro gremio es diferente, pero para la población general, no tanto. Lo bueno es que cada vez lo somos menos, al final, nuestra profesión empezó en 1958.
—Para que quede claro, ustedes son los que se encargan de cuidar el corazón en pausa.
—Sí. También es cierto que esto fue un poco al principio y después hemos crecido en el sentido de que cada vez hay más dispositivos de soporte cardíaco y pulmonar. Como históricamente siempre hemos sido los más preparados, porque estamos diariamente con este tipo de máquinas, también participamos en todo lo que implica el soporte extracorpóreo, como ECMOs. Así que a medida que se ha ido desarrollando la cirugía, la medicina y el soporte, hemos ido creciendo nosotros también en competencias.
—¿Cómo funciona la bomba de corazón-pulmón?
—Es una máquina muy grande y lleva un circuito, que es como tu propio sistema circulatorio, pero externo. Lo que hacemos es pasar sangre que va por las venas a esa otra circulación externa. Nuestra máquina la bombea porque lleva un rodillo que hace las funciones de corazón y, al ponerle oxígeno, también cumple la función del pulmón.
—¿De qué variables deben estar pendientes en este proceso?
—Para comprobar que funciona, tenemos que ver que el resto del cuerpo sigue yendo bien. Como el corazón es el que bombea, el que hace que llegue la sangre con oxígeno al resto del cuerpo, cuando estamos en circulación extracorpórea, tratas de mantener que el cerebro del paciente esté bien oxigenado —lo cual se mide mediante la oxigenación del cerebro—, que le llegue la sangre correcta, que el paciente orine —lo que implica que los riñones están bien—. Todo esto nos dice que la circulación que antes era del paciente la estamos simulando bien. Tenemos muchas alarmas que nos van indicando cómo van las cosas y cómo se han de resolver. Por ejemplo, valores que nos indican si hay que dar más o menos volumen.
—¿Cuánto tiempo puede estar el paciente con una bomba de corazón-pulmón?
—En intervenciones rutinarias, suele estar entre una y tres horas. En otras ocasiones, si, por ejemplo, hay un problema con una de las arterias que van al cerebro, las cuales todas salen de la aorta, la única forma de repararla es que esté sin sangre. Aquí, como es lógico, también se utiliza la bomba de circulación extracorpórea porque necesitas pararla. Estas cirugías son más largas. También cuando un paciente se opera por segunda o tercera vez, y cada vez es más complejo en la técnica. Después, los resultados van muy bien. Hoy en día, una persona se puede operar hasta cuatro o cinco veces del corazón. Esto era impensable hace algunos años.
—Entiendo que también tienen muchas limitaciones.
—Sí. Por seguir con el ejemplo anterior, hay pacientes a los que no les puedes quitar ese soporte, ni cardíaco ni pulmonar en un trasplante, porque su corazón todavía no tiene fuerza suficiente y necesita unos días o unas semanas de apoyo. En ese caso, también hay bombas de larga duración, los llamados ECMOs o las asistencias ventriculares, que también manejamos. Con ellos pueden estar días, hasta meses. Solo que como el material es fungible, se va desgastando o caduca, así que hay que ir cambiando el material, pero lo sigues manteniendo en un soporte que ayude al corazón. Otro caso es el de gente que está esperando un trasplante y todavía no lo tiene, al que se le pone una especie de circulación extracorpórea más pequeña. Hay que distinguir la que está dentro del quirófano, que es la la clásica y la que provocó el crecimiento del resto, y las nuevos dispositivos que también manejamos.
—¿Es un momento de tensión?
—Sí, lo es, solo que como es algo que haces a diario, pierdes la sensación, que vuelve inmediatamente cuando hay un problema. En la operación, hay momentos más complicados. Sobre todo, la entrada de la sangre hasta que se estabiliza y las funciones pasan a la máquina. Y, luego, a la salida, el momento en el que lo vas destetando, le vas quitando el soporte y son su corazón y sus pulmones los que tienen que recuperar la función, que han estado parados unas horas. También manejamos otros aspectos. Para que le podamos poner una circulación externa al paciente, tenemos que parar su coagulación. Es decir, cuando tienes una herida, se activa la cascada de coagulación, es decir, se forman coágulos. Para que esto no pase, tienes que poner heparina al paciente para que la sangre esté finita y no haya ningún coágulo. Pero el sangrado para la salida también hay que revertirlo con protamina —medicamento que actúa como antídoto específico de la heparina—. Después, está el tema de la temperatura. En el caso de una cirugía muy larga, tenemos una máquina que va bajando la temperatura al paciente hasta una hipotermia profunda, hasta los 20 grados, para que no consuma oxígeno, protegerlo durante todo el tiempo y darle más margen de seguridad al cirujano para que esté más tranquilo y tenga más tiempo para hacer una reparación. Aunque es cierto que esto cada vez se hace menos, porque las técnicas avanzan, sigue habiendo casos en los que es necesario enfriar mucho al paciente y después calentarlo. Pues todas estas cosas son momento de tensión.