Isabel Belinchón, dermatóloga: «El bronceado es la defensa de la piel frente al exceso de radiación lumínica»
ENFERMEDADES
La especialista es la nueva presidenta de la Academia Española de Dermatología y Venereología, un cargo que asume para cuatro años
11 jun 2026 . Actualizado a las 09:57 h.La doctora Isabel Belinchón, dermatóloga en el Hospital General Universitario Dr. Balmis, en Alicante, es la nueva presidenta de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). La especialista, que reconoce asumir el cargo de cuatro años con «mucha ilusión», precisa que los bulos que circulan en redes sociales sobre el cuidado de la piel refuerzan el mensaje clave que lanzan año tras año: la exposición sostenida de la piel sin protección a los rayos ultravioleta del sol aumenta el riesgo de padecer un cáncer cutáneo.
—¿La sociedad ha entendido ya que la piel se debe cuidar como un órgano más?
—La verdad es que la piel cada vez se reconoce más como un órgano de importancia. Siempre lo ha sido pero la relevancia que se merece. No solo es lo que nosotros siempre decimos, que nos protege de todo el ambiente externo y mantiene nuestra homeostasis, sino que además se está reconociendo que, como órgano, también tiene repercusión a nivel interno. Por ejemplo, la inflamación que afecta a la piel, pues también afecta a otros órganos. Esto es un poco lo que está pasando en la medicina en general. Se está comprendiendo, como es lógico, que somos un todo y todos los órganos están interconectados entre sí. Y por supuesto la piel, que es el más grande del cuerpo humano.
—¿Cómo ha visto desde su consulta el crecimiento del interés por su cuidado?
—Es toda una satisfacción poder ver que el peso de la dermatología, que es la parte de la medicina que se ocupa del órgano que es la piel, ha ido creciendo tanto dentro de los sistemas sanitarios, como en la mentalidad de las personas con el objetivo de cuidarse más y mejor, así como de hacer prevención en la medida de lo que pueden. Llevo más de treinta años como profesional, y he visto como ha pasado de ocupar un lugar pequeño, porque siempre ha habido cáncer de piel o enfermedades graves, y ha ido ganando relevancia y tamaño en el control de enfermedades inflamatorias o la prevención.
—Hay perfiles en redes sociales que defienden que tomar el sol sin protección no aumenta el riesgo de cáncer de piel, o que el incremento del uso de crema solar se relaciona con el aumento de melanomas. ¿Cuánto daño hacen este tipo de bulos?
—Es una lástima porque precisamente estos bulos están desinformando a la población y, especialmente, a un grupo de que es muy vulnerable porque suele ser la población más joven. Este tipo de personas influyentes en redes sociales que dan información completamente falsa, no basada en evidencia científica, están perjudicando mucho a la sociedad, porque la población más joven se nutre de estas informaciones y en un futuro, si siguen este tipo de recomendaciones, no van a poder ejercer convenientemente la prevención del cáncer cutáneo o del melanoma. Esta manera de hablar que tienen algunas personas está haciendo mucho daño a la salud de ahora, pero también a la salud futura.
—Precisamente, los dermatólogos siempre dicen que la piel tiene memoria.
—Sí, porque está más que demostrado. Evidentemente cuando se produce un daño, por ejemplo, relacionado con la luz, no solo se localiza en las fibras elásticas o en el colágeno, sino también en las zonas de los núcleos de las células. Y, aunque afortunadamente tenemos capacidad de reparación, siempre van quedando huellas de daño solar en nuestra piel. Nunca tendríamos que ir a buscar el bronceado, porque es un dato de defensa de la piel frente a un exceso de radiación lumínica. Es verdad que no podemos prevenir al cien por cien, porque somos personas que vivimos en el planeta Tierra donde recibimos radiación lumínica. Que ojo, también es necesaria para nuestra vida o para la síntesis de vitamina D; tampoco estamos demonizando, pero no tenemos que ir a la búsqueda de ese moreno de carácter estético-cosmético.
—¿Se cansan de repetir, año tras año, el mismo mensaje de protección solar?
—No nos cansamos de repetirlo porque la consecuencia es muy favorable. ¿Y por qué insistimos tanto? Porque está más que demostrado científicamente que la acción que se pueda realizar, sobre todo en poblaciones más jóvenes, va a repercutir en el desarrollo futuro de cáncer de piel. Esto está muy demostrado a nivel científico. Como especialistas de la piel tenemos la obligación de transmitir esta información porque tiene efecto presente y futuro.
—Otra de las alertas que llevan lanzando varios años desde la academia se centra en el aumento de las infecciones de transmisión sexual. ¿Qué factores lo explican?
—Sí. Estamos preocupados porque si tenemos en cuenta el último informe disponible de vigilancia epidemiológica en España, el del 2024, vemos que algunas de las ITS, como son la gonorrea o la sífilis, encadenan crecimientos constantes desde hace más de 20 años. Y que algunos incluso superan el 20 %. ¿Cómo no vamos a estar preocupados si cada año tenemos este incremento? Es una cosa que intentamos transmitir nuevamente a la población y ocuparnos como dermatólogos para mejorar la detección de las mismas, para proporcionar en la medida de lo posible tratamientos y detectar casos asintomáticos. Esto está relacionado probablemente con la relajación de las medidas de prevención, y con que se hayan hecho más determinaciones. Tenemos que actuar para que sobre todo la población joven esté atenta porque desde que tenemos tratamientos más eficaces, por ejemplo para el VIH, las personas se han relajado en sus medidas de prevención. E igual no adquieres la infección del VIH, pero sí una bacteriana, como la sífilis, gonorrea o clamidia.
—La psoriasis es la gran protagonista en su investigación. ¿Vive un buen momento como enfermedad?
—La psoriasis es una enfermedad inflamatoria, autoinmune, inmunológica y con una peculiaridad: que es bastante frecuente, puede afectar a alrededor del 2,4 o 2,5 % de la población española; y dentro de este porcentaje, alrededor del 20 % tiene una psoriasis ya de envergadura moderada grave. En estos casos ya de mayor importancia en cuanto a mayor extensión, mayor afectación de la calidad de vida, localizaciones, por ejemplo la cara, los genitales, las áreas expuestas de las manos en los últimos años hemos tenido un abordaje favorable afortunadamente. Pero sucede que como la psoriasis es una enfermedad inflamatoria, no solo está ubicada en la piel y afecta a todo el organismo. Prueba de ello es que esta patología se asocia a otras comorbilidades como son la artritis psoriática, mayor riesgo cardiovascular, mayor hígado graso, más posibilidad de tener obesidad. La buena noticia es que están teniendo oportunidades de tratamiento muy interesantes con la llegada de fármacos de tipo biológico, pequeñas moléculas que van controlándolas. Hoy por hoy la psoriasis no tiene cura, pero podemos ofrecer un muy buen control de esta patología a los pacientes que la presentan.
—Habla de la actualidad, ¿cómo era la situación en el pasado?
—La psoriasis precisamente es una de las enfermedades inflamatorias cutáneas que han tenido un desarrollo desde hace más de 20 años muy favorable en cuanto al acceso de terapias que logran el control. De hecho, en la actualidad contamos con terapias de tipo biológico que llegan a alcanzar un control en el aproximadamente del 90 % o incluso el 100 % de la psoriasis. Estos son resultados francamente envidiables. No es curativo pero sí lo controla y no es el caso de otras patologías inflamatorias pero la investigación no para y la verdad es que estamos muy volcados en conseguirlo.
—¿Se conoce el origen?
—Es una patología muy compleja, es inmunológica pero también es autoinflamatoria, tiene predisposición genética. Hay diversas cuestiones que afectan a que aparezca o no aparezca. Incluso hay nuevas evidencias de que la microbiota intestinal puede tener cierto efecto con el denominado eje enterocutáneo. Es decir, la investigación está completamente abierta. Decir que la psoriasis tiene una causa única hoy por hoy, esto no puede ser, solo podemos decir que es autoinflamatoria con predisposición genética en la que influyen factores ambientales.