Emilio Salgado, toxicólogo: «Ningún fabricante de vapeadores puede asegurar lo que le va a pasar a un usuario al cabo de veinte años»

ENFERMEDADES

Emilio Salgado, especialista en Toxicología.
Emilio Salgado, especialista en Toxicología.

El experto busca impulsar un registro europeo de casos de EVALI, el término utilizado para describir lesiones pulmonares asociadas al consumo de cigarrillos electrónicos o vapeadores

10 jun 2026 . Actualizado a las 09:50 h.

El primer caso documentado en España de lesión pulmonar asociada al uso de cigarrillos electrónicos o vapeadores (EVALI) reavivó en los últimos días el debate sobre los riesgos de estos dispositivos y las lagunas en su regulación. El caso, detectado en el Hospital Clínic de Barcelona tras el ingreso de una joven con una hemorragia pulmonar grave, ha despertado el interés de la comunidad científica internacional y ha servido como punto de partida para impulsar un registro europeo que permita conocer la verdadera dimensión de este problema de salud pública. El doctor Emilio Salgado, médico especialista de la Unidad de Toxicología del Servicio de Urgencias del Hospital Clínic, fue uno de los expertos que trataron a esta paciente. Salgado presentó este caso en el Congreso de la Asociación Europea de Toxicólogos Clínicos y Centros de Información Toxicológica, con el fin de alertar acerca de los riesgos de estos productos. El experto busca así impulsar la creación de un registro europeo de casos de EVALI, para contabilizar y dimensionar adecuadamente un problema que, asegura, está creciendo en la población joven.

—Todo comienza a partir del caso de una estudiante ingresada en Barcelona con lesiones que posteriormente se vincularon a su hábito de vapeo. ¿Cree que existen casos similares sin documentar, sin detectar su asociación con estos dispositivos?

—Efectivamente, estamos asistiendo a la punta del iceberg de un problema que muy probablemente en estos próximos años cada vez veamos más. Tengamos en cuenta que las lesiones pulmonares asociadas al uso de dispositivos como cigarrillos electrónicos y vapeadores son algo relativamente nuevo. Estamos hablando de una tecnología que aparece en el mercado a finales de la primera década del siglo XXI y ya en el 2019 apareció un primer brote de casos en los Estados Unidos asociados a la adicción a determinados productos. Llegó a haber muertos y esto fue lo que llevó a la acuñación del término EVALI, que es precisamente el daño pulmonar asociado a cigarrillos electrónicos y dispositivos de vapeo. El éxito que han tenido desde el punto de vista comercial este tipo de productos, sobre todo en una franja poblacional muy concreta, que son personas adolescentes y adultos jóvenes, hace pensar que muy probablemente estamos atendiendo algo que está infradiagnosticado. Esto puede pasar perfectamente por un cuadro de infección respiratoria si no llega a ser tan importante el daño como para producir una hemorragia pulmonar, como sucedió en el caso que vimos en Barcelona.

—¿Qué características tiene el cuadro de EVALI?

—Para que sea EVALI, tiene que cumplir tres características. Uno es el uso de vapeadores por parte del paciente en los últimos 90 días. El segundo es la aparición de infiltrados pulmonares con afectación funcional. Y el tercero es que no se haya encontrado una causa alternativa que justifique este cuadro. Es un diagnóstico, por tanto, de exclusión. No hay un marcador específico de una enfermedad producida por ese tipo de dispositivos que podamos medir. Entonces, hay que descartar que haya una causa infecciosa o inmunitaria.

—¿Sufrir un EVALI incrementa el riesgo para la persona a largo plazo?

—Estamos hablando de un síndrome muy nuevo, fundamentalmente ligado a una tecnología también muy novedosa. Ya llevamos más de cien años de investigación en relación a los efectos nocivos del tabaco convencional. Pero no podemos decir si hay alguna característica similar en cuanto a la afectación crónica de un consumidor de tabaco convencional y un consumidor de vapeo. Todavía es muy pronto para decirlo. Está probado que el consumo de tabaco produce, por una parte, un riesgo muy elevado de cáncer y, además, un riesgo muy elevado de enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Pero, ¿cuántos años han tenido que pasar para llegar a esta conclusión? Yo espero que no tengamos que esperar tanto tiempo para evaluar un riesgo a largo plazo del uso de este tipo de dispositivos. Pero hoy, ni los propios fabricantes de estos productos pueden asegurar que no vayan a causar un daño al cabo de diez, quince o veinte años. Es decir, no existe ningún nivel seguro relacionado al consumo de este tipo de productos de vapear.

—¿Qué riesgos se asocian a los dispositivos de vapeo?

—Si uno estudia los componentes que están legalizados para su uso en los líquidos de vapear, se puede ver que hay diferentes aditivos. Pero estos aditivos, en los estudios toxicológicos, se analizan por vía de administración oral, no respiratoria. Esto es importante. El efecto de una sustancia como estas cambia mucho, en primer lugar, por la vía de administración al cuerpo humano y, en segundo logar, por las características de temperatura a la que uno la consume. No sabemos el comportamiento de un determinado aditivo cuando se calienta a 100 ºC. Puede haber un cambio en su conformación y puede ser más dañino de lo que, a priori, los estudios de seguridad nos pueden decir de una sustancia en condiciones normales. Con lo cual, hay mucha incertidumbre en relación a los efectos, sobre todo crónicos, que pueden causar este tipo de dispositivos.

—En el caso que ha presentado en el congreso, la paciente había notado un cambio en el sabor del dispositivo. ¿Este tipo de alteraciones deberían alertar al usuario de que algo va mal?

—Si uno efectivamente nota que sabe mal, la recomendación es suspender inmediatamente el consumo de este producto. En el caso de la paciente que presenté, la persona había utilizado un vapeador desechable, que tiene hasta 30.000 caladas. Todavía estamos pendientes de analizar exactamente los productos que se generan con este dispositivo, pero la hipótesis es que muy probablemente la mala combustión en este dispositivo hizo que se generaran unas moléculas desconocidas que son las que generaron el daño pulmonar y que provocaron una hemorragia en el órgano. Afortunadamente, la mayor parte de las personas que consumen este tipo de productos son adultos jóvenes o adolescentes, y tienen una función respiratoria normal, con lo cual tienen muy buena reserva funcional. En el caso de esta mujer, en cuatro días ya el cuadro clínico se había resuelto. Y al mes ya no quedaba ni rastro en el escáner, evolucionó francamente bien. Pero eso a mí no me da nada de seguridad, porque si esto le pasa a alguien que tenga algún tipo de problema respiratorio, estamos ante una situación muy seria desde un punto de vista médico.

—¿Qué síntomas deberían alertar a un usuario de vapeador para acudir a urgencias? ¿Hay señales tempranas?

—El problema es que no siempre hay señales claras. Esta paciente comenzó con una clínica muy inespecífica, de febrícula y dolor de garganta, algo que podía pasar perfectamente por un cuadro de infección respiratoria de vías altas. Pero es muy difícil detectar exactamente que el problema es el vapeador.

—Su exposición del caso viene de la mano de una propuesta de crear un registro europeo de este tipo de problemas.

—Nunca habíamos tenido ningún caso en Europa de hemorragia pulmonar asociado a un consumo de un vapeador desechable. La idea del registro es hacerlo visible y que todas las personas que nos dedicamos a la toxicología clínica podamos compartir estos casos con el fin de tener un conocimiento de lo que realmente está pasando. Un día aparece un caso en Berlín, otro día aparece un caso en Nápoles, otro día aparece otro caso en Suecia y se tiene que llevar un registro común, internacional, precisamente para que el día que veamos que el problema está creciendo de una manera anómala, no sea demasiado tarde y haya que poner un poco de freno a una situación descontrolada de venta de este tipo de productos.

—¿Qué cambios regulatorios podrían plantearse para frenar este problema?

—Los cambios ya llegarían tarde. Además, en relación con la legislación y la venta de este tipo de productos en Europa, todo varía directamente de un sitio a otro. Por ejemplo, en Lituania habían prohibido la venta de productos con sabores, pero aún así, cualquiera los podía adquirir. Pero el ofrecer de forma libre la compra de unos productos cuando no estamos seguros de sus efectos a largo plazo, sobre todo a población muy joven, personas que tienen toda la vida por delante, realmente me parece muy poco prudente.

—Se han popularizado en una población que nunca ha fumado tabaco.

—Precisamente. Porque hay una falsa imagen de seguridad asociada al consumo de vapeadores y esta percepción tiene que cambiar radicalmente. Nadie puede asegurar nada acerca de ellos. No hay un patrón seguro de consumo de este tipo de productos, ni siquiera de aquellos que están aprobados. Ningún fabricante puede asegurar lo que le va a pasar a un usuario al cabo de veinte años, porque es que nadie lo sabe. Esto ya nos pasa y nos ha pasado siempre en toxicología. Ocurrió con la talidomida, que se empezó a vender en los años sesenta como un agente antiemético para prevenir los vómitos en el embarazo. ¿Qué pasó? Que empezaron a nacer niños y niñas con malformaciones muy graves. Esto dio pie a que los medicamentos tuvieran que ser testados en cuanto a sus potenciales efectos de malformaciones en los fetos. Siempre llegamos un poco tarde. A mí en este caso me gustaría que no nos pasara lo mismo. No es buena idea meterse a consumir este tipo de productos.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.