Carlos Cruchaga, investigador en neurodegeneración: «En la sangre se refleja lo que pasa en el cerebro»
ENFERMEDADES
El reputado genetista visitó Barcelona para dar una charla sobre el futuro y presente de biomarcadores que faciliten el diagnóstico y tratamiento temprano de las diferentes demencias
20 may 2026 . Actualizado a las 10:04 h.Carlos Cruchaga (Pamplona, 1978) terminó su tesis a la par que se anunció la secuenciación del genoma humano por primera vez. Al doctor en genética humana, experto en multiómica y bioinformática, siempre le había interesado entender la biología humana; sin embargo, lo que le llevó a especializarse en dibujar la arquitectura de la neurodegeneración fue el darse cuenta de la carencia de tratamientos y conocimiento que había al respecto a comienzos de los años dos mil. En el 2019, se convirtió en el líder del grupo de Neurogenómica e Informática de la Universidad Washington en San Luis (Misuri, Estados Unidos). La Voz habla con él durante el Congreso Barcelona-Pittsburgh Biennial Conference, que viene de celebrarse en la ciudad condal.
—Usted intenta entender los procesos biológicos que llevan al alzhéimer, al párkinson y a otras demencias. ¿Qué saben, hasta el momento, de todas ellas?
—Sí, realmente, el alzhéimer y el párkinson son las dos más conocidas, pero tenemos otras como la demencia frontotemporal o la demencia de cuerpos de Lewy. Todas estas enfermedades se caracterizan porque hay proteínas que se agregan, se juntan y crean depósitos en el cerebro. La cuestión es que las proteínas que se agregan son diferentes en cada enfermedad. En alzhéimer son las proteínas de a beta, Tau; en párkinson son alfasinonucleina. Lo que queremos hacer en mi laboratorio es usar datos moleculares de proteínas, de metabolitos, de genes, para ver cuáles son los procesos que llevan a que esas proteínas se agreguen. También, una vez que están agregadas, ver cuáles son los procesos que se asocian al síntoma clínico. Las proteínas se agregan mucho antes de tener cualquier síntoma clínico. No se correlacionan con la progresión de la demencia. Hay algo más después de la agregación de las proteínas que hacen que las personas sigan teniendo neurodegeneración. Eso es lo que estamos estudiando en el laboratorio.
—¿Y hay algo que pueda decirme?
—Es complejo y hay muchas cosas que no sabemos, pero también muchas otras que hemos aprendido. Pese a que hay proteínas que se agregan específicamente a cada enfermedad, también es importante tener en cuenta que muchas veces hay copatologías. ¿Qué quiere decir? Que, en muchas ocasiones, la gente que tiene alzhéimer también tienen depósitos de proteínas que son más característicos del párkinson. Al final, todo está mezclado. Lo que hemos hecho en el laboratorio es usar sangre, líquido cefalorraquídeo y proteómica para ver cuáles son las proteínas que están asociadas en alzhéimer, en párkinson, en demencia frontotemporal y en cuerpos de Lewy. Y lo que hemos visto es que hay muchas proteínas desreguladas en esas enfermedades, muchas más de las que inicialmente pensábamos, pero lo más interesante es que muchas están alteradas en todas las patologías. Y no es que estén así al azar, sino que son proteínas implicadas en el sistema inmune y la inflamación. Por lo que, como digo, estas enfermedades se caracterizan porque las proteínas agregan en el cerebro y porque, según parece, la inflamación y la respuesta inmune es un mecanismo común a todas ellas.
—¿Se llega a conocer el origen de alguna o en todas hay un eslabón que se pierde?
—Son enfermedades muy complejas, hay muchos factores que están involucrados. Sabemos que en el alzhéimer, también en el párkinson, hay muchos genes y variantes genéticas que predisponen a tener un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad. A veces, son genes relacionados con la respuesta inmune, a veces con el isosoma, que es el mecanismo de las células para limpiar las proteínas que se agregan. Sabemos que hay factores genéticos que modifican la biología, que hace que las proteínas no se limpien como debieran. Evidentemente también están los factores ambientales y de dieta; cualquier cosa que favorezca la inflamación o que incremente la respuesta inmune no va a ser positivo. Pero luego hay que tener en cuenta la patología de las enfermedades, que empiezan entre quince y veinte años antes de los síntomas clínicos, si no antes. No es que un día la persona esté bien y al otro día esté enferma, es un proceso que es largo y con muchos mecanismos involucrados.
—¿La sangre puede reflejar lo que sucede en el cerebro?
—Sí. Hace unos cinco años no creíamos como comunidad científica que fuésemos a encontrar buenos marcadores en sangre para estas enfermedades, pero en los últimos años sí que hemos dado con buenos marcadores, sobre todo para la enfermedad de Alzheimer. Hay una proteína, la TAU-217, que es un muy buen marcador para esta enfermedad. Y en el caso concreto de esta proteína se produce exclusivamente en el cerebro, pero si somos capaces de medirla en la sangre, seremos capaces de ver qué está pasando en el cerebro. Hay muchos más marcadores que se están identificando para otras enfermedades. Es solo un ejemplo, pero que ilustra de dónde veníamos y dónde estamos ahora. Hasta hace poco creíamos que el cerebro estaba totalmente aislado del resto del cuerpo, que tendía a ser independiente por la importancia que tiene, pero en los últimos años nos hemos dado cuenta de que hay proteínas en sangre que están reflejando lo que pasa en el cerebro. Y ahora, con las nuevas tecnologíasm ya somos capaces de medir esas proteínas.
—¿Qué importancia tienen y tendrán estos biomarcadores en la enfermedad?
—Más alla de la proteína TAU-217, que se sabe que funciona para la demencia de tipo alzhéimer, en sangre hay mucha investigación en párkinson, en demencia frontotemporal o en la de cuerpos de Lewy, pero van a tener bastante importancia. Primero para el diagnóstico, porque puede resultar difícil diagnosticar qué tipo de demencia puede tener una persona. Pero también es bueno para decidir la terapia. Ahora hay nuevos abordajes para el alzhéimer y, si identificamos antes al paciente, se inicia antes el tratamiento. Esta misma proteína, la TAU-217, también se puede usar para monitorear el tratamiento, porque lo que hacen es eliminar esas proteínas que se depositan en el cerebro, como la beta amiloide. Así, conforme esta se vaya eliminando, también se verá que los niveles de TAU-217 bajan. Permite ver si el tratamiento es eficaz desde un punto de vista biológico. En este sentido, vamos un poco más adelantados en alzhéimer, pero estamos llegando ya al resto de demencias.